E.I.A.L.
ESTUDIOS
  INTERDISCIPLINARIOS
DE AMERICA LATINA
Y EL CARIBE      
ARTICULOS
ENSAYO BIBLIOGRÁFICO
RESEÑAS DE LIBROS
ULTIMO NUMERO
EIAL INDICES
CONSEJO EDITORIAL
ADMINISTRATIVIA

 

VOLUMEN 9 - Nº 2
JULIO - DICIEMBRE 1998

America Latina

Busca en E.I.A.L.:

    

ENSAYO BIBLIOGRÁFICO

Aproximaciones al estudio del menemismo

MARÍA FERNANDA ARIAS
Universidad Católica Argentina - Buenos Aires

 

La década del 90 en la Argentina podría considerse como la "década Menem". Esto es así ya que Carlos Saúl Menem ocupó la presidencia del país entre el 89 y el 94 y volvió a ganar las elecciones presidenciales en el 95, extendiendo su estadía en el gobierno hasta el 99. Pero no sólo existe una razón cronológica. De hecho, y tal vez como principal razón de que el pueblo argentino le permitiera permanecer tantos años en el poder, Menem realizó en la Argentina cambios tan significativos que el país no volvería a ser aquel que nacía a la democracia en el 83 dejando atrás un largo período de gobierno militar.

Independientemente de nuestras opiniones sobre lo acertado de su acción gubernamental, importantes facetas de la estructura económica y social, los partidos, los grupos de poder y la cultura política se han visto modificados sustancialmente. Aunque estos cambios comenzaron a producirse tiempo atrás, la nueva dirigencia menemista profundizó "desde arriba" estas reformas. Es decir, las políticas gubernamentales encauzaron y fomentaron la metamorfosis que se había iniciado en la sociedad civil.

El gobierno de Menem, empero, no podría calificarse como revolucionario, ya que los detentadores del poder económico y político parecieran ser los mismos. La participación popular en la riqueza nacional no se ha modificado y el diseño de país se asemeja al de otras nuevas democracias latinoamericanas. Sin embargo, importantes obstáculos en el crecimiento de la nación, como los altos índices inflacionarios, han desaparecido, militares y sindicalistas han perdido el papel decisorio de otros tiempos y el país indudablemente se ha puesto a tono con la globalización política. En este último sentido, la Argentina se ha abierto al mundo como nunca antes lo había hecho y los tímidos intentos de alinearse con los Estados Unidos que procuraron gobiernos anteriores se han solidificado finalmente en los últimos años.

En el presente trabajo analizaremos la bibliografía sobre el menemismo concentrándonos en los aspectos puramente políticos. Es decir, dejaremos de lado los trabajos sobre las trascendentes reformas económicas y sociales del período, para referirnos especialmente a los estudios que involucran temas políticos. Muchos son los interrogantes planteados y las hipótesis que se han formulado en este sentido. Asuntos tales como los cambios ocurridos en el sistema de partidos políticos, la nueva orientación en las relaciones internacionales, el futuro del justicialismo, las alianzas políticas, la evolución de las instituciones democráticas y la administración pública han suscitado la curiosidad de los politólogos.

Uno de los enfoques más recurrentes ha sido el institucional. Los analistas se han interrogado a menudo sobre si el gobierno de Menem ha estimulado la participación de los ciudadanos en la vida política y ha respetado la forma republicana de gobierno. Con algunas excepciones, los estudios han visto con mucho descreimiento a la democracia bajo el gobierno de Menem. No piensan que sea un sistema en donde se respeten estos principios de la democracia liberal.

Uno de los iniciadores del tema institucional fue el politólogo argentino Guillermo O`Donnell. En su trabajo pionero sobre la "democracia delegativa" considera que las mismas características son compartidas por los países latinoamericanos que iniciaron su democratización en los años 80 (O`Donnell, 1992). En ellos, los gobiernos han sido elegidos, indudablemente, a través de los canales formales legítimos. Sin embargo, en estas democracias las instituciones no están consolidadas y pueden ser proclives a caer en terrenos peligrosos. En estos gobiernos, el poder unipersonal encarnado en el detentor del Poder Ejecutivo es visto como el salvador de la patria, que ha rescatado al pueblo de crisis graves. Es por ello que la opinión pública hace caso omiso del comportamiento del Jefe de Gobierno con respecto a los otros poderes republicanos toda vez que se les garantice la estabilidad.

Es decir, el gobierno delegativo es aquel que sustenta su poder sobre la voluntad directa del pueblo manifestada a través de las elecciones. Sustituye el "accountability" o control horizontal, por parte del Parlamento y el Poder Judicial, por un control vertical, a través de las elecciones y la aceptación de la opinión pública. Su legitimidad radica en este tipo de poder plebiscitario. Algo distinta es la posición de Gruner, al referirse a la "desciudadanización"1 ocurrida en la Argentina en los últimos tiempos (Gruner, 1991). Como consecuencia de este proceso, la participación activa de la población en las decisiones políticas ha vuelto a mermar, tras un período de gran movilidad como fue el gobierno de Alfonsín. Gruner coincidiría con O'Donnell en la actitud delegativa del ciudadano, pero, a diferencia de él, no cree que éste se haya convertido en un objeto pasivo e indiferente. Esto queda demostrado por el hecho de que junto al deterioro de la imagen de las instituciones gubernamentales se ha incrementado la participación ciudadana a través de movimientos sociales inéditos como las "marchas", concentraciones y, agregaríamos nosotros, algunas otras manifestaciones más recientes, como la aparición de la famosa "carpa docente" instalada frente al Congreso Nacional.2 Si bien es imposible eludir la importancia de estas manifestaciones espontáneas contra las políticas gubernamentales que nos ilustra Gruner, las mismas no impidieron el aplastante triunfo electoral menemista en el 95.

Natalio Botana (1995), compartiendo con los autores arriba citados el problema institucional de la actual democracia argentina, pone el acento en describir lo que él denomina "hegemonía del poder presidencial y la sucesión en la cumbre de esa magistratura". Es decir, de alguna manera el problema radicaría no en el ciudadano pasivo y satisfecho, como induciría a pensar O'Donnell, ni en el ciudadano descreído, como lo haría Gruner, sino en la ambición desmesurada de poder del actual detentador del Ejecutivo. No es que la búsqueda por la permanencia en el poder sea nueva, ya que data de los años del orden conservador que se extiende hasta la década del 40 en la Argentina. Pero mientras que en esos años la élite se limitaba a controlar la sucesión presidencial, en el caso del menemismo se propone que la misma figura permanezca en el Ejecutivo. Para Botana, la insistencia en la reelección implica el incremento en la centralidad del Poder Ejecutivo en detrimento de los otros poderes. Por otro lado, en defensa de la democracia liberal y republicana, Botana argumenta que sólo la confianza en las instituciones que son perennes puede equilibrar la confianza en las personas que detentan el poder.

Ahora bien, ¿cuáles fueron los instrumentos legales con los cuales el Ejecutivo centralizó todo ese poder? Algunos de ellos son los decretos de necesidad y urgencia y los vetos parciales o totales a las leyes sancionadas por el Congreso.3 Importantes estudios de tipo cuantitativo demuestran la alta concentración de poder en el gobierno de Menem. Tanto los trabajos de Ferreira Rubio y Goretti (1996), como el de Mustapic y Ferreti (1995), dedicaron su atención a demostrar la fuerte autoridad del Ejecutivo en desmedro de los otros poderes constitucionales. El primer trabajo trata sobre los decretos de necesidad y urgencia llevados a cabo por Menem. Si bien la posibilidad de que el Ejecutivo decrete en casos excepcionales medidas que normalmente deberían ser discutidas por el Parlamento estaba contemplada en la Constitución de 1853 y lo sigue estando en la reformada de 1994, los estudiosos afirman que estos instrumentos se convirtieron en signos de autoritarismo y en falta de respeto a las instituciones democráticas.

Basan su afirmación en el hecho de que tales decretos sobrepasan enormemente en número los llevados a cabo por otros gobiernos constitucionales y que si bien en un comienzo se hicieron en procura de decisiones rápidas y efectivas, terminaron luego por ejecutar cualquier tipo de políticas que pudieran ser fren el Parlamento. Otros estudios, como el de Mustapic y Ferreti, llegan a las mismas conclusiones analizando los vetos presidenciales. Las autoras destacan que, en especial, los vetos a las leyes originadas en el Ejecutivo y modificadas por el Congreso erosionan sustancialmente la capacidad no sólo de la oposición, sino también de los legisladores del partido gobernante para discutir y controlar las decisiones del gobierno.

Algunas voces se alzaron para rectificar estas opiniones. En ese aspecto, el estudio de Palermo y Novaro (1996) introduce algunas precisiones. En primer lugar, considera que más que el poder concentrado en el Ejecutivo, lo que el gobierno menemista ha hecho es producir un estado medianamente autonomizado. Es decir, de un gobierno débil como el de Alfonsín, que colapsó debido a las fuertes presiones de los grupos de poder internos y externos, llámense éstos capitanes de la industria, sindicalistas combativos o entes financieros internacionales, se habría llegado a uno fuerte en el cual el estado tendría un gran poder para imponer sus decisiones sobre los intereses sectoriales.

En cuanto a los instrumentos atentatorios de las instituciones democráticas, y especialmente de las formas republicanas de gobierno, como parece haber sido la inclinación del actual gobierno a legislar por decreto, los autores consideran que si bien son numerosos los casos y no totalmente justificados, se debería hacer una distinción entre las etapas en las cuales se hizo uso de estas medidas. En efecto, estos poderes fueron utilizados con mayor frecuencia en los inicios de las tareas de reforma. O sea, tuvieron un objetivo bien claro que fue la mayor efectividad de las políticas necesarias en un momento de crisis. Por otro lado, relativizan el argumento según el cual el Ejecutivo es indiferente a los embates del Parlamento. De hecho, dos de los más importantes proyectos que coronan la reforma del Estado y de la economía, como la ley de flexibilización laboral y la de seguridad social, han sido detenidos y modificados de acuerdo a las opiniones de los legisladores en repetidas ocasiones.

Al respecto de las críticas institucionales, quisiéramos observar dos cosas. En primer lugar, es curioso que el enfoque institucional haya sido el principal argumento que sanciona las políticas menemistas. Mientras que en los años 60 y 70 la teoría de la dependencia o los derechos humanos fueron los principales marcos teóricos desde donde nacieron las censuras a los gobiernos de turno, la lectura del menemismo se hace, sobre todo, desde el punto de vista jurídico-político. Es muy posible que junto con una reprobación al manejo institucional exista un no-confesado reconocimiento a la eficacia de la política económica, la cual no se critica mayormente.4

En segundo lugar, estos enfoques concuerdan en suponer que el gobierno de Menem no es suficientemente democrático. Es bien sabido que los términos políticos son multívocos y, por lo tanto, equívocos. O sea, su significado varía de acuerdo a quienes los emitan.5 La democracia, en otras palabras, puede ser meramente el respeto a la Constitución y al orden jurídico establecido, como parecen entender los críticos, o bien aquel gobierno que busca la igualdad por sobre todas las cosas, como postularían aquellos regímenes comunistas que se consideraban democráticos. Es decir, mientras que para Botana democracia es la defensa del orden jurídico que, entre otras cosas, prohíbe la tercera reelección, para Menem podría ser la concreción de una sociedad más estable, en la que la economía crezca y el nivel de consumo de los pobladores no se vea perjudicado por la hiperinflación.

Postulados como los de Botana se insertarían en lo que Norberto Bobbio llama "democracia formal", cuyo rasgo fundamental sería el cumplimiento de los procesos o mecanismos republicanos. La que hipotéticamente sostendrían los defensores del menemismo sería "la democracia sustancial", que hace hincapié no en los medios sino en los fines. Es decir, en la consecución de valores tales como la libertad y la igualdad.6

De cualquier manera, existe el acertado consenso de que la democracia es el gobierno en el que el pueblo participa de las decisiones políticas eligiendo libremente a sus representantes y apoyando o rechazando las medidas gubernamentales. Las normas jurídicas son la voz del pueblo que sirven de caminos o de guías para evitar decisiones arbitrarias. También es evidente que una democracia que fracase en proveer los medios necesarios para que un pueblo realice sus anhelos es una democracia débil, aunque sus reglas se cumplan normalmente. Una democracia perfecta sería la confluencia entre lo que Bobbio llama democracia formal y sustancial. Es decir, aquella que cumpla con los procedimientos normativos consensuados y que al mismo tiempo logre, a través de las decisiones políticas, la consecución de los fines que el pueblo se haya propuesto.

Por otro lado, si bien es verdad que el gobernante demócrata debe acatar el ordenamiento jurídico existente, no sólo porque es fruto del consenso público sino también porque genera un sentimiento de confianza en la continuidad de las instituciones, no debe olvidarse que éste está al servicio de los intereses del pueblo. ¿Sería viable un gobierno ajustado inflexiblemente a las normas, aunque estas perjudicaran las voluntades del pueblo? Ningún gobierno ha aceptado el ordenamiento jurídico como algo sacro e irreductible y lo ha adaptado, en menor o mayor medida, a las necesidades políticas del momento. Lo que habría que preguntarse es sobre la racionalidad de las decisiones que modifican o suspenden temporariamente la ley. Seguramente no sería democrático suspender libertades públicas tales como el derecho a la libre expresión o reunión para impedir la crítica a las políticas gubernamentales. Sin embargo, podría considerarse democráticamente correcto hacerlo si con ese fin se evitan males mayores como la interrupción del régimen constitucional.

Volviendo al gobierno de Menem, si bien hubo excesos de "decretismo", no fue un gobierno indiferente al orden constitucional. En primer lugar, los decretos de necesidad y urgencia y el poder de veto estaban contemplados en la Constitución. La reelección y el aumento de los miembros de la Corte Suprema han sido fruto del consenso entre los partidos mayoritarios. En muchos casos la negociación fue previa a la discusión en los órganos deliberativos.

Creemos que lo que habría que formularse más a menudo es si las políticas del Poder Ejecutivo han ido en detrimento de las libertades públicas, han traído conflicto a la sociedad o buscado la satisfacción de intereses espúreos de los actores involucrados. No se trataría aquí de soslayar los problemas que traería aparejada la ausencia de control jurídico y el incumplimiento de las normas legales. Pero deberíamos interrogarnos en qué benefició o perjudicó a la comunidad argentina la reelección del Presidente, el aumento del número de miembros de la Corte, la rápida decisión sobre temas de emergencia, etc. Es decir, la reelección impidió la postulación de otros candidatos en el partido justicialista: ¿de qué manera perjudicó a los candidatos opositores? ¿La Corte Suprema mejoró su rendimiento en los últimos años, dando rápida salida a las decisiones políticas vitales que beneficiarían a la sociedad entera, o simplemente aceptó sin escrúpulos todo aquello que le proponía el Poder Ejecutivo? ¿Los decretos de emergencia fueron utilizados para hacer más efectivos los proyectos presidenciales o sólo para defender los privilegios de pocos?

Otra cuestión desarrollada por aquellos que han incursionado en el tema ha sido si el menemismo supone una continuidad de las políticas populistas que caracterizaron a gran parte de la historia argentina o si, por el contrario, constituyen una ruptura con el pasado.

Defendiendo el primer argumento encontramos los trabajos de Atilio Borón (1991) y Pablo Giussani (1990). Borón considera al menemismo como una recomposición conservadora del poder capitalista argentino en detrimento de las conquistas sociales adquiridas en épocas anteriores. Lo que a simple vista parecería una ruptura con elperonismo clásico, en tanto aquel fue estatista y desarrolló políticas distributivas, pasa a ser sólo un cambio de forma en la defensa de la burguesía económica argentina. En efecto, el peronismo fue antes y es ahora, en palabras de Borón, una forma de conservadurismo que movilizó a las masas, siempre y cuando los intereses burgueses quedaran a resguardo. Perón con su intervencionismo estatal y Menem con su privatismo no serían sino las caras de una misma moneda: la defensa de los intereses económicos con gran movilización en el primer caso y desmovilización en el segundo.

Por otro lado, Borón trata de interpretar la visión política de Menem. Basándose en su ideología conservadora de raigambre católica, considera que el Presidente cree que la sociedad política es un organismo humano en donde las partes funcionan de acuerdo al todo. De tal forma, no son los aparatos creados por los hombres, como los partidos políticos o los poderes legislativos y judiciales, los canales naturales de participación política, ya que ellos son elementos que buscan la división, verdaderas fuerzas centrípetas que llevan a la disolución. Las corporaciones como la Iglesia, las Fuerzas Armadas son, en cambio, como suponía el corporativismo fascista, los elementos fundamentales para mantener la unidad del todo.

Borón argumenta que Menem cree en una intrínseca armonía social y en la necesidad de evitar los conflictos. Este pensamiento, que uniría al riojano no sólo con el tradicionalismo católico, como asegura Borón, sino también con el estructuralismo parsoniano, explicaría la magnanimidad que expresa el Presidente en cada uno de sus discursos. Finalmente, Menem sería el cultor de la creencia que se debe atacar las decisiones del centro, o sea los Estados Unidos.

Al sintetizar en estos tres puntos su concepción política, Borón no sólo busca mostrar el profundo conservadurismo que postula Menem, sino que nos muestra que más que desviación o ruptura, el menemismo es la continuación de la política de Perón. En esta tesitura también se ubica Pablo Giussani. Considera al menemismo como un "peronismo de alta escuela". El ímpetu privatista del actual presidente no sería más que una continuación de la estrategia peronista de los estertores del gobierno de Perón en los años 50. En efecto, en los últimos años del gobierno Perón no sólo había comenzado a pensar en privatizaciones y apertura de la economía, sino que también había iniciado una política de acercamiento a los Estados Unidos a través de sus relaciones con funcionarios de la Casa Blanca.

En suma, tanto Borón como Giussani coinciden en que el menemismo es una estrategia política continuadora del peronismo. En primer lugar, tanto el menemismo como el peronismo son movimientos burgueses que defienden el status quo. Tienen una visión organicista de la sociedad de acuerdo a la cual las partes deben adecuarse armónicamente al todo y se debe impedir cualquier tipo de conflicto social. Ello explicaría el autoritarismo del primer peronismo y el gobierno discrecional de Menem.

Desmintiendo parcialmente la similitud de las políticas menemistas con lo experimentado en el pasado se encuentran Carlos Acuña y Marcos Novaro. Sin ser apologistas, ya que provienen de posiciones políticas ampliamente diferentes a las de Menem, estos estudiosos coinciden en advertir el cambio que se ha presentado en los últimos años. De acuerdo a Acuña, el menemismo representa una modificación de la matriz política del país. Es decir, el clásico escenario político argentino constituido por esferas de poder corporativo de gran peso en las decisiones como las Fuerzas Armadas, los sindicatos y, en menor medida, la Iglesia, ha cambiado sustancialmente a partir de 1989. Por otro lado, el empresariado y los partidos políticos desempeñan un papel diferente al que solían interpretar en épocas pasadas.

En efecto, Acuña considera que las políticas llevadas a cabo por Menem, y en especial el diseño de la economía, han conseguido neutralizar como nunca antes a los sindicatos, al empresariado y a los partidos políticos. Con respecto a los primeros, irónicamente un presidente peronista pudo realizar una fractura como no lo había podido hacer el Presidente Alfonsín. De un lado permanecieron los sindicatos "amigos", con los que se negoció su participación en la nueva política. Por otro, permanecieron los "enemigos", cada vez más minoritarios. En cuanto al empresariado, Menem se pronunció por las grandes empresas. Es decir, prefirió a los holdings en vez de las medianas y pequeñas que comenzaron a desaparecer o a fusionarse. A las grandes, las amigas, les abrió un cúmulo de oportunidades con la apertura de la economía.

Finalmente, se produjo un intento de neutralización de los partidos políticos. Comenzó con la integración de fuerzas de derecha como la Unión de Centro Democrático (Ucedé) y el partido del ex teniente coronel "carapintada" Aldo Rico, 7 y prosiguió con un pacto de gobernabilidad con la principal fuerza opositora, la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCR).

Ante este estado de cosas, Acuña se pregunta si podría decirse que la democracia argentina está consolidada. La respuesta es diferente a la que nos había manifestado O'Donnell. La democracia argentina sí está consolidada, si esto significa que se hace difícil una interrupción de la vida democrática en el país. Las causas reales son que la burguesía económica, principal fuente de desestabilización en la historia política nacional, no apoyaría jamás una revolución teniendo en cuenta que perdería gran parte de los beneficios obtenidos bajo el gobierno de Menem.

Sin embargo, el que la Argentina menemista sea una democracia consolidada no supone que sea una democracia justa. Dentro de la tipología que despliega Acuña, la Argentina sería una democracia "neoliberal excluyente". Es decir, una democracia en que tanto los recursos materiales (niveles de salario, empleo y bienes) como los político-institucionales (derechos sociales y bienes organizacionales) se reparten de manera desigualitaria, favoreciendo a algunos y dejando de lado a importantes grupos sociales.

Mientras Acuña pone el acento en los cambios producidos en la estructura político-social del país, Novaro (1994) llama la atención sobre la mudanza en la estructura institucional, en especial del modelo de representación. Considera que en los últimos años la Argentina, como el resto de América Latina, ha producido una crisis de representatividad por diversos factores: el agotamiento de las tradiciones políticas, es decir, de cierto tipo de clientelismo y caudillismo que caracterizaban la gestión del gobierno; el agravamiento de los problemas económicos, producidos en las postrimerías de los 80; la pérdida de gravitación de los partidos políticos frente a otras formas de mediación en donde la política se ejecuta y se decide a través de los medios de comunicación de masas. Finalmente, agrega la despolitización de la sociedad, que paulatinamente va descreyendo de los clásicos canales de participación como son las instituciones de gobierno y los partidos políticos.

Todo ello condujo a una personalización creciente del gobierno en donde los representantes se van diferenciando paulatinamente de los partidos políticos. En otras palabras, diríamos que ya no se vota por el Partido Justicialista o la Alianza FREPASO-UCR sino por Menem o Fernández Meijide, una de las cabezas más visibles de la Alianza. Esto lleva también a la búsqueda de líderes carismáticos con buena performance mediática, a quienes se les acepta y hasta se les pide un amplio ejecutivismo. Es decir que en la Argentina existe un nuevo modelo de representatividad, el pueblo busca relacionarse directamente con los gobernantes sin intermediación de caudillos o demás grupos intermedios. Esto a su vez provoca una gran concentración de poder en el Poder Ejecutivo.

En realidad, el argumento de Novaro es que Menem fue favorecido para usar un poder discrecional debido a que la crisis de identificación partidaria de los gobernados, la carencia de caudillos políticos capaces de satisfacer las demandas de sus partidarios y, en igual medida, el poder creciente de una opinión pública diver, descreída de los clásicos canales de participación, favorecían la aparición de un poder personalizado que actuara con más libertad de acción.

Sin embargo, ¿es el menemismo una ruptura absoluta? En otro trabajo, Novaro (1995) asegura que no es así. Por un lado supone una continuidad, ya que como en el caso del peronismo existe una concentración de poder en el gobernante, que es visto como líder carismático. Además, el menemismo ha llevado a cabo políticas en desacuerdo con su plataforma de gobierno en aras de adaptarse a los nuevos tiempos. Este pragmatismo era típico de Perón. Sin embargo, el menemismo produce una transformación muy importante en lo que podríamos denominar political management: la relación entre el gobernante y el gobernado se hace más directa que en el populismo clásico. La agencias gubernamentales prestadoras de servicios sociales han sido sustituidas por otras estructuras dependientes directamente de la Presidencia como el Plan Arraigo.8 En segundo lugar, la movilización producida por este populismo no es una movilización activa, como fue la de los populismos clásicos, sino "de imágenes". Es decir, Menem hace un culto de la escenificación de la política a través de los medios masivos de comunicación.

Si bien sería difícil considerar al gobierno de Menem como revolucionario en razón de que la estructura social no ha variado sustancialmente, la distribución de los bienes económicos continúa siendo la misma y el país no ha hecho un cambio sustancial en las estructuras productivas, educativas y sociales, sería ilusorio considerar al menemismo como una pura continuidad. Tanto Acuña, que ha destacado las modificaciones en la matriz política argentina en donde antiguos actores vieron disminuir su capacidad de decisión en favor de otros, como Novaro, que ha destacado el nuevo estilo representativo producido por los cambios mediáticos, sin duda han efectuado un análisis más profundo y objetivo del fenómeno menemista que el de Borón y Giussani. Concluimos, entonces, que no hay duda de que el menemismo significó una ruptura con lo anterior. Producida por una necesidad de los tiempos o programada "desde arriba" por Menem, quizás las dos cosas a la vez, la Argentina actual ha realizado un cambio.

Finalmente, queremos referirnos al único libro que hasta ahora ha completado el período menemista desde su llegada al poder hasta su reelección en 1995. Palermo y Novaro (1996) comienzan su obra poniendo en duda las interpretaciones de acuerdo a las cuales el gobierno de Menem representa la subordinación de los actos de gobierno a los dictados del mercado como ente autónomo. Muy por el contrario, el gobierno de Menem responde a las decisiones políticas del gobernante. Sin tratar de ocultar su admiración por la estrategia reformista del menemismo, se disponen a analizar los instrumentos a través de los cuales el actual Presidente rompió con el pasado, instalando un nuevo estilo de conducción.

Se presenta a Menem como un excelente "hacedor", que juega con la política como en un partido de ajedrez, a quien el destino le brindó un sinnúmero de condiciones favorables para que su mandato fuera exitoso. Claramente se diferencia de Alfonsín, más temeroso en tomar decisiones que fueran a violentar la tradición política de la cual provenía. Si bien los autores destacan la habilidad política de Menem, señalan, con razón, que las circunstancias favorecían el cambio de rumbo que resolvió tomar. En primer lugar, la crisis por la que atravesaba el país era propicia para que la opinión pública aceptara con resignación una salida diferente a la probada por Alfonsín. En segundo lugar, Menem aparecía en el horizonte sin ataduras. Los sindicatos se hallaban debilitados y divididos, y otro tanto sucedía con los empresarios. Tampoco estaba atado institucionalmente al partido peronista, ya que su poder había nacido de su relación directa con el pueblo, que lo llevó a ser nominado candidato justicialista sin la ayuda del aparato partidario. Todos estos factores encadenados hacían posible su estrategia de "fuga hacia adelante". Es decir, gobernantes y gobernados deseaban escapar prontamente del caos de la vida cotidiana, aunque esto conllevara más sacrificios.

Los autores relativizan algunas críticas muy comunes. Creen que el argumento de que el gobierno de Menem es el gobierno de las corporaciones económicas es una falacia. Coincidiendo con Acuña, resaltan que los empresarios argentinos no constituían un cuerpo de decisión homogénea, ya que poseían intereses diferentes. Grupos grandes y pequeños, agroexportadores e industrias livianas, se enfrentaban por el diseño de las políticas impositivas y comerciales. Conociendo las vicisitudes atravesadas por Alfonsín en su enfrentamiento con los empresarios, Menem se puso de su lado. Sin embargo, lejos de someterse a todos sus requerimientos, sentó políticas que, en algunos casos, los perjudicarían.9 A pesar de su eficacia, los autores descreen que se haya instalado un régimen ideal. En primer lugar, existe un dudoso manejo respecto de las instituciones legislativas y judiciales. En segundo lugar, la corrupción, que es vista como la forma de "comprar" la aquiescencia de los partidarios y aliados políticos tácticos, se ha ampliado de forma peligrosa.

Lo más destacable de la obra de Palermo y Novaro es que enfocan el menemismo desde una perspectiva diferente. Lo que prima en su estudio no es lo institucional ni lo estructural, sino el relato de la acción del "hombre político", en donde predomina una persistente ambición de poder y un cabal conocimiento del mecanismo por el cual se puede manejar a los gobernados. Los autores llegan a transmitir la eficacia de las maniobras de Menem, el político, con suma destreza y convicción.

Sin embargo, en su afán por dar interpretaciones a todas las etapas del gobierno de Menem, su estudio se convierte, a veces, en un trabajo demasiado ensayístico que desdeña la demostración empírica de sus argumentos. Esto se nota, por ejemplo, en algunas conclusiones. Entre otras, no queda clara la idea de que Menem lograra aplicar los principios democráticos de la corriente renovadora al partido justicialista.10 Por un lado, dicha corriente interna no fue homogénea ideológicamente, por lo cual no existió un proyecto de partido consensuado. Por otro, como prueban algunos especialistas,11 el justicialismo en épocas del menemismo, lejos de autonomizarse, volvió a convertirse en un instrumento del titular del Ejecutivo, tal como lo fue en época de Perón. La institucionalización del partido que se inició gracias al empuje de la corriente renovadora en los años 80 fue abortada cuando Menem subió al poder.

En conclusión, el menemismo ha generado una importante cantidad de obras que, con excepción de la de Palermo y Novaro, se han limitado a artículos o compilaciones de trabajos. En líneas generales, estas producciones destacan los siguientes rasgos: la falta de apego a la norma jurídica, lo cual ha derivado en un manejo discrecional de la política; la ruptura con el pasado y el cambio en importantes aspectos de la modalidad política, aun cuando todavía se puedan vislumbrar ciertos aspectos populistas y conservadores derivados de antaño, y el reconocimiento de la habilidad de Menem para confeccionar este nuevo horizonte político, junto al ambiente propicio para que el riojano contara con un campo de acción sumamente amplio.

Poder discrecional, ruptura con el pasado, audacia y circunstancias favorables parecerían ser los ingredientes de la fórmula política del menemismo. En los próximos meses, cuando se debata la posible reelección de Menem, el destino dirá si aquellos elementos seguirán actuando en su favor o lo perjudicarán en su persistente búsqueda de poder.

 

Notas

  1. La "desciudadanización" es el proceso por el cual los ciudadanos pierden la confianza en las instituciones democráticas. BACK
  2. La "carpa docente" fue instalada frente al Congreso Nacional por algunos sindicatos docentes. En ella, los maestros hacen turnos para ayunar en protesta por las malas condiciones salariales. La carpa es visitada habitualmente por políticos y artistas. BACK
  3. A través de los "decretos de ney urgencia" el Ejecutivo "legisla", asumiendo competencias legislativas atribuidas por la Constitución al Congreso. Se justifican en tanto y en cuanto así las situaciones críticas así lo requieran. El "veto total" implica que el Ejecutivo rechaza en su totalidad un proyecto de ley tal como le fue remitido por el Congreso y lo devuelve a la Cámara de origen. En el "veto parcial" se observan sólo algunos de los puntos del proyecto de ley pero queda la posibilidad de que se promulgue el resto. BACK
  4. Tampoco lo hace el partido opositor. En las elecciones legislativas del 97, la Alianza Frepaso-UCR aseguró a los electores que el Plan de Convertibilidad, principal instrumento de gobierno para mejorar la macroeconomía, se mantendría. BACK
  5. Al respecto, Giovanni Sartori hace una interesante reflexión.Cf. Giovanni Sartori, Teoría de la democracia, Buenos Aires: Ed. Rei, 1987, Tomo I, Cap.1. BACK
  6. Norberto Bobbio, Diccionario de Política, México: Ed. Siglo XXI, 1988.Tomo I, pp. 506 y 507. BACK
  7. El ex teniente coronel Aldo Rico, actual intendente de uno de los partidos más poblados del conurbano porteño, encabezó levantamientos militares durante el gobierno de Alfonsín. Durante el gobierno de Menem, adhirió a la democracia y creó un partido político con gran ascendente en la provincia de Buenos Aires. BACK
  8. El Plan Arraigo tiene como objetivo conceder el título de propiedad a aquellos ciudadanos que hubieran ocupado tierras fiscales durante años y que ahora se comprometen a comprarlas en forma muy conveniente. BACK
  9. Un ejemplo reciente confirma este dato. El nuevo proyecto de flexibilización laboral presentado por el Ministro de Trabajo, Erman González, favoreció a la Confederación General del Trabajo y fue rechazado por los empresarios. BACK
  10. La "renovación" peronista fue una línea interna del PJ, nacida después de la derrota en las elecciones presidenciales del 83. Los heterogéneos grupos que la formaban coincidían en la necesidad de institucionalizar el partido y convertirlo en uno moderno y democrático. Su mayor logro fue el establecimiento de las elecciones internas para elegir candidatos a cargos partidarios y públicos. BACK
  11. Ver James McGuire (1997), Peronism without Perón. Unions, Parties and Democracy in Argentina, Stanford: Stanford University Press. Cap.8. BACK

 

BIBLIOGRAFÍA

Acuña, Carlos (1995), "Política y economía en la Argentina de los 90 (o por qué el futuro ya no es lo que solía ser)" en Carlos H. Acuña (comp.), La nueva matriz política argentina, Buenos Aires: Nueva Visión.

Borón, Atilio (1991), "Los axiomas de Anillaco. La visión de la política en el pensamiento y la acción de Carlos Saúl Menem" en Atilio Borón et al., El Menemato. Radiografía de dos años de gobierno de Carlos Menem, Buenos Aires: Ediciones Letra Buena.

Botana, Natalio (1995), "Las transformaciones institucionales en los años del menemismo" en Ricardo Sidicaro y Jorge Mayer (comp.), Política y Sociedad en los años del menemismo, Buenos Aires: Oficina de Publicaciones del CBC.

Ferreira Rubio, Delia y Goretti, Matteo (1996), "Cuando el Presidente gobierna solo. Menem y los decretos de necesidad y urgencia hasta la reforma constitucional (julio 1989-agosto 1994)" en Desarrollo Económico, Vol. 36, No. 141 (abril-junio).

Giussani, Pablo (1990), Menem. Su lógica secreta, Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

Gruner, Eduardo ( 1991), "Las fronteras del (des)orden. Apuntes sobre el estado de la sociedad civil bajo el menemato", en Atilio Borón et al., El menemato. Radiografía de dos años de gobierno de Carlos Menem, Buenos Aires: Ediciones Letra Buena.

Mustapic, Ana María y Ferreti, Natalia (1995), El veto presidencial bajo los gobiernos de Alfonsín y Menem (1983-1993), Universidad Torcuato Di Tella, Working Paper No.14.

Novaro, Marcos (1994), Pilotos de tormentas. Crisis de representación y personalización de la política en la Argentina (1989-1993), Buenos Aires: Letra Buena.

Novaro, Marcos (1995), "Menemismo y peronismo. Viejo y nuevo populismo" en Ricardo Sidicaro y Jorge Mayer (comp.), Política y Sociedad en los años del menemismo, Buenos Aires: Oficina de Publicaciones del CBC.

O'Donnell, Guillermo (1992), Delegative Democracy?, The Hellen Kellog Institute for International Studies, University of Notre Dame, Working Paper #172.

Palermo, Vicente y Novaro, Marcos (1996), Política y poder en el gobierno de Menem, Grupo Editorial Norma.