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VOLUMEN 3 - Nº 1
ENERO - JUNIO 1992
La inmigración en el siglo XX
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La construcción del Frente Nacional en la
Argentina post-peronista, 1955-1958.
¿Una estrategia electoral o un proyecto político
modernizador?

MARÍA ESTELA SPINELLI
IEHS - Unicen

El tema que abordamos se inscribe en el contexto de la problemática sobre la inestabilidad política en la Argentina, centrando nuestro análisis en la coyuntura 1955-1958. Entendemos que ella constituye un punto de inflexión en el intento de redefinir el orden político. Hallamos en pugna dos modelos alternativos que apuntan a construir un sistema democrático: uno excluyente, que ve como necesario un proceso de desperonización, adoptado por el gobierno provisional presidido por Aramburu y Rojas; y otro inclusivo o integrador, materializado en la estrategia del Frente Nacional.

El desalojo del peronismo del poder, producido por el golpe de Estado de septiembre de 1955, puso en evidencia la magnitud de la fractura política en que se debatía la sociedad argentina. Cuando los acallados opositores al "régimen" - como llamaba la oposición al gobierno peronista - recobraron espacio público, no dieron tregua a quienes consideraron responsables de sus frustraciones personales y de la ruina del país. Su imagen de la "dictadura" era simple y sencillamente aberrante, y por lo tanto, sostenían, había que erradicar hasta el más mínimo vestigio de ella para construir un orden democrático. Ese era el objetivo y en él residía la legitimidad del gobierno provisional, autodenominado por eso mismo "Revolución Libertadora".

En este trabajo nos proponemos tratar de explicar cómo dentro de este contexto político conflictivo, con tan alto grado de polarización, se elaboró una alternativa negociada que, aceptando las reglas del juego impuestas por el gobierno militar e incluyendo de alguna forma al peronismo en el juego político, intentó destrabar la antinomia peronismo-antiperonismo, generando una opción que le permitió llegar al gobierno a través de las elecciones de febrero de 1958.

La estrategia frentista - que culminó en el denostado pacto Perón-Frondizi - ha generado ásperas discusiones en la Argentina, que aún mantienen, en parte, su significado dada la pervivencia de los actores y los problemas políticos en el país. Por ello, hemos buscado centrar el análisis de la racionalidad política de esta estrategia en su contexto, esforzándonos por mantener en todo momento la neutralidad desde el punto de vista ético político. Ello no implica excluir del análisis los fundamentos éticos y políticos de críticos y artífices, pero nos hemos esforzado para que nuestros propios sentimientos no nos involucren en el discurso y las afectividades de los actores en pugna.

Hemos tratado de cubrir básicamente dos aspectos que, a nuestro criterio, juegan un papel primordial en la explicación: uno es la reconstrucción del contexto, un acercamiento al "clima político" de la sociedad fracturada, que a la vez contiene un alto grado de participación y movilización en la coyuntura1; el otro atiende al análisis de la elaboración del proyecto político en sí, tanto desde el punto de vista de sus fundamentos ideológico-políticos, como de la práctica concreta de su constitución2.

Un acercamiento al marco político-cultural de la "Revolución Libertadora"

Si revisamos la cronología política del año 1955 en Argentina, podremos comprobar que tiene un récord de inestabilidad política no fácil de superar: dos levantamientos militares (junio y septiembre) y tres presidentes (J.D. Perón, E. Lonardi y Pedro E. Aramburu). Pero, ¿cuál es el correlato de este cambiante elenco político dentro de la sociedad civil? O, si se quiere, ¿cuál es la cultura política capaz de digerir y/ o provocar esta inestabilidad?

Comenzábamos destacando el fenómeno que creemos clave en la explicación: la ruptura que a nivel social, político y cultural se había producido con el advenimiento del peronismo al poder. Historiadores, sociólogos y ensayistas han dado distintas explicaciones al fenómeno3. Pero el tratamiento de la fuerte carga emotiva que involucra a la sociedad en su conjunto, sobre todo en las vertientes no peronistas y anti-peronistas, ha sido muy deficitario4. Sin descartar el choque político-ideológico, pensamos que quizás las causas de los fuertes sentimientos adversos inspirados por el peronismo haya que buscarlas en el fenómeno peronista mismo, el cual unió al protagonismo político de los sectores populares un liderazgo autoritario y anticonvencional5 que, a la vez que se granjeó la adhesión de los primeros, provocó la más férrea oposición de los sectores que tradicionalmente habían participado en la política. Hay que destacar también que el deterioro del peronismo en el ejercicio del poder acentuó sus rasgos autoritarios y, con ello, profundizó la fractura de la sociedad argentina. Así se gestó un clima de odios recíprocos que alcanzó su pico más alto en las jornadas de junio de 1955, y culminó con el derrocamiento de septiembre, donde la única consigna aglutinante fue derrocar a Perón.

El triunfo del golpe de Estado, como no podía ser de otro modo, repercutió inmediata y profundamente en la dinámica política y en la opinión pública. Durante los primeros meses que siguieron al mismo, la prensa se ocupó sin descanso de exaltar los valores democráticos que inspiraron a los revolucionarios y los beneficios de las libertades reconquistadas. Paralelamente se exhumaron los "vicios" y "estafas" del régimen caído a través de los informes de las múltiples comisiones investigadoras que a tales efectos se crearon6.

En ese clima de optimismo y alivio que vivía un sector de la ciudadanía, identificado con la revolución, se perfilaron inmediatamente dos tendencias que la historiografía mayoritariamente calificó, aferrándose al discurso de los actores en pugna, como nacionalistas y liberales o democráticos.

De la dinámica del período, rica en acontecimientos, no surge que haya habido proyectos políticos claros entre los "libertadores"; su único objetivo era derrocar a Perón7 y, una vez logrado, las diferencias surgieron en torno a cómo resolver el problema principal: ¿qué hacer con el peronismo?

El primer presidente provisional surgido del golpe de septiembre, el general Eduardo Lonardi, se apresuró a proclamar el lema "ni vencedores ni vencidos", que aparentemente no tenía consenso dentro de las fuerzas armadas, ni entre los cuadros políticos influyentes8. Además, había convocado a algunas figuras del nacionalismo para conformar su gabinete y parte de su entorno de poder. Pero lo más objetado de su accionar político fue su conducta benévola hacia el sindicalismo peronista, a pesar de las constantes presiones para un tratamiento contrario. Ello, más las acusaciones a los nacionalistas de "camaradas de ruta" del peronismo y corresponsables, de alguna manera, del "oprobio" que había vivido el país, generó una oposición a su gestión dentro de las propias fuerzas revolucionarias, que llevó a su caída en noviembre de ese año. Como sugiriéramos, la historiografía sobre el tema ha caracterizado el período de Lonardi como etapa nacionalista de la "Revolución Libertadora", en buena medida por el solo hecho de que sus adversarios, partidarios de la desperonización lisa y llana, así lo hicieran. Sin embargo, pensamos que esta interpretación es en parte inexacta, ya que atribuye excesiva coherencia al grupo lonardista.

No debe olvidarse, por otra parte, que el discurso revolucionario preponderante hacía alusión al riesgo que había significado para la soberanía nacional la política petrolera encarada por Perón, a través del contrato con la California Standard Oil and Co.; y en esto coincidían los nacionalistas, los liberales, los radicales y los partidos de izquierda9. O sea, hay reivindicaciones de tipo nacionalista y de corte democrático tanto en el discurso del lonardismo como de la facción liberal-democrática. La discusión no era ideológica, era de política práctica respecto al problema central; cómo encarar la cuestión peronista durante la transición, ya que, en definitiva, en esa resolución se jugaba el futuro orden político.

El 15 de noviembre un movimiento dentro de las fuerzas armadas derribó al presidente provisional Lonardi, nombrando en su reemplazo a otro general del ejército, Pedro Eugenio Aramburu. El almirante Isaac Rojas, cabeza visible de la facción "liberal", que había ocupado la vice-presidencia durante el período de Lonardi, se mantuvo en el cargo. Hubo un cambio parcial de figuras dentro del gabinete, y adquirió mayor peso un cuerpo que nucleaba a los representantes de los partidos políticos, la denominada Junta Consultiva Nacional, creada por decreto del Poder Ejecutivo Provisorio el 28-10-55. Este cuerpo, presidido por el vice-presidente Rojas, había apoyado el movimiento contra Lonardi. A partir de aquí el gobierno comenzó a responder mucho más coherentemente a las expectativas de desperonización que vastos sectores políticos y sociales habían alentado desde septiembre. Se proscribió el partido peronista en sus tres ramas, se intervino la C.G.T. y continuó, en forma cada vez más sistemática, la persecución de militantes y dirigentes obreros peronistas.

Paralelamente se inició un gran debate sobre el futuro orden político a construir, cuyos tramos pueden seguirse en las discusiones que se dieron en el seno de la Junta Consultiva Nacional, primero con motivo de la definición del status legal del gobierno provisorio (1955-56), luego en los proyectos de estatuto de los partidos políticos (1956), y finalmente en la convocatoria a la elección para una Asamblea Constituyente (1957), que debía restituir la constitución nacional, modificada bajo el gobierno peronista.

Las posiciones asumidas en este debate permiten vislumbrar la existencia de dos modelos alternativos para iniciar la transición a la democracia, que determinaron, en última instancia, los alineamientos de los partidos ante el gobierno provisional y ante la cuestión peronista. En el bloque que se adhería al gobierno provisional, defendiendo una alternativa de exclusión del peronismo, participaron el sector unionista del Partido Radical (que luego formó parte de la Unión Cívica Radical del Pueblo U.C.R.P., la facción del radicalismo que mantuvo esta postura), el Partido Socialista, el Partido Demócrata Progresista, algunos sectores conservadores, la Democracia Cristiana y, sin representación en la Junta Consultiva, el Partido Comunista. En el otro sector, en un proceso de progresivo distanciamiento del oficialismo, estaba el sector del Movimiento de Intransigencia y Renovación del Partido Radical, que luego se transformó en Unión Cívica Radical Intransigente (U.C.R.I.), y algunos otros sectores menores sin representación en la Junta Consultiva.

El análisis de los supuestos teóricos de esta discusión muestra que no existió acuerdo en el concepto mismo de democracia que ambos sectores utilizaban, aunque en ningún momento se cuestionó el liberalismo político como sistema posible y deseable. Quienes reivindicaron la alternativa excluyente definían la democracia básicamente como una ética política; ésta debía garantizar los principios liberales consagrados por la Constitución de 1853 (vigente antes de la reforma peronista de 1949) y asegurar la representación de las mayorías en el gobierno. En tanto, el otro sector, el que buscaba la alternativa inclusiva, puso el acento en el derecho de las mayorías a gobernar, garantizando la representación de las minorías y la vigencia de los principios constitucionales. De hecho, esto implicaba reconocer, de alguna forma, los derechos políticos de los sectores sociales identificados con el peronismo.

Sin embargo, las declaraciones políticas del período muestran que ninguno de los partidos legales defendió el derecho del peronismo a formar parte del sistema de partidos, lo que ha llevado a la conclusión casi unánime, por parte de los investigadores, de que existió absoluto consenso dentro de la clase política para excluirlo10, o, lo que es lo mismo, que todos aceptaron las reglas del juego impuestas por los "libertadores"11, en cuya elaboración, por otra parte, la mayoría de ellos había participado. No obstante, la práctica política muestra aristas bastante distintas, ya que en las luchas intemas de los partidos, como veremos más adelante, el tema de la posición respecto al peronismo es no sólo recurrente, sino a la vez causante de fracturas. Además, el diálogo con dirigentes proscriptos existió y, en algunos casos, hasta fue fluido12.

La racionalidad de esta conducta aparentemente contradictoria, o de este doble discurso, si se prefiere, puede ser explicada en parte por una especulación electoralista, ya que, excluido el partido mayoritario, quien ganara su adhesión se aseguraba el triunfo en las elecciones. Pero no debe excluirse otra razón, quizás de mayor peso, que era no sólo alcanzar el gobierno sino tratar de garantizar la estabilidad del sistema político mismo.

Uno de los fenómenos indeseables que había producido el intento de desperonización fue el del surgimiento de la "resistencia peronista", que si bien actuó preponderantemente en el sector sindical13, tuvo también un fallido intento de golpe militar en el período. Me refiero al levantamiento del general J.J. Valle en junio de 1956, cuya cruenta represión implicó la reinstauración de la pena de muerte por razones políticas14. Estos hechos mostraban claramente, para los adherentes al proyecto inclusivo, que no era posible lograr un orden político estable si no se lograba dar un lugar en el mismo a los amplios sectores que se identificaban con el régimen depuesto.

Por otro lado, el movimiento militar de Valle ponía en evidencia una vez más la magnitud de la antinomia peronismo-antiperonismo. La enérgica decisión del poder político de fusilar a los que encabezaron el intento de sublevación militar, lejos de contribuir a la pacificación fortaleciendo al equipo gobernante, contribuyó a acentuar la polarización existente, poniendo ahora como eje divisorio ya no sólo al peronismo sino al antiperonismo más radicalizado. Prueba de ello es la recurrente alusión a la medida y a sus inspiradores hasta el final del período que nos ocupa15 tanto por parte de peronistas como de otros grupos de la creciente oposición al gobierno provisional que, sin reivindicar nunca el alzamiento, condenaron unánimemente los fusilamientos16.

Para concluir, podría afirmarse que los rasgos salientes del período en materia política estuvieron dados, en primer lugar, por una gran dinamización de la actividad política en los sectores que habían constituido la oposición al peronismo. Esto es observable en distintos ámbitos, desde los dirigentes que participaron en la discusión y elaboración de medidas de gobierno, y aquéllos que formaron parte del mismo, hasta en la vida interna de los partidos, donde hubo una gran afluencia de nuevas generaciones de militantes; en las universidades, donde se organizaron actividades públicas desde los distintos claustros (estudiantes, graduados y profesores), y en la actividad cultural en general: revistas, folletos, periódicos y libros dieron cuenta de esta situación y nos orientan hoy en torno a los ejes principales del debate.

Respecto a los temas en discusión, observamos que, en una primera etapa, el principal problema en la redefinición del orden político fue el peronismo, en tanto que más tarde, a medida que avanzaba la competencia entre partidos y en virtud del propio accionar del gobierno provisional, el eje de discusión comenzó a centrarse en las críticas y adhesiones a las políticas implementadas, volviendo a tomar fuerza en la nueva oposición no-peronista la originalmente frustrada idea de conciliación. ¿Cuál es la explicación de este viraje?

Habíamos planteado al comienzo de este trabajo el alto grado de polarización en torno a los términos de la antinomia peronismo- antiperonismo, que respondían a dos culturas políticas antagónicas17. Fracasado el ensayo conciliador de Lonardi, otra vez las posiciones, siempre enmarcadas en el debate sobre el orden político a construir, parecieron irreductibles, especialmente cuando a ello se suma el fallido intento de restauración peronista vía golpe militar del general Valle y el accionar de la resistencia peronista. En realidad la situación puede verse como un empate de fuerzas, pues si bien los sectores anti-peronistas controlaban el poder, cada vez se hacía más evidente que la intención de desperonizar la sociedad no pasaba de ser un vano deseo. Este empate de fuerzas conducía a una parálisis que sólo podría resolverse con la anulación de una de ellas.

Planteado el problema del orden político en estos términos, no había espacio para una solución negociada. Sin embargo, el creciente fenómeno de politización de los sectores medios había traído a la arena política nuevos actores, que alentaban propuestas modernizadoras. Estos, aunque marcadamente antiperonistas en su mayoría, creían posible encontrar una opción que unificara la participación de los sectores sociales que habían apoyado al peronismo con una política democrática. Por ello ampliaron los términos de la discusión a la necesidad de la transformación económica y social de la Argentina, destrabando de este modo en la coyuntura la necesaria toma de partido en la antinomia. En ese giro del discurso político se inscribieron quienes, desde distintos lugares, con expectativas diferentes y hasta con tácticas contrapuestas, trabajaron por la candidatura de Frondizi.

La construcción del Frente Nacional

Existen distintas versiones en cuanto a la paternidad de la idea del Frente Nacional. Una la atribuye al entorno nacionalista del general Lonardi, que habría intentado ensayar un peronismo sin Perón mediante la elaboración de un proyecto político de corte paternalista y autoritario. Esta versión, contemporánea a los sesenta días de gobierno del primero, fue el manto de sospecha que la naciente Junta Consultiva, presidida por el vice-presidente Rojas, tendió para alejarlo del centro del poder18.

Otra ubica como mentor al doctor Arturo Frondizi, máximo dirigente del Partido Radical en 1955, y sus seguidores dentro de una de las facciones del partido, que a fines de 1956 se constituiría como partido separado - la U.C.R.I. Habría algunos indicios que podrían parcialmente corroborarlo, pues en las primeras intervenciones públicas del entonces presidente del comité nacional de la U.C.R. (Unión Cívica Radical, denominación completa del partido antes de su partición en U.C.R.I. y U.C.R.P.) y del representante del Movimiento de Intransigencia y Renovación (nombre del grupo que lo apoyaba) ante la Junta Consultiva, doctor Oscar Alende, aparece la consigna de unidad de los sectores nacionales y populares y una recomendación especial a los obreros radicales a no ensañarse con sus compañeros de clase peronistas19, aun cuando se sostenía que la U.C.R. no haría alianzas políticas20.

Una tercera versión atribuye la elaboración ideológica y la construcción política al grupo que se nucleaba en la revista Qué..., cuyo principal ideólogo era Rogelio Frigerio21. Este grupo había cooptado a intelectuales del peronismo, del nacionalismo y de la izquierda22. Algunos de los que fueron aliados de este grupo en el frente que pronto se constituiría, especialmente los sectores de la U.C.R.I., críticos de la postura de Frigerio, señalaban que éstos habrían constituido un entorno que transformó ideológicamente a Frondizi23.

A través del tiempo se han hecho distintas lecturas sobre la construcción de la alianza del Frente Nacional, pero, salvo la versión reivindicativa de quienes se consideraron y consideran sus artífices - los desarrollistas (así se denominó luego el grupo frigerista) -, el resto de las versiones académicas o políticas han visto en sus orígenes una conducta meramente especulativa y oportunista, cuando no reaccionaria, basada en objetivos puramente electoralistas24. Para entender la virulencia de esta polémica debe tenerse en cuenta que en el corazón de la misma se hallaba la antinomia peronismo-antiperonismo y que la estrategia frentista culminó en el discutido pacto de 1958 entre Perón y Frondizi, cuya denuncia, ya durante la gestión presidencial de este último, contribuyó a que los partidarios de uno y otro se sintieran traicionados.

Lo que a nosotros nos interesaba indagar, más allá de la paternidad política del proyecto, es la lógica interna que subyace al mismo, o en otras palabras, su racionalidad en la circunstancia histórica en que acontece. El historiador inevitablemente está comprometido con la comprensión.

En los primeros tramos de la "Revolución Libertadora", la idea de conciliación formulada por Lonardi fracasó casi inmediatamente. Sin embargo, el en su época denominado revanchismo (el antiperonismo más intransigente, que deseaba tomar "revancha" contra los adherentes al orden depuesto), aunque con peso político, no tenía consenso absoluto dentro de los opositores del régimen derrocado.

Sin ir más lejos, como ya dijéramos, dentro de un sector del Movimiento de Intransigencia y Renovación de la U.C.R. ya en 1955 el discurso ponía el acento en la necesidad de unir a los sectores nacionales y populares en un gran movimiento democrático, sin contradecir por ello expresamente el objetivo oficial de la desperonización. Estas ideas son las que originan, en parte, la polémica interna del Frente Nacional.

Creemos que la raíz de estas disidencias estuvo en las tácticas contrapuestas que se dieron en los distintos sectores que apoyaron la candidatura de Frondizi a la presidencia para las elecciones de 1958. En adelante trataremos de ahondar en algunas de las más notorias discrepancias ideológicas y políticas.

Tomemos, para comenzar, el Movimiento de Intransigencia y Renovación de la U.C.R. En general, las investigaciones25 y los relatos testimoniales coinciden en distinguir tres facciones dentro de él: 1. la linea balbinista-sabattinista, que se separó luego de la proclamación de la fórmula Frondizi-Gómez. Esta escisión ha sido explicada por diferencias en torno a la posición que el radicalismo debía asumir ante el gobierno provisional, y también por competencias en el liderazgo del partido. 2. La línea del comité nacional, liderada por Oscar Alende, luego del alejamiento de Frondizi de la presidencia del mismo, que nucleaba a algunos viejos militantes del partido. Estos se sentían herederos de la tradición yrigoyenista (seguidores de Hipólito Yrigoyen, uno de los fundadores del partido en 1891 y Presidente de la República en 1916-22 y 1928-30) y repudiaban la participación de la U.C.R. en la Unión Democrática (alianza electoral de gran parte de los sectores políticos "democráticos", desde la izquierda a la derecha, contra Perón, derrotada en 1946). Luego de la revolución de 1955, creían llegada la oportunidad de acceso al poder y veían en Frondizi al combativo dirigente juvenil de la década de 1930 y al opositor esclarecido del peronismo. 3. Un grupo que se llamaba a sí mismo la juventud y que constituía uno de los sectores más dinámicos y modernizantes. Fieles a la vieja declaración de Avellaneda (1946)26 y a sus postulados reformistas y anti-imperialistas, reunía a jóvenes intelectuales de tendencia democrático-izquierdizante27. Estos apostaban a la figura política de Frondizi, viendo en él al político capaz de ejercer un liderazgo racional y progresista que captara por sus propias virtudes al electorado peronista, sosteniendo por lo tanto la postura clásica de la U.C.R. de no formar alianzas partidarias28.

Entre los dirigentes del comité nacional y este grupo de la juventud existían rivalidades y sospechas, pues los primeros veían en éstos ciertas posturas que consideraban extremas29, agravadas por la influencia que ejercían sobre Frondizi. En tanto, los segundos subestimaban a los dirigentes tradicionales por su concepción "sentimental" de la política. En ese sentido estaban mucho más próximos al grupo de técnicos y especialistas "desarrollistas" que trabajaban independientemente por la candidatura de Frondizi, con quienes coincidían en el diagnóstico de la realidad socio-económica de la Argentina.

El grupo que se nucleaba en la revista Qué...30 se convirtió, a partir de 1956, en otro de los puntos de apoyo de la candidatura de Frondizi. Este grupo, ajeno a la tradición radical y mucho más heterogéneo en cuanto a su formación político-ideológica, conformó el denominado "comité de campaña", que reunió a cuadros políticos de distintas extracciones, dispuestos a trabajar en el proyecto de construir un amplio frente político que sintetizara las distintas manifestaciones del "pensamiento nacional" y el Centro de Estudios Nacionales (organización que agrupaba a los técnicos "desarrollistas"), donde funcionaban equipos de investigación encargados de diagnosticar y elaborar las propuestas para la futura acción de gobierno.

El enfrentamiento de estos tres grupos se produjo, de acuerdo a los relatos testimoniales, por la hegemonía en el diseño de la estrategia política31. No estaba en discusión el hecho que sólo la captación de gran parte del electorado peronista les permitiría el triunfo electoral. Las diferencias en este sentido radicaban en el modo de lograrlo. Los distintos sectores de la U.C.R.I., a pesar de sus antagonismos ideológicos y/ o políticos, coincidían en pensar que el propio peso de su propuesta lograría atraer estos votos. El grupo de los extrapartidarios del "comité de campaña" insistía en contraer un compromiso político explícito con el peronismo, sosteniendo que lo contrario sería desleal además de arriesgado. Este argumento se hizo más fuerte luego de conocerse el resultado de las elecciones para la Convención Constituyente de 1957, que mostró que el peronismo optó mayoritariamente por el voto en blanco32.

El otro punto de la discusión, no menos relevante, giraba en tomo al programa. Mientras los sectores de la U.C.R.I. defendían con distintos énfasis los principios de la declaración de Avellaneda de 1946 como propuesta superadora del peronismo por su contenido social, anti-imperialista y democrático, los extrapartidarios afirmaban que ésta, además de no constituir un programa, contenía algunas tendencias anticapitalistas e izquierdizantes, incompatibles con la propuesta de desarrollo económico que, según ellos, debería encarar un frente nacional que había de integrar a los distintos sectores sociales, tarea fundamental en un país que no había alcanzado un desarrollo capitalista pleno33.

Por otra parte, y este es un punto clave, las lecturas sobre el peronismo eran distintas. Los ucristas lo caracterizaban como un totalitarismo de corte fascista y adherían tibiamente al relato de "oprobios" escrito por los "libertadores", aunque no veían en el proceso de desperonización una salida. Esto debe entenderse en el contexto de que muchos de ellos habían sufrido persecuciones y cárcel durante los años del "régimen"; por lo tanto, el énfasis que los extrapartidarios ponían en la consigna de conciliación les parecía, en el mejor de los casos, prematuro34.

El grupo más próximo a Frigerio analizaba globalmente el fenómeno peronista y de él rescataba fundamentalmente la unificación y nacionalización del movimiento obrero, aunque veía en sus claudicaciones y excesos el agotamiento de un modelo que, al no hacer hincapié en el desarrollo económico integral, había conducido al aislamiento de la clase obrera y, en definitiva, a su derrota. En la coyuntura ellos se oponían política y moralmente al proceso de desperonización, considerando que el peronismo había constituido un proceso histórico transformador, cuyas huellas económicas y sociales no podían negarse, y que cualquier proyecto político viable debía avanzar sobre esa realidad35.

Esta breve caracterización de los diagnósticos de la realidad de uno y otro grupo muestra que, si bien existían coincidencias, éstas no eran tan amplias, y que la competencia se centraba en quien lograba ejercer mayor influencia sobre el candidato presidencial.

También la lectura de los acontecimientos políticos del periodo los separaba. Mientras la U.C.R.I. vivió como una profunda derrota la elección para la constituyente de 1957, donde los votos en blanco fueron mayoría (el peronismo no había sido una farsa, como todavía muchos se aferraban a creer) - segunda se había ubicado la U.C.R.P. y tercera la U.C.R.I. -, a los extrapartidarios este resultado les dio un renovado optimismo, pues les mostraba nítidamente cuál era el camino a seguir; la revista Qué... lo hizo explícito al sumar los votos en blanco más los votos de la U.C.R.I. y afirmar que ya había sido proclamado el futuro presidente36.

Precisamente, fue la antesala de la elección para la convención constituyente la arena política donde se ensayó la alianza con el peronismo37. Existían ya algunos contactos con dirigentes del partido proscripto38. En esta oportunidad, la consigna unitaria de la que participaron tanto la U.C.R.I. como los extrapartidarios era la lucha contra el voto en blanco para desbaratar la "maniobra continuista" que, según ellos, constituía la convocatoria para reformar la constitución39. Esta consigna estaba inequívocamente dirigida al electorado peronista y, en esta misma dirección y con la misma consigna, se seguiría trabajando para las elecciones presidenciales convocadas para febrero de 1958 desde la revista Qué..., agregando tres ingredientes que atendían a la construcción del Frente Nacional: conciliación, integración y desarrollo económico40.

Como habíamos visto, la idea de conciliación, con sus matices, ya estaba presente en algunos grupos desde los albores de la "Revolución Libertadora" y comenzó a ser tempranamente explicitada y difundida desde el órgano periodístico de los extrapartidarios, como condición indispensable para la normalización institucional del país. Por otra parte, en el proyecto global del desarrollismo, ésta tenía una derivación política que se vinculaba al concepto más amplio de integración de los distintos sectores sociales y económicos41. La integración era necesaria puesto que la mayoría de la clase obrera se identificaba con el peronismo y el modelo contemplaba una representación de los trabajadores unificada y legítima, como forma de garantizar su poder de negociación con los empresarios y el Estado en la tarea común de alcanzar el desarrollo.

Estos tres ingredientes constituirían la carta de presentación para el pacto con Perón y un nuevo foco de disidencias con la U.C.R.I., pues la aceptación del programa claramente capitalista del desarrollismo por parte de Frondizi significaba el abandono de la declaración de Avellaneda y de principios muy caros a la tradición radical: el laicismo, el anticlericalismo y el anti- imperialismo, entre otros42. El desarrollismo bregaba por la enseñanza libre (reconocimiento de las instituciones educativas privadas, que, en la práctica, eran mayoritariamente católicas) y la radicación del capital extranjero como elemento básico y dinamizador del desarrollo agro-industrial43.

Los pasos dados en la consecución del acuerdo con Perón y parte del peronismo fueron transmitidos y promocionados desde la revista Qué..., y algunas de las reacciones que esa línea de conducta provocaba en la U.C.R.I. y en el propio peronismo quedaron también reflejadas en ella; de allí la importancia que hemos asignado a esta fuente en el tratamiento del surgimiento de la idea del Frente Nacional.

Conclusiones

El proceso político iniciado con la "Revolución Libertadora" sacó a la superficie el debate sobre la ruptura política que había significado el peronismo para la sociedad argentina. En este debate, donde lo que estaba en juego era el futuro orden político a construir, adquirieron forma dos modelos antagónicos que compitieron por prevalecer en la coyuntura.

El modelo excluyente, que apostó a la desperonización como motor de la democratización política. Su diagnóstico del pasado inmediato se basaba en la convicción de que el peronismo había constituido una aberración política similar a los totalitarismos europeos que habían desencadenado la Segunda Guerra Mundial. De allí que pensaran en una alternativa de transición a la democracia basada en el modelo europeo, la desfascistización y desnazificación44

Por otro lado, el modelo inclusivo propuso una democracia más plenamente representativa como vía de consolidar un sistema político capaz de generar una serie de transformaciones estructurales que trascendían el orden meramente político. Esto les permitió circunstancialmente cosechar adhesiones de un amplio espectro ideológico, que iba desde la izquierda a la derecha más tradicional y el peronismo, y, más fundamentalmente, captar a una nueva generación de militantes dentro de los sectores intelectuales más dinámicos de la sociedad, que bregaba, entre otras cosas, por una transformación de la clase política. Asimismo les permitió captar el apoyo de sectores industriales que velan en su propuesta una alternativa modernizadora, que prometía una fuerte expansión de la actividad económica, orientada fundamentalmente al mercado interno, y también en este sentido era continuadora del peronismo.

Como viéramos anteriormente, dentro del frente político que propugnó este segundo modelo hubo marcadas diferencias, que incluían no sólo las tácticas de cómo alcanzar el objetivo de ganar las elecciones y con ello el poder, sino también diferencias en cuanto a las transformaciones que debían realizarse y cómo.

El discurso político de los distintos grupos que apoyaron la candidatura de Frondizi a la presidencia muestra acuerdos básicos y desacuerdos múltiples. Entre los primeros, cabe mencionar: 1. presentarse como la oposición más coherente y creíble al gobierno provisional; 2. anteponer el proyecto político a la figura del candidato; 3. en el diagnóstico de la realidad nacional, considerar que el principal problema no era eminentemente político, sino económico- social. Entre los segundos: 1. hacer un frente con los distintos fragmentos del "campo nacional", donde inequívocamente se incluía al peronismo, o confiar en el programa como atractivo y mantener la independencia partidaria. 2. El programa partía de la realidad de las innovaciones introducidas en materia económica y social por el peronismo y de las posibilidades que ofrecía la coyuntura internacional, o había llegado la oportunidad de plasmar las reivindicaciones económicas y sociales del programa anti-imperialista de Avellaneda. Creemos que fue la coyuntura electoral lo que permitió salvar y resolver circunstancialmente estas diferencias, que reafloraron nuevamente después del triunfo electoral, cuando debió efectivizarse el programa.

La idea de un frente nacional como síntesis superadora de los movimientos nacionales y populares del yrigoyenismo y del peronismo comenzó a esbozarse en esta coyuntura política fundamentalmente a través del proyecto político encarnado en la revista Qué..., pero no alcanzó a ser dominante dentro del frondizismo, hecho que se evidencia en los reparos que a ella oponía la U.C.R.I.

La estrategia frentista fijaba entre sus objetivos políticos superar la antinomia peronismo-antiperonismo y, en este sentido, incluía el pacto Perón- Frondizi, que aparece como un ensayo de transición a la democracia plena, pues se comprometía a volver a un sistema político de libre competencia de partidos en un intento de apuntalar la estabilidad del futuro gobierno, desactivando la resistencia peronista y tendiendo, en última instancia, a un pacto de gobemabilidad45.

En la elaboración y difusión de esta estrategia habría jugado un rol preponderante el grupo liderado por Rogelio Frigerio, hecho que se refleja no sólo en la prédica de Qué..., sino en la mayoría de los relatos testimoniales que hacen alusión al pacto y en las acusaciones provenientes de la izquierda y de la U.C.R.I., tanto por su responsabilidad en éste como en el viraje ideológico de Frondizi.

Las elecciones de 1958 darían el triunfo electoral al frente frondicista. Una vez en el gobierno, las fracturas intemas se hicieron ya inocultables. Pero seguramente más debilitador para el nuevo gobierno que la heterogeneidad de sus cuadros políticos fue la de su base electoral. Los desarrollistas confiaban en que el éxito de su propuesta transformadora de la realidad socio-económica bastaría para generar las bases políticas de su propuesta. Mas la profundidad de los antagonismos políticos generados por el peronismo probarían sár tan fuertes, que hicieron imposible la continuación de ese programa más allá de las debilidades que éste podía presentar, y eso llevó a que los años que debían ser de desarrollo y progreso se debatieran en constantes luchas por la estabilidad política. Pero eso es parte de otra historia.

NOTAS

  1. Las principales fuentes utilizadas para cubrir este aspecto son memorias, ensayos políticos y testimonios orales. BACK

  2. La principal fuente en este aspecto es la revista Qué sucedió en 7 días, durante el período 1955-58, mientras estuvo bajo la dirección de Rogelio Frigerio. BACK

  3. En esta línea hay desde muy temprano, fines de la década de] 50 y principios de los 60, una abundante producción de ensayistas políticos y sociólogos centrada fundamentalmente en los orígenes del peronismo, con autores como Jorge Abelardo Ramos, Rodolfo Puiggros y Gino Germani. Hacia fines de los 60 aparece una primera síntesis con el trabajo de Murmis y Portantiero (1969), que se convirtió en un clásico en el medio académico. Pero la indagación continuó y se enriqueció notablemente en los años que siguieron, hasta la aparición del excelente trabajo de Torre (1990). BACK

  4. En cambio, ha sido más fructífero el intento de explicar la adhesión al peronismo. Entre la producción más reciente se destaca el aporte del historiador inglés Daniel James (1988). BACK

  5. Digo anticonvencional en el sentido de que transgrede las pautas de comportamiento de los políticos tradicionales y esto aparentemente .resultó ser un factor irritativo más. Un ejemplo que ilustra esta situación, en Perina (1960: 18 y 19). BACK

  6. El análisis "ambiental" de la etapa lonardista que realiza Halperín Donghi (1983: 93-97), con su infaltable cuota de ironía, transmite claramente este estado de cosas. BACK

  7. Potash (1980: 276) coincide con este punto de vista. BACK

  8. Ver, por ejemplo, La Nación 4-12-55, pág. 1, col. 1 a 4: "Informe sobre el alejamiento del general Lonardi. Reséñanse en un documento oficial diversos acontecimientos que culminaron en el cambio de gobierno", donde se cuestiona la declaración de septiembre por antidemocrática. BACK

  9. Al respecto, puede verse Rodríguez Lamas (1985). BACK

  10. Entre otros, Cavarozzi (1978); Rodríguez Lamas (1985). BACK

  11. O'Donnell (1972). BACK

  12. Ver, al respecto, los testimonios de Prieto (1963) y Perina (1960). BACK

  13. Dos trabajos específicos sobre el tema, con enfoques diferentes, son Hodges (1976) y James (1988). BACK

  14. Un relato de estos hechos en Walsh (1973). BACK

  15. Debe aclararse que la repercusión de los fusilamientos de junio de 1956 marcó muy profundamente a toda una generación de militantes políticos, tanto del peronismo como de la izquierda argentina. Expresión de ello fue el "ajusticiamiento" del general Aramburu por parte de comandos Montoneros en mayo de 1970, justificado por haber sido el responsable de aquella decisión, o la reiterada consigna por entonces pronunciada: "La sangre derramada no será negociada". BACK

  16. Rey (1957), Cairó (1974), Jauretche (1957), Perón (1958). BACK

  17. Entendiendo por cultura política un conjunto de valores y prácticas políticas socialmente compartidas. BACK

  18. Desde una posición reivindicativa de dicho proyecto, véase Rodríguez Lamas (1985), Odena (1984); en interpretaciones criticas, Potash (1980), Rouquié (1978). BACK

  19. La Nación, 1-11-55, pág. 5, col. 4 a 6. BACK

  20. Ver, por ejemplo, Perina (1963). BACK

  21. Por ejemplo, Prieto (1963). BACK

  22. Así lo declaraba Rogelio Frigerio en la entrevista mantenida el 15-6-88, también Frigerio (1961). Esta idea ya la había señalado en algunos escritos anteriores. BACK

  23. Véase Babini (1984), Gómez (1963), Viñas (1960), Gallo (1983). BACK

  24. Esta idea subyace aún en modelizaciones de análisis político y comportamiento electoral; véase O'Donnell (1972), Kvaternik (1978). Desde un ángulo político es la interpretación de Babini (1984) y Perina (1981), entre otros, además de la versión de Félix Luna que nos dió en la entrevista mantenida el 318189. BACK

  25. Básicamente me refiero a Rouquié (1975) y Gallo (1983). BACK

  26. El programa alternativo presentado por el radicalismo frente al peronismo, elaborado en buena medida por el propio Frondizi, y aprobado por la convención partidaria de 1946. BACK

  27. Dentro de este grupo se destacaban Ismael y David Viñas, Nicolás Babini, Noé Jitrick, Ariel Ramírez, Félix Luna y otros. BACK

  28. Babini (1984), Viñas (1960), Luna, entrevista citada. BACK

  29. Ver, por ejemplo, Gómez (1963: 118-120). BACK

  30. La revista Qué sucedió en 7 días había aparecido entre 1946 y 1947, cuando fue clausurada por el gobierno peronista. Su director en ese entonces había sido Baltasar Jaramillo. Fue reeditada a partir de noviembre de 1955 por su viuda, Delia Machinandiarena, bajo la dirección de Rogelio Frigerio. Este conservó su puesto hasta marzo de 1958, cuando asumió funciones en el gobierno de Arturo Frondizi. Los colaboradores más importantes de Qué... en el período habían sido Marcos Merchensky, Eduardo Calamaro, Oscar Camillion, Carlos Hojvat, Arturo Sábato, entre otros. A la vez contaron con espacios propios Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche, dos conocidos intelectuales del nacionalismo de centro-izquierda. BACK

  31. En este sentido es valiosa la descripción de la situación hecha por Babini (1984: 173-184). BACK

  32. Véase Díaz (1977: 37-42). BACK

  33. Estas ideas están claramente expuestas en Frigerio (1961). Por otra parte, las notas editoriales de Qué... desde mediados de 1956 se basaron sistemáticamente en este tipo de argumentos. BACK

  34. Babini (1984: 157-164) y entrevista con Félix Luna antes citada. BACK

  35. Estas ideas fueron retomadas por Frigerio en la entrevista ya citada; véase también Frigerio (1963: 22-33). BACK

  36. Qué..., N.141, 30-7-57, cuya nota editorial se titulaba: "El sufragio es el instrumento de la próxima victoria popular". BACK

  37. Así lo señaló Dardo Cúneo en la entrevista sostenida con él el 2-8-89. BACK

  38. Ramón Prieto, dirigente peronista que luego ingresó al desarronismo y fue uno de los gestores del pacto, así lo confirma. Véase Prieto (1967: 68-77). BACK

  39. La posición, largamente debatida en el seno de la U.C.R.I., consistía en votar positivamente en la elección, para luego retirar sus representantes y dejar sin quórum a la Convención. BACK

  40. Desde el punto de vista de las innovaciones ideológicas que introducía el proyecto desarrollista, merecen mencionarse en un lugar destacado las redefiniciones de los conceptos de nacionalismo y anti-imperialismo, de modo tal de hacerlos compatibles con la base de su propuesta de desarrollo, esto es, la inversión de capital externo como requisito indispensable. BACK

  41. "Para nosotros (...) la nación es una categoría que abarca, integra y armoniza en su universalidad a todas las regiones, los grupos sociales, las actividades económicas y las corrientes ideológicas y políticas. Un concepto que tiende a integrar, no a disociar, que une, en lugar de dividir. Un nuevo concepto de la economía que supera al tradicional librecambismo de la oligarquía, a la falacia doctrinaria y económica del peronismo, y a las tesis europeístas no nacionales del socialismo y del comunismo locales. Sus características son su profundo contenido integrador, que tiende a extender a toda la nación los beneficios del desarrollo económico, o sea a reproducir, a lo largo y a lo ancho del país, el crecimiento experimentado por el ámbito de los 300 kilómetros que rodean al puerto de Buenos Aires (...); el papel de la industria pesada como presupuesto básico de la expansión industrial y agraria, como creadora y unificadora del mercado nacional, que supera la estrechez económica y el estancamiento social...". Frigerio (1946: 45-46). BACK

  42. Luna (1963); Ismael Viñas: "Carta abierta a Frondizi", publicada en Marcha en 1961, transcrita íntegramente en Gómez (op. cit., pp. 118-120). BACK

  43. La denominada "enseñanza libre" (en oposición a la "laica", libre de toda participación religiosa) fue raíz de un enconado enfrentamiento en la Argentina. El desarrollismo, pese a no ser mayormente católico, defendía la enseñanza "libre", aduciendo la necesidad de la participación de los sectores privados en la educación; aunque probablemente la razón de fondo era tratar de evitar enfrentamientos innecesarios con la Iglesia, que tanto habían costado al peronismo en su última etapa. BACK

  44. Existió en el período una abundante producción ensayística basada en esta visión: véanse, por ejemplo, Pastor (1959) y (1960); Sánchez Zinny (1959); Santander (1955); Ghioldi (1955). BACK

  45. 45. La libre competencia de partidos era un elemento ausente en las condiciones establecidas por el gobierno provisorio y por los partidos que se inclinaban por el modelo excluyente. Si bien el frente frondicista no proponía en lo inmediato la legalización del peronismo, parte del contenido del pacto era retornar el peronismo a la legalidad si Frondizi ganaba las elecciones. BACK

BIBLIOGRAFIA

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