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VOLUMEN 15 - Nº 2
JULIO - DICIEMBRE 2004

America Latina

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JORGE DUANY: The Puerto Rican Nation on the Move. Identities on the Island and in the United States.Chapel Hill: The University of North Carolina Press, 2002.

El libro de Jorge Duany plantea uno de los temas más apasionantes y debatidos entre los estudiosos de la historia, la sociedad y la cultura puertorriqueñas. Hablar de la identidad en Puerto Rico conduce irremediablemente a pensar en su historia, en la que el colonialismo ha configurado un mundo y una mentalidad propia, con unos mecanismos de resistencia y adaptación que intentan captar "lo mejor de los dos mundos". Hablar de identidad nos conduce también a discutir sobre política, especialmente desde el momento en que se trató, y en gran medida se logró, desvincular el nacionalismo cultural del nacionalismo político, en beneficio del primero; a pesar de ello, no se ha conseguido acallar el tema.

Discutir sobre identidad en Puerto Rico es hablar de nación. Por eso, el concepto de nación en movimiento, que se señala en este libro, puede ser visto con recelo por aquellos que continúan reivindicando el derecho de Puerto Rico a ser una nación independiente. Los anexionistas pueden utilizar este argumento como neutralizador de los otros proyectos políticos; si la nación está allí donde estén los puertorriqueños, cualquier solución política es válida ya que de lo que se trata es de mantener la identidad cultural, un concepto que al ser tan fluido y laxo pierde a veces otros contenidos. Pero el tema es tan complejo que puede tener varias lecturas. Por ejemplo, para otros sectores, como los independentistas, la fuerza de la nación cultural justifica la independencia de la nación.

Pero hablar de identidad puertorriqueña también obliga a analizar la enorme migración hacia Estados Unidos, que ha generado una comunidad en continuo intercambio y diálogo con la isla. Frente a los estudios tradicionales, las visiones que gobiernos de Puerto Rico han creado de los emigrantes, y los estereotipos manejados en la isla y en el imperio, Jorge Duany se centra en demostrar la existencia de una identidad transnacional puertorriqueña, condicionada por dos factores fundamentalmente: la situación colonial y la migración de los puertorriqueños a Estados Unidos. El estudio del mantenimiento de la identidad, de los símbolos y mitos, de su recreación, así como de la concepción y definición de los puertorriqueños en Estados Unidos, le sirven para adentrar al lector en el mundo simbólico de las identidades. Unas identidades nacionales que describe como realidades fluidas que traspasan fronteras, tanto territoriales como simbólicas, y que hacen de la nación, una "nación en movimiento".

Como señala Jorge Duany, el nacionalismo cultural se ha practicado de forma separada del nacionalismo político en la isla. Ello se debe a la diáspora y a que demográficamente Puerto Rico es una nación dividida. El nacionalismo político hoy en día es una posición minoritaria, pero no así el nacionalismo cultural, que es compartido por los habitantes de la isla y por la emigración. Ello lleva a pensar que la idea de nación en Puerto Rico no está ligada a un territorio geográfico, sino que es una nueva idea basada en un fenómeno translocal. Sin embargo, cabe apuntar que esta situación ha sido manejada y propiciada a lo largo del siglo XX por los diferentes gobiernos de la isla, y de manera especial por los independentistas, en un primer momento, y por los autonomistas que, como ha estudiado para el siglo XX Mª de los Ángeles Castro Arroyo, instituyeron el nacionalismo cultural como el principal argumento de defensa frente al colonialismo norteamericano.

A pesar de que el nacionalismo cultural sirvió para fortalecer la identidad y la resistencia, sin embargo, también es válido pensar que el principal beneficiado es, contradictoriamente, el colonialismo, ya que de esta manera se ha separado el problema político-colonial de la nacionalidad, debilitando la lucha política. Este hecho, que es una realidad, debe contextualizarse en la realidad económica, social y política puertorriqueña, en la que, como sostiene Jorge Duany, operan diferentes fuerzas contrapuestas: transnacionalismo y nacionalismo, territorialización y desterritorialización, alteridad e identidad.

La transnacionalidad, la diáspora, ocasiona una debilidad en el nacionalismo político, pero no en el nacionalismo cultural, que pasa a ser la fórmula de mayor peso y éxito, sobre todo porque una gran parte de la población es transnacional. Para el autor, el hecho de que en Estados Unidos los migrantes insistan en llamarse Puertorriqueños y no Puertorriqueños-Americanos (a diferencia, parece ser, de otros inmigrantes latinos como los cubanos o mexicanos), es consecuencia de su empeño en marcar su origen nacional así como de su rechazo a una etnicidad extranjera. A este hecho, habría sido oportuno señalar que ellos son por nacimiento ciudadanos estadounidenses, por lo cual no tienen necesidad de llamarse americanos ni de definirse como un grupo étnico aparte.

Uno de los principales argumentos del libro es el sentido de transterritorialidad de la identidad y de la cultura puertorriqueñas, provocado en gran medida por la condición colonial de la isla. Una condición que, en este caso, ha dado lugar a la coexistencia de diferentes fuerzas --colonialismo, nacionalismo y transnacionalismo-- y que a la vez ha generado que Puerto Rico sea una nación en movimiento. De ahí que Borinquen no pueda ser imaginado desde algún lugar fijo, como una comunidad soberana, exclusivamente ligado a un solo territorio y un solo lenguaje. Geográficamente, culturalmente, lingüísticamente, Puerto Rico es un lugar fragmentado.

Este concepto podría aplicarse a aquellos países con una fuerte diáspora y un fuerte arraigo del sentimiento de la identidad y de la pertenencia a una nación, que, en muchos casos, está provocando la elevación de la nación (cultural) y de la identidad a un concepto abstracto, una categoría casi ontológica que se eleva por encima de la nación y que nos invita a pensar sobre nuevas formas de construcción y definición de las identidades. En este sentido, mantiene algunas de las tesis planteadas por Ottmar Ette, quien en Todas las isla la isla. Nuevas y novísimas tendencias en la literatura y cultura de Cuba, escribe que Cuba "se ha multiplicado en muchas islas, sin perder su unidad transterritorial".

La obra de Duany es muy sugerente y rica, contribuyendo y animando a estudiar la creación de imágenes, estereotipos e imaginarios nacionales; una obra llena de matices que entran en contradicción en algunas ocasiones, como la propia realidad isleña, y que a veces puede aparecer ante los ojos de los espectadores con cierta dualidad, precisamente por la nueva manera de concebir su relación y su identidad frente a otros. El juego, las respuestas, las aceptaciones, las resistencias, los acomodos y "el arte de bregar", como diría Arcadio Díaz Quiñones, han convertido al puertorriqueño en un pueblo único y diferente, en continuo debate y transformación a ambos lados del océano.

Naranjo Orovio Consejo Superior de Investigaciones Científicas