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| VOLUMEN 5 - Nº 2 |
| JULIO - DICIEMBRE 1994 |
Identidades en América Latina (II)
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Aportes prebischianos a la identidad
latinoamericana
JOSEPH HODARA
Universidad de Bar Ilan
"Prebischianos" por esta razón: los aportes aluden a la obra de Raúl
Prebisch en la CEPAL, desde su nombramiento como Secretario General
(1948) hasta su tránsito a la UNCTAD (1964). Por la índole de su liderazgo
en cuanto "caudillo intelectual " de este organismo latinoamericano, creo que
es injusto atribuir su ascendiente sólo a las prendas de su personalidad. Como
se sabe, un pequeño grupo de analistas sociales lo acompañó, con intensa
lealtad, durante el período indicado. Sugiero, por lo tanto, esta tesis: las
modalidades de la identidad regional se recomponen y robustecen merced a
empeños colectivos, animados - en su calidad de caudillo y profeta - por Raúl
Prebisch.1
A pesar de que el célebre pronunciamiento de 1949 - El desarrollo
económico de América Latina y sus principales problemas -, que Prebisch lanzó
en La Habana, traduce con acentos visibles la experiencia argentina en
materia de crecimiento y comercio internacional, varias circunstancias
convergieron para transformarlo en plataforma novedosa y mancomunada
de los países latinoamericanos. En primer lugar, "la tesis Prebisch" (el
deterioro de las relaciones del intercambio, las asimetrías entre "centro" y
"periferia", la indispensable industrialización sustitutiva, los nuevos papeles
del Estado) se propuso como explícito destinatario el conjunto de la región;
las referencias nacionales en aquel texto tuvieron carácter ilustrativo.
Segundo, el foro convocado por las Naciones Unidas en La Habana
reconocía la identidad particular de la región, marcada por un difundido
subdesarrollo y urgida por la "reconstrucción", a semejanza de otras áreas
que habían padecido las consecuencias de la guerra.2
En fin, a partir de su pronunciamiento, Raúl Prebisch comenzó un
afiebrado quehacer diplomático, reflexivo y político, con mandatos que fluían
de la presunta "voluntad colectiva" de América Latina. Fue mérito de Don
Raúl y de sus cercanos colaboradores (Furtado, Urquidi, Noyola, Swenson)
aproximar esta benevolente ficción al mundo real. ¿Qué aportó la "CEPAL de
Prebisch" a grupos vivos (gobiernos, tecnoburocracias, intelectuales,
profesionales en ciernes) de la sociedad latinoamericana? Y ¿por qué estas
contribuciones se tradujeron en una afianzada identidad colectiva, al menos
respecto de terceros? Las influencias fueron notables en tres campos: a) la
gestación de un estilo particular de discurso público, o si se quiere, de una
semiótica distintiva, que desde 1948 es adoptada con entusiasmo por las él ites
políticas y económicas; b) la elaboración de un acervo sistemático de
información económica - y más tarde social - que abrió paso a cotejos
significativos entre países y entre tipos de problemas o "embotellamientos"; c)
el diseño de un foro gubernamental de alto nivel, regular y previsible, que
permitió a los países latinoamericanos reunirse y deliberar, normados por uno
o más documentos de la Secretaría Ejecutiva de la CEPAL. Estas solemnes
convocatorias venían a reconfirmar, en códigos lingÜísticos compartidos, la
unidad regional siempre en peligro por obra del "poder hegemónico"
(eufemismo cepalino para señalar las tendencias estructurales de la economía
norteamericana).
Veamos con algún detalle este asunto. Juzgo que la CEPAL alteró el
discurso público de gobiernos y de los economistas que en los cuarenta
comenzaban a profesionalizarse. También cambió la narrativa histórica
regional a través de la crónica de hechos y relaciones, que al cabo remató en
una nueva interpretación de la índole del subdesarrollo. Las tesis de Prebisch
pusieron en boga una corriente de términos plásticos: "centro y periferia", "la
apropiación de los frutos del avance técnico", "el ciclo menguante", "la
succión del excedente", y otras voces no menos cautivantes. Cada una fue
descifrada de manera diferente en las variadas situaciones nacionales; pero
mantuvieron, sin embargo, una fecunda vaguedad que allanaba su aplicación
generalizada. Con el sello legitimador de las Naciones Unidas, Prebisch
confeccionó una semiótica del desarrollo latinoamericano que facilitó la
comunicación entre las élites y abrió curso a actitudes compartidas frente a
terceros. Las nuevas claves del lenguaje cepalino favorecieron la resocializa-
ción política de los gobiernos, que sin duda tomó vigor con el empeño
pedagógico de Prebisch en el Instituto Latinoamericano de Planificación
Económica y Social (ILPES), cuando lo dirigió entre 1962 y 1964.
Aparte de esta articulación de un discurrir público homogéneo,
independiente de estructuras nacionales específicas, la CEPAL de Prebisch
efectuó una verdadera revolución informativa. Los primeros estudios anuales,
los exámenes de sectores estratégicos, la asistencia técnica, la confección (a
veces, "la adivinanza inteligente") de las cuentas nacionales: espléndido
acervo de datos que ayudó al afinamiento de una perspectiva global,
formulada en el lenguaje técnico y cuantitativo de la economía. Por
añadidura, esta fundada información aceleró la maduración de todas las
ciencias sociales e indujo a "América Latina" como categoría de cotejo y
referencia. Inducción no sólo estadística; también emocional. Estos datos - y
la visión que los presidía - trajeron consigo una genuina revolución
epistemológica.3
Dispensaban a los representantes gubernamentales y al público profesio-
nalmente interesado una nueva fuente de legitimidad al ser y al conocer
latinoamericanos. Las intervenciones apasionadas de Prebisch - verbalmente
y por escrito - reforzaron este efecto; siempre tuvieron vibraciones audibles
en todo el hemisferio. Este caudal de información organizada, paradigmática,
profusamente difundida en foros políticos y académicos, aparejó tres
consecuencias importantes para la ascendente identidad colectiva. Una, el
credo cepalino fue internalizado por las élites prevalecientes, hermanándolas
con un compartido discurso. La segunda consistió en la formación de redes
transnacionales de funcionarios, que, con el tiempo, llegaron a ocupar
posiciones de relieve en sus respectivos gobiernos. Unidos por experiencias y
vivencias comunes, y por una interpretación convenida del desarrollo
latinoamericano, pudieron allanar con frecuencia obstáculos o desentendi-
mientos que fluían de la particular coyuntura y fisonomía del país de origen.
Así, el diálogo hemisférico cobró soltura. Por último, los consumidores
nacionales de documentos cepalinos constituyeron una base de reclutamiento
de expertos reclamados por la Comisión. Y, debido al carácter regional de
ésta, ellos adoptaron un semblante "técnico" que rebajó los particularismos al
tiempo que exaltaba la unidad intrínseca del conjunto.
Finalmente, Prebisch ofreció un espacio: el foro y las liturgias para celebrar
anualmente, bajo la mirada pública e internacional, la convergencia esencial
latinoamericana. El planteamiento de una visión mancomunada, en un
lenguaje cultural y técnico compartido, en lugares que se turnaban la
hospitalidad, robustecieron, sin duda, las razones de la solidaridad. Repárese
en que en estas magnas reuniones participaban no sólo los países
latinoamericanos; desde su nacimiento, la CEPAL reconoció como "países
miembros" también a Estados Unidos y a algunos europeos (Gran Bretaña,
Francia, Holanda). La presencia de "poderes hegemónicos" que afectan al
comercio internacional y a las situaciones coyunturales de América Latina
dramatizó el peso de la otredad, del "enemigo común", con el consiguiente
vigor de la identidad a través del contrapunto de ideas y posiciones. A
Prebisch nunca se le escapó el "impacto virtuoso" de esta teatralización del
conflicto escenificado en los certámenes cepalinos.
En suma, en los siglos XIX y XX, la identidad colectiva latinoamericana se
alimentó de torrentes principalmente culturales: el idioma común, el credo
bolivariano, la configuración "arielista", el estilo peculiar de los "pensa-
dores", el patrimonialismo inherente a las pautas agroexportadoras de
crecimiento. Después de la Segunda Guerra Mundial ocurre un complemento
significativo. En el marco de la Carta de San Francisco, las Naciones Unidas
levantan comisiones regionales para reconstruir a los países miembros.
Intelectuales latinoamericanos logran que el "subdesarrollo" sea ponderado
en los foros mundiales como equivalente a un desastre bélico; así tomó
legitimidad la gestación de una comisión regional. En 1948, Raúl Prebisch
asume como Secretario General de la CEPAL y le imprime a este papel
características y prendas que su predecesor - Gustavo Martínez Cabañas -
desconsideraba. Prebisch fue, primero, el caudillo intelectual de un pequeño
grupo de economistas ligados emocionalmente por la vocación latinoamer-
icanista; y, después, un profeta armado con los recursos y la legitimidad de las
Naciones Unidas, entonces una promisoria institución. Sus iniciativas
crearon una nueva base e ingrediente para la identidad hemisférica: un
discurso público y compartido, que, por "técnico y científico", apuntaló esta
identidad con un lenguaje innovador, un acervo de información detallada y
paradigmática que suministró evidencias sobre la mancomunidad estructural
de los países latinoamericanos, y foros ordenados intergubernamentales que
absorbieron y propagaron las visiones cepalinas. Estos impactos persistieron
hasta mediados de los sesenta. El repliegue dula influencia directa de Prebisch
y, en particular, la rutinización burocrática de la CEPAL rebajaron en las
últimas décadas el ascendiente de esta entidad en la naturaleza del discurso y
de la narrativa de las élites políticas del área, y mermaron sus facultades para
administrar y entender nuevas formas de pugna internacional y de
configuraciones nacionales.
NOTAS
Véase J. Hodara, Prebisch y la CEPAL, El Colegio de México, México, 1987.

Véase Naciones Unidas, Informe preliminar de la comisión especial encargada de estudiar el
proyecto de creación de una Comisión Económica para América Latina, E/AC.21/15, Nueva
York, 10 de diciembre, 1947.

Véase J. Hodara., op. cit..

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