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Identidades en América Latina (I) |
DAVID ROCK: Autboritarian Argentina. Tbe Nadonalist Movemeat, Its
History and As Impact. University of California Press, 1992. David Rock es un renombrado historiador, cuyos trabajos sobre historia Argentina - Argentina 1516-1987 - From Spanish Colonization to Alfonsin, University of California Press, 1987 - y especialmente sobre el Radicalismo - Politics in Argentina, 1890-1930: The Rise and Fall of Radicalism, Cambridge University Press,1975- han contribuido en forma cualitativa al entendimiento del desarrollo político e ideológico de Argentina. En este libro, David Rock emprende una nueva fase en sus estudios sobre Argentina, esta vez a través del análisis del nacionalismo argentino o, como lo define Rock, la historia del "antidemocratic political movement known as Nationalists" (p. xiii). Se une, así, a la no muy densa lista de libros sobre el nacionalismo argentino que pretenden hacer un análisis conceptual e ideológico del movimiento nacionalista, no sólo a través de las acciones de las múltiples ligas nacionalistas y su influencia sobre la política argentina, sino a través del análisis de sus fuentes intelectuales. Libros precursores como el de Marysa Navarro Gerassi, Los Nacionalistas (Ed. Jorge Alvarez, 1964), o el de Christian Buchrucker, Nacionalismo y Peronismo. La Argentina en la crisis ideólogica mundial, 1927-1945 (Ed. Sudamericana, 1987), y el de Enrique Zuleta Alvarez, El nacionalismo argentino, II vols. (Ed. La Bastilla, 1975), son algunos de los títulos más relevantes que precedieron al último trabajo de Rock, si bien éste tiene la ventaja de poseer una perspectiva actualizada sobre el desarrollo de la política argentina y, por lo pronto, una visión más clara de la influencia del nacionalismo argentino en la política actual. Con justa razón, aunque sin mayor espacio de desarrollo, incluye el levantamiento de los "carapintadas" durante el gobierno de Alfonsín, y asimismo el Riquismo, como continuadores lógicos - pero con las variantes de la época - de esa misma cultura política que sin duda alguna no es historia, pero sí sigue presente en Argentina. Rock destaca, correctamente, que Rico "was also known as a symphatizer of the extreme right and a supporter of a strong state serving the common good" (p. 235). Ciertamente, ésta era una de los concepciones básicas del nacionalismo argentino, de la cual Rico no es meramente un simpatizante sino un continuador directo; tendencia a la cual debe agregarse el concepto de justicia social y el antiimperialismo, elementos que fueron desarrollados tanto por el nacionalismo de izquierda como por el nacionalismo de derecha. Un estudio adecuado acerca de esta continuidad debe realizarse sobre la marcha, ya que el Riquismo se transformó en un fenómeno político legítimo en la Argentina actual, irguiéndose como una tercera fuerza política crítica del liberalismo económico y del sistema político. Ello es una prueba más de que el mensaje nacionalista, a pesar de las violaciones de derechos humanos, es un mensaje potable para el público argentino, que comenzó. a conocer el discurso nacionalista populista desde antes de Perón. Son muchas las críticas a la clase de análisis realizados por David Rock y otros investigadores abocados a estudios de historia intelectual e ideológica. Varios comentaristas argentinos consideran que dichos trabajos transforman la verdadera historia, que no es la ideológica o intelectual, pero sí la múltiple historia de intereses que poco tienen que ver con la polaridad cultural entre liberales y nacionalistas autoritarios (ver, por ejemplo, las críticas de Eduardo Gruner y Marcos Mayer en Primera Plana, 10 de octubre de 1993). Estos comentarios, al igual que muchas otras críticas "anti-ideológicas", intentan destacar las particularidades de cada nacionalismo a fin de desligar los orígenes del nacionalismo anti-liberal-local de lo que se podría definir como el desarrollo de una ideología nacionalista radical, anti-liberal y anti-democrática en Europa, que había precedido al surgimiento del fascismo. El nacionalismo de Maurice Barres, Charles Maurras, Enrico Corradino o Gabriele D'Annunzio no era cosa de mero patriotismo, ni tampoco una simple crítica coyuntural contra el establishment político de Francia o Italia, sino que representaba una rebelión total contra los valores materialistas, utilitarios y racionalistas del liberalismo y la democracia formal. De esta forma, a través de una visión historicista, se pretende desvincular el nacionalismo local de aquel espíritu de rebeldía que, como mencionamos, precedió al fascismo. A pesar de que Rock también se preocupa por desasociar el nacionalismo autoritario argentino tanto del fascismo como del Peronismo, sus esfuerzos por establecer conexiones ideológicas con las tendencias integralistas en Europa no están fuera de lugar y contribuyen a aclarar el sentido del nacionalismo argentino mucho más que un mero análisis historicista. Con razón afirma, desde el prefacio del libro, la importancia del nacionalismo como creador de una cultura política en Argentina. : Los nacionalistas crearon una escuela de revisionismo histórico, la cual llevó a cabo una reinterpretación del mito de Juan Manuel de Rosas con la clara intención de crear una nueva "identidad nacional" a través de la deslegitimación de la interpretación histórica "liberal". Los nacionalistas de derecha, especialmente el poeta Leopoldo Lugones, desempeñaron un papel clave en convencer a los militares argentinos de que eran "la última aristocracia", destinada a salvar al país, algo que éstos entendieron plenamente. Pero más importante que ello, y Rock lo destaca claramente, los conceptos autoritarios del nacionalismo relacionados con el estado y sociedad influyeron directamente no sólo a oficiales en el ejército argentino, sino también a grupos políticos tanto de derecha como de izquierda, cuya acción se prolongó hasta la década de 1970. En el capítulo 7 de su libro, Rock justamente destaca el importante papel que jugó el movimiento nacionalista al influenciar tanto a la iglesia, como a los militares y a partidos políticos y movimientos de masas, durante los tres diferentes períodos políticos que distingue el autor entre 1955 y el advenimiento de la democracia. Todos ellos, desde el periodo durante el cual emergió el concepto de "la doctrina de seguridad nacional" a fines de 1960, como el siguiente, que vio el surgimiento de nuevos movimientos revolucionarios populistas y se prolongó hasta la mitad de la década del '70, y también la tercera fase, reconocida como el Proceso de Reorganización Nacional, son periodos en los que se vislumbra el legado del nacionalismo (p. 194). Es de suma importancia poder apreciar esta herencia intelectual también - y quizás fundamentalmente - en el Peronismo y en los movimientos autoritarios que se desprenden de él. Aunque en gran medida el libro de Rock pretende disasociar al movimiento nacionalista del Peronismo, el mismo Perón "socialista" o "reformista" de la primera presidencia, no obstante su populismo, manifestaba rasgos bien claros del nacionalismo, que ya a fines de los años 30 había adoptado posiciones anti-imperialistas y populistas más claras de lo que parece a primera vista. El legado del Peronismo dejó a la Argentina el triste recuerdo del autoritarismo de la "Triple A", como el de los Montoneros, quienes tenían su particular interpretación del mensaje peronista y se sentían enraizados en su tradición política; una tradición política ligada también al nacionalismo. Para ambos, el Peronismo era nacionalismo autoritario. Es decir, la violencia y el autoritarismo de los Montoneros tenía dejos peronistas, al igual que la "Triple A", pero al mismo tiempo el revolucionarismo social de los Montoneros tenía poco de marxismo socialista y mucho del legado cristiano comunitarista del nacionalismo, especialmente de la Alianza Nacionalista y del Peronismo posteriormente. En otras palabras, si bien es cierto, como afirma Rock, que el Peronismo, o mejor dicho Perón, se desligó de estos grupos nacionalistas, y que los mismos nacionalistas, como los hermanos Irazusta, por ejemplo, se alejaron y atacaron al Peronismo, ello no implica que el justicialismo Peronista no tuviera raíces en la ideología del nacionalismo. También los sindicalistas italianos A. De Ambris y A. Labriola se alejaron del fascismo en 1921 y 1924, respectivamente, por divergencias con el rumbo que había tomado el fascismo, lo cual no quita que la contribución de ambos al desarrollo de la ideología fascista fuese considerable. De la misma manera, el aporte del nacionalismo al Peronismo es inapelable. A nuestro entender, el nacionalismo de derecha, sumado al nacionalismo populista enraizado en el Yrigoyenismo y prolongado en las fuerzas de FORJA, son las fuentes ideológicas del Peronismo. Es decir que el Peronismo sintetiza políticamente dos corrientes nacionalistas que, en vez de oponerse, se complementan: revisionistas y anti-imperialistas las dos, ambas también fueron neutralistas durante la Segunda Guerra Mundial. Si bien es cierto que el nacionalismo argentino se basó filosóficamente en conceptos aristotélicos arcaicos, en concepciones integralistas antimodernistas, contrarias a los valores de la Revolución Francesa, también es cierto que determinados sectores de este mismo nacionalismo, como mencionamos, buscaron una fórmula popular reformista basada en un nacionalismo "auténticamente republicano", que no por ello deja de ser autoritario y casi fascista. Los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, Ernesto Palacio y Bruno Jacovella, entre otros, editorialistas y pilares de la publicación Nuevo Orden, que comenzó a salir en 1940, perpetuaron una tendencia que había empezado con la crítica al imperialismo británico y a la burguesía local "anti-nacional", elevada por.los hermanos Irazusta y Ernesto Palacio. Esa crítica acompañaba también una tendencia que se puede definir como la recuperación del Yrigoyenismo como verdadera y auténtica tradición popular argentina. En esta vertiente se encontraba Manuel Gálvez, quien entendió, más que cualquier otro, que si bien el nacionalismo de derecha se había opuesto al Yrigoyenismo, era hora de que éste reconociera que el Yrigoyenismo es una de las corrientes más claras del nacionalismo antiliberal. Asimismo, Gálvez comprendió que un verdadero fascista en Argentina debía tener un alto componente Yrigoyenista, por, lo que incitaba a los "nacionalistas dictatoriales" a tornarse realmente fascistas, es decir, populistas. Movimientos como la Alianza Nacionalista asumieron el lenguaje popular y revolucionario del fascismo. Más que otros grupos, entendieron que el fascismo en Argentina debe ser anti-imperialista y popular. En definitiva, el fascismo tuvo sus raíces ideológicas en un nacionalismo integral y en un socialismo anti-marxista; el Peronismo las suyas en el nacionalismo integral y en el nacionalismo populista. Como exponente de esta síntesis, el Peronismo fue el baluarte de una cultura política que transformó radicalmente el desarrollo político, social y económico de la Argentina. A pesar de las discrepancias mencionadas con la tesis de Rock, es innegable que este libro contribuye a una discusión latente en la Argentina actual. No cabe duda que en una discusión semejante, la labor de historiadores como Rock es de vital importancia, por encima de críticas localistas.
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