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America Latina

VOLUMEN 6 - Nº 1
ENERO - JUNIO 1995
América Latina y la Segunda Guerra Mundial (I)
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Conflicto y crisis de representaciones: ¿la
Segunda Guerra Mundial: ordalías del modelo
francés en América Latina?

DENIS ROLLAND
Universidad de Rennes II

De una guerra mundial a la otra se consolida la lenta retirada de la influencia francesa en América Latina, sin que sea siempre sencillo encontrar explicaciones convincentes fuera de la geoestrategia. Durante la Segunda Guerra Mundial, con la derrota de Francia y luego la Ocupación de una mitad de su territorio nacional; con la afirmación de dos "Francias" opuestas -la de Vichy y la Francia Libre-, lo irracional, las "profundidades oscuras"1 intervienen más en los modos de pensamiento colectivo. El conflicto ofrece, de esta manera, el marco propicio para el examen de representaciones mentales colectivas de Francia, de su contenido y ritmo de modificación. En lo que Lucien Febvre denominaba el "laboratorio latinoamericano", las representaciones de Francia y sus vínculos con esta noción del imaginario político y cultural que es el modelo nacional se ven, entonces, en apariencia profundamente afectados por la conflagración. El estudio de tópicos y arquetipos de la percepción de Francia en América Latina contribuye a precisar, para América Latina, el impacto del acontecimiento sobre una cronología cultural y el papel del imaginario social en la explicación de lo político.2

Por mucho tiempo se estudiaron los problemas relacionados con la formación y con las definiciones del siglo XIX del modelo y de la imagen de Francia en América Latina; esencialmente, y según una cronología compleja y variable de un país al otro, esta imagen3 proviene de la difusión (frecuentemente tardía, sobre todo después de la primera mitad del siglo XIX) de las ideas del Siglo de las Luces y de la Revolución Francesa4. Dichos elementos refractados que componen la imagen se han mezclado de manera progresiva a un nuevo concepto, más próximo a su definición francesa de base de la legitimación de la expansión que a la sola constatación lingÜística: la latinidad.

Después de dar algunas indicaciones sobre la distinción entre representa- ciones5 e imagen de Francia a comienzos del siglo XX, estudiaremos aquéllas que siguieron a la única ruptura deliberada y radical promovida en Francia por el gobierno de Vichy después de la derrota francesa de 1940; en seguida examinaremos, con las representaciones de la Francia Libre, las condiciones del renacimiento de las percepciones tradicionales, evaluando entonces algunas de las fuerzas de inercia que afectan el imaginario cultural latinoamericano común con respecto a Francia.

La lenta decadencia del "galicismo mental" de principios del siglo XX hasta la derrota de junio de 1940

Desde fines del siglo XIX, Francia, "disonancia iluminadora sobre el continente", tiene numerosos ecos al otro lado del Atlántico. Ni la expedición francesa a México (1863-1867), ni la Guerra del Pacífico (1879-1887) o el fracaso francés en la construcción del canal de Panamá (1878-1889) perjudican gravemente el favorable panorama de las relaciones entre Francia y América Latina. Francia conserva una proyección efectiva importante en la América Latina urbana, con variantes de un país a otro, y de una ciudad a otra.6 Mucho tiempo después de que el poeta nicaragÜense Rubén Darío, animado por "el soplo procedente de París", inventara el concepto de "galicismo mental"7, un intelectual mexicano escribe, por ejemplo: "Francia salvó a Iberoamérica. Los pueblos de América han vivido a la francesa y han podido conservarse latinos. La universidad de México fue una universidad francesa; y, por encima de todo, se le debe a Francia el amor a la libertad [...]".8 Otro testimonio, esta vez de un universitario latinoamericano: "Con la influencia cristiana de España y el matiz indígena incorporado al mestizaje, la cultura francesa ha sido para nosotros, durante muchos años, de un alcance fundamental; lo ha sido tanto en lo político como en lo literario, en lo filosófico como en el terreno científico".9

A principios del siglo XX, gobiernos y élites franceses aprovechan este tipo de declaraciones y gozan de una amplia esfera de influencia, enaltecidos por la presencia en París de numerosos representantes de las élites latinoame- ricanas como por la demanda latinoamericana de conferencistas, artistas o actores franceses. Francia parece segura de lo que afirma10, de la validez y universalidad inquebrantable de un modelo cristalizado en torno a los principios de 178911 (no pretendemos, a continuación, analizar la función de la retórica, del estereotipo o del mito generador de imágenes). Constatemos simplemente que, en este sentido, "al borrar los vínculos particulares de España con una parte del Nuevo Mundo", la latinidad tiene la ventaja de conceder al poder francés, circunstancialmente desentendido de su laicidad, "legítimos deberes hacia sus hermanas americanas católicas y romanas"12; junto a ella, la cultura francesa desde el Siglo de las Luces hasta el Positivismo-irriga sensiblemente13 el campo cultural latinoamericano abierto a influencias extranjeras: un campo que pertenece casi exclusivamente a los "preponderantes", a las élites y oligarquías ilustradas con amplio acceso a la cultura escrita.14 Guy Bourdé calificaba este fenómeno de "mimética de enclave" de Francia y de otras potencias europeas: "en Argentina -explicaba- de la Belle Epoque a la Segunda Guerra Mundial, los dirigentes políticos, ya sean conservadores o radicales [...] se encuentran fascinados por los modelos de Francia, Gran Bretaña y Alemania".15

En el siglo XIX (sobre todo durante la segunda mitad), se constituyeron, por un lado, el modelo -de manera esencialmente implícita- y, por el otro, la imagen moderna de Francia; en las primeras décadas del siglo XX, el marco y las condiciones de la percepción evolucionaron según un esquema de cinco puntos. Una vez superada la fase independentista y luego la "larga espera", las lógicas políticas latinoamericanas, reforzadas por la elaboración de una reflexión sobre la identidad, requirieron una menor utilización explícita de referencias culturales externas comunes; desde hace mucho tiempo, la mayoría de países preconiza como valores propios un apego teórico -y algunas veces bastante platónico- a los principios de 1789 y a las instituciones representativas (aun cuando, por ejemplo en el caso de Brasil, el modelo es claramente Inglaterra). Se podría calificar este fenómeno de "historización" de la cultura política francesa y extenderlo al conjunto del terreno cultural: se constata con más agudeza de un lado del Atlántico una cierta fosilización de la cultura francesa y su debilitación en los valores históricos.

En efecto, intelectuales y diplomáticos franceses quedan muy a menudo imbuidos de una superioridad cultural que todavía les atribuyen muchos intelectuales latinoamericanos: y dicha superioridad cultural está profunda- mente ligada a la continua percepción de América como un conjunto de países nuevos que han dado a la cultura política universal la palabra "pronunciamientos", casi sin historia y, por consiguiente, sin cultura, al menos autónoma. Incluso en un francés que conoce muy bien el sur del continente, como Georges Bernanos, instalado en Paraguay y luego en Brasil desde 1938, aflora este sentimiento: "De más está decir que no espero gran cosa del país que me rodea, sería inútil esperar que ocho millones de kilómetros cuadrados de un bosque que nunca sirvió para nada desde los inicios del mundo se interese por el destino de la Catedral de Chartres".16

Sin embargo, el desgarramiento esencialmente intraeuropeo de la Primera Guerra Mundial y luego la incertidumbre del período entre las dos guerras mundiales en Europa perjudican, poco a poco, sus representaciones y, al mismo tiempo, el poder económico de Europa en América Latina. Años más tarde, un francés será fiel intérprete de las percepciones americanas (norte como latinoamericanas, ya que ciertos países participaron en el conflicto): "Notemos ante todo que el incendio de 1914 sólo fue extinguido, provisoriamente, con la ayuda de los Americanos" y que "cuando se les llamó para sacarnos de los escombros, lo hicieron [...] luego volvieron a sus países, sin insistir, pero edificados a costa nuestra".17 Francia, a diferencia de Alemania, no comprendió el interés vital de mantener durante el conflicto, en los diversos países de América Latina, una gran parte de elementos movilizables de sus "colonias"; de por sí muy poco dinámicas a nivel demográfico, su papel fue proporcionalmente más debilitado. Así, "después de la Primera Guerra Mundial, la ascendencia de Francia ha disminuido mucho".18 porque un conflicto, encima tan largo, se percibe como un fracaso militar pero sobre todo político; porque se suspendieron en gran parte los viajes de latinoamericanos a Francia y, cuando se volvieron a emprender, se trataba principalmente de élites literarias o artísticas y no ya de élites económicas o, en especial, políticas; y porque las colonias, signo humano autóctono y factor de activación del modelo francés, se vieron debilitadas cuantitativa y sobre todo económicamente por el conflicto y sus consecuen- cias.

El parlamentarismo puesto en práctica en Francia se comprende cada vez menos, cuando no se le denuncia. De este modo, en diciembre de 1941, el presidente brasileño Vargas critica con vigor la ineficacia del parlamentar- ismo en los países nuevos,19 en tanto que un universitario peruano, por su parte, explica la caída de Francia y su "desaparición" en 1940 en términos de la descomposición de un régimen cuya debilidad estaba en estrecha relación con "sus enormes vicios".20 El funcionamiento político francés de la IIIa República parece una madeja diflcil de desenredar y entender. Por lo demás, si bien el gobierno francés del Frente Popular (a partir de junio de 1936) seduce momentáneamente a algunos gobiernos latinoamericanos populistas o tentados por una política de apertura hacia la izquierda, e incluso "de izquierda" -por ejemplo, en Chile (los radicales del gobierno Alessandri) o en México (el gobierno de Lázaro Cárdenas)-, que encuentran más acorde la política ejercida entonces con la imagen tradicional que tienen de Francia, por otra parte, la política neutralista del Frente Popular frente a la Guerra Civil española decepciona profundamente a dichos gobiernos latinoamericanos, incluso antes de la firma de los tratados de Munich.

Los gobiernos totalitarios de Italia y, sobre todo, de Alemania logran seducir a una buena parte de las poblaciones latinoamericanas. Reforzada por activas "colonias", por una diplomacia y misiones (alemanas) muy dinámicas y dado el gran número de latinoamericanos formados en Alemania, dicha seducción reviste dos características diferentes: una inherente a la política del modelo autoritario, con su aspecto marcial y eficaz y sus semejanzas en el modo de funcionamiento del poder, y otra la de una nación humillada pero fuerte que, por sus propios medios reunidos alrededor de un jefe carismático, consiguió eliminar el yugo impuesto por metrópolis democráticas e imperialistas agrupadas, modelo -manifiesto o no, declarado o no- para muchos latinoamericanos que soñaban con una independencia nacional mejor asegurada. Además, las autoridades del gobierno francés comprendieron demasiado tarde, especialmente con respecto a Alemania, la importancia y el valor de la organización de colonias nacionales en el extranjero,21 de la difusión cultural o de la propaganda, y de los nuevos medios de comunicación.

Con importantes especificidades, la evolución que afecta las percepciones de Francia no es, sin embargo, un caso aislado; para algunos demócratas latinoamericanos, el problema de la decadencia de la irradiación francesa forma parte de una problemática europea. Mientras que un intelectual latinoamericano francófilo formula la siguiente pregunta premonitoria en 1937 a la Sociedad de las Naciones, una tribuna centrada en Europa: "¿Todavía está Europa" en condiciones de "dictar con tanta fuerza sus directivas espirituales?",22 otro afirma con un tono más seco que "Europa [...] ya no da el buen ejemplo; sus consejos políticos no merecen ser seguidos nunca más".23 Más directa todavía, la revista Tiempo, portavoz oficioso del gobierno colombiano,24 señalaba en 1936: "El sentimiento anti-europeo que se ha desarrollado en este país de manera tan marcada en el transcurso de los últimos años, ha aumentado debido al problema de Etiopía [...]".25

Y, algunos días más tarde:
"No estaría de más que [...] se estableciese orgullosamente la beligerancia intelectual, política y económica de los pueblos de nuestro Continente subyugados hasta hoy por las fórmulas de la cultura occidental [...]. Por ejemplo, hay que ver como un francés ignora de manera insolente la existencia de pueblos que, apasionados por la democracia, ven en la IIla República la heredera legítima de la Revolución y siguen con fervor las orientaciones del pensamiento francés. ¿Por qué continuaremos abriendo magnánimemente nuestras puertas a los `ciudadanos del mundo' cuando desempeñamos en Europa el triste papel del `Mestizo' que sólo se tolera porque es la presa codiciada [...]?"26
Además, cómo no relacionar la violencia de estos términos con la inexactitud y la crudeza de aquéllos utilizados por ciertos diplomáticos franceses que trabajaban en el continente latinoamericano: "América del Sur está poblada, a razón de un 80%, de indios (y de negros), es decir, de semiprimitivos?".27

Este desafecto que se empezó a sentir por muchos modelos europeos y, en primer plano, por el modelo francés, está ligado paralelamente a la afirmación de la doctrina panamericana de Monroe.28 No obstante, la decadencia de la irradiación de este modelo (y de la francófilaa, expresión de su percepción) también se ve impulsada por la actividad diplomática, las misiones militares y la propaganda alemanas antifrancesas durante y después de la Primera Guerra Mundial: de esta manera se destruyen las bases menos seguras de este modelo, mientras que, durante el período entre las dos guerras mundiales, se nota claramente un retroceso de la lengua francesa. En una América Latina donde una parte importante de las élites, mediadoras del mito, se formó en el seno de un molde educativo con frecuencia muy francófilo, la referencia a Francia pierde su contenido conceptual: Francia no alimenta más de manera suficiente la formación superior de nuevas élites.

Tampoco debe olvidarse que, con excepción de una parte de las élites liberales o de izquierda --a menudo aún francófilas, incluso cuando se ven seducidas por el modelo anglosajón-, ciertas élites americanas, salvo en México laico, recibieron en ocasiones una enseñanza confesional católica, ya sea francesa o francófila, la cual continúa criticando de manera explícita la Revolución Francesa en nombre de un modelo desaparecido. Las con- secuencias no son desdeñables: "Desde hace muchísimo tiempo -escribe un representante francés en Argentina- aquí se considera Francia como el tipo de una nación libertaria y anticlerical. También -continúa el diplomático- se considera de buen tono y de tradición para un religioso (de origen francés) negar todo vínculo francés".29 Difracción acentuada progresivamente en América Latina entre la imagen de Francia ligada a la Revolución y las representaciones de Francia en el siglo XX; lenta desherencia simultánea del modelo de Francia forjado en el siglo pasado: el modelo se percibe como un mito y su imagen se vuelve progresivamente poco funcional, por lo cual la imagen del modelo francés pierde sus vínculos ron las representaciones de Francia y tiende a esfumarse en el imaginario latinoamericano.

Ahora bien, Europa y, en particular, Francia favorecieron este proceso de evolución desde finales del siglo XIX. Dicho de otra manera, si el modelo tradicional francés se disgrega, también se debe a que Francia sugiere otras representaciones: Ernest Renan -al igual que Dérouléde, Bourget o Barrés- dijo: "Francia está muriendo, [...] no perturben su agonía".30 Desde luego, esta idea, que se formuló en Francia cuando el modelo francés se encontraba en plena expansión en América Latina, no tuvo consecuencias inmediatas del otro lado del Atlántico. Sin embargo, al repetirse, avanzó lentamente hacia el siglo XX. Albert Demangeon en 1920 y Oswald Spengler en 1926 desarrollaron la noción más amplia -otro mito, según algunos- de la "Decadencia de Occidente". Recordamos la célebre frase de Paul Valéry: "Nosotros, civilizaciones, sabemos ahora que somos mortales [...]." Recorda- mos menos el libro de Robert Aron y Arnaud Dandieu, La décadence de la Nation franFaise (1931). Leídos en el original (la lengua francesa seguía siendo patrimonio de una parte de la alta sociedad latinoamericana culta31) o traducidos, esos libros u otros que transmitían las mismas corrientes de ideas fueron alcanzando a un grupo nada despreciable de élites locales y de clases medias en proceso de formación.32 En esas condiciones, se comprende que un conjunto de representaciones discordantes, negación de la imagen tradicional dominante, se declaren desligadas de la Revolución Francesa en el siglo XX. Después de las ideas de Renan y de Taine, las de Maurras, aunque difundidas de manera desigual, al parecer más en el sur que en el norte de América, forjan un nuevo corpus, en los años 1920-1930, constituyendo una nueva matriz para la posible creación de otro modelo de Francia.

Mientras que ciertos intelectuales franceses deploran la degeneración de Francia "replegada sobre su bajeza y vanagloriándose por una especie de bravata crapulosa, incapaz todavía de desempeñar un papel en el mundo" (Thierry Maulnier), la guerra estalla en Europa en 1939, por segunda vez en un cuarto de siglo. Al igual que el presidente mexicano, son varios los políticos latinoamericanos responsables que declaran entonces: "Toda la nación se une a mí para deplorar profundamente el hecho de que un grupo de grandes Estados, por una razón u otra, haya recurrido a la lucha armada con el fin de buscar una solución a sus diferendos, subsistiendo de este modo la violencia con la autoridad de la ley y de la justicia".33 Derrota moral para un país que moviliza sus ejércitos (Francia de la Revolución o lo que queda de ella); derrota moral, aun cuando el presidente de los grandes partidos en el poder en América Latina declare estar orgulloso de que su país goce "de las garantías individuales y sociales que ofrecen los Derechos del Hombre y del Ciudadano" puestas en peligro por la guerra en Francia: "Si Europa debe ver morir o perecer su cultura [...], América salvará a Europa de la amenaza de los bárbaros y hará indestructibles los principios de libertad [...]".34

La "Guerra singular" no pone en tela de juicio la imagen de Francia. ¿Acaso Bernanos no comprueba en Brasil que no hay entonces "un pueblo en el mundo más ligado ingenuamente al nuestro por vínculos más carnales, una sensualidad más profunda. Aman a Francia con mucha pasión, con una ternura desconfiada y celosa que desconcierta"?35 Sin embargo, la política de espera francesa termina por desilusionar36 a la opinión demócrata de esta América meridional de constituciones democráticas; opinión que se encuentra entonces, con el estallido de las operaciones en el oeste, enfrentada a una doble interpretación de los hechos: o considera que "asiste impasible al fracaso fraudulento de las bases morales, jurídicas, humanitarias sobre las cuales había construido todo el edificio de su civilización",37 o, de manera más simple, considera que no necesita forzosamente a Francia para reinvindicar los principios de 1789 -a fortiori cuando después de la derrota francesa del régimen de Vichy proclama pronto no otorgar validez alguna al modelo que proviene de la Revolución.

Vichy y la ruptura del imaginario de Francia

¿Desaparecen por completo el modelo, las imágenes y las representaciones de Francia ligados de manera intrínseca al concepto exportado de la Revolución cuando surge una nueva Francia con el Armisticio, y luego cuando trata de afirmarse un nuevo modelo, completamente opuesto? En numerosos países, la publicación de las cláusulas de los dos armisticios franco-alemán y franco-italiano "ha consternado la opinión pública. El silencio lo más completo sucedió a las manifestaciones de adhesión a Francia que se habían multiplicado".38

Sin lugar a dudas, a veces después de un momento de sorpresa, incluso de desconcierto, que afecta tanto las percepciones de Francia como la noción de democracia, la derrota,39 la invasión de Francia y el Armisticio de junio de 1940 provocan primero, en los francófilos de América Latina, una impresión de vacío cultural40 y un arranque de energía41; sin embargo, junto a dicho arranque, sobre todo verbal, nace también la conmiseración hacia una potencia venida a menos42 y un refuerzo de la tendencia a la decadencia del prestigio francés.43 Este arranque de expresión de la francofilia no es, en conjunto, favorable a la renovación de la imagen tradicional de Francia. Y menos aun cuando a los ojos de los latinoamericanos, demócratas o no, Francia derrotada por la Alemania nazi cambia radicalmente de rostro, de modelo presentado.

El 10 de julio de 1940, las asambleas francesas suprimen la República, durante una sesión casi normal; Laval, futuro protagonista del gobierno de Vichy, declara entonces:
"No se equivoquen, vivimos ahora bajo un régimen de dictadura [...]. Hay quienes dicen: ese proyecto que aporta el gobierno es la condena del régimen parlamentario. ¡Nunca! Quiero proclamarlo abiertamente. ¿Por qué? Porque no es sólo la condena del régimen parlamentario sino de todo lo que fue y ya no puede ser".44
El régimen de Vichy reniega efectivamente de la República y de la tradición republicana. La Acción Francesa, es cierto, proclamaba desde hacía tiempo que la República era "la pícara" que había que destruir; eso se llevó a cabo en 1940, ya que la "Revolución nacional" preconizada por el gobierno de Vichy "se inspira de ideas de la reacción francesa, la cual nunca dejó de denunciar los principios de 1789".45

A los ojos de la opinión latinoamericana constituida, el paso brutal al cadalso de esos "principios" y del tradicional modelo inherente, en Francia y por franceses, parece dejar huérfana a la imagen "revolucionaria" de Francia. Si el nuevo régimen es percibido mayoritariamente como el fruto de una coyuntura, también se le considera a menudo como coyuntural, y la imposición de la imagen tradicional es una de sus causas esenciales. Por este motivo, provoca una impresión de negación en ciertos intelectuales latinoamericanos demócratas, quienes conservan otra imagen de Francia:
"Los uruguayos habían puesto a Francia en un pedestal tan alto, encarnaba a tal grado para ellos todo lo que había de grande, de noble y de bello en el mundo, que su caída causó una profunda conmoción en ese país y produjo un dolor que no se atenúa. En primer lugar, Uruguay no comprendió, no quiso comprender nuestro rápido y completo derrumbe; en segundo lugar, sintió una profunda decepción, como si lo hubiésemos engañado. Por otro lado, cabe señalar que la nueva forma del Gobierno francés lo ha desorientado. Para los uruguayos, Francia siempre ha sido el país de 1789, el de los grandes principios de la Revolución. Han lamentado que la antigua divisa Libertad, Igualdad, Fraternidad haya sido reemplazada [...]".46
Los intelectuales no comprenden ni el abandono de esta divisa ni ciertas medidas políticas tomadas durante el gobierno de Vichy que dan al régimen un color "fascista". Mientras en Francia se lee: "Primera, segunda o tercera del nombre, la República democrática sólo puede ser para nosotros la gran enemiga del pueblo, el símbolo de la opresión secular y de las masacres que la han asegurado",47 el ministro del gobierno de Vichy en México escribe en 1941: "No se duda de que la política del gobieno francés aleje de nuestro país a muchos de sus más fervientes amigos. Estos se cuentan sobre todo en los medios intelectuales [...] que ven en Francia a su madre espiritual [...]. La acusan de renegarse [...] deseando la victoria alemana".48 Desde luego, ésta no es una opinión unánime, incluso en Francia, frente a ese cambio oficial de pensamiento político. Sin embargo, con más o menos ardor según los diplomáticos en servicio, la propaganda de Vichy tiende a acreditar en el exterior un modelo construido alrededor de una ideología de la Revolución nacional.

Algunos medios católicos de países latinoamericanos aparecen algunas_ veces como "verdaderos conservadores de formas sociales antiguas en el resto del mundo occidental, incluso como museos políticos"49; para ellos, el régimen de Vichy parece entonces "susceptible a enmendar" la "opinión tan molesta"50 representación de una Francia laica y anticlerical. "La recuperación moral" anunciada y "ligada a un renacimiento del espíritu cristiano en Francia" modifica de manera radical, al interior del país, la representación de Francia -de Vichy. En este proceso, las numerosas pero envejecidas congregaciones religiosas de origen francés constituyen, en un conjunto donde existe una minoría importante, uno de los relevos firmes y duraderos de las representaciones -mentales y diplómaticas-de Vichy en la mayoría de los países considerados. De esta manera, mientras que en Panamá el emprendedor representante de Vichy51 intenta organizar una red de información sentando sus raíces en medios religiosos, en Colombia, según el ministro de Vichy en julio de 1941, "el mejor elemento de la colonia francesa está constituido por nuestros religiosos" (abarcando el calificativo "mejor" tanto el sentido de la fidelidad a Vichy como el sentido de la competencia cultural)52. En la América andina y en el Cono Sur, las congregaciones celebran misas cuando el representante diplomático de Vichy lo pide, como la misa del 14 del julio; en varios casos, esas mismas congregaciones se niegan a celebrar oficios religiosos solicitados por Francia Libre (no obstante, en Uruguay la mayoría de los religiosos franceses parece compartir las ideas de Francia Libre53 y, en Paraguay, son precisamente los Fréres de Bétharram quienes constituyen el "centro más peligroso de propaganda"54 en favor de Francia Libre, según Vichy). En un caso no atípico en América Latina, cuando en 1942 una gran mayoría de franceses residentes en el Perú son adictos a las ideas de la Francia Libre, el director limeño de un hospital donde trabajan religiosos franceses escribe al mariscal Pétain, teniendo importancia el orden: "Como católicos y como amigos de Francia, seguimos con sumo interés su reedificación. Pronto saldrá de esta dolorosa prueba con mayor esplendor, honor y gloria".55

Mas es evidente que, salvo algunas excepciones, la ruptura voluntaria de modelo por el gobierno de Vichy se comprende difícilmente en ultramar: la imagen de Francia persiste ligada fundamentalmente a los principios de 1789, aun cuando las representaciones tienden a evolucionar.56 Sujetas a ritmos diferentes, las representaciones de Francia no evolucionan simétricamente a una imagen menos sensible a la coyuntura; de allí el impacto moderado en América Latina de la modificación autoritaria y radical de modelo operada por las autoridades de Vichy. Si el modelo que Vichy intentó difundir no suscitó las representaciones esperadas en todos los países de América Latina, es también porque quizás la cultura francesa no está más en condiciones de movilizar de manera suficiente las élites sobre bases concebidas como esenciales para contribuir a la creación larga y difícil de un nuevo modelo57; sobre todo porque la lógica política de Vichy -un régimen que nació de una derrota, colaborando con su vencedor y renegando de los principios sobre los que Francia se cimentó durante un siglo y medio- no es conciliable ni con el "joven" sentimiento de independencia nacional ni con el deseo de cada uno de los países latinoamericanos de elevarse a nivel internacional: sólo en los países donde el autoritarismo o el populismo tiende a afirmarse mediante el poder como un valor nacional, impelido, a veces, por una fuerte oposición a la alineación con la política norteamericana, sólo en ellos se desarrolla durante un tiempo, con el asentimiento del poder, una representación relativamente consistente y positiva de la Francia de Vichy.

En un continente donde es más pertinente manifestarse demócrata (y donde algunos diplomáticos de Vichy dan muestras ocasionales de un sentimiento agudo de superioridad cultural58), la América Latina democrática puede, en un momento determinado, considerarse como la única heredera de los valores de 1789. Simultáneamente, no obstante, la América anglosajona se convierte en 1941 en el paladín de la paz y de las libertades democráticas, consolidando su leadership político, económico y cultural -a expensas de la "Vieja Europa" continental- sobre la democracia fracasada, a veces incluso buscando captar los recursos de la francofilia local.59

Por un lado, la Francia del Armisticio simboliza en América Latina el carácter no-inmutable de las relaciones de potencia entre las naciones; por el otro, y progresivamente, a medida que la colaboración se afirma, simboliza una cierta bajeza del vencido. Rompiendo con lo esencial que había forjado el prestigio nacional anterior, la Francia de Vichy (exceptuado por mucho tiempo el Mariscal, pantalla externa de esta imagen "negra") reconcentra todos los elementos de representaciones o representaciones que, vistos desde América Latina, parecen en desacuerdo con el modelo tradicional: Francia- repelente, que debe controlarse hasta en sus colonias territoriales de América; lo recuerdan las Conferencias Panamericanas de La Habana, en julio de 1940, y luego de Río de Janeiro, en enero de 1942. La imagen escapa totalmente al país conceptualizador y se vuelve contra el nuevo poder instituido. De hecho, perdura la imagen tradicional de Francia. Al desmentir oficialmente, en el verano de 1940, ante el gobierno de Vichy "que hubiese en su país alguna disminución de simpatía hacia Francia", el gobierno brasileño añade:
"Sin duda hubo algunas críticas contra ciertas tendencias del gobierno francés, tendencias consideradas por los periódicos brasileños como totalitarias. Sin embargo, esas mismas críticas siempre han guardado una gran nobleza. En efecto, ellas interpretan en el fondo la amistad de los brasileños hacia Francia, cuya resurrección se desea ardientemente[ ...]"60
La alusión del Ministro de Relaciones Exteriores brasileño es transparente: a partir de entonces existe una nueva representación mental de Francia que corresponde al gobierno de Vichy, y se usa la censura para acallar las críticas contra este último. No obstante, no se concibe que, libre, Francia no sea democrática. Por dicha razón, América Latina percibe los gobiernos y el régimen de Vichy como los productos anormales de una desdichada coyuntura, especie de paréntesis político en el cuerpo defensor de Francia. De allí que, desde julio de 1940, se empleen comúnmente las metáforas de la resurrección de Anteo y del Ave Fénix para aludir a Francia.61

De este modo se produce una inercia relativa del imaginario político de Francia al otro lado del Atlántico: surge una representación nueva de Francia -de Vichy- pero persiste una imagen ligada a un modelo considerado en Francia como oficialmente obsoleto y caduco. Sin embargo, el curso de la guerra, con el hundimiento de Vichy y la Liberación, redujo algunos años más tarde el impacto de dicha percepción de un nuevo modelo a la escala de un accidente de coyuntura.

La Francia Libre y la reactivación de las percepciones tradicionales

Entre 1940 y 1944, numerosos intelectuales demócratas latinoamericanos saludan, sin embargo, a la "Francia republicana", "la Francia de la Libertad, Igualdad y Fraternidad", "la Francia de los Derechos Humanos", incluso la Francia "del liberalismo" (¡lo que no es nada paradójico en esos años de guerra!). Dos mecanismos pueden explicar este fenómeno de amalgama: a)por un lado, relevos importantes de las opiniones latinoamericanas sobre Francia; las colonias francesas en América Latina no reaccionan como la población de Francia metropolitana. Ello responde a una explicación principal: el imaginario político de los franceses que residen en el extranjero no está estructurado de la misma manera que el imaginario de los franceses de la metrópoli, con un modo propio de funcionamiento de la opinión de acuerdo con realidades y representaciones específicas. En América Latina, la obra cotidiana de los medios de comunicación norteamericanos, en esa fase de conquista acelerada,62 se superpone al peso de geografias y sociologías propias. A pesar de los comportamientos políticos algunas veces claramente conservadores, los franceses de América Latina permanecen, en conjunto, firmemente ligados a la idea republicana; todo ello debido a una cierta fosilización de marcas de identidades nacionales desde una emigración ya antigua. Estos grupos de franceses emigrados se convierten, en su mayoría, en los soportes, más o menos activos, de la propaganda francesa libre. Ahora bien, afectados por una asimilación variable pero relativamente más avanzada, participan poco de la crisis de identidad nacional que afecta a la Francia de la preguerra63 y sus síntomas -disgregación del sentimiento y del tejido nacionales-; además, se constata un fenómeno comparable en algunos de los latinoamericanos francófilos,64 para los cuales la francofilia está ligada a una imagen tradicional de Francia, poco afectada por las modificaciones de representaciones de la misma.

El imaginario no es el mismo de cada lado del Atlántico; tampoco la posible adhesión a Vichy. En América Latina, la derrota francesa no se manifiesta en sus implicaciones materiales más dolorosas; frente a una menor sensación del vacío y de su posible duración, los franceses expatriados no perciben el régimen de Vichy como sucede en Francia, "como el medio de escapar, de inmediato, a los vértigos" de dicho vacío. Por el contrario, en América Latina se considera rápidamente a los países anglosajones como los motores esenciales de una posible liberación de Europa. Con la distancia, cambia la perspectiva y disminuye de manera considerable la función de salvaguarda que Vichy encarna. Todo mecanismo explícito de exclusión funciona finalmente mal en el seno de sociedades culturalmente mezcladas. En Europa, durante 1940-1941, el régimen y su jefe cumplen en la opinión pública una función de legitimación, que atribuye de este modo "una lógica de eficacia política a inclinaciones sospechosas o equívocas".65 Sin embargo, en términos generales, dicha función se sigue percibiendo mal y tiene poca aceptación -al menos a nivel de discurso- en una América Latina mestiza en distinto grado, marcada por revoluciones de independencia apenas seculares, y posteriormente por la instauración casi general de principios representa- tivos.66

b) En cuanto al segundo mecanismo, por otra parte, junto con Vichy surge una imagen renovada de Francia, que se construye a medida que se precisa la percepción según la cual Vichy "progresa" en el repudio del modelo tradicional. Esto último nace de una dualidad de discurso, de "diplomacias" (Francia Libre/Vichy), de "Francia", finalmente de una bipolaridad de imágenes: nuevo "conflicto de la Revolución Francesa y del Antiguo Régimen". En 1941, en Riom, ante la Corte Suprema de Justicia encargada de juzgar a "los reponsables de la derrota", la República, junto con el Frente Popular, pasó a convertirse también de acusada en acusadora -hasta tal punto que Vichy suspendió el proceso a petición de los alemanes. En el continente americano, un ex ministro del Frente Popular juzga "esencial recordar que las masas siguieron siendo fieles (en Francia) al ideal de la Revolución Francesa" y que se debe hacer "eco de este ideal,67 por todos lados. Con eso subraya qué imagen y prestigio de Francia pasan por el crisol de representaciones asociadas a la Revolución, mediante un despliegue prospectivo del modelo tradicional.

Comenzando entonces en América Latina, este renacimiento - algunas veces realmente movilizador68- de la referencia a Francia no acompaña, sin embargo,69 un refuerzo del contenido de origen francés de las culturas latinoamericanas; de allí, entre otras cosas, la amalgama Revolución Francesa/liberalismo. Precisamente el volver a apreciar las ideas surgidas de la Revolución se convierte, a partir del verano de 1940, en uno de los ejes directivos de la propaganda y de la práctica política de la Francia Libre en América Latina. No obstante, es cierto que el General de Gaulle tenía, por un lado, ideas imprecisas sobre América Latina y, por el otro, ¡no sentía una particular simpatía por la Revolución! Pero cuando el jefe de los franceses libres se hizo guardián de las "tradiciones" francesas, el discurso se comprende en ultramar a través de un prisma de imagen "revolucionaria"; y ese ligero cambio semántico parece ser perfectamente aceptado, por no decir deseado, por el propio de Gaulle.70

La propaganda francesa libre se benefició muchísimo del capital que representaba en América Latina la imagen poco volátil del modelo francés. La propaganda británica, por ejemplo, reconoce que no posee "un tal capital de influencia", por lo que su asociación con la Francia Libre es para ella un motor eficaz dirigido a la opinión pública latinoamericana. La propaganda de los Estados Unidos, que se lleva cabo tardía pero masivamente, busca a veces captar de forma autoritaria este instrumento de propaganda, en particular para el desembarco en Africa del Norte, cuando las colonias francesas de América Latina experimentan una de las últimas olas de desafecto frente a Vichy. No obstante, su éxito se explica también porque la Francia Libre tomó conciencia desde muy temprano de la importancia del fenómeno que se preparaba. De esta manera, para toda América Central y el Caribe, Jacques Soustelle utiliza y desarrolla eficazmente la dicotomía imagen tradicional de Francia/representación de Vichy. En Buenos Aires, revistas como La France Libre71 o Les Lettres Fran~Caises, dirigidas por Roger Caillois, y en Río de Janeiro, editoriales como Chantecler, irrumpen directa o indirectamente en el panorama local, junto con Comités de Franceses Libres y Comités Pro Francia, en gran parte debido tanto al movimiento londinense como a la restauración del crédito internacional de una Francia en crisis, en pleno período de fragilidad. Al mismo tiempo, la Escuela Libre de Altos Estudios de Nueva York difunde su modelo en el Caribe (en Haití, en abril de 1942) y en el Cono Sur; incluso la diplomacia de Vichy reconoce entonces que dichos centros "pueden ser de cierto beneficio para la irradiación" de la cultura francesa.72

Por medio de representaciones relativamente unívocas (el llamado "episodio" Giraud en 1943 es el único momento de crisis general y grave), la presencia en América Latina de un movimiento francés libre, tanto más o menos precoz, fuerte o compacto según los estados -las situaciones favorables de Cuba, de México y también de Colombia, Uruguay o Chile tienen poco que ver con las de Brasil o de Venezuela, que siguen a la letra la política de Washington-, dificulta la formación de una nueva imagen durable con el referente "Vichy" y no "Francia" (¡a tal punto que, en algunos países, lo que no es "degaullista" es sospechoso!). Y ello sin una interrupción prolongada de vínculos entre representaciones e imagen tradicional de Francia, esa "verdadera" Francia, patria idealizada, puesta en imagen de los principios universales de 1789.73 Empero, al mismo tiempo que la prensa y las radios latinoamericanas dejan un campo más amplio a esa "verdadera Francia", progresa a ritmos variables y, de manera más o menos implícita en el continente americano, la imagen repelente del gobierno de Vichy. Esta última nace de las representaciones de lo que se quiere como modelo, pero que se percibe como desprovisto de legitimidad, primero cultural -e histórica-, luego política y popular.

El claro panorama del desarrollo de las relaciones culturales entre América Latina y Francia durante los años que siguieron a la guerra puede, entonces, interpretarse como el corolario de dos fenómenos concomitantes y complementarios. En primer plano, el desarrollo de un activo movimiento francés libre en América Latina durante la guerra, con adherentes latinoamericanos (en 1942, por ejemplo, el Comité de Gaulle de Costa Rica se reúne en la casa del Ministro del Interior...74), en tanto que en la genealogía de las imágenes de Francia en América Latina aparece la Francia Libre - reactualización de los soldados del Año II- al lado de la Francia Republicana nacida de 1789, y Vichy al lado de la Francia del Antiguo Régimen. En segundo plano, la continuidad y el refuerzo de la imagen tradicional de Francia; una imagen que pierde apoyo primero por anticuada, que después es considerada "renegada" durante la IIIa República, y que luego, en el período de Vichy, encuentra un nuevo apoyo con la Francia de la Resistencia, la Francia Libre que buscó, para su propaganda, inscribirse en una continuidad histórica y suscitar una representación acorde a la imagen de Francia. Entre 1940 y 1944, por ejemplo, la Francia Libre fue prácticamente la única en conmemorar la fecha-emblema del 14 de julio más brillantemente que con una bandera a media asta y una misa para los muertos de la guerra (instrucciones oficiales de Vichy de 1940 a 1942). De manera simultánea, llevada generalmente con inteligencia y discernimiento,75 su propaganda, unida al anuncio reiterado de Vichy sobre la ruptura con los fundamentos "revolucionarios", contribuyó a fijar esta proyección "purificada" de los componentes - simplificados a merced del reflujo de la cultura francesa- del modelo tradicional francés.

De este modo, son dos los conjuntos de representaciones antagónicas de Francia que se han afirmado progresiva y claramente, en un maniqueísmo que permite al sobrevivente, beneficiario de la evolución de la coyuntura internacional, reavivar la imagen de Francia ligada a los arquetipos "Luces", "Revolución", "República"; la mayor parte de los elementos negativos que obstaculizan la fusión de la imagen formada en el siglo XIX y "la representación siglo XX" desaparecen en una continuidad renovada, "reimaginada" para una generación. Esta fusión entre imagen y percepción del presente es facilitada por el trabajo de las agencias de prensa norteamericanas que, aun cuando obstaculizan materialmente y a veces deliberadamente la propaganda francesa libre, difunden la fe en la victoria anglosajona y en la Liberación. A menudo, la guerra fue percibida en suelo americano como una ordalía del modelo democrático: después de un período de renovación coyuntural de sus representaciones, la imagen tradicional de Francia se reafirma en forma única. El antiguo modelo vuelve a ser funcional.

Por lo tanto, se puede considerar la creación de un movimiento libre en Londres, y posteriormente de emisoras en las repúblicas latinoamericanas, como el elemento sin el cual "una cierta idea de Francia" sin duda no habría vuelto a adquirir cierta vigencia. Un delegado del Comité Francés de Liberación Nacional, en misión en América Latina, escribe en 1943:
"La influencia espiritual de que gozaba Francia en esos países antes de la guerra ha quedado casi intacta. A pesar de que nuestra derrota, el espectáculo de las luchas entre franceses en un momento en que la unión era tan necesaria y la interrupción de las relaciones comerciales con nuestro país han afectado por mucho tiempo nuestro prestigio, las élites sudamericanas, tan vinculadas tradicionalmente a nuestra cultura, han continuado buscando a nuestros educadores, profesores, artistas, y han seguido esperando directivas del pensamiento francés. [...] Nuestras posiciones siguen siendo muy sólidas y pueden servir de punto de partida para nuevas irradiaciones".76
Más perpicaz, el ministro en Asunción escribía en 1942: "Si Francia quiere conservar la preeminencia que siempre ha ejercido aquí en el campo de las ideas, tendrá que acentuar su esfuerzo de propaganda en cuanto las circunstancias lo permitan".77

En la inmediata posguerra. sin embargo, en América Latina persisten aún, además de numerosas manifestaciones concretas de francofilia, declaraciones de esta clase: "Francia nos recibe nuevamente como una gran madre espirituaV.78 "Corresponde a Francia la prestigiosa sucesión de la Grecia inmortal; Francia, madre contemporánea de las ciencias, las artes y las letras; sobre todo, madre del concepto de libertad".79 Es cierto que estas declaraciones se ven probablemente influenciadas por una presencia cultural y económica norteamericana en aumento en todas partes, y frente a la cual la cultura francesa puede ser concebida como un escudo frágil, o más bien un argumento de diversificación de las presencias culturales extranjeras. También es cierto que no toman en consideración importantes disparidades entre los países de América Latina. Pero eso no impide que dichas actitudes y declaraciones no tengan consecuencias; en septiembre de 1944, en su respuesta al memorándum del Presidente Roosevelt sobre la organización del mundo después de la guerra, el ministro uruguayo de Relaciones Exteriores subrayó que:
"[...] vería con la más franca simpatía la inclusión de Francia entre los miembros permanentes de Consejo (futuro Consejo de Seguridad de la ONU), en homenaje a los servicios prestados por ella a la causa de la libertad y del derecho, al papel espiritual y a la elevación de su cultura expandida a todos los pueblos civilizados y especialmente a los pueblos latinoamericanos desde los propios orígenes de sus luchas emancipadoras".80
Vichy intentó hacer irradiar un nuevo modelo. La coyuntura no explica sólo la débil densidad de la representación formada en América Latina; la naturaleza de lo que debía servir de modelo está también puesta en tela de juicio, con las condiciones de su nacimiento y sobre todo, vista desde América, su débil originalidad frente a totalitarismos existentes. En Latinoamérica se percibe el régimen de Vichy mayormente como el administrador81 de una situación provisoria, como el producto circunstancial de una derrota, un vencido convertido en confidente de Alemania. Como además el nuevo modelo puramente nacional propuesto no se inscribe en una dinámica política exterior lejana, ésta no contribuye a la formación de una imagen nacional nueva. Cabe agregar que otro modelo, norteamericano, engendra.una imagen más amplia y más densa. Influenciada por la prensa y luego por la propaganda norteamericana, una gran parte de la opinión latinoamericana se siente progresivamente más solidaria con ese modelo con vocación continental que con el otro modelo, diferente y gastado, de Vichy, que no logra imponerse en sociedades altamente solicitadas por una alternativa maniquea de modelos democráticos o totalitarios. Por último, Vichy no goza del beneficio de la existencia de una lógica política comparable en América Latina sobre la cual se proyecte todo o una parte de su hipotético modelo.

"Las imágenes que interesan al historiador son imágenes colectivas trazadas por las vicisitudes de la historia"...82 El examen sucinto de lugares comunes y de arquetipos del imaginario de Francia en América Latina nos conduce a constatar que, para el período 1918-1945, después de una decadencia pluri- decenial considerable, más o menos teñida de presunta resignación, incluso de indiferencia, sobrevive, con una vigencia que proviene precisamente de la coyuntura por la que se atraviesa, una imagen claramente individualizada del modelo tradicional francés. Según un mecanismo conocido de antagonismo de pareja, la percepción del gobierno de Vichy sirvió para fijar sobre ella lo que tendía a disociar representaciones e imágenes tradicionales de Francia. Pierre Laborie escribe que en Francia "es fuera de Vichy y en gran parte contra él [...] que la identidad de la nación se reconstituye, alrededor de la herencia jacobina y de los valores democráticos de la tradición republicana. La Resistencia [...] ha sido su motor antes de convertirse en una de las referencias fundamentales más importantes".83 A pesar de estructuras del imaginario diferentes y de un itinerario coyuntural propio, la imagen de Francia en América Latina evoluciona según un esquema similar. La coyuntura sólo tiene aquí un impacto moderado sobre corrientes inter- nacionales de intercambios culturales; es cuando menos el caso de un sentimiento particular, la francofilia, y de dos nociones conexas: imagen y modelo de Francia.

El pintor utiliza un modelo para crear representaciones; participa en la formación de una imagen. El modelo preexiste tal cual y, por lo tanto, no plantea ningún problema específico de aprehensión. En el proceso que tiende a delimitar los arquetipos de un modelo democrático exportado, el modelo es, por el contrario, algunas veces más simple de comprender en tanto que concepto global, fruto de una imagen. Y dicha imagen sería el denominador común de un conglomerado de representaciones. El historiador puede sin duda considerar el modelo como un modelo a priori y estudiar las imágenes del mismo; pero lo que para un modelo totalitario construido para ser difundido y reproducido puede en cierta medida parecer aceptable, difícilmente permite en otro caso precisar el contenido real del modelo: éste sólo tiene una existencia virtual si no posee representación e imagen. La perspectiva inversa adoptada permite evaluar con cierta fiabilidad la huella exterior de un modelo nacional; el modelo, concebido como una composición "imaginaria", está en realidad intrínsecamente ligado y nace prácticamente de un conjunto, sobre todo retórico, pero concretamente discernible y apreciable: la imagen de Francia.

Para América Latina, queda por escribir esencialmente la historia de los flujos y ritmos de las percepciones, de los imaginarios sociales y los comportamientos culturales; sin embargo, las dificultades son múltiples y una problemática del tipo "ruptura o descontinuidad" no permite superarlas. Vichy encarna en América Latina una ruptura después de un largo período homogéneo de decadencia, pero dicha ruptura con los valores republicanos se inscribe en la lógica de una evolución que ya había comenzado medio siglo antes; a largo plazo, inciden en una estructura secular de relativa continuidad. En cuanto a la Francia Libre, encarna cierta continuidad con relación a la imagen tradicional de Francia en América Latina. Pero el impacto de su representación se impone como una ruptura con respecto a una evolución en curso y, más aun, con respecto a lo que hubiese podido ser un golpe de gracia dado por Vichy, no tanto a la República -noción que se ha vuelto muy autónoma en América Latina a mediados del siglo XX- como a la Francia Republicana.

Sin embargo, desde la guerra, la matriz específica de la imagen de Francia parece encontrarse nuevamente en peligro. Por un lado, subsiste a largo plazo la progresiva desherencia de la percepción de un concepto universalista o modelo francés; esta cierta independencia frente a la coyuntura contribuye a moderar la incidencia relativamente positiva de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Cierto es que, por otro lado, aun limitada a una imagen tradicional esquelética (un enunciado de principios revolucionarios), la referencia a Francia sigue formando parte del modo de funcionamiento de una mayoría de élites consideradas; y ello, en el campo de lo simbólico, con la necesaria reiteración de dichos principios integrados a los valores fundadores de una identidad propia. No obstante, el imaginario social de élites cada vez más especializadas, cuya formación se modifica progresivamente, se desentiende un poco más de Europa produciéndose un claro declive de identidad. Si, en 1954, Tibor Mende escribe que América Latina "entra en escena", es de hecho con una mirada continental más afirmada que sus élites. Y ellas se ven obligadas a entrar; los arquetipos estudiados cumplen cada vez menos las funciones simbólicas inherentes a las estructuras modificadas del imaginario de las élites, a "la americanidad" reforzada por la guerra.84 Nuevamente se constata el primado de las consecuencias de prácticas políticas-- y, por ende, de la voluntad de los actores- sobre principios o condiciones culturales objetivas, o que pretenden ser objetivas. Por lo tanto, la coyuntura, en el caso estudiado, tiene un impacto importante sobre estructuras culturales, siendo la guerra él ejemplo más revelador.

Sin embargo, este caso muestra que dicho impacto se encuentra ligado cronológicamente a una generación y que se vuelve friable más allá de ella; por esto es relativamente superficial a largo plazo: ¿habría la Francia Libre, a su vez, "arado en el mar"? La estructura antigua tiende de inmediato a tener nueva vigencia bajo el impulso de otras estructuras, culturales desde luego, pero sobre todo políticas y económicas. Desde esté último punto de vista y a pesar de ciertas apariencias engañosas (la creación de institutos franceses en Buenos Aires, Port-au-Prince, México y la reactivación coyuntural de la francofilia), Francia apenas habría recuperado en América Latina en los años '60 el nivel de precisión de su imagen anterior a la guerra.85 A título de comparación cronológica, notemos que hay que esperar hasta el comienzo de los años '70 para que el número de residentes latinoamericanos en Francia recobre el nivel alcanzado entre las dos guerras mundiales (14.146 en 1931, 3.791 en 1946, 15.470 en 1975).

Por lo demás, en tiempos de guerra, una Francia ocupada y conocida desde hacía mucho como resistente podía constituir un símbolo claramente perceptible: a través del prisma de la "patria en peligro", madre de los derechos humanos, Francia cumplía una función específica de legitimación de la lucha de las democracias; por ello, no se encontraba demasiado lejos en el orden de las prioridades de una opinión latinoamericana ritmada entonces, más que de costumbre, por la política extranjera y modelada por los medios de comunicación norteamericanos. Sin embargo, después de la guerra, perdiendo nexos con la Francia Libre, la Francia de la IVa República, a final de cuentas, pierde indefectiblemente dicha función simbólica y el rango privilegiado inherente.

En 1943, el Presidente colombiano Alfonso López hace la siguiente declaración, desencadenando una violenta polémica:
"Las circunstancias actuales [...] han servido para conocernos mejor incitándonos a analizar nuestros problemas con nuestro propio criterio que no está subordinado al pensamiento europeo [...]. América dejó de mirar hacia Europa y comienza a contemplarse ella misma".86
En otras palabras, un filósofo latinoamericano escribe hoy en día:
"La Segunda Guerra Mundial ha planteado nuevamente a América Latina el antiguo problema de su identidad. [...]. En la actualidad, el punto de partida del debate es la conciencia de la crisis de un mundo que no podía ser más `eco y reflejo', según la frase de Hegel".87
¿Por eso se disocian imagen externa e identidad, al menos para este mexicano tan pro-europeo como es Leopoldo Zea? Nada es más seguro. Al otro extremo del subcontinente, Borges tenía la costumbre de decir: "Nosotros somos los únicos verdaderos Europeos, ya que en Europa se es ante todo francés, italiano, español..." Esto era antes de que la dictadura peronista le hiciese descubrir su "destino sudamericano". En 1945, América Latina es aún para una gran mayoría ese mundo "deducido" de Europa, un mundo que hasta el momento no ha creado un modelo propio; en distinta medida sin problemas resueltos, la identidad nacional y, a fortiori, la problemática identidad latinoamericana parecen quedar esencialmente ligadas a una amalgama variable de imágenes exteriores. Si Octavio Paz escribe en 1950 que "después de la Segunda Guerra Mundial, comprobamos que esta autocreación que la realidad nos impone no es diferente de la de otros (y que) la historia universal es nuestra tarea común", Alfonso Reyes escribía ya en 1932: "La única manera de ser útilmente nacional consiste en ser generosamente universal".

Sin embargo, incluso después de haber pasado por el tamiz de una identidad entonces deseada y percibida como propiamente nacional, ¿acaso el adjetivo "universal" no designa a menudo todavía, en América Latina, el producto jerarquizado y variable de un conjunto de imágenes de modelos extranjeros? Borges mostró un camino: alcanzando lo universal, en particular por su difusión, su obra contribuye a crear un elemento de uno de los modelos nacionales latinoamericanos exportables, mientras que las letras latinoame- ricanas salen definitivamente del estricto "campo de especialistas oficiales u oficiosos".88

NOTAS

  1. Marc Bloch, "Apologie pour 1'histoire, métier d'historien", Cahiers des Annales, Paris, Colin, 1974. BACK

  2. Pierre Laborie, L'opinion francaise sous vichy, Paris, Seuil, 1990, p. 19. BACK

  3. 0 construcción mental y colectiva. El imaginario "occupe la partie de la traduction non- reproductrice (...) mais créatrice" de un área más amplia que la de la representación (cf. Jacques Le Goff, L'imaginaire médiéval, Paris, Gallimard, 2a ed., 1991). BACK

  4. Cf. Michel Vovelle (dir.), L'image de la Révolution franfaise, 3 vols., Pergamon Press, 1989; Caravelle, No. 54, Toulouse, 1990; Cahiers des Amériques latines, No. 10, Paris, 1990. BACK

  5. O traducciones mentales de realidades exteriores percibidas; cf. Jacques Le Goff, op. cit., p. I. BACK

  6. Para más detalle, cf. Denis Rolland, "Une redécouverte nécessaire: mécanismes du déclin d'une relation priviliégiée entre l'Amérique latine et la France", Découvertes et explorateurs, Paris, Histoire au présent, L'Harmattan, 1994, y Denis Rolland, La crise du modéle franpais et l'Amérique !atine, Paris, Maison des Pays ibériques/L'Harmattan, (de próxima publicación, en diciembre 1995). BACK

  7. Rubén Darío, "Les couleurs de 1'étendard", La Nación, Buenos Aires, 1895, citado por Gérard de Cortanze (en el pref. a Azul de Rubén Darío, Paris, La Différence, 1991, p. 17). BACK

  8. Mario de la Cueva, pref. a Ariel de Rodó, citado por Jorge Silva, Viajeros franceses en México, México, 1947, p. 20. BACK

  9. Silvio Azuela, citado por Jorge Silva, op. cit. BACK

  10. Un solo ejemplo; el más prolijo especialista francés de la Argentina entre las dos guerras, Georges Lafond, escribe: "Le souffle héroique de la Révolution qui inspira 1'épopée de Napoléon, 1'immense oeuvre lyrique de Hugo (...) fascinérent la consciente ingénue de l'Amérique latine. Que ce soit gráce á de profondes affinités de race ou par la coincidente d'idéaux, les Argentins, hommes et femmes, artistes et penseurs, eurent ainsi des maitres Frngais. (...) Uinfluence est visible dans la formation de 1'esprit argentin. (...) Ainsi la France n'avait aucun rival dans ce champ vierge de la culture argentine" (L'Argentine au travail, Paris, 1929). BACK

  11. André Siegfried, un profesor francés muy conocido de la Escuela Libre de Ciencias Políticas, escribe en 1937: (...) "Un Frangais, dans l'Amérique latine, n'est jamais complétement étranger: c'est que notre culture ]atine nous donne, dans bien des cas, la clef d'une civilisation que notre tradition culturelle a largement contribué á forme?. BACK

  12. Alain Rouquié, L'Amérique !atine, Paris, 1987, p. 17. BACK

  13. Con matices notables relacionados a la procedencia geográfica, la cronología de las capas de población de origen europeo. Para más precisiones, cf. Gilles Matthieu, Une ambition sud- américaine, politique culturelle de la France 1918-1939, Paris, L'Harmattan, 1991, y Denis Rolland, "Politique, culture et propagandes frangaises en Argentine, 1'univers de Roger Caillois entre 1939 et 1940, Cahiers Roger Caillois, Paris, La Différence, 1991, pp. 404-442. BACK

  14. En 1941, la población alfabetizada representaría: el 79% en Argentina, un 25% en Bolivia, del 30 al 40% en Brazil, el 50% en Chile, un 45% en Colombia, el 80% en Costa Rica, un 65% en Cuba, el 20% en República Dominicana, un 25% en Ecuador, el 25% en Guatemala, 20% en Haití, 20% en Honduras, un 40% en México y en Nicaragua, baja en Panamá, 20% en Paraguay, 25% en Perú, 50% en Salvador, alta en Uruguay, 10% en Venezuela (fuente: John Gunther, Latin América [New York, 1941], que parece sobreestimar globalmente las cifras). BACK

  15. Guy Bourdé, La classe ouvriére en Argentine, 1929-1969, Paris, L'Harmattan, 1987, p. 1365. BACK

  16. Georges Bernanos, "Journal 1940", Le lendemain c'est vous!, Paris Plon, pp. 15-16. BACK

  17. Denis de Rougemont, Vingt-huit siécles d'Europe, Paris, Christian de Bartillat, 1961, p. 311. BACK

  18. Silvio Azuela, op. cit. Cf. también, por ejemplo, Carlos Llera Camargo, en Tiempo, Bogotá, 16-05-1936. BACK

  19. Cf. Archives du ministére Frngais des Affaires étrangéres (AMAE), Vichy-Amérique, Brésil, 22 dicembre 1941, Saint-Quentin 23. BACK

  20. F. Barreda Laos, Hispano América en guerra, Buenos Aires, Linart y Cía, 1941, p. 65. BACK

  21. En casi todos los casos, los presupuestos publicitarios de las empresas alemanas son canalizados por la embajada, constituyendo un medio de presión notable sobre la prensa local, que depende mucho de esos ingresos. BACK

  22. Alfonso Reyes, Europe-Amérique !atine, No. 7, Genéve, SDN, IICI, 1937. BACK

  23. Pedro E. Ufena, Furope-Amérique latine, op. cit. BACK

  24. Colombia recibe en esta época un número creciente de expertos alemanes y sus nexos comerciales se estrechan con Alemania (cf., por ejemplo, AMAE, Amérique 1918-1940, Colombie, 5 (43), 24-06-1936). BACK

  25. Enrique Santos (hermano del ex Presidente), Tiempo. Bogotá, 31-04-1936. BACK

  26. Ruy Blas (pseudónimo del cónsul de Colombia en Marsella, Llera Camargo), Tiempo, Bogotá, mayo 1936, citado en AMAE, Amérique 1918-1940, Colombie, 5 (32/34), 17-05- 1936. BACK

  27. AMAE, Amérique 1918-1940, d. gnx, 38 (101), Pépin, fin 1933. BACK

  28. La diplomacia francesa no percibe esta evolución como irreversible y limita su impacto a la "civilización material", conservándose lo intelectual y lo moral de Europa. BACK

  29. AMAE, Vichy-Amérique, Argentine, d. pol. ext. (46), Deniker, 4-04- 1941. BACK

  30. Citado en Paul Dérouléde, L'Alsace-Lorraine et la féte nationale, Paris, 1910. BACK

  31. En esta época, el francés sigue siendo "la" lengua de la cultura en Argentina, es decir la lengua de la élite cultural cosmopolita. Maurras es leído en francés, al menos hasta la llegada de las primeras traducciones (1935). BACK

  32. Se encuentran, por ejemplo, esas ideas en el movimiento integralista brasileño: el Manifiesto de octubre 1932, muy nacionalista, afirmando "el valor del Brasil", denuncia también la burguesía, "fascinada por la civilización que periclita en Europa y en los Estados Unidos" (citado en Helgio Trindade, La tentation fasciste au Brásil dans les années 1930, MSH, Paris, 1987, p. 127). BACK

  33. Lázaro Cárdenas, discurso del lo de septiembre 1939, reproducido en toda la prensa mexicana del día 2. BACK

  34. Antonio Villalobos, discurso, México, 12-10-1942, en Historia documental, 1938-1944, ICP, PRI, México, 1982, p. 517. BACK

  35. Georges Bernanos, "Fragments de journal 1940", op. cit., pp. 15-16. BACK

  36. Cf., por ejemplo, AMAE, Amérique 1918-1940, Colombie 5 (243), 27-03-1940, Aumale. BACK

  37. F. Barreda Laos, op. cit., p. 117; et AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Hayti, propagande (15), 16-07-1940, Lens. BACK

  38. AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Uruguay, 1940 (50), 28-06- 1940, Gentil. BACK

  39. El ministro de México en Francia, Luis I. Rodríguez, cuenta esos acontecimientos en Ballet desangre, la caída de Francia, México, Nigromante, 1942. BACK

  40. "Diga bien que Francia debe preservar más alla de todo su proyección intelectual y su influencia cultural en nuestros Estados de América latina", López de Mesa, ministro colombiano, AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Colombie (68), 11-07-1940, Aumale. BACK

  41. Muy visible en México como en Colombia (El Tiempo, El Espectador y El Siglo publican para el 14 de julio 1940 largos artículos muy francófilos). BACK

  42. Después de la ocupación, en noviembre de 1942, de la llamada zona "libre" de Francia por los alemanes, Vargas habla de Francia como "este infeliz país amigo" (National Archives, Washington [NAW], RG 59, 701.5132, 2-02-1943). BACK

  43. Un diplomático estadounidense habla, por ejemplo, de "considerable descenso del prestigio de Francia" en Brasil (NAW, RG 59, 701.5132/34, 30-01-1941). BACK

  44. Citado en Robert Aron, Hístoíre de Vichy, Paris, Fayard, 1954, p. 147. BACK

  45. Henri Michel, Pétaín, Laval, Darlan, trois politiques?, Paris, Flammarion, 1972, p. 82. BACK

  46. AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Uruguay, 1940 (64), 11-07- 1940, Gentil. BACK

  47. Thierry Maulnier, citado en Zeev Sternhall, Ni droite, ni gauche, Paris, Seuil, 1983. BACK

  48. AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Mexique, 13-09-1941, Atvengas. BACK

  49. Alain Rouquié, op. cit., p. 27. BACK

  50. AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Argentine, d. pol. ext., (46), Deniker, 4-04- 1941. BACK

  51. El ministro de La Blanchetai; NAW, RG 59, 701.5119/38, 23-09-1941. BACK

  52. AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Colombie, relations aves la France (152), 08- 07-1941, Hélouis. BACK

  53. AMAE, Guerre 1939-1945, Londres CNF, 286 (7), 22-07-1941, Ledoux. BACK

  54. AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Paraguay (56/57), 08-10- 1941, L'Homme. BACK

  55. AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy, carton 26, J. Sánchez Gutiérrez, 11-03-1942. BACK

  56. El caso del gobierno militar paraguayo parece bastante singular, siguiendo por mucho tiempo dando expresiones de gran simpatía hacia Vichy; cf., por ejemplo, AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy- Amérique, Paraguay (98), 17-12-1940, et (5/8), 15-07-1941, Ramin. BACK

  57. Eso depende también de la tradición de francofilia del país; en el caso del Uruguay y de su tradición democrática, se dice que 4 uruguayos / 5 critican desde septiembre 1940 la forma del gobierno de Vichy, según fuentes poco dispuestas a favor de Francia Libre (AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Uruguay, 1940, 24-09- 1940, Ledoux). La prensa confirma esta visión negativa; cf., por ejemplo, El País, Montevideo, 01-11-1940. BACK

  58. En México, el último representante de Vichy escribe palabras muy duras sobre el intento de afirmación internacional de México en 1942. Cf. Denis Rolland, Vichy el la France libre au Mexique, Guerre, cultures el propagandes, Paris, L'Harmattan- Publications de la Sorbonne, 1990. BACK

  59. Cf., por ejemplo, en el caso de Paraguay, AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Paraguay, 55, 08-10-1941, L'Homme, y en el caso de México, Denis Rolland, Vichy el la France libre, op. cit.. BACK

  60. AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Brésil, rapports avec la France, 31-07-1940. BACK

  61. Así en Montevideo, el 14-07-1940, en El Pueblo, Orientación, El Día... BACK

  62. Se puede consultar para México, José Luis Ortiz Garza, México en la guerra, México, 1989. BACK

  63. Cf. Pierre Laborie, op. cit., pp. 56-63. BACK

  64. "J'aime la France comme un de ses fils, je 1'aime tendrement comme on aimerait sa fiancée, je 1'aime paree que je suis un homme libre, paree que je peux parler librement et surtout paree que la France a brandi toujours bien haut le flambeau de la liberté et de la civilisation". Carta personal de F. Bardías, mexicano residente en Argentina, al general De Gaulle, 3-02-1941 (AMAE, G.1939-1945; LCN.F, 407, Argentine [220/224]). BACK

  65. P. Laborie, op. cit. Algunos diplomáticos de Vichy en ejercicio en América Latina son activos prosélitos de las ideas antisemitas (el cónsul general en Brasil, por ejemplo: NAW, RG 59, 851.20232/8, 4-12-1941). BACK

  66. En Brasil, el gobierno Vargas manifiesta tendencias antisemitas mezcladas de anti- comunismo, sin darles ningún carácter institucional. En Ecuador, la aplicación estricta de las consignas de Vichy por parte del representante de Vichy conduce al gobierno ecuatoriano a pedir oficialmente (y obtener) su retirada. BACK

  67. Pierre Cot, Le procés de la république, New York, 1944, p. 347. BACK

  68. Como en Montevideo el 31 de octubre 1941, donde la manifestación de protesta contra las ejecuciones de rehenes en Francia ocupada tiene un éxito claro (AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Uruguay, 1941 (80), 1-11-1941, Hoppenot). BACK

  69. También en el caso de Colombia, donde la presencia del muy conocido (y americanista) director del Museo del Hombre de París, Paul Rivet, coincide con un crecimiento de interés por la cultura francesa; y en el de Argentina, donde Roger Caillois crea, con la ayuda de Victoria Ocampo, la prestigiosa revista Lettres franpaises. BACK

  70. Cf., por ejemplo, el mensaje de De Gaulle a la revista argentina Desfile, Buenos Aires, diciembre 1940, o AMAE, Guerre 1939- 1945, Londres CNF, 407, Argentine (233). BACK

  71. Georges Bernanos, en residencia en Brasil desde 1938, entrega varios artículos, a menudo americanofobos. BACK

  72. AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Hayti, rapports avec la France (29), 22-04-1941, de Lens. BACK

  73. Es esta Francia que será festejada en la mayor parte de las capitales latinoamericanas con la noticia de la liberación de Paris en 1944 (cf., para Chile. el testimonio de Gibert Arvengas "Le Chili apprend la libération de Paris", Espoir, No. 35, juin 1981). BACK

  74. NAW, RG 59, 851.20218¡'3, 05-08-1942. BACK

  75. El caso argentino, donde el representante de Francia Libre, Albert Guérin, es muy americanofobo, es particular. BACK

  76. AMAE, Guerre 1939-1945, Alger CFLN, vol. 1291 (Amérique), 19, 17- 06-1943, H. Seyrig. BACK

  77. AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Paraguay (91), 20-08-1942, L'Homme. BACK

  78. S. Martínez Cairo, ponencia en Monterrey, 15 mayo 1945, citada en la Revue de fIFAL, p. 12, No. 1, janvier 1945, México. BACK

  79. Sánchez Hernández, Reme de fIFAL, p. 12, No. 1, janvier 1945, México. BACK

  80. AMAE, Guerre 1939-1945, Alger CFLN, vol. 1300, Uruguay, (102), 20- 09-1942. BACK

  81. A veces percibido como co-administrador con Alemania de Francia vencida. BACK

  82. Jacques le Goff, op. cit., préface p. VI. BACK

  83. Pierre Laborie, op. cit., p. 333. BACK

  84. "Si los graves acontecimientos que amenazan actualmente la paz del mundo nos condujeran a restringir, incluso momentáneamente, la acción ya empezada en este continente, el tío Sam sería el primer beneficiario de nuestra carencia", escribía en 1939 un diplomático francés clarividente (AMAE, Amérique 1918-1940, Colombie, 5 (211). 23-08-1939, Lionel Vasse). BACK

  85. Cf. Henry Goldhamer, The Foreign Powers in Latin America, Princeton, PUP, 1972. BACK

  86. 25-05-1943 (AMAE, Guerre 1939-1945. Londres CNF, Colombie, 240 (238). 28-05-1943, Vasse). BACK

  87. Leopoldo Zea, L'Amérigue ¡atine face á 1'histoire, Paris, Lierre et Coudrier éd., 1991, p. 11. BACK

  88. Cf. Silvia Molloy, La difJiision de la littérature hispano- aniéricaine en France au XXe siécle, Paris, PUF, 1972. BACK