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| VOLUMEN 6 - Nº 1 |
| ENERO - JUNIO 1995 |
América Latina y la Segunda Guerra Mundial (I)
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Conflicto y crisis de representaciones: ¿la
Segunda Guerra Mundial: ordalías del modelo
francés en América Latina?
DENIS ROLLAND
Universidad de Rennes II
De una guerra mundial a la otra se consolida la lenta retirada de la
influencia francesa en América Latina, sin que sea siempre sencillo encontrar
explicaciones convincentes fuera de la geoestrategia. Durante la Segunda
Guerra Mundial, con la derrota de Francia y luego la Ocupación de una
mitad de su territorio nacional; con la afirmación de dos "Francias" opuestas
-la de Vichy y la Francia Libre-, lo irracional, las "profundidades oscuras"1
intervienen más en los modos de pensamiento colectivo. El conflicto ofrece,
de esta manera, el marco propicio para el examen de representaciones
mentales colectivas de Francia, de su contenido y ritmo de modificación. En
lo que Lucien Febvre denominaba el "laboratorio latinoamericano", las
representaciones de Francia y sus vínculos con esta noción del imaginario
político y cultural que es el modelo nacional se ven, entonces, en apariencia
profundamente afectados por la conflagración. El estudio de tópicos y
arquetipos de la percepción de Francia en América Latina contribuye a
precisar, para América Latina, el impacto del acontecimiento sobre una
cronología cultural y el papel del imaginario social en la explicación de lo
político.2
Por mucho tiempo se estudiaron los problemas relacionados con la
formación y con las definiciones del siglo XIX del modelo y de la imagen de
Francia en América Latina; esencialmente, y según una cronología compleja
y variable de un país al otro, esta imagen3 proviene de la difusión
(frecuentemente tardía, sobre todo después de la primera mitad del siglo
XIX) de las ideas del Siglo de las Luces y de la Revolución Francesa4. Dichos
elementos refractados que componen la imagen se han mezclado de manera
progresiva a un nuevo concepto, más próximo a su definición francesa de
base de la legitimación de la expansión que a la sola constatación lingÜística:
la latinidad.
Después de dar algunas indicaciones sobre la distinción entre representa-
ciones5 e imagen de Francia a comienzos del siglo XX, estudiaremos aquéllas
que siguieron a la única ruptura deliberada y radical promovida en Francia
por el gobierno de Vichy después de la derrota francesa de 1940; en seguida
examinaremos, con las representaciones de la Francia Libre, las condiciones
del renacimiento de las percepciones tradicionales, evaluando entonces
algunas de las fuerzas de inercia que afectan el imaginario cultural
latinoamericano común con respecto a Francia.
La lenta decadencia del "galicismo mental" de principios del siglo XX hasta
la derrota de junio de 1940
Desde fines del siglo XIX, Francia, "disonancia iluminadora sobre el
continente", tiene numerosos ecos al otro lado del Atlántico. Ni la expedición
francesa a México (1863-1867), ni la Guerra del Pacífico (1879-1887) o el
fracaso francés en la construcción del canal de Panamá (1878-1889)
perjudican gravemente el favorable panorama de las relaciones entre Francia
y América Latina. Francia conserva una proyección efectiva importante en la
América Latina urbana, con variantes de un país a otro, y de una ciudad a
otra.6 Mucho tiempo después de que el poeta nicaragÜense Rubén Darío,
animado por "el soplo procedente de París", inventara el concepto de
"galicismo mental"7, un intelectual mexicano escribe, por ejemplo: "Francia
salvó a Iberoamérica. Los pueblos de América han vivido a la francesa y han
podido conservarse latinos. La universidad de México fue una universidad
francesa; y, por encima de todo, se le debe a Francia el amor a la libertad
[...]".8 Otro testimonio, esta vez de un universitario latinoamericano: "Con la
influencia cristiana de España y el matiz indígena incorporado al mestizaje, la
cultura francesa ha sido para nosotros, durante muchos años, de un alcance
fundamental; lo ha sido tanto en lo político como en lo literario, en lo
filosófico como en el terreno científico".9
A principios del siglo XX, gobiernos y élites franceses aprovechan este tipo
de declaraciones y gozan de una amplia esfera de influencia, enaltecidos por
la presencia en París de numerosos representantes de las élites latinoame-
ricanas como por la demanda latinoamericana de conferencistas, artistas o
actores franceses. Francia parece segura de lo que afirma10, de la validez y
universalidad inquebrantable de un modelo cristalizado en torno a los
principios de 178911 (no pretendemos, a continuación, analizar la función de
la retórica, del estereotipo o del mito generador de imágenes). Constatemos
simplemente que, en este sentido, "al borrar los vínculos particulares de
España con una parte del Nuevo Mundo", la latinidad tiene la ventaja de
conceder al poder francés, circunstancialmente desentendido de su laicidad,
"legítimos deberes hacia sus hermanas americanas católicas y romanas"12;
junto a ella, la cultura francesa desde el Siglo de las Luces hasta el
Positivismo-irriga sensiblemente13 el campo cultural latinoamericano abierto
a influencias extranjeras: un campo que pertenece casi exclusivamente a los
"preponderantes", a las élites y oligarquías ilustradas con amplio acceso a la
cultura escrita.14 Guy Bourdé calificaba este fenómeno de "mimética de
enclave" de Francia y de otras potencias europeas: "en Argentina -explicaba-
de la Belle Epoque a la Segunda Guerra Mundial, los dirigentes políticos, ya
sean conservadores o radicales [...] se encuentran fascinados por los modelos
de Francia, Gran Bretaña y Alemania".15
En el siglo XIX (sobre todo durante la segunda mitad), se constituyeron,
por un lado, el modelo -de manera esencialmente implícita- y, por el otro, la
imagen moderna de Francia; en las primeras décadas del siglo XX, el marco y
las condiciones de la percepción evolucionaron según un esquema de cinco
puntos. Una vez superada la fase independentista y luego la "larga espera",
las lógicas políticas latinoamericanas, reforzadas por la elaboración de una
reflexión sobre la identidad, requirieron una menor utilización explícita de
referencias culturales externas comunes; desde hace mucho tiempo, la
mayoría de países preconiza como valores propios un apego teórico -y
algunas veces bastante platónico- a los principios de 1789 y a las instituciones
representativas (aun cuando, por ejemplo en el caso de Brasil, el modelo es
claramente Inglaterra). Se podría calificar este fenómeno de "historización"
de la cultura política francesa y extenderlo al conjunto del terreno cultural: se
constata con más agudeza de un lado del Atlántico una cierta fosilización de
la cultura francesa y su debilitación en los valores históricos.
En efecto, intelectuales y diplomáticos franceses quedan muy a menudo
imbuidos de una superioridad cultural que todavía les atribuyen muchos
intelectuales latinoamericanos: y dicha superioridad cultural está profunda-
mente ligada a la continua percepción de América como un conjunto de
países nuevos que han dado a la cultura política universal la palabra
"pronunciamientos", casi sin historia y, por consiguiente, sin cultura, al
menos autónoma. Incluso en un francés que conoce muy bien el sur del
continente, como Georges Bernanos, instalado en Paraguay y luego en Brasil
desde 1938, aflora este sentimiento: "De más está decir que no espero gran
cosa del país que me rodea, sería inútil esperar que ocho millones de
kilómetros cuadrados de un bosque que nunca sirvió para nada desde los
inicios del mundo se interese por el destino de la Catedral de Chartres".16
Sin embargo, el desgarramiento esencialmente intraeuropeo de la Primera
Guerra Mundial y luego la incertidumbre del período entre las dos guerras
mundiales en Europa perjudican, poco a poco, sus representaciones y, al
mismo tiempo, el poder económico de Europa en América Latina. Años más
tarde, un francés será fiel intérprete de las percepciones americanas (norte
como latinoamericanas, ya que ciertos países participaron en el conflicto):
"Notemos ante todo que el incendio de 1914 sólo fue extinguido,
provisoriamente, con la ayuda de los Americanos" y que "cuando se les
llamó para sacarnos de los escombros, lo hicieron [...] luego volvieron a sus
países, sin insistir, pero edificados a costa nuestra".17 Francia, a diferencia de
Alemania, no comprendió el interés vital de mantener durante el conflicto, en
los diversos países de América Latina, una gran parte de elementos
movilizables de sus "colonias"; de por sí muy poco dinámicas a nivel
demográfico, su papel fue proporcionalmente más debilitado. Así, "después
de la Primera Guerra Mundial, la ascendencia de Francia ha disminuido
mucho".18 porque un conflicto, encima tan largo, se percibe como un fracaso
militar pero sobre todo político; porque se suspendieron en gran parte los
viajes de latinoamericanos a Francia y, cuando se volvieron a emprender, se
trataba principalmente de élites literarias o artísticas y no ya de élites
económicas o, en especial, políticas; y porque las colonias, signo humano
autóctono y factor de activación del modelo francés, se vieron debilitadas
cuantitativa y sobre todo económicamente por el conflicto y sus consecuen-
cias.
El parlamentarismo puesto en práctica en Francia se comprende cada vez
menos, cuando no se le denuncia. De este modo, en diciembre de 1941, el
presidente brasileño Vargas critica con vigor la ineficacia del parlamentar-
ismo en los países nuevos,19 en tanto que un universitario peruano, por su
parte, explica la caída de Francia y su "desaparición" en 1940 en términos de
la descomposición de un régimen cuya debilidad estaba en estrecha relación
con "sus enormes vicios".20 El funcionamiento político francés de la IIIa
República parece una madeja diflcil de desenredar y entender. Por lo demás,
si bien el gobierno francés del Frente Popular (a partir de junio de 1936)
seduce momentáneamente a algunos gobiernos latinoamericanos populistas o
tentados por una política de apertura hacia la izquierda, e incluso "de
izquierda" -por ejemplo, en Chile (los radicales del gobierno Alessandri) o en
México (el gobierno de Lázaro Cárdenas)-, que encuentran más acorde la
política ejercida entonces con la imagen tradicional que tienen de Francia, por
otra parte, la política neutralista del Frente Popular frente a la Guerra Civil
española decepciona profundamente a dichos gobiernos latinoamericanos,
incluso antes de la firma de los tratados de Munich.
Los gobiernos totalitarios de Italia y, sobre todo, de Alemania logran
seducir a una buena parte de las poblaciones latinoamericanas. Reforzada
por activas "colonias", por una diplomacia y misiones (alemanas) muy
dinámicas y dado el gran número de latinoamericanos formados en
Alemania, dicha seducción reviste dos características diferentes: una
inherente a la política del modelo autoritario, con su aspecto marcial y
eficaz y sus semejanzas en el modo de funcionamiento del poder, y otra la de
una nación humillada pero fuerte que, por sus propios medios reunidos
alrededor de un jefe carismático, consiguió eliminar el yugo impuesto por
metrópolis democráticas e imperialistas agrupadas, modelo -manifiesto o no,
declarado o no- para muchos latinoamericanos que soñaban con una
independencia nacional mejor asegurada. Además, las autoridades del
gobierno francés comprendieron demasiado tarde, especialmente con
respecto a Alemania, la importancia y el valor de la organización de colonias
nacionales en el extranjero,21 de la difusión cultural o de la propaganda, y de
los nuevos medios de comunicación.
Con importantes especificidades, la evolución que afecta las percepciones
de Francia no es, sin embargo, un caso aislado; para algunos demócratas
latinoamericanos, el problema de la decadencia de la irradiación francesa
forma parte de una problemática europea. Mientras que un intelectual
latinoamericano francófilo formula la siguiente pregunta premonitoria en
1937 a la Sociedad de las Naciones, una tribuna centrada en Europa:
"¿Todavía está Europa" en condiciones de "dictar con tanta fuerza sus
directivas espirituales?",22 otro afirma con un tono más seco que "Europa [...]
ya no da el buen ejemplo; sus consejos políticos no merecen ser seguidos
nunca más".23 Más directa todavía, la revista Tiempo, portavoz oficioso del
gobierno colombiano,24 señalaba en 1936: "El sentimiento anti-europeo que
se ha desarrollado en este país de manera tan marcada en el transcurso de los
últimos años, ha aumentado debido al problema de Etiopía [...]".25
Y, algunos días más tarde:
"No estaría de más que [...] se estableciese orgullosamente la
beligerancia intelectual, política y económica de los pueblos de
nuestro Continente subyugados hasta hoy por las fórmulas de la
cultura occidental [...]. Por ejemplo, hay que ver como un
francés ignora de manera insolente la existencia de pueblos que,
apasionados por la democracia, ven en la IIla República la
heredera legítima de la Revolución y siguen con fervor las
orientaciones del pensamiento francés. ¿Por qué continuaremos
abriendo magnánimemente nuestras puertas a los `ciudadanos
del mundo' cuando desempeñamos en Europa el triste papel del
`Mestizo' que sólo se tolera porque es la presa codiciada [...]?"26
Además, cómo no relacionar la violencia de estos términos con la
inexactitud y la crudeza de aquéllos utilizados por ciertos diplomáticos
franceses que trabajaban en el continente latinoamericano: "América del Sur
está poblada, a razón de un 80%, de indios (y de negros), es decir, de
semiprimitivos?".27
Este desafecto que se empezó a sentir por muchos modelos europeos y, en
primer plano, por el modelo francés, está ligado paralelamente a la
afirmación de la doctrina panamericana de Monroe.28 No obstante, la
decadencia de la irradiación de este modelo (y de la francófilaa, expresión de
su percepción) también se ve impulsada por la actividad diplomática, las
misiones militares y la propaganda alemanas antifrancesas durante y después
de la Primera Guerra Mundial: de esta manera se destruyen las bases menos
seguras de este modelo, mientras que, durante el período entre las dos guerras
mundiales, se nota claramente un retroceso de la lengua francesa. En una
América Latina donde una parte importante de las élites, mediadoras del
mito, se formó en el seno de un molde educativo con frecuencia muy
francófilo, la referencia a Francia pierde su contenido conceptual: Francia no
alimenta más de manera suficiente la formación superior de nuevas élites.
Tampoco debe olvidarse que, con excepción de una parte de las élites
liberales o de izquierda --a menudo aún francófilas, incluso cuando se ven
seducidas por el modelo anglosajón-, ciertas élites americanas, salvo en
México laico, recibieron en ocasiones una enseñanza confesional católica, ya
sea francesa o francófila, la cual continúa criticando de manera explícita la
Revolución Francesa en nombre de un modelo desaparecido. Las con-
secuencias no son desdeñables: "Desde hace muchísimo tiempo -escribe un
representante francés en Argentina- aquí se considera Francia como el tipo
de una nación libertaria y anticlerical. También -continúa el diplomático- se
considera de buen tono y de tradición para un religioso (de origen francés)
negar todo vínculo francés".29 Difracción acentuada progresivamente en
América Latina entre la imagen de Francia ligada a la Revolución y las
representaciones de Francia en el siglo XX; lenta desherencia simultánea del
modelo de Francia forjado en el siglo pasado: el modelo se percibe como un
mito y su imagen se vuelve progresivamente poco funcional, por lo cual la
imagen del modelo francés pierde sus vínculos ron las representaciones de
Francia y tiende a esfumarse en el imaginario latinoamericano.
Ahora bien, Europa y, en particular, Francia favorecieron este proceso de
evolución desde finales del siglo XIX. Dicho de otra manera, si el modelo
tradicional francés se disgrega, también se debe a que Francia sugiere otras
representaciones: Ernest Renan -al igual que Dérouléde, Bourget o Barrés-
dijo: "Francia está muriendo, [...] no perturben su agonía".30 Desde luego,
esta idea, que se formuló en Francia cuando el modelo francés se encontraba
en plena expansión en América Latina, no tuvo consecuencias inmediatas del
otro lado del Atlántico. Sin embargo, al repetirse, avanzó lentamente hacia el
siglo XX. Albert Demangeon en 1920 y Oswald Spengler en 1926
desarrollaron la noción más amplia -otro mito, según algunos- de la
"Decadencia de Occidente". Recordamos la célebre frase de Paul Valéry:
"Nosotros, civilizaciones, sabemos ahora que somos mortales [...]." Recorda-
mos menos el libro de Robert Aron y Arnaud Dandieu, La décadence de la
Nation franFaise (1931). Leídos en el original (la lengua francesa seguía siendo
patrimonio de una parte de la alta sociedad latinoamericana culta31) o traducidos, esos libros u otros que transmitían las mismas corrientes de ideas
fueron alcanzando a un grupo nada despreciable de élites locales y de clases
medias en proceso de formación.32 En esas condiciones, se comprende que un
conjunto de representaciones discordantes, negación de la imagen tradicional
dominante, se declaren desligadas de la Revolución Francesa en el siglo XX.
Después de las ideas de Renan y de Taine, las de Maurras, aunque difundidas
de manera desigual, al parecer más en el sur que en el norte de América,
forjan un nuevo corpus, en los años 1920-1930, constituyendo una nueva
matriz para la posible creación de otro modelo de Francia.
Mientras que ciertos intelectuales franceses deploran la degeneración de
Francia "replegada sobre su bajeza y vanagloriándose por una especie de
bravata crapulosa, incapaz todavía de desempeñar un papel en el mundo"
(Thierry Maulnier), la guerra estalla en Europa en 1939, por segunda vez en
un cuarto de siglo. Al igual que el presidente mexicano, son varios los
políticos latinoamericanos responsables que declaran entonces: "Toda la
nación se une a mí para deplorar profundamente el hecho de que un grupo de
grandes Estados, por una razón u otra, haya recurrido a la lucha armada con
el fin de buscar una solución a sus diferendos, subsistiendo de este modo la
violencia con la autoridad de la ley y de la justicia".33 Derrota moral para un
país que moviliza sus ejércitos (Francia de la Revolución o lo que queda de
ella); derrota moral, aun cuando el presidente de los grandes partidos en el
poder en América Latina declare estar orgulloso de que su país goce "de las
garantías individuales y sociales que ofrecen los Derechos del Hombre y del
Ciudadano" puestas en peligro por la guerra en Francia: "Si Europa debe ver
morir o perecer su cultura [...], América salvará a Europa de la amenaza de
los bárbaros y hará indestructibles los principios de libertad [...]".34
La "Guerra singular" no pone en tela de juicio la imagen de Francia.
¿Acaso Bernanos no comprueba en Brasil que no hay entonces "un pueblo en
el mundo más ligado ingenuamente al nuestro por vínculos más carnales, una
sensualidad más profunda. Aman a Francia con mucha pasión, con una
ternura desconfiada y celosa que desconcierta"?35 Sin embargo, la política de
espera francesa termina por desilusionar36 a la opinión demócrata de esta
América meridional de constituciones democráticas; opinión que se encuentra
entonces, con el estallido de las operaciones en el oeste, enfrentada a una
doble interpretación de los hechos: o considera que "asiste impasible al
fracaso fraudulento de las bases morales, jurídicas, humanitarias sobre las
cuales había construido todo el edificio de su civilización",37 o, de manera
más simple, considera que no necesita forzosamente a Francia para
reinvindicar los principios de 1789 -a fortiori cuando después de la derrota
francesa del régimen de Vichy proclama pronto no otorgar validez alguna al
modelo que proviene de la Revolución.
Vichy y la ruptura del imaginario de Francia
¿Desaparecen por completo el modelo, las imágenes y las representaciones
de Francia ligados de manera intrínseca al concepto exportado de la
Revolución cuando surge una nueva Francia con el Armisticio, y luego
cuando trata de afirmarse un nuevo modelo, completamente opuesto? En
numerosos países, la publicación de las cláusulas de los dos armisticios
franco-alemán y franco-italiano "ha consternado la opinión pública. El
silencio lo más completo sucedió a las manifestaciones de adhesión a Francia
que se habían multiplicado".38
Sin lugar a dudas, a veces después de un momento de sorpresa, incluso de
desconcierto, que afecta tanto las percepciones de Francia como la noción de
democracia, la derrota,39 la invasión de Francia y el Armisticio de junio de
1940 provocan primero, en los francófilos de América Latina, una impresión
de vacío cultural40 y un arranque de energía41; sin embargo, junto a dicho
arranque, sobre todo verbal, nace también la conmiseración hacia una
potencia venida a menos42 y un refuerzo de la tendencia a la decadencia del
prestigio francés.43 Este arranque de expresión de la francofilia no es, en
conjunto, favorable a la renovación de la imagen tradicional de Francia. Y
menos aun cuando a los ojos de los latinoamericanos, demócratas o no,
Francia derrotada por la Alemania nazi cambia radicalmente de rostro, de
modelo presentado.
El 10 de julio de 1940, las asambleas francesas suprimen la República,
durante una sesión casi normal; Laval, futuro protagonista del gobierno de
Vichy, declara entonces:
"No se equivoquen, vivimos ahora bajo un régimen de
dictadura [...]. Hay quienes dicen: ese proyecto que aporta el
gobierno es la condena del régimen parlamentario. ¡Nunca!
Quiero proclamarlo abiertamente. ¿Por qué? Porque no es sólo
la condena del régimen parlamentario sino de todo lo que fue y
ya no puede ser".44
El régimen de Vichy reniega efectivamente de la República y de la tradición
republicana. La Acción Francesa, es cierto, proclamaba desde hacía tiempo
que la República era "la pícara" que había que destruir; eso se llevó a cabo en
1940, ya que la "Revolución nacional" preconizada por el gobierno de Vichy
"se inspira de ideas de la reacción francesa, la cual nunca dejó de denunciar
los principios de 1789".45
A los ojos de la opinión latinoamericana constituida, el paso brutal al
cadalso de esos "principios" y del tradicional modelo inherente, en Francia y
por franceses, parece dejar huérfana a la imagen "revolucionaria" de Francia.
Si el nuevo régimen es percibido mayoritariamente como el fruto de una
coyuntura, también se le considera a menudo como coyuntural, y la
imposición de la imagen tradicional es una de sus causas esenciales. Por
este motivo, provoca una impresión de negación en ciertos intelectuales
latinoamericanos demócratas, quienes conservan otra imagen de Francia:
"Los uruguayos habían puesto a Francia en un pedestal tan
alto, encarnaba a tal grado para ellos todo lo que había de
grande, de noble y de bello en el mundo, que su caída causó una
profunda conmoción en ese país y produjo un dolor que no se
atenúa. En primer lugar, Uruguay no comprendió, no quiso
comprender nuestro rápido y completo derrumbe; en segundo
lugar, sintió una profunda decepción, como si lo hubiésemos
engañado. Por otro lado, cabe señalar que la nueva forma del
Gobierno francés lo ha desorientado. Para los uruguayos,
Francia siempre ha sido el país de 1789, el de los grandes
principios de la Revolución. Han lamentado que la antigua
divisa Libertad, Igualdad, Fraternidad haya sido reemplazada
[...]".46
Los intelectuales no comprenden ni el abandono de esta divisa ni ciertas
medidas políticas tomadas durante el gobierno de Vichy que dan al régimen
un color "fascista". Mientras en Francia se lee: "Primera, segunda o tercera
del nombre, la República democrática sólo puede ser para nosotros la gran
enemiga del pueblo, el símbolo de la opresión secular y de las masacres que la
han asegurado",47
el ministro del gobierno de Vichy en México escribe en
1941: "No se duda de que la política del gobieno francés aleje de nuestro país
a muchos de sus más fervientes amigos. Estos se cuentan sobre todo en los
medios intelectuales [...] que ven en Francia a su madre espiritual [...]. La
acusan de renegarse [...] deseando la victoria alemana".48 Desde luego, ésta no
es una opinión unánime, incluso en Francia, frente a ese cambio oficial de
pensamiento político. Sin embargo, con más o menos ardor según los
diplomáticos en servicio, la propaganda de Vichy tiende a acreditar en el
exterior un modelo construido alrededor de una ideología de la Revolución
nacional.
Algunos medios católicos de países latinoamericanos aparecen algunas_
veces como "verdaderos conservadores de formas sociales antiguas en el resto
del mundo occidental, incluso como museos políticos"49; para ellos, el
régimen de Vichy parece entonces "susceptible a enmendar" la "opinión tan
molesta"50 representación de una Francia laica y anticlerical. "La
recuperación moral" anunciada y "ligada a un renacimiento del espíritu
cristiano en Francia" modifica de manera radical, al interior del país, la
representación de Francia -de Vichy. En este proceso, las numerosas pero
envejecidas congregaciones religiosas de origen francés constituyen, en un
conjunto donde existe una minoría importante, uno de los relevos firmes y
duraderos de las representaciones -mentales y diplómaticas-de Vichy en la
mayoría de los países considerados. De esta manera, mientras que en Panamá
el emprendedor representante de Vichy51 intenta organizar una red de
información sentando sus raíces en medios religiosos, en Colombia, según el
ministro de Vichy en julio de 1941, "el mejor elemento de la colonia francesa
está constituido por nuestros religiosos" (abarcando el calificativo "mejor"
tanto el sentido de la fidelidad a Vichy como el sentido de la competencia
cultural)52. En la América andina y en el Cono Sur, las congregaciones
celebran misas cuando el representante diplomático de Vichy lo pide, como la
misa del 14 del julio; en varios casos, esas mismas congregaciones se niegan a
celebrar oficios religiosos solicitados por Francia Libre (no obstante, en
Uruguay la mayoría de los religiosos franceses parece compartir las ideas de
Francia Libre53 y, en Paraguay, son precisamente los Fréres de Bétharram
quienes constituyen el "centro más peligroso de propaganda"54 en favor de
Francia Libre, según Vichy). En un caso no atípico en América Latina,
cuando en 1942 una gran mayoría de franceses residentes en el Perú son
adictos a las ideas de la Francia Libre, el director limeño de un hospital donde
trabajan religiosos franceses escribe al mariscal Pétain, teniendo importancia
el orden: "Como católicos y como amigos de Francia, seguimos con sumo
interés su reedificación. Pronto saldrá de esta dolorosa prueba con mayor
esplendor, honor y gloria".55
Mas es evidente que, salvo algunas excepciones, la ruptura voluntaria de
modelo por el gobierno de Vichy se comprende difícilmente en ultramar: la
imagen de Francia persiste ligada fundamentalmente a los principios de 1789,
aun cuando las representaciones tienden a evolucionar.56 Sujetas a ritmos
diferentes, las representaciones de Francia no evolucionan simétricamente a
una imagen menos sensible a la coyuntura; de allí el impacto moderado en
América Latina de la modificación autoritaria y radical de modelo operada
por las autoridades de Vichy. Si el modelo que Vichy intentó difundir no
suscitó las representaciones esperadas en todos los países de América Latina,
es también porque quizás la cultura francesa no está más en condiciones de
movilizar de manera suficiente las élites sobre bases concebidas como
esenciales para contribuir a la creación larga y difícil de un nuevo modelo57;
sobre todo porque la lógica política de Vichy -un régimen que nació de una
derrota, colaborando con su vencedor y renegando de los principios sobre los
que Francia se cimentó durante un siglo y medio- no es conciliable ni con el
"joven" sentimiento de independencia nacional ni con el deseo de cada uno de
los países latinoamericanos de elevarse a nivel internacional: sólo en los países
donde el autoritarismo o el populismo tiende a afirmarse mediante el poder
como un valor nacional, impelido, a veces, por una fuerte oposición a la
alineación con la política norteamericana, sólo en ellos se desarrolla durante
un tiempo, con el asentimiento del poder, una representación relativamente
consistente y positiva de la Francia de Vichy.
En un continente donde es más pertinente manifestarse demócrata (y donde
algunos diplomáticos de Vichy dan muestras ocasionales de un sentimiento
agudo de superioridad cultural58), la América Latina democrática puede, en
un momento determinado, considerarse como la única heredera de los valores
de 1789. Simultáneamente, no obstante, la América anglosajona se convierte
en 1941 en el paladín de la paz y de las libertades democráticas, consolidando
su leadership político, económico y cultural -a expensas de la "Vieja Europa"
continental- sobre la democracia fracasada, a veces incluso buscando captar
los recursos de la francofilia local.59
Por un lado, la Francia del Armisticio simboliza en América Latina el
carácter no-inmutable de las relaciones de potencia entre las naciones; por el
otro, y progresivamente, a medida que la colaboración se afirma, simboliza
una cierta bajeza del vencido. Rompiendo con lo esencial que había forjado el
prestigio nacional anterior, la Francia de Vichy (exceptuado por mucho
tiempo el Mariscal, pantalla externa de esta imagen "negra") reconcentra
todos los elementos de representaciones o representaciones que, vistos desde
América Latina, parecen en desacuerdo con el modelo tradicional: Francia-
repelente, que debe controlarse hasta en sus colonias territoriales de América;
lo recuerdan las Conferencias Panamericanas de La Habana, en julio de 1940,
y luego de Río de Janeiro, en enero de 1942. La imagen escapa totalmente al
país conceptualizador y se vuelve contra el nuevo poder instituido. De hecho,
perdura la imagen tradicional de Francia. Al desmentir oficialmente, en el
verano de 1940, ante el gobierno de Vichy "que hubiese en su país alguna
disminución de simpatía hacia Francia", el gobierno brasileño añade:
"Sin duda hubo algunas críticas contra ciertas tendencias del
gobierno francés, tendencias consideradas por los periódicos
brasileños como totalitarias. Sin embargo, esas mismas críticas
siempre han guardado una gran nobleza. En efecto, ellas
interpretan en el fondo la amistad de los brasileños hacia
Francia, cuya resurrección se desea ardientemente[ ...]"60
La alusión del Ministro de Relaciones Exteriores brasileño es transparente:
a partir de entonces existe una nueva representación mental de Francia que
corresponde al gobierno de Vichy, y se usa la censura para acallar las críticas
contra este último. No obstante, no se concibe que, libre, Francia no sea
democrática. Por dicha razón, América Latina percibe los gobiernos y el
régimen de Vichy como los productos anormales de una desdichada
coyuntura, especie de paréntesis político en el cuerpo defensor de Francia.
De allí que, desde julio de 1940, se empleen comúnmente las metáforas de la
resurrección de Anteo y del Ave Fénix para aludir a Francia.61
De este modo se produce una inercia relativa del imaginario político de
Francia al otro lado del Atlántico: surge una representación nueva de Francia
-de Vichy- pero persiste una imagen ligada a un modelo considerado en
Francia como oficialmente obsoleto y caduco. Sin embargo, el curso de la
guerra, con el hundimiento de Vichy y la Liberación, redujo algunos años más
tarde el impacto de dicha percepción de un nuevo modelo a la escala de un
accidente de coyuntura.
La Francia Libre y la reactivación de las percepciones tradicionales
Entre 1940 y 1944, numerosos intelectuales demócratas latinoamericanos
saludan, sin embargo, a la "Francia republicana", "la Francia de la Libertad,
Igualdad y Fraternidad", "la Francia de los Derechos Humanos", incluso la
Francia "del liberalismo" (¡lo que no es nada paradójico en esos años de
guerra!). Dos mecanismos pueden explicar este fenómeno de amalgama:
a)por un lado, relevos importantes de las opiniones latinoamericanas sobre
Francia; las colonias francesas en América Latina no reaccionan como la
población de Francia metropolitana. Ello responde a una explicación
principal: el imaginario político de los franceses que residen en el extranjero
no está estructurado de la misma manera que el imaginario de los franceses de
la metrópoli, con un modo propio de funcionamiento de la opinión de
acuerdo con realidades y representaciones específicas. En América Latina, la
obra cotidiana de los medios de comunicación norteamericanos, en esa fase
de conquista acelerada,62 se superpone al peso de geografias y sociologías
propias. A pesar de los comportamientos políticos algunas veces claramente
conservadores, los franceses de América Latina permanecen, en conjunto,
firmemente ligados a la idea republicana; todo ello debido a una cierta
fosilización de marcas de identidades nacionales desde una emigración ya
antigua. Estos grupos de franceses emigrados se convierten, en su mayoría, en
los soportes, más o menos activos, de la propaganda francesa libre. Ahora
bien, afectados por una asimilación variable pero relativamente más
avanzada, participan poco de la crisis de identidad nacional que afecta a la
Francia de la preguerra63 y sus síntomas -disgregación del sentimiento y del
tejido nacionales-; además, se constata un fenómeno comparable en algunos
de los latinoamericanos francófilos,64 para los cuales la francofilia está ligada
a una imagen tradicional de Francia, poco afectada por las modificaciones de
representaciones de la misma.
El imaginario no es el mismo de cada lado del Atlántico; tampoco la posible
adhesión a Vichy. En América Latina, la derrota francesa no se manifiesta en
sus implicaciones materiales más dolorosas; frente a una menor sensación del
vacío y de su posible duración, los franceses expatriados no perciben el
régimen de Vichy como sucede en Francia, "como el medio de escapar, de
inmediato, a los vértigos" de dicho vacío. Por el contrario, en América Latina
se considera rápidamente a los países anglosajones como los motores
esenciales de una posible liberación de Europa. Con la distancia, cambia la
perspectiva y disminuye de manera considerable la función de salvaguarda
que Vichy encarna. Todo mecanismo explícito de exclusión funciona
finalmente mal en el seno de sociedades culturalmente mezcladas. En
Europa, durante 1940-1941, el régimen y su jefe cumplen en la opinión
pública una función de legitimación, que atribuye de este modo "una lógica
de eficacia política a inclinaciones sospechosas o equívocas".65 Sin embargo,
en términos generales, dicha función se sigue percibiendo mal y tiene poca
aceptación -al menos a nivel de discurso- en una América Latina mestiza en
distinto grado, marcada por revoluciones de independencia apenas seculares,
y posteriormente por la instauración casi general de principios representa-
tivos.66
b) En cuanto al segundo mecanismo, por otra parte, junto con Vichy surge
una imagen renovada de Francia, que se construye a medida que se precisa la
percepción según la cual Vichy "progresa" en el repudio del modelo
tradicional. Esto último nace de una dualidad de discurso, de "diplomacias"
(Francia Libre/Vichy), de "Francia", finalmente de una bipolaridad de
imágenes: nuevo "conflicto de la Revolución Francesa y del Antiguo
Régimen". En 1941, en Riom, ante la Corte Suprema de Justicia encargada
de juzgar a "los reponsables de la derrota", la República, junto con el Frente
Popular, pasó a convertirse también de acusada en acusadora -hasta tal
punto que Vichy suspendió el proceso a petición de los alemanes. En el
continente americano, un ex ministro del Frente Popular juzga "esencial
recordar que las masas siguieron siendo fieles (en Francia) al ideal de la
Revolución Francesa" y que se debe hacer "eco de este ideal,67 por todos
lados. Con eso subraya qué imagen y prestigio de Francia pasan por el crisol
de representaciones asociadas a la Revolución, mediante un despliegue
prospectivo del modelo tradicional.
Comenzando entonces en América Latina, este renacimiento - algunas
veces realmente movilizador68- de la referencia a Francia no acompaña, sin
embargo,69 un refuerzo del contenido de origen francés de las culturas
latinoamericanas; de allí, entre otras cosas, la amalgama Revolución
Francesa/liberalismo. Precisamente el volver a apreciar las ideas surgidas de
la Revolución se convierte, a partir del verano de 1940, en uno de los ejes
directivos de la propaganda y de la práctica política de la Francia Libre en
América Latina. No obstante, es cierto que el General de Gaulle tenía, por un
lado, ideas imprecisas sobre América Latina y, por el otro, ¡no sentía una
particular simpatía por la Revolución! Pero cuando el jefe de los franceses
libres se hizo guardián de las "tradiciones" francesas, el discurso se
comprende en ultramar a través de un prisma de imagen "revolucionaria";
y ese ligero cambio semántico parece ser perfectamente aceptado, por no decir
deseado, por el propio de Gaulle.70
La propaganda francesa libre se benefició muchísimo del capital que
representaba en América Latina la imagen poco volátil del modelo francés.
La propaganda británica, por ejemplo, reconoce que no posee "un tal capital
de influencia", por lo que su asociación con la Francia Libre es para ella un
motor eficaz dirigido a la opinión pública latinoamericana. La propaganda de
los Estados Unidos, que se lleva cabo tardía pero masivamente, busca a veces
captar de forma autoritaria este instrumento de propaganda, en particular
para el desembarco en Africa del Norte, cuando las colonias francesas de
América Latina experimentan una de las últimas olas de desafecto frente a
Vichy. No obstante, su éxito se explica también porque la Francia Libre tomó
conciencia desde muy temprano de la importancia del fenómeno que se
preparaba. De esta manera, para toda América Central y el Caribe, Jacques
Soustelle utiliza y desarrolla eficazmente la dicotomía imagen tradicional de
Francia/representación de Vichy. En Buenos Aires, revistas como La France
Libre71 o Les Lettres Fran~Caises, dirigidas por Roger Caillois, y en Río de
Janeiro, editoriales como Chantecler, irrumpen directa o indirectamente en el
panorama local, junto con Comités de Franceses Libres y Comités Pro
Francia, en gran parte debido tanto al movimiento londinense como a la
restauración del crédito internacional de una Francia en crisis, en pleno
período de fragilidad. Al mismo tiempo, la Escuela Libre de Altos Estudios
de Nueva York difunde su modelo en el Caribe (en Haití, en abril de 1942) y
en el Cono Sur; incluso la diplomacia de Vichy reconoce entonces que dichos
centros "pueden ser de cierto beneficio para la irradiación" de la cultura
francesa.72
Por medio de representaciones relativamente unívocas (el llamado
"episodio" Giraud en 1943 es el único momento de crisis general y grave),
la presencia en América Latina de un movimiento francés libre, tanto más o
menos precoz, fuerte o compacto según los estados -las situaciones favorables
de Cuba, de México y también de Colombia, Uruguay o Chile tienen poco
que ver con las de Brasil o de Venezuela, que siguen a la letra la política de
Washington-, dificulta la formación de una nueva imagen durable con el
referente "Vichy" y no "Francia" (¡a tal punto que, en algunos países, lo que
no es "degaullista" es sospechoso!). Y ello sin una interrupción prolongada de
vínculos entre representaciones e imagen tradicional de Francia, esa
"verdadera" Francia, patria idealizada, puesta en imagen de los principios
universales de 1789.73 Empero, al mismo tiempo que la prensa y las radios
latinoamericanas dejan un campo más amplio a esa "verdadera Francia",
progresa a ritmos variables y, de manera más o menos implícita en el
continente americano, la imagen repelente del gobierno de Vichy. Esta última
nace de las representaciones de lo que se quiere como modelo, pero que se
percibe como desprovisto de legitimidad, primero cultural -e histórica-, luego
política y popular.
El claro panorama del desarrollo de las relaciones culturales entre América
Latina y Francia durante los años que siguieron a la guerra puede, entonces,
interpretarse como el corolario de dos fenómenos concomitantes y
complementarios. En primer plano, el desarrollo de un activo movimiento
francés libre en América Latina durante la guerra, con adherentes
latinoamericanos (en 1942, por ejemplo, el Comité de Gaulle de Costa Rica
se reúne en la casa del Ministro del Interior...74), en tanto que en la genealogía
de las imágenes de Francia en América Latina aparece la Francia Libre -
reactualización de los soldados del Año II- al lado de la Francia Republicana
nacida de 1789, y Vichy al lado de la Francia del Antiguo Régimen. En
segundo plano, la continuidad y el refuerzo de la imagen tradicional de
Francia; una imagen que pierde apoyo primero por anticuada, que después es
considerada "renegada" durante la IIIa República, y que luego, en el período
de Vichy, encuentra un nuevo apoyo con la Francia de la Resistencia, la
Francia Libre que buscó, para su propaganda, inscribirse en una continuidad
histórica y suscitar una representación acorde a la imagen de Francia. Entre
1940 y 1944, por ejemplo, la Francia Libre fue prácticamente la única en
conmemorar la fecha-emblema del 14 de julio más brillantemente que con una
bandera a media asta y una misa para los muertos de la guerra (instrucciones
oficiales de Vichy de 1940 a 1942). De manera simultánea, llevada
generalmente con inteligencia y discernimiento,75 su propaganda, unida al
anuncio reiterado de Vichy sobre la ruptura con los fundamentos
"revolucionarios", contribuyó a fijar esta proyección "purificada" de los
componentes - simplificados a merced del reflujo de la cultura francesa- del
modelo tradicional francés.
De este modo, son dos los conjuntos de representaciones antagónicas de
Francia que se han afirmado progresiva y claramente, en un maniqueísmo
que permite al sobrevivente, beneficiario de la evolución de la coyuntura
internacional, reavivar la imagen de Francia ligada a los arquetipos "Luces",
"Revolución", "República"; la mayor parte de los elementos negativos que
obstaculizan la fusión de la imagen formada en el siglo XIX y "la
representación siglo XX" desaparecen en una continuidad renovada,
"reimaginada" para una generación. Esta fusión entre imagen y percepción
del presente es facilitada por el trabajo de las agencias de prensa
norteamericanas que, aun cuando obstaculizan materialmente y a veces
deliberadamente la propaganda francesa libre, difunden la fe en la victoria
anglosajona y en la Liberación. A menudo, la guerra fue percibida en suelo
americano como una ordalía del modelo democrático: después de un período
de renovación coyuntural de sus representaciones, la imagen tradicional de
Francia se reafirma en forma única. El antiguo modelo vuelve a ser funcional.
Por lo tanto, se puede considerar la creación de un movimiento libre en
Londres, y posteriormente de emisoras en las repúblicas latinoamericanas,
como el elemento sin el cual "una cierta idea de Francia" sin duda no habría
vuelto a adquirir cierta vigencia. Un delegado del Comité Francés de
Liberación Nacional, en misión en América Latina, escribe en 1943:
"La influencia espiritual de que gozaba Francia en esos países
antes de la guerra ha quedado casi intacta. A pesar de que
nuestra derrota, el espectáculo de las luchas entre franceses en
un momento en que la unión era tan necesaria y la interrupción
de las relaciones comerciales con nuestro país han afectado por
mucho tiempo nuestro prestigio, las élites sudamericanas, tan
vinculadas tradicionalmente a nuestra cultura, han continuado
buscando a nuestros educadores, profesores, artistas, y han
seguido esperando directivas del pensamiento francés. [...]
Nuestras posiciones siguen siendo muy sólidas y pueden servir
de punto de partida para nuevas irradiaciones".76
Más perpicaz, el ministro en Asunción escribía en 1942: "Si Francia quiere
conservar la preeminencia que siempre ha ejercido aquí en el campo de las
ideas, tendrá que acentuar su esfuerzo de propaganda en cuanto las
circunstancias lo permitan".77
En la inmediata posguerra. sin embargo, en América Latina persisten aún,
además de numerosas manifestaciones concretas de francofilia, declaraciones
de esta clase: "Francia nos recibe nuevamente como una gran madre
espirituaV.78 "Corresponde a Francia la prestigiosa sucesión de la Grecia
inmortal; Francia, madre contemporánea de las ciencias, las artes y las letras;
sobre todo, madre del concepto de libertad".79 Es cierto que estas
declaraciones se ven probablemente influenciadas por una presencia cultural
y económica norteamericana en aumento en todas partes, y frente a la cual la
cultura francesa puede ser concebida como un escudo frágil, o más bien un
argumento de diversificación de las presencias culturales extranjeras.
También es cierto que no toman en consideración importantes disparidades
entre los países de América Latina. Pero eso no impide que dichas actitudes y
declaraciones no tengan consecuencias; en septiembre de 1944, en su
respuesta al memorándum del Presidente Roosevelt sobre la organización
del mundo después de la guerra, el ministro uruguayo de Relaciones
Exteriores subrayó que:
"[...] vería con la más franca simpatía la inclusión de Francia
entre los miembros permanentes de Consejo (futuro Consejo de
Seguridad de la ONU), en homenaje a los servicios prestados
por ella a la causa de la libertad y del derecho, al papel espiritual
y a la elevación de su cultura expandida a todos los pueblos
civilizados y especialmente a los pueblos latinoamericanos desde
los propios orígenes de sus luchas emancipadoras".80
Vichy intentó hacer irradiar un nuevo modelo. La coyuntura no explica
sólo la débil densidad de la representación formada en América Latina; la
naturaleza de lo que debía servir de modelo está también puesta en tela de
juicio, con las condiciones de su nacimiento y sobre todo, vista desde
América, su débil originalidad frente a totalitarismos existentes. En
Latinoamérica se percibe el régimen de Vichy mayormente como el
administrador81 de una situación provisoria, como el producto circunstancial
de una derrota, un vencido convertido en confidente de Alemania. Como
además el nuevo modelo puramente nacional propuesto no se inscribe en una
dinámica política exterior lejana, ésta no contribuye a la formación de una
imagen nacional nueva. Cabe agregar que otro modelo, norteamericano,
engendra.una imagen más amplia y más densa. Influenciada por la prensa y
luego por la propaganda norteamericana, una gran parte de la opinión
latinoamericana se siente progresivamente más solidaria con ese modelo con
vocación continental que con el otro modelo, diferente y gastado, de Vichy,
que no logra imponerse en sociedades altamente solicitadas por una
alternativa maniquea de modelos democráticos o totalitarios. Por último,
Vichy no goza del beneficio de la existencia de una lógica política comparable
en América Latina sobre la cual se proyecte todo o una parte de su hipotético
modelo.
"Las imágenes que interesan al historiador son imágenes colectivas trazadas
por las vicisitudes de la historia"...82 El examen sucinto de lugares comunes y
de arquetipos del imaginario de Francia en América Latina nos conduce a
constatar que, para el período 1918-1945, después de una decadencia pluri-
decenial considerable, más o menos teñida de presunta resignación, incluso de
indiferencia, sobrevive, con una vigencia que proviene precisamente de la
coyuntura por la que se atraviesa, una imagen claramente individualizada del
modelo tradicional francés. Según un mecanismo conocido de antagonismo
de pareja, la percepción del gobierno de Vichy sirvió para fijar sobre ella lo
que tendía a disociar representaciones e imágenes tradicionales de Francia.
Pierre Laborie escribe que en Francia "es fuera de Vichy y en gran parte
contra él [...] que la identidad de la nación se reconstituye, alrededor de la
herencia jacobina y de los valores democráticos de la tradición republicana.
La Resistencia [...] ha sido su motor antes de convertirse en una de las
referencias fundamentales más importantes".83 A pesar de estructuras del
imaginario diferentes y de un itinerario coyuntural propio, la imagen de
Francia en América Latina evoluciona según un esquema similar. La
coyuntura sólo tiene aquí un impacto moderado sobre corrientes inter-
nacionales de intercambios culturales; es cuando menos el caso de un
sentimiento particular, la francofilia, y de dos nociones conexas: imagen y
modelo de Francia.
El pintor utiliza un modelo para crear representaciones; participa en la
formación de una imagen. El modelo preexiste tal cual y, por lo tanto, no
plantea ningún problema específico de aprehensión. En el proceso que tiende
a delimitar los arquetipos de un modelo democrático exportado, el modelo es,
por el contrario, algunas veces más simple de comprender en tanto que
concepto global, fruto de una imagen. Y dicha imagen sería el denominador
común de un conglomerado de representaciones. El historiador puede sin
duda considerar el modelo como un modelo a priori y estudiar las imágenes
del mismo; pero lo que para un modelo totalitario construido para ser
difundido y reproducido puede en cierta medida parecer aceptable,
difícilmente permite en otro caso precisar el contenido real del modelo: éste
sólo tiene una existencia virtual si no posee representación e imagen. La
perspectiva inversa adoptada permite evaluar con cierta fiabilidad la huella
exterior de un modelo nacional; el modelo, concebido como una composición
"imaginaria", está en realidad intrínsecamente ligado y nace prácticamente de
un conjunto, sobre todo retórico, pero concretamente discernible y
apreciable: la imagen de Francia.
Para América Latina, queda por escribir esencialmente la historia de los
flujos y ritmos de las percepciones, de los imaginarios sociales y los
comportamientos culturales; sin embargo, las dificultades son múltiples y una
problemática del tipo "ruptura o descontinuidad" no permite superarlas.
Vichy encarna en América Latina una ruptura después de un largo período
homogéneo de decadencia, pero dicha ruptura con los valores republicanos se
inscribe en la lógica de una evolución que ya había comenzado medio siglo
antes; a largo plazo, inciden en una estructura secular de relativa continuidad.
En cuanto a la Francia Libre, encarna cierta continuidad con relación a la
imagen tradicional de Francia en América Latina. Pero el impacto de su
representación se impone como una ruptura con respecto a una evolución en
curso y, más aun, con respecto a lo que hubiese podido ser un golpe de gracia
dado por Vichy, no tanto a la República -noción que se ha vuelto muy
autónoma en América Latina a mediados del siglo XX- como a la Francia
Republicana.
Sin embargo, desde la guerra, la matriz específica de la imagen de Francia
parece encontrarse nuevamente en peligro. Por un lado, subsiste a largo plazo
la progresiva desherencia de la percepción de un concepto universalista o
modelo francés; esta cierta independencia frente a la coyuntura contribuye a
moderar la incidencia relativamente positiva de los acontecimientos de la
Segunda Guerra Mundial. Cierto es que, por otro lado, aun limitada a una
imagen tradicional esquelética (un enunciado de principios revolucionarios),
la referencia a Francia sigue formando parte del modo de funcionamiento de
una mayoría de élites consideradas; y ello, en el campo de lo simbólico, con la
necesaria reiteración de dichos principios integrados a los valores fundadores
de una identidad propia. No obstante, el imaginario social de élites cada vez
más especializadas, cuya formación se modifica progresivamente, se
desentiende un poco más de Europa produciéndose un claro declive de
identidad. Si, en 1954, Tibor Mende escribe que América Latina "entra en
escena", es de hecho con una mirada continental más afirmada que sus élites.
Y ellas se ven obligadas a entrar; los arquetipos estudiados cumplen cada vez
menos las funciones simbólicas inherentes a las estructuras modificadas del
imaginario de las élites, a "la americanidad" reforzada por la guerra.84
Nuevamente se constata el primado de las consecuencias de prácticas
políticas-- y, por ende, de la voluntad de los actores- sobre principios o
condiciones culturales objetivas, o que pretenden ser objetivas. Por lo tanto,
la coyuntura, en el caso estudiado, tiene un impacto importante sobre
estructuras culturales, siendo la guerra él ejemplo más revelador.
Sin embargo, este caso muestra que dicho impacto se encuentra ligado
cronológicamente a una generación y que se vuelve friable más allá de ella;
por esto es relativamente superficial a largo plazo: ¿habría la Francia Libre, a
su vez, "arado en el mar"? La estructura antigua tiende de inmediato a tener
nueva vigencia bajo el impulso de otras estructuras, culturales desde luego,
pero sobre todo políticas y económicas. Desde esté último punto de vista y a
pesar de ciertas apariencias engañosas (la creación de institutos franceses en
Buenos Aires, Port-au-Prince, México y la reactivación coyuntural de la
francofilia), Francia apenas habría recuperado en América Latina en los años
'60 el nivel de precisión de su imagen anterior a la guerra.85 A título de
comparación cronológica, notemos que hay que esperar hasta el comienzo de
los años '70 para que el número de residentes latinoamericanos en Francia
recobre el nivel alcanzado entre las dos guerras mundiales (14.146 en 1931,
3.791 en 1946, 15.470 en 1975).
Por lo demás, en tiempos de guerra, una Francia ocupada y conocida desde
hacía mucho como resistente podía constituir un símbolo claramente
perceptible: a través del prisma de la "patria en peligro", madre de los
derechos humanos, Francia cumplía una función específica de legitimación de
la lucha de las democracias; por ello, no se encontraba demasiado lejos en el
orden de las prioridades de una opinión latinoamericana ritmada entonces,
más que de costumbre, por la política extranjera y modelada por los medios
de comunicación norteamericanos. Sin embargo, después de la guerra,
perdiendo nexos con la Francia Libre, la Francia de la IVa República, a final
de cuentas, pierde indefectiblemente dicha función simbólica y el rango
privilegiado inherente.
En 1943, el Presidente colombiano Alfonso López hace la siguiente
declaración, desencadenando una violenta polémica:
"Las circunstancias actuales [...] han servido para conocernos
mejor incitándonos a analizar nuestros problemas con nuestro
propio criterio que no está subordinado al pensamiento europeo
[...]. América dejó de mirar hacia Europa y comienza a
contemplarse ella misma".86
En otras palabras, un filósofo latinoamericano escribe hoy en día:
"La Segunda Guerra Mundial ha planteado nuevamente a
América Latina el antiguo problema de su identidad. [...]. En la
actualidad, el punto de partida del debate es la conciencia de la
crisis de un mundo que no podía ser más `eco y reflejo', según la
frase de Hegel".87
¿Por eso se disocian imagen externa e identidad, al menos para este
mexicano tan pro-europeo como es Leopoldo Zea? Nada es más seguro. Al
otro extremo del subcontinente, Borges tenía la costumbre de decir:
"Nosotros somos los únicos verdaderos Europeos, ya que en Europa se es
ante todo francés, italiano, español..." Esto era antes de que la dictadura
peronista le hiciese descubrir su "destino sudamericano". En 1945, América
Latina es aún para una gran mayoría ese mundo "deducido" de Europa, un
mundo que hasta el momento no ha creado un modelo propio; en distinta
medida sin problemas resueltos, la identidad nacional y, a fortiori, la
problemática identidad latinoamericana parecen quedar esencialmente
ligadas a una amalgama variable de imágenes exteriores. Si Octavio Paz
escribe en 1950 que "después de la Segunda Guerra Mundial, comprobamos
que esta autocreación que la realidad nos impone no es diferente de la de
otros (y que) la historia universal es nuestra tarea común", Alfonso Reyes
escribía ya en 1932: "La única manera de ser útilmente nacional consiste en
ser generosamente universal".
Sin embargo, incluso después de haber pasado por el tamiz de una
identidad entonces deseada y percibida como propiamente nacional, ¿acaso el
adjetivo "universal" no designa a menudo todavía, en América Latina, el
producto jerarquizado y variable de un conjunto de imágenes de modelos
extranjeros? Borges mostró un camino: alcanzando lo universal, en particular
por su difusión, su obra contribuye a crear un elemento de uno de los modelos
nacionales latinoamericanos exportables, mientras que las letras latinoame-
ricanas salen definitivamente del estricto "campo de especialistas oficiales u
oficiosos".88
NOTAS
Marc Bloch, "Apologie pour 1'histoire, métier d'historien", Cahiers des Annales, Paris, Colin,
1974.

Pierre Laborie, L'opinion francaise sous vichy, Paris, Seuil, 1990, p. 19.

0 construcción mental y colectiva. El imaginario "occupe la partie de la traduction non-
reproductrice (...) mais créatrice" de un área más amplia que la de la representación (cf.
Jacques Le Goff, L'imaginaire médiéval, Paris, Gallimard, 2a ed., 1991).

Cf. Michel Vovelle (dir.), L'image de la Révolution franfaise, 3 vols., Pergamon Press, 1989;
Caravelle, No. 54, Toulouse, 1990; Cahiers des Amériques latines, No. 10, Paris, 1990.

O traducciones mentales de realidades exteriores percibidas; cf. Jacques Le Goff, op. cit., p. I.

Para más detalle, cf. Denis Rolland, "Une redécouverte nécessaire: mécanismes du déclin d'une relation priviliégiée entre l'Amérique latine et la France", Découvertes et explorateurs,
Paris, Histoire au présent, L'Harmattan, 1994, y Denis Rolland, La crise du modéle franpais et
l'Amérique !atine, Paris, Maison des Pays ibériques/L'Harmattan, (de próxima publicación,
en diciembre 1995).

Rubén Darío, "Les couleurs de 1'étendard", La Nación, Buenos Aires, 1895, citado por
Gérard de Cortanze (en el pref. a Azul de Rubén Darío, Paris, La Différence, 1991, p. 17).

Mario de la Cueva, pref. a Ariel de Rodó, citado por Jorge Silva, Viajeros franceses en
México, México, 1947, p. 20.

Silvio Azuela, citado por Jorge Silva, op. cit.

Un solo ejemplo; el más prolijo especialista francés de la Argentina entre las dos guerras,
Georges Lafond, escribe: "Le souffle héroique de la Révolution qui inspira 1'épopée de
Napoléon, 1'immense oeuvre lyrique de Hugo (...) fascinérent la consciente ingénue de
l'Amérique latine. Que ce soit gráce á de profondes affinités de race ou par la coincidente
d'idéaux, les Argentins, hommes et femmes, artistes et penseurs, eurent ainsi des maitres
Frngais. (...) Uinfluence est visible dans la formation de 1'esprit argentin. (...) Ainsi la France
n'avait aucun rival dans ce champ vierge de la culture argentine" (L'Argentine au travail,
Paris, 1929).

André Siegfried, un profesor francés muy conocido de la Escuela Libre de Ciencias Políticas,
escribe en 1937: (...) "Un Frangais, dans l'Amérique latine, n'est jamais complétement
étranger: c'est que notre culture ]atine nous donne, dans bien des cas, la clef d'une civilisation
que notre tradition culturelle a largement contribué á forme?.

Alain Rouquié, L'Amérique !atine, Paris, 1987, p. 17.

Con matices notables relacionados a la procedencia geográfica, la cronología de las capas de
población de origen europeo. Para más precisiones, cf. Gilles Matthieu, Une ambition sud-
américaine, politique culturelle de la France 1918-1939, Paris, L'Harmattan, 1991, y Denis
Rolland, "Politique, culture et propagandes frangaises en Argentine, 1'univers de Roger
Caillois entre 1939 et 1940, Cahiers Roger Caillois, Paris, La Différence, 1991, pp. 404-442.

En 1941, la población alfabetizada representaría: el 79% en Argentina, un 25% en Bolivia,
del 30 al 40% en Brazil, el 50% en Chile, un 45% en Colombia, el 80% en Costa Rica, un
65% en Cuba, el 20% en República Dominicana, un 25% en Ecuador, el 25% en Guatemala,
20% en Haití, 20% en Honduras, un 40% en México y en Nicaragua, baja en Panamá, 20%
en Paraguay, 25% en Perú, 50% en Salvador, alta en Uruguay, 10% en Venezuela (fuente:
John Gunther, Latin América [New York, 1941], que parece sobreestimar globalmente las
cifras).

Guy Bourdé, La classe ouvriére en Argentine, 1929-1969, Paris, L'Harmattan, 1987, p. 1365.

Georges Bernanos, "Journal 1940", Le lendemain c'est vous!, Paris Plon, pp. 15-16.

Denis de Rougemont, Vingt-huit siécles d'Europe, Paris, Christian de Bartillat, 1961, p. 311.

Silvio Azuela, op. cit. Cf. también, por ejemplo, Carlos Llera Camargo, en Tiempo, Bogotá,
16-05-1936.

Cf. Archives du ministére Frngais des Affaires étrangéres (AMAE), Vichy-Amérique, Brésil,
22 dicembre 1941, Saint-Quentin 23.

F. Barreda Laos, Hispano América en guerra, Buenos Aires, Linart y Cía, 1941, p. 65.

En casi todos los casos, los presupuestos publicitarios de las empresas alemanas son
canalizados por la embajada, constituyendo un medio de presión notable sobre la prensa
local, que depende mucho de esos ingresos.

Alfonso Reyes, Europe-Amérique !atine, No. 7, Genéve, SDN, IICI, 1937.

Pedro E. Ufena, Furope-Amérique latine, op. cit.

Colombia recibe en esta época un número creciente de expertos alemanes y sus nexos
comerciales se estrechan con Alemania (cf., por ejemplo, AMAE, Amérique 1918-1940,
Colombie, 5 (43), 24-06-1936).

Enrique Santos (hermano del ex Presidente), Tiempo. Bogotá, 31-04-1936.

Ruy Blas (pseudónimo del cónsul de Colombia en Marsella, Llera Camargo), Tiempo,
Bogotá, mayo 1936, citado en AMAE, Amérique 1918-1940, Colombie, 5 (32/34), 17-05-
1936.

AMAE, Amérique 1918-1940, d. gnx, 38 (101), Pépin, fin 1933.

La diplomacia francesa no percibe esta evolución como irreversible y limita su impacto a la
"civilización material", conservándose lo intelectual y lo moral de Europa.

AMAE, Vichy-Amérique, Argentine, d. pol. ext. (46), Deniker, 4-04- 1941.

Citado en Paul Dérouléde, L'Alsace-Lorraine et la féte nationale, Paris, 1910.

En esta época, el francés sigue siendo "la" lengua de la cultura en Argentina, es decir la lengua
de la élite cultural cosmopolita. Maurras es leído en francés, al menos hasta la llegada de las
primeras traducciones (1935).

Se encuentran, por ejemplo, esas ideas en el movimiento integralista brasileño: el Manifiesto
de octubre 1932, muy nacionalista, afirmando "el valor del Brasil", denuncia también la
burguesía, "fascinada por la civilización que periclita en Europa y en los Estados Unidos"
(citado en Helgio Trindade, La tentation fasciste au Brásil dans les années 1930, MSH, Paris,
1987, p. 127).

Lázaro Cárdenas, discurso del lo de septiembre 1939, reproducido en toda la prensa
mexicana del día 2.

Antonio Villalobos, discurso, México, 12-10-1942, en Historia documental, 1938-1944, ICP,
PRI, México, 1982, p. 517.

Georges Bernanos, "Fragments de journal 1940", op. cit., pp. 15-16.

Cf., por ejemplo, AMAE, Amérique 1918-1940, Colombie 5 (243), 27-03-1940, Aumale.

F. Barreda Laos, op. cit., p. 117; et AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Hayti,
propagande (15), 16-07-1940, Lens.

AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Uruguay, 1940 (50), 28-06- 1940, Gentil.

El ministro de México en Francia, Luis I. Rodríguez, cuenta esos acontecimientos en Ballet
desangre, la caída de Francia, México, Nigromante, 1942.

"Diga bien que Francia debe preservar más alla de todo su proyección intelectual y su
influencia cultural en nuestros Estados de América latina", López de Mesa, ministro
colombiano, AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Colombie (68), 11-07-1940,
Aumale.

Muy visible en México como en Colombia (El Tiempo, El Espectador y El Siglo publican para
el 14 de julio 1940 largos artículos muy francófilos).

Después de la ocupación, en noviembre de 1942, de la llamada zona "libre" de Francia por los
alemanes, Vargas habla de Francia como "este infeliz país amigo" (National Archives,
Washington [NAW], RG 59, 701.5132, 2-02-1943).

Un diplomático estadounidense habla, por ejemplo, de "considerable descenso del prestigio
de Francia" en Brasil (NAW, RG 59, 701.5132/34, 30-01-1941).

Citado en Robert Aron, Hístoíre de Vichy, Paris, Fayard, 1954, p. 147.

Henri Michel, Pétaín, Laval, Darlan, trois politiques?, Paris, Flammarion, 1972, p. 82.

AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Uruguay, 1940 (64), 11-07- 1940, Gentil.

Thierry Maulnier, citado en Zeev Sternhall, Ni droite, ni gauche, Paris, Seuil, 1983.

AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Mexique, 13-09-1941, Atvengas.

Alain Rouquié, op. cit., p. 27.

AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Argentine, d. pol. ext., (46), Deniker, 4-04-
1941.

El ministro de La Blanchetai; NAW, RG 59, 701.5119/38, 23-09-1941.

AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Colombie, relations aves la France (152), 08-
07-1941, Hélouis.

AMAE, Guerre 1939-1945, Londres CNF, 286 (7), 22-07-1941, Ledoux.

AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Paraguay (56/57), 08-10- 1941, L'Homme.

AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy, carton 26, J. Sánchez Gutiérrez, 11-03-1942.

El caso del gobierno militar paraguayo parece bastante singular, siguiendo por mucho tiempo
dando expresiones de gran simpatía hacia Vichy; cf., por ejemplo, AMAE, Guerre 1939-1945,
Vichy- Amérique, Paraguay (98), 17-12-1940, et (5/8), 15-07-1941, Ramin.

Eso depende también de la tradición de francofilia del país; en el caso del Uruguay y de su
tradición democrática, se dice que 4 uruguayos / 5 critican desde septiembre 1940 la forma del
gobierno de Vichy, según fuentes poco dispuestas a favor de Francia Libre (AMAE, Guerre
1939-1945, Vichy-Amérique, Uruguay, 1940, 24-09- 1940, Ledoux). La prensa confirma esta
visión negativa; cf., por ejemplo, El País, Montevideo, 01-11-1940.

En México, el último representante de Vichy escribe palabras muy duras sobre el intento de
afirmación internacional de México en 1942. Cf. Denis Rolland, Vichy el la France libre au
Mexique, Guerre, cultures el propagandes, Paris, L'Harmattan- Publications de la Sorbonne,
1990.

Cf., por ejemplo, en el caso de Paraguay, AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique,
Paraguay, 55, 08-10-1941, L'Homme, y en el caso de México, Denis Rolland, Vichy el la
France libre, op. cit..

AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Brésil, rapports avec la France, 31-07-1940.

Así en Montevideo, el 14-07-1940, en El Pueblo, Orientación, El Día...

Se puede consultar para México, José Luis Ortiz Garza, México en la guerra, México, 1989.

Cf. Pierre Laborie, op. cit., pp. 56-63.

"J'aime la France comme un de ses fils, je 1'aime tendrement comme on aimerait sa fiancée, je
1'aime paree que je suis un homme libre, paree que je peux parler librement et surtout paree
que la France a brandi toujours bien haut le flambeau de la liberté et de la civilisation". Carta
personal de F. Bardías, mexicano residente en Argentina, al general De Gaulle, 3-02-1941
(AMAE, G.1939-1945; LCN.F, 407, Argentine [220/224]).

P. Laborie, op. cit. Algunos diplomáticos de Vichy en ejercicio en América Latina son activos
prosélitos de las ideas antisemitas (el cónsul general en Brasil, por ejemplo: NAW, RG 59,
851.20232/8, 4-12-1941).

En Brasil, el gobierno Vargas manifiesta tendencias antisemitas mezcladas de anti-
comunismo, sin darles ningún carácter institucional. En Ecuador, la aplicación estricta de
las consignas de Vichy por parte del representante de Vichy conduce al gobierno ecuatoriano
a pedir oficialmente (y obtener) su retirada.

Pierre Cot, Le procés de la république, New York, 1944, p. 347.

Como en Montevideo el 31 de octubre 1941, donde la manifestación de protesta contra las
ejecuciones de rehenes en Francia ocupada tiene un éxito claro (AMAE, Guerre 1939-1945,
Vichy-Amérique, Uruguay, 1941 (80), 1-11-1941, Hoppenot).

También en el caso de Colombia, donde la presencia del muy conocido (y americanista)
director del Museo del Hombre de París, Paul Rivet, coincide con un crecimiento de interés
por la cultura francesa; y en el de Argentina, donde Roger Caillois crea, con la ayuda de
Victoria Ocampo, la prestigiosa revista Lettres franpaises.

Cf., por ejemplo, el mensaje de De Gaulle a la revista argentina Desfile, Buenos Aires,
diciembre 1940, o AMAE, Guerre 1939- 1945, Londres CNF, 407, Argentine (233).

Georges Bernanos, en residencia en Brasil desde 1938, entrega varios artículos, a menudo
americanofobos.

AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Hayti, rapports avec la France (29), 22-04-1941,
de Lens.

Es esta Francia que será festejada en la mayor parte de las capitales latinoamericanas con la
noticia de la liberación de Paris en 1944 (cf., para Chile. el testimonio de Gibert Arvengas "Le
Chili apprend la libération de Paris", Espoir, No. 35, juin 1981).

NAW, RG 59, 851.20218¡'3, 05-08-1942.

El caso argentino, donde el representante de Francia Libre, Albert Guérin, es muy
americanofobo, es particular.

AMAE, Guerre 1939-1945, Alger CFLN, vol. 1291 (Amérique), 19, 17- 06-1943, H. Seyrig.

AMAE, Guerre 1939-1945, Vichy-Amérique, Paraguay (91), 20-08-1942, L'Homme.

S. Martínez Cairo, ponencia en Monterrey, 15 mayo 1945, citada en la Revue de fIFAL, p.
12, No. 1, janvier 1945, México.

Sánchez Hernández, Reme de fIFAL, p. 12, No. 1, janvier 1945, México.

AMAE, Guerre 1939-1945, Alger CFLN, vol. 1300, Uruguay, (102), 20- 09-1942.

A veces percibido como co-administrador con Alemania de Francia vencida.

Jacques le Goff, op. cit., préface p. VI.

Pierre Laborie, op. cit., p. 333.

"Si los graves acontecimientos que amenazan actualmente la paz del mundo nos condujeran a
restringir, incluso momentáneamente, la acción ya empezada en este continente, el tío Sam
sería el primer beneficiario de nuestra carencia", escribía en 1939 un diplomático francés
clarividente (AMAE, Amérique 1918-1940, Colombie, 5 (211). 23-08-1939, Lionel Vasse).

Cf. Henry Goldhamer, The Foreign Powers in Latin America, Princeton, PUP, 1972.

25-05-1943 (AMAE, Guerre 1939-1945. Londres CNF, Colombie, 240 (238). 28-05-1943,
Vasse).

Leopoldo Zea, L'Amérigue ¡atine face á 1'histoire, Paris, Lierre et Coudrier éd., 1991, p. 11.

Cf. Silvia Molloy, La difJiision de la littérature hispano- aniéricaine en France au XXe siécle,
Paris, PUF, 1972.

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