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America Latina

VOLUMEN 7 - Nº 2
JULIO - DICIEMBRE 1996
Ciencia y Universidad en América Latina (II)
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     YAACOV OVED: The Witness of the Brothers: A History of the Bruderhof. Transaction Publishers, New Brunswick, NJ, 1996.

El nuevo libro de Yaacov Oved relata la apasionante historia de una secta anabaptista pacifista, la Sociedad de Hermanos (Bruderhof), que aspira a mantener un estilo de vida comunal según su interpretación del espíritu del cristianismo primitivo. Los orígenes de esta comunidad fueron en Alemania tras la Primera Guerra Mundial, mas los avatares del siglo XX le han dado un carácter internacional. Durante su existencia, la hermandad ha creado 23 comunas en siete países diferentes y acogido a adeptos de diversas nacionalidades.

Yaacov Oved, cuyo libro El anarquismo y el movimiento obrero en Argentina (México D.F., Siglo Veintiuno, 1978) se ha convertido ya en un clásico, investigó durante los últimos veinte años la idea comunal en sus diversas manifestaciones en los Estados Unidos. Su libro, Two Hundred Years of American Communes (Transaction Publishers, 1988), tuvo gran repercusión. En el marco de dicha labor investigativa, estableció lazos con líderes de la Bruderhof, visitó sus poblaciones y conversó con la gente. En esta oportunidad nos brinda por primera vez la historia del movimiento durante tres cuartos de siglo. La simpatía de Oved - él mismo es miembro del kibutz Palmahim desde su fundación en 1949 - hacia ellos y su forma de vida es evidente a lo largo de todo el libro. Al mismo tiempo, mantiene un distanciamiento objetivo, en la medida de lo posible, dado el carácter investigativo de su trabajo. Enfatiza la profunda fe interna, las estrechas relaciones personales y la vida cultural comunitaria, aunque no evita hacer referencia a luchas internas del movimiento, crisis sociales, dramas y tragedias personales.

Tal como indicáramos, el comienzo de este movimiento fue en Alemania en 1920, cuando numerosos jóvenes se encontraban en la búsqueda de una vía y de ideales, en medio del torbellino de una profunda crisis política, social, económica y cultural. Una década más tarde, el movimiento ya había cobrado impulso. Si bien el número de miembros de la Bruderhof no superó los 140, la periferia de simpatizantes y curiosos que acudían a visitarlos y escucharlos era mucho más amplia. El ascenso de los nazis al gobierno de Alemania en 1933 anunció el cercano fin de la actividad del movimiento en territorio germano. En un entorno de creciente nacionalismo, militarismo y de intolerancia, no había lugar para este grupo pacifista y antiracista. Efectivamente, los miembros de la Bruderhof fueron expulsados de Alemania, exiliándose en Gran Bretaña. Pero la mala fortuna les perseguía y, con la Segunda Guerra Mundial como trasfondo, se toparon con la hostilidad de parte de la población local, dado que ésta - aunque parezca irónico - los concebía como alemanes que podían llegar a convertirse en una quinta columna dentro de las islas británicas.Por ello, en medio de la guerra, los miembros del grupo se trasladaron a Paraguay, abrigando la esperanza que en América del Sur podrían establecer su mini-utopía. Permanecieron allí unas dos décadas, durante las cuales tuvieron grandes dificultades para adaptarse a las condiciones locales. Sólo el traslado a los Estados Unidos, que comenzó a fines de la década del 50, fue el que dio nuevo impulso a la actividad del movimiento y un crecimiento en su número de adeptos y de poblaciones. En 1994 existían ya en Estados Unidos siete comunas, en las que el número de miembros llegaba a unos 2400.

En el ambiente del balance del presente fin de siécle, pueden resultar de gran interés los ensayos utópicos de estas pequeñas comunidades que mantienen un estilo de vida comunal por elección personal, sin ninguna imposición estatal. No nos detendremos aquí en los diversos sucesos por los que pasó el movimiento, sino que nos limitaremos a su capítulo latinoamericano, una primera versión del cual publicó Oved en esta revista ("Una inmigración peculiar: la Sociedad de Hermanos en Paraguay y Uruguay", Vol. 3, N° 1, 1992: pp. 59-82).

El primer grupo de la Bruderhof llegó al puerto de Buenos Aires en diciembre de 1940, desde donde siguió de inmediato hacia Paraguay. En dicho país comenzaron a sentar las bases de su comunidad Primavera, al noreste de Asunción, recibiendo al comienzo la ayuda de una colonia alemana menonita vecina. Mas la influencia de la propaganda nacional- socialista alejó a los menonitas de la Bruderhof, de la que habían llegado unos 350 miembros al Paraguay hasta mediados de 1941.

Durante las primeras etapas de su asentamiento, la Sociedad sufrió por las condiciones deplorables de vivienda e higiene y por el duro clima al que no estaban habituados. Pero gradualmente fueron estableciéndose económica- mente, basándose principalmente en la actividad agropecuaria y en un aserradero que habían erigido, que en sus comienzos suministró tablas para la construcción y posteriormente materia prima para diversos artículos de madera. Desde el punto de vista de las relaciones con las autoridades en Asunción, cabe señalar que éstas no interfirieron en la modelación de vida comunal en su país, habiendo sólo cierta presión durante la guerra civil de 1947.

Pero el aspecto más interesante es el de las relaciones que se entablaron entre la Sociedad de Hermanos y el entorno circundante. Aquí resulta difícil discrepar con las conclusiones de Milton Zimmerman, médico pacifista que llegó con su esposa a Primavera por un período de servicio alternativo a comienzos de los años cincuenta, sumándose posteriormente a la comunidad. Según sostiene -y aparece citado en el libro-, se trataba de una "isla de extranjeros". Si bien habían establecido lazos con numerosos jóvenes en Asunción e incluso enviaron delegaciones a Uruguay (donde a fines de 1952 se fundó la colonia El Arado), Argentina, Brasil y Chile, en Paraguay sólo la mitad de los miembros, aproximadamente, dominaba con cierta soltura la lengua española.

Más grave aún resultaba el muro que les separaba de los paraguayos nativos. Estos recelaban de los "gringos", que jamás lograron aprender el guaraní. Los de la Bruderhof, por su parte, empleaban a locales como asalariados en "labores serviles", lo que hacía que éstos no creyeran en la retórica de igualdad y fraternidad. ¿Cómo puede una comunidad semejante realizar cualquier aporte a su entorno, cuando la barrera lingÜística no fue quitada tras 15 años de vecindad?, se pregunta Zimmerman.

El aporte más importante de los miembros de Primavera a la población local fue la construcción de un hospital. Si bien al principio se trató de un dispensario para las necesidades de la colonia, muy pronto, sin embargo, comenzó a prestar servicios a los habitantes de la región. Se trataba del único establecimiento sanitario en la zona y gozaba de gran estima; hubo quienes llegaron a compararlo con el de Albert Schweitzer en Africa. Hasta 1954 había llegado el número de pacientes a 10.000.

El episodio sudamericano del movimiento -que finalizó en un fracaso- lo resume Oved escribiendo: "Los inmigrantes [de la Bruderhoi intentaron asimilarse, pero su régimen de vida, su cultura, sus creencias y sobre todo la disparidad entre sus aspiraciones y lo que el Paraguay podía ofrecer, fueron la causa de tensiones internas que determinaron finalmente el destino de su integración en el país que los acogió y los indujeron a buscar un nuevo refugio y un nuevo comienzo en los Estados Unidos".

El libro de Oved es un importante aporte a la investigación del ideal cooperativo y de la vida comunal en el siglo XX.

Raanan Rein Universidad de Tel Aviv