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| VOLUMEN 7 - Nº 1 |
| ENERO - JUNIO 1996 |
Ciencia y Universidad en América Latina (I)
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Freud en la Universidad de Buenos Aires:
la primera etapa hasta la creación de la
carrera de Psicologia*
MARIANO BEN PLOTKIN
Colby College
Referirse a la Argentina - y en particular a Buenos Aires - como un centro
internacional del psicoanálisis se ha convertido casi en lugar común. Durante
los últimos treinta años ha emergido y se ha desarrollado una verdadera
"cultura psicoanalítica" en la Argentina, lo cual no ha dejado de sorprender a
más de un visitante extranjero.1 La existencia de esta cultura psicoanalítica se
pone en evidencia no solamente por el alto número de practicantes y devotos
a la disciplina existentes en el país, sino también por la forma en que
vocabulario y expresiones originadas en la misma han permeado los ámbitos
más diversoS.2 Si esta inusitada expansión del psicoanálisis constituye de por
sí un problema que requiere algún tipo de explicación, no lo es menos el
hecho de que hasta tiempos bastante cercanos muy pocos lo vieran como tal.
En efecto, a diferencia de otros países que también han experimentado un
"boom psicoanalítico", en la Argentina los estudios sobre la recepción y
desarrollo de la disciplina son por lo general muy recientes.3 En este artículo,
que es parte de una investigación más amplia sobre el desarrollo del
psicoanálisis en la Argentina, analizaré un aspecto particular de la recepción
del mismo: su inclusión en los programas de estudio de los cursos de
Psicología dictados en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de
Buenos Aires desde pricipios de este siglo hasta la creación de la carrera de
psicología en 1957, la que, como es sabido, iría adquiriendo un perfil cada vez
más psicoanalítico.4 Lo que mostraré es que el psicoanálisis no se introdujo en
un vacío al crearse la carrera de psicología, sino que había ya para entonces
una tradición de aceptación e incorporación de la disciplina en la Facultad,
tradición que se había ido formando desde décadas atrás.5 Quisiera en este
punto hacer una salvedad metodológica. El grueso de mi argumentación está
basado en los programas de estudio. No he podido tener acceso a notas de
clase, y en muchos casos ni siquiera a bibliografías. Esto de por sí constituye
una limitación, ya que no podemos saber con exactitud hasta qué punto los
profesores se atenían al contenido de los programas. Sin embargo, esto no
quita validez a las conclusiones. Como se verá a continuación, los programas
variaban con regularidad suficiente (en algunos casos todos los años) como
para permitirnos suponer que reflejaban los cambiantes intereses de los
profesores. Si éste era el caso, entonces podemos suponer que los contenidos
dictados en cada curso también cambiaban con los programas.
Hasta la década de 1950 los cursos de psicología dictados en la Facultad de
Filosofa y Letras constituyeron una de las pocas vías de entrada para el
psicoanálisis en la Universidad de Buenos Aires si descontamos cursos sueltos
dictados en la Facultad de Medicina.6 Aún en 1937, el programa de clínica
psiquiátrica de la Facultad de Medicina no contenia ningún punto vinculado
al psicoanálisis. Diferente era la situación en otras áreas del país. En la
Universidad de Córdoba, por ejemplo, Gregorio Bermann, un psiquiatra que
en un principio mostró gran simpatía por la disciplina, discutía psicoanálisis
en sus cursos dictados en la Facultad de Medicina desde la década de 1920.
En Buenos Aires, la cátedra de psicología fue creada en la flamante
Facultad de Filosofa y Letras en 1896. Si bien es cierto que también en las
facultades de Derecho y Medicina se enseñaba la disciplina, con el tiempo,
como señala Vezzetti, sería en Filosofa y Letras donde se concentraría la
docencia e investigación de la materia.7 A pesar de que la enseñanza de
psicología estuvo durante las primeras décadas fuertemente influida por un
positivismo poco hospitalario al psicoanálisis, es posible, sin embargo,
percibir matices y debates que introducían cierta heterogeneidad en la forma
en que la disciplina era abordada. Estos matices generaban espacios donde el
psicoanálisis podía tener y tuvo cabida.
Una parte importante de estos matices y debates giraba alrededor de cierta
indefinición acerca de los dominios de la psicología y su status científico.
Ubicada entre las ciencias biológicas y la filosofa, dicho status era de una
ambigÜedad reconocida por aquéllos encargados de enseñarla.8 Por otro
lado, en la psicología convergían intereses variados, tal como lo demuestra la
nómina de miembros fundadores de la Sociedad de Psicología de Buenos
Aires, creada en 1908 y disuelta en 1914. En ella encontramos un grupo
heterogéneo compuesto por médicos, ensayistas, filósofos, pedagogos y
criminólogos. Esta indefinición del dominio de la psicología es perceptible en
los programas de los cursos de psicología enseñados en la Facultad de
Filosofía y Letras, en muchos de los cuales desde un comienzo se siente la
coexistencia de una visión de la psicología de orientación filosófica con una
más claramente biologicista. En ese sentido, la inclusión de las ideas del
filósofo francés Henri Bergson en la década de 1920, a las que muchos
encontraron similitudes con las de Freud - quien por su parte las negó - pudo
haber fertilizado el terreno para una incorporación de ciertos elementos de la
teoría freudiana.9
Sin embargo, en lo que respecta a la psicología académica, también es
posible encontrar un marcado sesgo fisiológico y clínico junto con un interés
en la psicología experimental.10 Esto se debía probablemente a la formación
médica de los docentes a cargo de enseñarla. Esta orientación clínica también
funcionó como una vía de acceso para el psicoanálisis. Este temprano doble
interés por la psicología experimental y la clínica es evidente en el caso de
Horacio Piñero, profesor de la Cátedra de Psicología desde 1901, y creador
del Laboratorio de Psicología Experimental de la Facultad de Filosofía y
Letras, que estaba basado en el ya existente en el Colegio Nacional, donde
también era docente. No es extraño que cuando el propio Piñero intentara
delinear la genealogía de su ciencia, mencionara como los tres puntos en los
que se asentaba la misma, junto a la fundación del laboratorio de psicología
de Wilhelm Wundt en Leipzig, los estudios de Jean-Marie Charcot sobre
histeria e hipnosis y la fundación de la Revue Philosophique de Theodule
Ribot.11 El énfasis en lo clínico, evidente además en el hecho de que los cursos
de Piñero incluyeran observaciones de casos de su servicio en el Hospital
Nacional de Alienadas, fue uno de los motivos que llevó a la creación en 1907
de un segundo curso de psicología, que debía tener una orientación distinta.
Mientras el primer curso debía concentrarse en los aspectos fisiológicos,
experimentales y clínicos (su título era "Psicología Normal y Patológica", y a
partir de fines de la década del 20 "Psicología Experimental y Fisiológica"), el
segundo curso debía concentrar su atención en los procesos mentales
superiores y en las relaciones de la psicología con la filosofía. A pesar de
que la naturaleza de los programas de ambos cursos parecía dictada más por
los intereses de los profesores que por el criterio de división propuesto, lo
cierto es que, particularmente durante el período en que Coroliano Alberini
dictó la materia (1927-1943), el segundo curso tuvo una orientación
decididamente filosófica.
El sesgo clínico, evidente en los programas de instrucción del primer curso,
en los que, no obstante, los aspectos filosóficos de la materia no estaban
totalmente excluidos, dejaba un resquicio para la introducción de la
psicoterapia, lo que a su vez funcionó como una de las vías de acceso del
psicoanálisis. El foco de atención de lo que sigue será el primer curso. La
razón de ello es que durante las casi dos décadas en que Alberini estuvo al
frente del segundo curso, la orientación del mismo fue casi totalmente
filosófica, concentrándose en temas específicos entre los cuales no figuraba el
psicoanálisis. Como veremos, esto cambió después que Alberini abandonara
la cátedra.
Como dijimos, a partir de 1901 la enseñanza de psicología estuvo a cargo
del profesor Horacio Piñero, quien ostentaba simultáneamente los cargos de
profesor titular de la Cátedra de Fisiología de la Facultad de Medicina y del
curso de Psicología en el Colegio Nacional. El psicoanálisis no estaba incluido
en los programas, aunque sí lo estaban temas de alguna manera vinculados a
él. Fuertemente influido por la tradición médica y psicológica francesa, como
la mayoría de los médicos de su tiempo, su programa para el año 1902 incluía
una sección sobre el Automatismo Psicológico y los estudios realizados al
respecto por Pierre Janet, quien había mantenido ardientes polémicas con los
seguidores de Freud sobre la paternidad de ciertos conceptos y sobre la
validez de otros.12 El último punto del programa versaba sobre "Hipnotismo
y sugestión" e incluía un punto sobre la histeria como enfermedad
psicológica, lo que remite a los estudios de Charcot en el Hospital de la
Salpétriere en París, quien tanto había influido a Freud (y a Janet) en sus
comienzos.13
La primera vez que Freud apareció explícitamente mencionado en un
programa de psicología es en 1914. En el programa de este año, Piñero parece
haber ampliado la problemática abarcada por el curso, incluyendo a autores
de tendencias diversas. El programa analítico incluía citas de Bergson, cuyas
teorías, no obstante, Piñero rechazaba por metafísicas. Lo interesante es que
el programa mencionaba a Freud en dos oportunidades: la primera, junto a
Josef Breuer, co-autor de algunos de los primeros trabajos de Freud sobre
histeria, para señalar las coincidencias entre estos autores y Janet. La segunda
vez que citaba a Freud era para criticar algunos puntos específicos de las
teorías de la "Escuela de Viena".14 En este sentido, como lo señala Vezzetti,
pareciera que de manera similar al caso de Francia (aunque en una escala
mucho menor), las ideas de Janet funcionaron como una posible vía de
entrada del freudismo en Argentina. Más aún, Freud en muchas instancias
parece haber sido comprendido y criticado a través del filtro de las ideas de
Janet.15 Parece claro que muchos argentinos se enteraron de las teorías de
Freud a través de los comentarios críticos de Janet u otros comentaristas
franceses antes de haber leído de primera mano las obras del creador del
psicoanálisis.
Un autor en quien esto parece haber sido definitivamente así fue José
Ingenieros, quien se desempeñó como profesor suplente y luego titular de la
Cátedra de Psicología (ambos cursos) entre 1904 y 1919. Ingenieros se oponía
abiertamente al psicoanálisis en nombre de un positivismo que hacía de la
biología el fundamento de cualquier intento de una psicología científica. En
1915, por ejemplo, escribía, "sabemos ya que el hombre es un ser viviente y
que todas sus funciones son resultados de su actividad biológica en función
del medio; esa concepción naturalista de la vida mental obligará a tomar los
datos de las ciencias biológicas como fundamento de la psicología".16 Pero el
grueso de su crítica al psicoanálisis hacía eco de las críticas expuestas por
Janet: el psicoanálisis era una teoría pansexualista, que no aportaba nada
interesante que no hubiera sido previamente dicho por el autor francés, y que
se alejaba de la medicina al ignorar el aspecto fisiológico en la etiología de las
neurosis.17 Sin embargo, como demuestra Hugo Vezzetti, esta oposición al
psicoanálisis no le impidió a Ingenieros, de manera paradójica, constituirse él
mismo en una de las posibles vías de acceso del freudismo en la Argentina. El
interés de Ingenieros por la hipnosis y la psicoterapia basada en ella, al igual
que su interés por los sueños, la histeria y la psicopatología sexual, sirvieron
de inspiración a una cantidad de médicos, incluyendo entre ellos a Jorge
Thénon - de quien hablaremos más adelante - y a Celes Cárcamo, futuro
miembro fundador de la Asociación Psicoanalítica Argentina, quienes
descubrirían a Freud a través de los puntos de contacto entre estas áreas de
interés y el psicoanálisis.18
Los intereses de Ingenieros estaban presentes en el programa de su curso de
psicología de 1909. Este programa, a pesar de su orientación eminentemente
"biologicista", incluía bolillas sobre temas tales como "sugestión y
psicoterapia", "el sueño: su interpretación mítica y su interpretación
psicológica" y "acciones subconscientes y subliminales". Al no estar la
bibliografía incluida en este programa, es muy dificil determinar qué lecturas
acompañaban el tratamiento de temas tales como "los sueños", aunque es
posible que Ingenieros haya utilizado textos escritos por el autor italiano
Sante de Sanctis, a quien admiraba, y cuyas coincidencias con Freud han sido
señaladas por varios autores. Lo cierto es que tal vez debido a la influencia de
Ingenieros, los programas de Piñero comenzaron a incluir puntos sobre
psicoterapia a partir de 1915.
Sin embargo, quien introdujo a Freud de manera más explícita en el curso
de psicología fue el Dr. Enrique Mouchet, un graduado en Filosofia y
Medicina, y dirigente del Partido Socialista, quien se hizo cargo de la cátedra
en 1919, primero como profesor suplente y dos años después como titular. En
los programas de 1920 y 1921 el psicoanálisis estuvo ausente. El de 1921 tenía
un fuerte componente biologicista y experimental. El cambio se produjo en el
programa de 1922, donde en la última bolilla sobre los métodos psicológicos
se incluía un punto sobre psicoanálisis. Dado que el interés de Mouchet por el
psicoanálisis parece haberse limitado a su enseñanza del mismo -no parece
haberlo aplicado en su práctica psiquiátrica-19 la inclusión del psicoanálisis
en el programa de 1922 podría estar vinculada al nombramiento de Juan
Ramón Beltrán como profesor suplente.
Beltrán era un médico criminólogo que a lo largo de su carrera ocupó
puestos docentes en diversas instituciones, incluyendo el Colegio Militar, las
Facultades de Medicina y Filosofía y Letras, y el Colegio Nacional. Desde la
década de 1920 Beltrán se interesó por el psicoanálisis, particularmente por
sus aplicaciones a la criminología.20 La visión que Beltrán tenía del
psicoanálisis era bastante peculiar; veía en la disciplina un instrumento
pedagógico que podría ser utilizado para el mantenimiento del orden social:
"Además de conocer las inhibiciones peligrosas que se originan en el
inconsciente, la psicoanálisis pone esas fuerzas en descubierto bajo el dominio
de la personalidad moral".21 En ese sentido, la utilización que Beltrán
proponía hacer del psicoanálisis era compatible con su ideología de derecha,
que lo mantuvo cerca de grupos militares y católicos. Beltrán hacía un uso
bastante ecléctico del psicoanálisis, al que mezclaba libremente con conceptos
derivados de la antropología criminal de Cesare Lombroso y de la teoría de la
degeneración.22 Así, por ejemplo, en un artículo publicado en 1927, tras citar
una lista de autoridades que incluía a Freud y Janet junto con Benedict
Augustine Morel (inventor de la teoría de la degeneración), destacaba que el
enfermo en particular cuyo caso trataba en el artículo, era un degenerado
abundante en estigmas ñsicos. Sin embargo, nuestro autor también concluía
que "lo que hace más interesante esta observación son los antecedentes
sexuales del enfermo... Esto constituye un serio argumento en favor de la tan
combatida tesis freudiana que en este caso, aceptamos íntegramente".23
Para Beltrán, el psicoanálisis era además uno de los métodos de la
psicología experimental y, en ese sentido, no es curiosa la ubicación que
Mouchet (si es que efectivamente lo hizo por sugerencia de Beltrán) le diera al
psicoanálisis en su programa, junto con los otros métodos de la psicología,24
A pesar de su peculiar lectura de la teoría psicoanalítica, a partir de la década
de 1930 Beltrán adquirió credibilidad como conocedor del psicoanálisis al ser
nombrado miembro adherente de la Sociedad Psicoanalítica de París.25
Si en 1922 el psicoanálisis había encontrado un lugar en el programa de
Mouchet, éste había sido marginal y entre los otros "métodos" de la
psicología. Un año más tarde, el psicoanálisis ocupaba ya un lugar bastante
distinto. La bolilla 111 del programa de 1923 estaba enteramente dedicada al
estudio del "psicoanálisis y las modernas corrientes de la psicología". La
diferencia es más importante de lo que podría parecer a primera vista. En
1922, el psicoanálisis había sido sólo uno más de los tantos métodos de la
psicología. En 1923, era el primero entre las modernas "corrientes"
psicológicas. Ya no era un método, sino una forma de pensar distinta, y la
más moderna. Freud, además, hacía una segunda aparición en ese programa,
en el último punto sobre historia de las ideas psicológicas, cerrando, junto
con Bergson, un itinerario que comenzaba con Spencer. La bibliografía
incluía, junto con Les nevroses de Janet, la Introducción al psicoanálisis (en
español) de Freud.26
En los programas de Mouchet, el psicoanálisis había sido primero un
método, y luego una "corriente". En 1925 ya era un "problema". En efecto,
tal era el título de la bolilla XV del programa de aquel año, que en su
bibliografía incluía, además de la obra de Freud ya citada, La psychanalyse au
service des educateurs del pastor protestante suizo Oskar Pfister. Pfister había
sido uno de los primeros seguidores de Freud e intentó acercar el psicoanálisis
a la religión. Consideraba que la disciplina creada por el vienés podía jugar un
papel educativo y moralizante en la sociedad. No es de extrañar que Beltrán
lo caracterizara como apóstol del psicoanálisis. Otra obra incluida en la
bibliografia era El psicoanálisis y la educación de P. Rovet. La inclusión de
estas dos últimas obras podría indicar la creciente influencia de Beltrán, para
quien, como vimos, el psicoanálisis tenía una función similar a la asignada
por Pfister. Estos cursos parecen haber sido muy populares y un resumen de
las discusiones de Mouchet sobre psicoanálisis fue publicado en la revista
Humanidades de La Plata, de la cual él era director. Este texto es interesante
porque expresa las opiniones del autor respecto del psicoanálisis, que eran
por cierto bastante matizadas. Para Mouchet, Freud no era un depravado,
como querían sus detractores, pero tampoco un genio, como pretendían sus
seguidores. Mouchet encontraba en el psicoanálisis aspectos positivos, pero
también negativos, y en esta última evaluación se hacía eco él también de las
críticas expresadas por Janet y la escuela francesa: el psicoanálisis era una
doctrina dogmática de carácter pansexualista y poco rigurosa. Mouchet
criticaba además al psicoanálisis el haberse extralimitado en su campo de
acción. Concluía su artículo diciendo:
"El psicoanálisis nació como un método de diagnóstico y de
curación de las neurosis; luego la imaginación exuberante de
Freud lo transformó en un sistema de psicología. Poster-
iormente se fue expandiendo hasta abarcar la estética, la
sociología, la mitología, la lingÜística, la pedagogía, convirtién-
dose, así, por obra del mismo Freud, en un sistema filosófico.
Creemos firmemente que esta excesiva expansión de la doctrina
será la causa originaria de su descrédito y de su ruina."27
A lo largo de los años podemos ver una evolución en el tratamiento del
psicoanálisis: de método a corriente y de allí a "problema". El próximo paso,
considerar el psicoanálisis no como "problema", sino estudiar los problemas
que plantea, sería dado en 1927. En el programa de ese año no había un
punto específico sobre Freud y su doctrina como en los anteriores. Lo que
había, sin embargo, era una bolilla sobre "sueños y ensueños" que incluía un
último punto sobre "teoría psicoanalítica de los sueños". Los problemas
planteados por el psicoanálisis cobraban de este modo interés autónomo y el
psicoanálisis en sí dejaba de ser un "problema" o una "curiosidad". No es de
extrañar, entonces, la inclusión en la bibliografla de una obra "técnica" de
Freud, su libro sobre los sueños.
Otro cambio importante en el status del psicoanálisis en los programas de
los cursos de psicología dictados por Mouchet (que desde 1928 se titulaban
"Psicología Experimental y Fisiológica") se produjo en 1930. Freud y su
disciplina aparecen nuevamente en la sección referida a los sueños, pero
también en la última bolilla que trataba sobre las relaciones entre la
psicología y las otras ciencias. De esta manera, junto con un punto sobre
"psicología y medicina" y otro sobre "psicología y criminología", tenemos
uno referido a los vínculos entre "psicología y psicoanálisis". En 1930, el
psicoanálisis ya había cobrado autonomía suficiente respecto de la psicología
como para que los vínculos con ella fueran materia de interés. Por otro lado,
otros problemas vinculados al psicoanálisis hacían aparición gradual en los
programas de Mouchet. En 1931, no era ya solamente el tema de los sueños lo
que interesaba del psicoanálisis, sino que se incluía un punto sobre "el
inconsciente freudiano. Teoría del psicoanálisis."
Esta creciente complejización de la visión del psicoanálisis no era privativa
de la cátedra de Mouchet. A partir de la década de 1920, se puede percibir en
la sociedad argentina -y no solo en círculos médicos - un creciente interés por
el psicoanálisis. En la profesión es posible registrar un interés en aumento aun
por parte de médicos cuya visión sobre la etiología de los problemas mentales
era diflcilmente compatible con las ideas de Freud. Hacia 1930 ya había una
cantidad considerable de psiquiatras que incluía al psicoanálisis entre los
instrumentos de su artillería teórica, incluyendo algunos que tenían un
conocimiento bastante sofisticado de la disciplina.28 Algunos de estos
médicos tales son los casos de Jorge Thénon en Buenos Aires, Gregorio
Bermann en Córdoba y Emilio Pizarro Crespo, de Rosario habían iniciado
contactos directos con Freud y con la Asociación Psicoanalítica Internacio-
nal, en el caso de este último.29 El uso de psicoterapia en general y del
psicoanálisis en particular eran vistos por algunos psiquiatras como una de
las vías de modernización para una psiquiatría argentina fuertemente influida
por los aspectos más rígidos de las escuelas alemana y francesa y cuyo
estancamiento teórico y terapéutico y sus anacronismos se tornaban cada vez
más evidentes.30
Por otro lado, el positivismo, que había constituido la "ideología oficial" de
las élites argentinas desde las últimas décadas del siglo pasado -y que había
tenido una profunda influencia en la medicina- había comenzado un proceso
de rápido retroceso durante las primeras décadas del presente siglo. Esto se
debió a una combinación de factores y desarrollos en la sociedad y en los
medios intelectuales. Desde las primeras décadas del siglo XX, nuevas
corrientes filosóficas de corte idealista provenientes del continente europeo
comenzaron a tener mayor aceptación en los círculos intelectuales latinoa-
mericanos. Esto puede ser visto en parte como una reacción contra lo que
cada vez más era percibido como una amenaza cultural y política planteada
por el "imperio materialista del norte", particularmente luego de la guerra
Hispano-Americana.31 Este fenómeno coincidía con la constitución de un
"campo intelectual" (usando la terminología de Pierre Bourdieu) más
autónomo debido a la creciente profesionalización de actividades tales como
la filosofía y la literatura. Posteriormente, las carnicerías producidas durante
la Primera Guerra Mundial por los países supuestamente más avanzados
culturalmente también pondrían en cuestión la bondad del progreso científico
indefinido que las habían hecho posibles.
Otro factor que contribuyó a la declinación del positivismo fue el fin de
prácticas políticas de corte autoritario que basaban parcialmente su
legitimidad en una visión de la sociedad fuertemente influida por el
positivismo. En 1910 la Revolución Mexicana ponía fin a más de treinta
años de gobierno de Porfirio Díaz, quien se había rodeado de un grupo de
asesores y técnicos fuertemente influidos por ideas positivistas que se
autotitulaban "científicos". Seis años más tarde, en la Argentina, Hipólito
Yrigoyen, él mismo un seguidor de las doctrinas del filósofo alemán Karl
Krause, asumió la presidencia de la Nación constituyéndose en el primer
presidente electo por el voto popular.32 En 1918, el movimiento de la
Reforma nacido en Córdoba -y que tendría repercusiones latinoamericanas-
puso fin a una larga tradición de exclusivismo universitario y tuvo también un
impacto importante en la formación de currículos y programas de estudio.
Finalmente, en el caso particular de la Argentina, el impacto cultural de la
inmigración masiva también contribuyó a la declinación del positivismo.
Confrontados con las nuevas olas de inmigrantes que introdujeron nuevos
problemas sociales en el país, algunos sectores de la élite comenzaron a
preocuparse por la búsqueda de las "raíces auténticas" de la nacionalidad,
raíces que en muchos casos eran encontradas en la herencia espiritual del
catolicismo español.33 Esta crisis, que daría lugar a una verdadera "reacción
antipositivista" en círculos de la filosofía académica, tuvo también un efecto
en la profesión médica en general y en la psiquiatría en particular, abriendo
las puertas a la psicoterapia y a teorías no somáticas sobre la etiología de las
enfermedades mentales.34 La crisis del positivismo como sistema de
pensamiento coincidió con y en parte provocó un movimiento de renovación
en la psiquiatría, que buscaba soluciones a problemas que la psiquiatría
clásica no parecía en condiciones de abordar en nuevas terapias y marcos
conceptuales.
Aun para aquellos médicos que se oponían al psicoanálisis, su existencia era
dificil de ignorar. Christofredo Jackob, un influyente neurólogo alemán
radicado en la Argentina, había rechazado el psicoanálisis en nombre de un
somaticismo de corte positivista en un importante artículo de 1917. Sin
embargo, Jackob se vio obligado a dedicarle cuatro páginas de su publicación
a la discusión de la disciplina que despreciaba, a efectos de refutarla.35 Años
más tarde Nerio Rojas, un eminente psiquiatra que a lo largo de su carrera
ocuparía importantes posiciones dentro y fuera de la profesión médica -y
quien se había referido al psicoanálisis como una doctrina "entre científica y
pornográfica"-, debió admitir la utilidad de la concepción dinámica del
inconsciente de Freud así como de algunos aspectos de su teoría de los
sueños.36 Mouchet mismo, como vimos, tenía una actitud más bien neutral
respecto de la disciplina creada por Freud. No es de extrañar, por lo tanto,
que, junto con el psicoanálisis, incluyera la teoría de la degeneración en sus
programas de estudio. Sin embargo, cuando la Sociedad de Psicología de
Buenos Aires fue vuelta a fundar en 1930 por iniciativa del propio Mouchet,
quien también fue su primer presidente, Sigmund Freud fue nombrado
miembro honorario de la misma.37
A partir de la década de 1920, el psicoanálisis también tuvo cabida en
publicaciones médicas prestigiosas, entre ellas La Semana Médica, Revista de
Psiquiatría y Criminología, Index y otras. Tras la fundación de la Asociación
Psicoanalítica Argentina en 1942 y al menos hasta mediados de la década de
1940, miembros de la Asociación publicaban asiduamente en las revistas
mencionadas. Durante el corto interludio que precedió a los eventos del 17 de
octubre de 1945, durante el cual las autoridades militares gobernantes se
vieron forzadas a liberalizar su política universitaria, miembros de la
Asociación psicoanalítica publicaban artículos y reseñas en la Revista de la
Universidad de Buenos Aires.38
Como ya se dijo, este creciente interés en el psicoanálisis no se reducía a los
círculos médicos, de donde provenían Mouchet, Beltrán y la mayoría de los
miembros de la Sociedad de Psicología. A partir de la década de 1920, se
percibe un interés creciente por el psicoanálisis por parte del gran público. A
lo largo de la década, El Hogar, una revista popular de gran circulación,
incluía frecuentemente artículos sobre el tema. En 1931, Jornada, nuevo
nombre dado a Crítica, el diario de mayor circulación de Buenos Aires, luego
de que éste fuera cerrado por las autoridades militares emergidas del golpe de
estado de 1930, incorporaba una sección fija sobre psicoanálisis. En ella, los
lectores eran invitados a enviar narraciones de sus sueños, los que a su vez
serían analizados por un "experto psicoanalista" que firmaba con el nombre
de "Freudiano".39 Los consejos que daba Freudiano eran bastante eclécticos
y en muchas oportunidades poco tenían que ver con el psicoanálisis tal como
lo entendían Freud y sus seguidores.40 Pero lo que la experiencia de Jornada
muestra es hasta qué punto el público se hallaba familiarizado con versiones
vulgarizadas del psicoanálisis, las que despertaban gran interés. Testimonio
de ello fue la publicación de gran número de obras destinadas a la
popularización del psicoanálisis. Como muestra Vezzetti, el poeta peruano
Alberto Hidalgo, entonces residente en la Argentina y falto de medios de
subsistencia, recurrió en la década de 1930 a la publicación de una colección
multivolumen, Freud al alcance de todos, bajo el seudónimo de Dr. Gómez
Nerea, que tuvo gran éxito editorial.41
Al mismo tiempo, el psicoanálisis hacía su entrada en otros círculos
académicos. A lo largo de la década de 1930, el Colegio Libre de Estudios
Superiores, especie de universidad alternativa creada por el psicólogo y
pensador marxista Aníbal Ponce, entre otros, y que atraería a gran cantidad
de docentes universitarios excluidos de la cátedra por los gobiernos
autoritarios emergidos a partir de 1930, ofrecía clases sobre psicoanálisis
dictadas, entre otros, por Jorge Thénon y Gregorio Bermann. Luego de su
arribo a la Argentina en 1938, Angel Garma, futuro fundador de la
Asociación Psicoanalítica Argentina, estaría incluido en la lista de docentes.42
Por otra parte, el psicoanálisis también estaba presente en los cursos de
psicología dictados en el Instituto Superior del Profesorado, institución
destinada a la formación de profesores de enseñanza media. El programa del
curso dictado por el profesor Adolfo Sierra en 1935 incluía, entre otros temas,
"Teoría del inconsciente freudiano", "Los actos fallidos" y "Freud".43
Volviendo a los programas de psicología de la Facultad de Filosofia y
Letras, el psicoanálisis aparece a partir de 1933 en los cursos que Beltrán
mismo venía dictando desde años anteriores. En éstos se desarrollaban en
detalle algunos de los puntos tratados por Mouchet, que era el profesor
titular. Curiosamente, dado el interés de Beltrán por el tema, el psicoanálisis
no hizo aparición en sus programas hasta este último año, en que el curso
versaba sobre la cuestión de los instintos. Más curioso aún es el hecho de que
Freud y el psicoanálisis desaparecieron ese año del programa de Mouchet
(aunque no de la bibliografía para el curso), lo que sugiere que había cierta
división del trabajo en el tratamiento del tema entre el titular y su suplente.
Esto parece ser más claro en 1936, año en que Freud es otra vez incorporado
al programa de Mouchet, bajo el título "¿Qué hay de cierto en el
psicoanálisis?", punto desarrollado en detalle en el curso de Beltrán, cuya
bibliografía incluye cuatro obras del austríaco además de diversos comenta-
ristas, incluyéndose él mismo.44 De nuevo es interesante la manera en que la
disciplina creada por Freud era tratada en el curso de Mouchet. Si bien la
pregunta formulada sugiere cierto escepticismo respecto del mismo, lo cierto
es que el hecho mismo de plantearla presuponía cierto conocimiento y
familiaridad previa acerca del tema a tratar por parte de los alumnos.
Durante los años siguientes, no se perciben mayores cambios en los
programas. En 1941, el punto sobre psicoanálisis incluía no sólo las ideas de
Freud, sino las de los "disidentes" Adler y Jung, cuyas obras también hacían
aparición en las bibliografías. Ese año (a dos de la desaparición física del
creador de la disciplina), se incluía en el programa un punto específicamente
dedicado a la personalidad de Freud, su vida y su obra. A partir de 1945, el
psicoanálisis aparecía como tema en los programas del segundo curso de
psicología, dictado desde 1944 por León Dujovne, quien en ese año
reemplazó a Alberini. En ese mismo año, Beltrán reemplazó a Mouchet
como titular de la cátedra. Estos cambios se debieron (al menos en el caso de
Mouchet) al momento político que estaba viviendo el país con motivo del
ascenso de Perón.
Se ha dicho en diversas oportunidades que los vínculos entre el peronismo y
el psicoanálisis no fueron muy fluidos. A pesar de no haberse registrado
persecuciones abiertas contra psicoanalistas, aparentemente las relaciones
entre el gobierno de Perón y la Asociación Psicoanalítica Argentina creada en
1942 no eran demasiado buenas.45 Sin embargo, en los medios de difusión
peronistas no parece haberse llevado a cabo una campaña contra el
psicoanálisis semejante a la desencadenada contra los seguidores del
existencialismo sartreano.46 Esta última, en todo caso, parece haberse debido
más al clima de anti-intelectualismo predominante en las filas del peronismo y
a la expresión de los componentes más tradicionales de su ideología, que a
una verdadera comprensión de los problemas planteados por esta corriente
filosófica. En cualquier caso, a juzgar por los programas presentados por los
sucesivos profesores que dictaron los cursos de psicología durante la época de
Perón, el psicoanálisis no parece haber encontrado escollos para su discusión
en la Facultad de Filosofla y Letras, y aun en la de Medicina. En 1948,
Eugenio Pucciarelli, quien reemplazaba en la cátedra a Beltrán -fallecido el
año anterior-, presentó un programa exhaustivo que comenzaba discutiendo
el problema del alma desde el punto de vista aristotélico y concluía con el
psicoanálisis, e incluía dos bolillas sobre Bergson. En la bolilla final, que
trataba sobre el psicoanálisis, se distinguían las ideas de Freud de las de Jung
y Adler, algo que muchos médicos psiquiatras eran aún incapaces de hacer.
Tres años después, el segundo curso, ahora a cargo del Prof. Felipe García de
Onrubia, incluía dos bolillas sobre psicoanálisis y varias obras de su creador
en la bibliografía. Lo interesante de la inclusión del psicoanálisis en los
programas de García de Onrubia es el hecho de que ya no era un punto
separado del programa, como lo había sido en los de Mouchet o Beltrán. La
problemática planteada por el psicoanálisis pasaba ahora a formar parte
integral del programa de la misma manera que otros problemas planteados
por otras escuelas. Conceptos freudianos eran incorporados dentro del
vocabulario normal usado en la cátedra. De esta manera, el punto VII de la
segunda parte trataba sobre "el sueño y la neurosis. Función represora y
mecanismos de defensa. Proyección, desplazamiento, sublimación, raciona-
lización".
Hacia finales de la época peronista, se percibe ya la tendencia que llevaría a
la profesionalización de la psicología con la creación de la carrera en 1957. En
1954 se creó en la UBA el Instituto de Psicología, que propuso la creación de
la carrera tal como lo había recomendado el Congreso de Psicología llevado a
cabo en Tucumán ese mismo año. Junto a los cursos tradicionales de
psicología, también en 1954 se ofrecían cursos cortos con una orientación
eminentemente profesional. Tal era el caso de un seminario de psicología
aplicada sobre "Diagnóstico psicológico de escolares normales y diñciles".
Nuevamente, el psicoanálisis aparece integrado a la temática tratada, como lo
demuestra la última bolilla, que estudia "mecanismos de defensa y neurosis".
Si bien es cierto que hacia mediados de la década de 1950 el psicoanálisis
parece haber estado ya integrado en los programas de psicología, también es
cierto que la visión de la disciplina que se deriva de éstos era bastante
limitada. El aspecto fundamental (y también más controvertido) de la teoría
freudiana -la teoría sexual- estuvo ausente de los programas y lo estaría hasta
más tarde. Ni Mouchet, ni Beltrán, ni García de Onrubia hacían mención a la
misma. Paradójicamente, cuando Beltrán incluye en la bibliografía de su
curso de 1936 la obra Tres ensayos sobre teoría sexual, no se refiere al
fundamental trabajo de Freud de título similar, sino a una obra del fisiólogo
español Gregorio Marañón, cuyos puntos de vista sobre el tema no podrían
ser más alejados de los de Freud.
A partir de la caída de Perón, se produjo un rápido proceso de expansión
del psicoanálisis en la Argentina, lo que sugeriría la presencia de una
demanda que, por alguna razón, se había encontrado reprimida durante el
decenio peronista. En 1956 se creó en Buenos Aires un curso de tres años de
fuerte orientación psicoanalítica para formar asistentes de psiquiatría infantil
para lisiados, y un año después la carrera de psicología en la UBA. En
Rosario ya existía un programa de psicología desde el año anterior. Sin
embargo, ya en 1956, la Profesora Arminda Aberastury, miembro
prominente de la Asociación Psicoanalítica Argentina e introductora en la
Argentina del psicoanálisis de niños según las teorías de Melanie Klein (de
quien era traductora), dictó un curso en la Facultad de Filosofia y Letras,
dando un primer paso hacia la entrada institucionalizada de la disciplina en la
Facultad.47 En 1959 el cuadro docente de la carrera incluía ya a León Ostrov,
José Bleger y Jorge García Badaracco, todos ellos miembros destacados de la
Asociación Psicoanalítica Argentina. A principios de la década de 1960,
debido a la presión creciente de los alumnos, la Facultad comenzó a contratar
un número creciente de psicoanalistas miembros de la Asociación como
docentes. Los psicólogos no eran reconocidos como psicoanalistas y de
hecho, hasta 1983, no podían practicar legalmente ningún tipo de
psicoterapia dentro de los confines de la ciudad de Buenos Aires. Sin
embargo, la formación que recibían era sólidamente psicoanalítica.
Simultáneamente, desde la caída de Perón, también en la Facultad de
Medicina se produjo la entrada de psicoanalistas, en parte debido a la presión
de grupos estudiantiles. Uno de estos grupos, que había asistido con
entusiasmo a los cursos que Angel Garma y Arnaldo Rascovsky, ambos
miembros fundadores de la Asociación Psicoanalítica, habían dictado en la
Facultad en 1956 y 1957, fundó en 19581a revista Psique en la Universidad, la
que, bajo la dirección de Garma, tenía por objeto la difusión del psicoanálisis.
Hacia fines de la década de 1960, Argentina estaba ya en vías de convertirse
en la "Capital Internacional del Psicoanálisis". En gran medida contribuyó a
ello el gran número de egresados de la carrera de psicología de la Universidad
de Buenos Aires, que ahora se veía acompañado por quienes completaban su
formación en las nacientes universidades privadas. En 1979 se calculaba que
había en el país 6.500 psicólogos y cerca de 40.000 estudiantes.48 A pesar de
que oficialmente se insistiera en que el objetivo de la enseñanza de psicología
a nivel universitario no era el de formar psicoterapeutas y mucho menos
psicoanalistas, lo cierto es que muchos de los docentes eran psicoanalistas y
que una vasta proporción de sus graduados se orientaban hacia el creciente
mercado de la clínica psicológica practicando terapias de fuerte orientación
psicoanalítica. Lo que he intentado mostrar en este artículo es que el ingreso
del psicoanálisis en la Facultad de Filosofía y Letras no se dio de manera
repentina con la creación de la carrera y la subsecuente incorporación de
docentes psicoanalistas, sino que fue la culminación de un largo proceso que
se comenzó a gestar en la década de 1920. A lo largo del mismo, la visión
sobre el psicoanálisis presentada desde la cátedra se fue transformando,
tornándose más compleja. Lo que ocurrió, de hecho, es un doble proceso de
recepción y absorción de la disciplina, que de alguna manera fertilizó el
terreno para desarrollos futuros.
NOTAS
El autor agradece los comentarios de Lila Caimari y Victoria Cerrudo. La investigación que
condujo a este artículo, que es parte de un proyecto más amplio, fue financiada por un
generoso subsidio del National Endowment for the Humanities y otro del Joint Committee
on Latín American Studies del Social Science Research Council y del American Council of
Learned Societies con fondos provistos por el National Endowment for the Humanities.

Ver, por ejemplo, Dispositio. Revista Americana de Estudios Comparados y Culturales¡
Ameriean Journal of Comparative and Cultural Studies, XVIII:45 (Ann Arbor, MI, 1993),
número enteramente dedicado al fenómeno del psicoanálisis en la Argentina. En particular,
ver el primer artículo por Carlos D. Pérez, "Introduction: An Idea of Hell".

En 1985 Argentina, con una población de aproximadamente treinta millones de habitantes,
ocupaba el segundo puesto en el mundo, después de los Estados Unidos, en términos de
cantidad de psicoanalistas afiliados a la International Psychoanalytic Association. Ello sin
contar la gran cantidad de psicólogos que practicaban psicoanálisis, ya sea en su forma
ortodoxa o en su vertiente lacaniana, sin estar afiliados a la internacional. Ver Elizabeth
Roudinesco, La bataille de cent ans. Histoire de la psychanalyse en France, H (1925-1985),
(Paris: Seuil, 1986), anexos. Para números más recientes, ver de la misma autora Lacan.
Esbozo de una vida; historia de un sistema de pensamiento, (Buenos Aires: Fondo de Cultura
Económica, 1993), 768-769.

Hasta la fecha los estudios importantes existentes aparte de las dos "historias oficiales"
producidas por la Asociación Psicoanalítica Argentina: Arminda Aberastury, Marcelo
Aberastury y Fidias Cesio, Historia, enseñanza y ejercicio legal del psicoanálisis, (Buenos
Aires: Omega, 1967) y Jorge Mom, Gilda Foks y Juan Carlos Suárez, Asociación
Psicoanalítica Argentina, 1942-1982, (Buenos Aires: APA, 1982), son los libros de Germán
García, La entrada del psicoanálisis en la Argentina. Obstáculos y perspectivas, (Buenos Aires:
Ediciones Artajos, 1978) y la versión acortada del mismo libro, García, Oscar Masotta y el
psicoanálisis en castellano, (Buenos Aires: 1991); Hugo Vezetti, (comp.), Freud en Buenos
Aires, 1910-1939), (Buenos Aires: Puntosur, 1989); Jorge Balán, Cuéntame tu vida. Una
biografía colectiva del psicoanálisis argentino, (Buenos Aires: Planeta, 1991); Hugo Vezzetti,
Aventuras de Freud en el País de los argentinos, (Buenos Aires: Paidós, 1996).

Balán, Cuéntame tu vida, 146-149, Rubén Ardila, "La psicología en la Argentina: pasado,
presente y futuro", Revista Latinoamericana de Psicología, II:1 (1979), 77-91.

Para el tema de la recepción del psicoanálisis en la Argentina tratado desde tres perspectivas
distintas, ver García, La entrada; Vezzetti, Aventuras de Freud y Mariano Plotkin, "Freud,
Politics and the `Porteños': The Reception of Psychoanalysis in Buenos Aires (1910-1943)",
Hispanic American Historical Review (en prensa, febrero 1997). Las referencias a los
programas de estudio se hacen respecto a los "Programas de Psicología", Primer Curso,
1902-1956 y Segundo Curso, 1907-1956, que se encuentran en la Facultad de Filosofia y
Letras, Universidad de Buenos Aires, Biblioteca Central. A efectos de evitar sobrecargar el
artículo con notas redundantes, no citaré cada programa individualmente.

Entre los antecedentes personales que el Dr. René Arditi Rocha ofreció al presentar su
candidatura para el puesto de Profesor de Clínica Psiquiátrica de la Facultad de Medicina de
la Universidad de Buenos Aires en 1953, figuraba un curso de perfeccionamiento en
psicoanálisis ofrecido por la cátedra de Historia de la Medicina en 1940. Estos cursos eran de
carácter extra-curricular, dictados por Juan Ramón Beltrán, a quien nos referiremos en
detalle más adelante. Ver Prof. Dr. René Arditi Rocha, Antecendentes, títulos, trabajos y
actuación docente para optar al cargo de Profesor de Clínica Psiquiátrica en la Facultad de
Ciencias Médicas de Buenos Aires, (Buenos Aires: Francisco A. Colombo, 1953), 29.

Hugo Vezzetti, (comp.), El nacimiento de la psicología en la Argentina. Pensamiento
psicológico y positivismo, (Buenos Aires: Puntosur, 1988), 24.

Ver, por ejemplo, Francisco de Veyga, "La enseñanza de la psicología", Revista de Filosofía,
Cultura, Ciencias, Educación, II, (1916), 42 y ss. Reproducido en Vezzetti, El nacimiento, 158-
167.

Ver Nerio Rojas, "Una visita a Freud", La Nación, segunda sección, 17 de marzo de 1930,
reproducido en Vezzetti, Freud en Buenos Aires, 173-178; Rojas, "De Freud a Bergson", La
Nación, segunda sección, 17 de marzo de 1930, reproducido en Vezzetti, Freud en Buenos
Aires, 179-189.

Hugo Alberto Klappenbach, "La recepción de Wundt en la Argentina. 1907: Creación del
segundo curso de psicología en la Universidad de Buenos Aires", Revista de Historia de la
Psicología, Vol. 15:1-2 (1994), 181-197.

Citado por José Ingenieros, "La psicología en la República Argentina (1909)", Anales de
Psicología, 1 (1910), incluido en Hugo Vezzetti (comp.), El nacimiento de la psicología en la
Argentina, (Buenos Aires: Puntosur, 1988), 55-78.

Sobre Janet, ver Henri Ellenberger, The Discovery qf the Unconscious. The History and
Evolution of Dynamic Psychiatry, (New York: Basic Books, Inc., 1970), capítulo 6.

Ellenberger, The Discovery, 89-101 y capítulo 6. En 1885 Freud viajó a París con una beca de
la Universidad de Viena, para estudiar con Jean Marie Charcot en la Salpétriere; este viaje
fue muy importante para su formación. Posteriormente Freud tradujo las lecciones de
Charcot al alemán. También Janet fue discípulo de Charcot.

El programa también cita al psiquiatra brasileño Antonio Austregesilo, quien ya entonces
estaba trabajando sobre temas vinculados al psicoanálisis y que en 1918 vendría a la
Argentina a disertar sobre el tema. Sobre Austregesilo y sus vínculos con el psicoanálisis, ver
Silvia Alexim Nunes, "Da medicina social a psicanálise" en Joel Birman (comp.), Percursos
na história da psicanálise, (Río de Janeiro: Taurus Editora, 1988), 61-122.

Ver Vezzetti, Aventuras de Freud, 15-26.

José Ingenieros, "Para una filosofía argentina", Revista de Filosofía. Cultura-Ciencias-
Educación, año I:1, (enero de 1915), 5.

Muchos argentinos, incluyendo a Ingenieros, parecen haber accedido a Freud a través de un
texto de Janet, "El psico-análisis" publicado en traducción en la revista Archivo de Ciencias
de la Educación, 1, (La Plata, 1914), 175-229.

Celes Cárcamo, "Entrevista a los fundadores (III): Celes E. Cárcamo", Revista de
Psicoanálisis, 41:6 (1984), 987-1000.

Vezzetti, Aventuras de Freud, 134.

Ver, por ejemplo, Beltrán, "La psicoanálisis al servicio de la criminología", Revista de
Criminología, Psiquiatría y Medicina Legal, X (1923), 442-485; Idem, "Sugestión y
delincuencia. Estudio de psicología criminal", Ibíd., X (1923), 70; Idem. "El delirio de
persecusiones y la degeneración mental en los delincuentes", Ibíd., 577; Idem., "La
Psychanalyse en Criminologíe", Revue FranFaíse de Psychanalyse, 4:1 (París 1930-1931),
487-507.

Juan Ramón Beltrán, "La psico-análisis", Revista del Círculo Médico Argentino, II, 1928,
1952-1987. Incluido en Vezzetti, Freud en Buenos Aires, 137-157.

Cesare Lombroso (1836-1909) sostenía que los criminales constituían un subtipo particular
dentro del género humano, que arrastraban vestigios atávicos de etapas de desarrollo
anteriores de la especie. Según su teoría, expuesta fundamentalmente en su libro de 1876
L'Üomo Criminale, los criminales nacían, no se hacían, y podían ser reconocidos a través de
numerosos signos de degeneración mental y física. Su escuela fue muy influyente entre los
criminólogos argentinos de principios de siglo. La teoría de la degeneración fue elaborada a
mediados del siglo XIX por Bénédict Augustine Morel, quien sostenía que una predisposición
para las enfermedades mentales, incluyendo la perversión, podía ser heredada de ancestros
víctimas de alcoholismo, sífilis, epilepsia, enfermedad mental u otros agentes patógenos.
Estos defectos hereditarios eran transmitidos de generación en generación en dosis cada vez
más letales. Eric Carlson, "Medicine and Degeneration: Theory and Practice", en Edward
Chamberlain and Sander Gilman (comps.), Degeneration: The Dark Side of Progress, (New
York: Columbia University Press, 1985), 122.

Juan Ramón Beltrán, "Psicopatología de la duda", La Semana Médica, XXXIX:3 (20 de
enero de 1927), 160-162. Ver también su ya citado "La psicoanálisis al servicio de la
criminología". Sobre su devoción por Lombroso, ver Beltrán, "La tumba de Lombroso". La
Semana Médica, XXXVIA4 (2 de octubre de 1930), 45.

Ver el discurso pronunciado por Beltrán con motivo del "Acto de homenaje organizado por
la Facultad de Filosofía y Letras y la Sociedad de Psicología de Buenos Aires a Ramos Mejía,
Sigmund Freud y Theodule Ribot" el 10 de noviembre de 1939. Reproducido en Anales del
Instituto de Psicología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires,
111 (1941), 594-598.

Una lectura a las minutas de la sociedad sugiere que el nombramiento de socios adherentes
era un medio de obtener dinero para la misma, en un momento en que su situación financiera
no era demasiado sólida. En la misma sesión en que se nombra a Beltrán, se decide aumentar
las cuotas de los socios adherentes. Ver "Séance du 17 mars 1931, Comptes Rendus", en
Revue FranFaise de Psychanalyse, 4:1 (1930-1931).

Las obras completas de Freud estaban disponibles en español desde 1922 gracias a la
traducción de Luis López Ballesteros, Sigmund Freud, Obras Completas, (Madrid:
Bibilioteca Nueva, 1922-1934), 17 volúmenes.

Enrique Mouchet, "Significación del psicoanálisis", Humanidades, XII, (1926), 405-411,
reproducido en Vezzetti, Freud en Buenos Aires, 131-136.

Mariano Plotkin, "Freud, Politics, and the `Porteños'."

Los tres médicos mencionados mantuvieron en algún momento correspondencia directa con
Freud. Pizarro Crespo además escribió en 1935 a Ernest Jones, entonces presidente de la
Asociación Psicoanalítica Internacional, buscando contactos con la misma. Bermann visitó a
Freud en Viena en 1930.

Ver, por ejemplo, Américo Foradori, "La Psicología en la República Argentina", Anales del
Instituto de Psicología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires,
Tomo 1 (Buenos Aires, 1935), 299-411. Sobre la evolución de la psiquiatría en la Argentina,
ver Hugo Vezzetti, La locura en la Argentina, (Buenos Aires: Folios, 1983); Osvaldo Loudet y
Osvaldo Elías Loudet, Historia de la psiquiatría argentina, (Buenos Aires: Troquel, 1971);
Antonio Guerrino, La psiquiatría argentina, (Buenos Aires: Cuatro, 1982); Eduardo Balbo,
"Argentinian Alienism from 1852-1918", History of Psychiatry, 2: 6 (London, June 1991),
181-192.

Un ejemplo claro de este fenómeno fue la publicación, en 1900, del libro Ariel, por el autor
uruguayo Enrique Rodó, que tendría gran influencia en América Latina.

Sobre el "krausismo", ver Arturo Andrés Roig, Los krausistas argentinos, (Puebla: José
Cajica, 1969).

Sobre el positivismo en Argentina, ver Hugo Biagini (comp.), El movimiento positivista
argentino, (Buenos Aires: Editorial de Belgrano, 1985); Ricaurte Soler, El positivismo
argentino, (Buenos Aires: Paidós, 1968); Oscar Terán, Positivismo y. nación en la Argentina,
(Buenos Aires: Puntosur, 1987). Sobre la crisis del positivismo, ver Charles Hale, "Political
and Social Ideas", en Leslie Bethell (comp.), Latin América. Economy and Society, 1870-1930,
(Cambridge: Cambridge University Press, 1989), 274-275; Jorge Dotti, La letra gótica.
Recepción de Kant en Argentina desde el romanticismo hasta el treinta, (Buenos Aires:
Facultad de Filosofia y Letras, 1992), 72-73; Oscar Terán, En busca de la ideología argentina,
(Buenos Aires: Catálogos editora, 1986), capítulo 8: "La libertad tolerante de Alejandro
Korn". Para la constitución del "campo literario", ver Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo,
"La Argentina del Centenario: Campo intelectual, vida literaria, temas ideológicos", en
Altamirano y Sarlo, Ensayos argentinos. De Sarmiento a la vanguardia, (Buenos Aires: Centro
Editor de América Latina, 1983). Sobre el impacto de la inmigración, ver Tulio Halperin
Donghi, "Para qué la inmigración. Ideología y política inmigratoria en la Argentina (1810-
1914)", en su El espejo de la historia. Problemas argentinos y perspectivas hispanoamericanas,
(Buenos Aires: Sudamericana, 1987), 139-238.

Coroliano Alberini, quien dictó el segundo curso de psicología en la Facultad de Filosofia y
Letras durante casi veinte años, fue uno de los representantes de la "reacción anti-
positivista".

Christofredo Jackob, "Problemas actuales de la psiquiatría general y sus relaciones con las
ciencias sociales", Revista de Criminología, Psiquiatría y Medicina Legal, 4 (1917), 7 y ss.

Nerio Rojas, "La histeria después de Charcot", Revista de Criminología, Psiquiatría y
Medicina Legal, XII (1925), 458. En 1930 Rojas visitó y entrevistó a Freud en Viena y publicó
sus impresiones en La Nación (ver nota 9). Freud registró la visita (y también la de Gregorio
Bermann ese mismo año) en su diario. Ver The Diary of Sigmund Freud, 1929-1939. A Record
of the Final Decade, (New York, Oxford, Singapore, Sydney: Maxwell Macmillan
International, 1992), 57, 60.

Foradori, "La Psicología en la República Argentina", 318. Algunos miembros de la sociedad
habían expresado una fuerte simpatía por el psicoanálisis. Tales son los casos de Gregorio
Bermann, Beltrán, Federico Aberastury, Alejandro Raitzin y otros.

Después de 1943 la Asociación Psicoanalítica tuvo su propio órgano oficial, la Revista de
Psicoanálisis.

Ver, por ejemplo, Rómulo Cabrera, "Los precursores de Freud", El Hogar, 709, (Mayo 15,
1926); "El desarrollo de la psicología", El Hogar, 815, (Mayo 29, 1925). El material de
Jornada fue recolectado por Valeria Torre. Quiero expresar mi gratitud hacia ella y hacia su
supervisor, Hugo Vezzetti, por haberme facilitado acceso a este material inédito. Sobre
Crítica, ver Helvio Botana, Memorias tras los dientes del perro, (Buenos Aires: Mena Lillo,
1985),

Ver Plotkin, "Freud, Politics and the `Porteños'."

Ver Dr. J. Gomez Nerea, Freud al alcance de todos, (Buenos Aires: Tor, 1935-1946), diez
volúmenes. Esta obra fue analizada por Vezzetti, Las aventuras de Freud, capítulos 2 y 4. Ver
también la obra del autor socialista Elías Castelnuovo, Psicoanálisis sexual y psicoanálisis
social, (Buenos Aires: Editorial Claridad, 1938).

Ver, por ejemplo, Jorge Thénon, "Alfredo Adler (1870-1937): Las proyecciones de su teoría
en la psiquiatría moderna", Cursos y Conferencias, año VI, Vol. XI, n° 1 (abril 1937), 69-83.
Durante 1939 se dictaron cursos y se dieron conferencias en el Colegio en homenaje a Freud.
Bela Szekely dio un curso sobre Freud, Thénon sobre "Freud y su influencia en la psiquiatría
contemporánea", Angel Battistessa sobre "Las teorías de Freud en la literatura y en la crítica
contemporánea". El curso de Thénon fue publicado en Cursos y Conferencias, año IX, vol.
XVII, n4 1 (abril 1940), 65-73. Ver también Angel Garma, "Psicoanálisis e interpretación de
los sueños" (Conferencia pronunciada en el marco del curso de "Iniciación al Picoanáfsis"
en el Colegio Libre de Estudios Superiores, en agosto de 1941), reproducido en Revista de
Psiquiatría y Criminología, VII: 38 (julio-agosto de 1942), 225-240. Cursos y Conferencias era
el órgano oficial del Colegio Libre de Estudios Superiores.

Foradori, "La psicología en la República Argentina", 332.

Las obras incluidas en la bibliografía del curso de Beltrán eran: de Freud, Introducción a la
(sic.) Psicoanálisis, Psicología de las masas y análisis del yo, Psicopatología de la vida cotidiana,
El chiste y su relación con lo inconsciente. Además se incluía el libro de Enrico Morselli, La
psicoanalisi; Oskar Pfister, La psychanalyse au service des educateurs y el libro del propio
Beltrán, La psicoanálisis. En ningún caso se citan ediciones. Es de destacar que Beltrán,
siguiendo los usos del idioma francés, usaba el sustantivo "psicoanálisis" en femenino.

Balán, Cuéntame tu vida, capítulo 4.

La ridiculización del existencialismo puede ser seguida sobre todo a través de las páginas de
revistas como Mundo Peronista.

Sobre Arminda Aberastury, ver Silvia Inés Fendrik, Desventuras del psicoanálisis. Donald
WinnicottIArminda AberasturyITelma Reca, (Buenos Aires: Ariel, 1993), capítulo 1.

Rubén Ardila, "La psicología en Argentina".

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