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| VOLUMEN 8 - Nº 2 |
| JULIO - DICIEMBRE 1997 |
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Las bases sociales y politicas del
apoyo a la Unidad
Revolucionaria Nacional Guatemalteca
JOAN FONT FÁBREGAS*
Universitat Autónoma de Barcelona
El debate en torno a las causas de los apoyos recibidos por los movimientos
revolucionarios centroamericanos ha dado lugar a una extensa producción
que, a su vez, ha contribuido a enriquecer la discusión comparativa sobre las
causas de los procesos revolucionarios. Las causas de las revueltas
centroamericanas, exitosas o no en sus objetivos, han sido un tema que
cualquier monografía sobre la zona abordaba de manera más o menos
explícita. Por ello, como tema principal o como apartado imprescindible, esta
cuestión ha provocado abundantes respuestas, que han puesto distintos
énfasis en factores socio-económicos, políticos o internacionales.
Esta literatura ha sido también muy diversa en el enfoque y metodología
utilizados: aproximaciones socio-históricas, trabajos cuantitativos a partir de
indicadores socio-económicos, análisis basados en las declaraciones de los
principales actores o de documentación internacional, etc. Sin embargo, son
escasos los trabajos que han tratado de abordar el tema desde las
declaraciones de los propios ciudadanos y más aún desde un tratamiento
cuantitativo de las respuestas a encuestas de opinión. El objetivo de este
estudio es precisamente hacer una contribución en esa línea, a partir del caso
guatemalteco. Es decir, utilizar el examen de los perfiles sociales y políticos de
las personas que ven positivamente a la guerrilla guatemalteca para contribuir
al debate sobre las causas del apoyo con que cuenta este movimiento.
La utilización de este tipo de datos y de metodología no supone
considerarlos más concluyentes que los aportados desde otros enfoques.
Aunque en última instancia sean los individuos quienes deciden unirse o no,
apoyar, boicotear, financiar o aborrecer a un movimiento guerrillero, el uso
de datos de encuesta con estos objetivos tiene múltiples limitaciones que no es
preciso detallar aquí. Además, las hipótesis que aquí se analizan provienen
precisamente de trabajos realizados a partir de cualquier otro de los métodos
ya citados, por lo que se trata de reforzar o discutir ideas ya clásicas, con
algunas evidencias adicionales obtenidas desde una aproximación escasa-
mente utilizada para este fin.
Además de realizar una descripción de quiénes son y cómo piensan las
personas que ven positivamente al movimiento guerrillero Unidad Revolu-
cionaria Nacional Guatemalteca (URNG), este trabajo pretende contribuir a
sostener varias ideas sobre cómo y por qué se produce el apoyo a la guerrilla:
en primer lugar, creemos que éste tiene una de sus raíces principales en la
política de represión masiva e indiscriminada que aplicó el ejército a finales de
los setenta y principios de los ochenta; en segundo lugar, el conjunto de
sectores que pasará a enfrentarse al régimen establecido será muy
heterogéneo y no se corresponderá con un grupo étnico y social concreto,
sino que encontrará apoyos entre el conjunto de lo que se ha llamado
"sectores populares", es decir, un amplio abanico de grupos sociales que
abarca desde algunos socio-económicos completamente excluidos hasta otros
de la clase media.
Para ello, dividiremos este trabajo en dos grandes bloques. En el primero,
sintetizaremos el origen de la guerrilla guatemalteca, presentaremos los
argumentos de las principales escuelas sobre causas de los movimientos
revolucionarios y apuntaremos en qué medida estas explicaciones son válidas
para el caso guatemalteco. En el segundo, veremos hasta dónde el análisis de
los datos de una encuesta de opinión a una muestra de 978 guatemaltecos,
realizada en 1995, nos permite reforzar las hipótesis ya citadas y nos fuerza a
matizar otras.
Las causas del apoyo a la guerrilla guatemalteca
Guatemala vivió un breve período democrático entre 1944 y 1954. En el
contexto de la colaboración antifascista internacional, el gobierno del
Dictador Ubico cae y abre camino a una década democrática en la que
serán elegidos dos presidentes de carácter progresista que emprenderán
algunas reformas sociales significativas. Los intereses económicos internos y
externos que se ven afectados por este programa reformista, así como el
nuevo contexto internacional de guerra fría, darán lugar a un golpe de estado
que en 1954 inaugura un largo período de gobiernos autoritarios.
En los primeros años tras el golpe, los intentos de resistencia política serán
reprimidos y no será hasta 1960 que, como resultado de un golpe militar
fallido, aparecerán los primeros núcleos guerrilleros.1 Compuestos inicial-
mente por militares y estudiantes ladinos, 2 tratarán de establecerse en la zona
oriental del país, donde la población ladina es mayoritaria. Aunque la
guerrilla tendrá cierto crecimiento a lo largo de los años sesenta, sufrirá una
severa derrota militar al foral de la década. Los años setenta darán lugar a
una lenta recomposición del movimiento, asentado ahora principalmente en
las zonas indígenas del altiplano occidental.
La dinámica de enfrentamientos aislados entre guerrilla y ejército empieza a
cambiar a finales de la década: la guerrilla, animada por el triunfo
nicaragÜense, incrementa su actividad, a la vez que el ejército empieza a
aplicar una política de represión masiva contra la población civil que vive en
las zonas de presencia guerrillera. La aplicación de la llamada "política de
tierra arrasada" supondrá la desaparición de decenas de aldeas y un número
de muertos y desaparecidos que se cuenta por decenas de miles, así como la
existencia de cientos de miles de personas desplazadas por la violencia. Es un
período de represión indiscriminada que despuebla completamente impor-
tantes zonas rurales del país y fuerza a aquellos que consiguen salvarse a
buscar una nueva residencia, trasladándose a los suburbios de la capital, a los
campos de refugiados de México, a los emplazamientos para desplazados del
ejército o a las montañas donde se refugiaba la guerrilla. En muchos casos, la
opción no se basó tanto en afinidades ideológicas como en opciones afectivas
o estratégicas.3
El enfrentamiento finalizará con una clara victoria militar del ejército y la
guerrilla nunca recuperará las expectativas de victoria militar que llegó a
tener en algún momento. Sin embargo, y sin que su fuerza numérica haya
incrementado de forma espectacular, la guerrilla vuelve a recobrar fuerza
militar y sobre todo protagonismo político a partir del establecimiento de una
presidencia civil a finales de 1985 (Jonas, 1994). Su propia recomposición
político-militar, la opción prioritaria por la negociación con los nuevos
gobiernos, un escenario internacional pacificador y la presión ejercida por la
reemergente sociedad civil permitirán a la guerrilla recuperar un considerable
protagonismo en la vida política del país (Font y Gomá, 1996). Aunque sus
efectivos militares sean reducidos y buena parte de sus apoyos civiles sigan
repartidos entre el exilio y la clandestinidad, una opción política izquierdista e
identificada con muchos de los objetivos de la guerrilla (Frente Democrático
Nueva Guatemala, FDNG) se presentó por primera vez a las elecciones en
1995 y obtuvo el 8% de los votos.
¿Cuáles son las grandes causas a las que la investigación previa ha atribuido
los apoyos a los movimientos revolucionarios centroamericanos? Antes de
pasar a su discusión, quizás sea preciso hacer alguna aclaración previa sobre
el objeto de estudio para reforzar la verosimilitud de la opción metodológica
adoptada. Lo que pretendemos explicar aquí son actitudes políticas de
simpatía hacia el movimiento guerrillero. No se trata, por tanto, de otros objetos de estudio que aparecen en la literatura y que exigirían aproximaciones diferentes. No se pretende explicar las causas que llevaron a los
integrantes de la guerrilla a incorporarse al movimiento, pues como
apuntábamos anteriormente, esta decisión pudo deberse tanto a dónde
estaba uno/a, como a qué visión del mundo tenía. Mucho menos se pretende
entender ni generalizar las conclusiones de este trabajo a los fundadores del
movimiento, para los cuales sin duda fueron mucho más importantes los
razonamientos ideológicos. 4 El objetivo es entender por qué hoy hay sectores
de la sociedad guatemalteca que muestran valoraciones más positivas que
otros respecto al papel de la URNG en la vida política del país.
Las explicaciones sobre los movimientos revolucionarios centroamericanos
pueden dividirse de manera muy simplista en tres grandes grupos, que
podríamos bautizar como factores internacionales, socio-económicos y
políticos. Protagonistas de distinto signo y académicos han coincidido en
señalar el enfrentamiento Este-Oeste, las desigualdades sociales y la falta de
pluralismo político como las causas principales de los apoyos recibidos por
los revolucionarios centroamericanos, habiéndose generado un amplio debate
sobre cuál de estos factores era el principal y cuál era su importancia y
carácter específico. 5
La primera de las hipótesis planteadas (el factor internacional) no puede ser
discutida aquí porque los datos no lo permiten, pero pensamos que tanto los
hechos como las investigaciones anteriores han demostrado concluyentemente que su capacidad explicativa era, cuando menos, limitada y desigual
según los casos. Aunque sin duda la guerra fría fue importante para entender
algunas características de los conflictos y su fin ha facilitado la disminución
de la polarización política en la zona, la importancia de las causas endógenas
a la realidad centroamericana parece claro. Aún en los casos en que las
ayudas militares externas fueron significativas o allí donde las ideologías
subyacentes al conflicto ejercieron una atracción importante sobre las élites
de uno u otro bando, si lo que queremos es explicar el apoyo popular a los
movimientos revolucionarios, los factores externos parecen una explicación
poco plausible. Por lo tanto, en el resto del trabajo nos concentraremos en las
otras dos hipótesis.
Los factores socio-económicos han sido repetidamente señalados como los
principales causantes del conflicto centroamericano. Tanto los portavoces
de los movimientos revolucionarios, como abundantes académicos e
incluso algunos portavoces gubernamentales 6 han abonado y desarrollado
distintas explicaciones en esta línea. Aunque a nivel comparado sea preciso
distinguir entre las explicaciones basadas en el nivel de desarrollo
económico, en los cambios en dicho nivel de desarrollo y en las basadas
en la desigualdad social (Zimmerman, 1980), aquí incluiremos las tres,
dada su estrecha relación en los casos centroamericanos. Muller y Seligson
(1987) o Brockett (1989) han apuntado la importancia explicativa de la
desigualdad socio-económica global (y no sólo de la distribución concreta
de la propiedad agraria): a mayor desigualdad, mayores índices de
violencia política. Paige ha sido también uno de los grandes defensores
de las variables de clase, tanto en perspectiva comparada (1975), como en
el caso centroamericano, donde atribuye la revolución nicaragÜense al peso
del proletariado informal en el país (1989). El crecimiento de los
movimientos insurgentes en los setenta ha sido también atribuido a los
cambios producidos por la modernización económica del período del
Mercado Común Centroamericano, 7 en la línea de lo que señalara B.
Moore a nivel comparado. Para el caso guatemalteco es preciso señalar
también la interpretación de Smith (1990), que entiende la historia del país
como un enfrentamiento constante entre la población indígena y el Estado.
Entre los factores políticos sería preciso distinguir, al menos, entre dos
grandes corrientes. En primer lugar, aquellos que atribuyen la expansión de
los movimientos revolucionarios a la inexistencia de espacios políticos
democráticos, lo cual habría forzado a los movimientos opositores a optar
por la violencia como estrategia política (Coleman y Herring, 1992). En
segundo lugar, se ha atribuido una importancia decisiva a la utilización
gubernamental de la represión y, en el caso guatemalteco, de la represión
indiscriminada a finales de los años setenta. Esta estrategia daría lugar a la
polarización de la población y de las oposiciones (Leogrande, 1990), pues
fuerza a los neutrales a tomar partido (Mason, 1990). El citado trabajo de
Muller y Seligson (1987) mostraba a nivel comparado cómo las cifras de
represión se convertían en el principal predictor de la violencia política.
Aunque ambas sean explicaciones independientes, pues podemos encontrar
casos de represión generalizada en regímenes más y menos democráticos, en el
caso guatemalteco y a los efectos de esta investigación, el refuerzo del carácter
autoritario del Estado guatemalteco (militarización, fraude electoral abierto)
y la opción por la represión generalizada pueden ser considerados como parte
de una misma opción política, con resultados muy importantes pero dificiles
de distinguir entre sí en la sociedad guatemalteca.
Análisis y resultados
¿Qué información nos aportan los datos de la encuesta para discutir sobre
la importancia de estos factores? El análisis de los datos a la luz de las teorías
examinadas será el objetivo de las siguientes páginas. Empezaremos con
algunas consideraciones técnicas sobre la encuesta y las implicaciones que
éstas tienen para la estrategia de análisis y a continuación confrontaremos las
dos grandes hipótesis del apartado anterior con los resultados de una serie de
preguntas sobre la imagen de la URNG.
a) Algunas precisiones sobre los datos
Los datos que ilustran esta sección provienen de una encuesta de opinión 8
realizada durante el mes de julio de 1995, entre una muestra representativa de
la población guatemalteca mayor de 16 años que vive en las cabeceras
municipales del país. 9 La muestra incluye 978 entrevistas y fue diseñada a
partir de una estratificación de los departamentos del país por características
sociales y políticas y, posteriormente, por selección aleatoria de municipios
entre estratos definidos por tamaño de hábitat. En los municipios, los
entrevistados fueron elegidos por el método de rutas aleatorias y cumpliendo
cuotas de edad y sexo.10 Las negativas a responder, concentradas como es
habitual entre los sectores con menores niveles educativos, dan lugar a una
selección de casos con mayor educación formal y mayores recursos que la
población objeto de estudio.11
El recurso a las encuestas de opinión está experimentando un importante
crecimiento en Centroamérica. Su uso habitual en Costa Rica se extendió en
la segunda mitad de los ochenta a El Salvador, en torno a las elecciones de
1990 a Nicaragua, y ahora también a Guatemala. Con ello se van
convirtiendo, como es habitual en otros contextos, en instrumento de
conocimiento y en arma política. Tanto su uso potencial como instrumento
político en situaciones muy delicadas, como consideraciones de tipo
metodológico nos llevarán a un uso muy cauto de los datos, basado
fundamentalmente en las diferentes opiniones que muestran distintos sectores
sociales, más que en el reflejo de una pretendida opinión pública.
Todas las encuestas reflejan en sus resultados globales efectos derivados del
texto de la pregunta, las categorías de respuesta, los temas tratados en las
preguntas previas, el efecto de las convenciones sociales en el trato
entrevistador/entrevistado, etc. Por ello, son muy distintos los tratamientos
que dan generalmente a las encuestas los medios de comunicación, que
insisten fundamentalmente en sus resultados globales, frente al que les dan los
científicos sociales, que centran casi todo su análisis en las diferencias
obtenidas entre distintos grupos sociales o entre distintos puntos en el tiempo,
dada la dificultad de analizar en términos sustantivos el significado concreto a
la respuesta a determinada pregunta.
A este razonamiento universal debemos añadir las características concretas
del contexto: las dificultades de implementación de la encuesta 12 y sobre todo
la continuación de cierta atmósfera de terror, creada por la persistencia de
ámbitos de militarización y de violaciones a los derechos humanos, que
obstaculiza la sinceridad de los entrevistados/as y lleva a relativizar más los
resultados brutos de la encuesta. Si a ello añadimos su potencial impacto
político, en un país donde no está en juego un resultado electoral sino un
proceso de paz, quedará aún más clara la opción de analizar los datos que
realmente nos ofrecen información fiable, aquellos que comparan las
respuestas a una misma pregunta por distintos grupos. 13
La encuesta incluía, entre otras preguntas, una batería de afirmaciones
sobre distintos actores políticos, incluyendo a la URNG. Entre estas
preguntas y tras una serie de análisis preliminares se observó que una parecía
capturar mejor que las demás el grado de simpatía por la organización: la
respuesta afirmativa a "Defienden los intereses de gente como Vd.". 14 Por
tanto, cuando no se diga lo contrario, estaremos utilizando esta pregunta
como indicador de una actitud positiva hacia esta organización.
Cuando preguntamos a los/as guatemaltecos/as por algunas características
de sus principales actores políticos, nos encontramos siempre con cierto
rechazo a responder. Aunque la URNG es quien más provoca la omisión de
respuesta (un 35% de media), quizás el elemento más destacado son las
escasas diferencias que aparecen. Que los actores directamente envueltos en el
conflicto militar (URNG y ejército), que pueden atemorizar a distintos
sectores o sencillamente provocar mayor susceptibilidad a la hora de
responder con sinceridad sobre ellos, generen sólo alrededor de un 5% más
de omisión de respuesta que los partidos políticos o el movimiento popular es
probablemente un buen síntoma de que este rechazo a responder se basa más
en un deseo general de no comprometerse, o incluso en la dificultad que el
formato de la pregunta implicaba para algunos sectores, que en una
generalizada cultura del miedo hacia los actores armados. 15
Del conjunto de estas frases evaluativas se desprende una imagen
eminentemente negativa de todos los actores políticos considerados: para
todas las frases y actores son siempre más los/as guatemaltecos/as que eligen
la opción negativa y no la positiva, con dos únicas excepciones muy ajustadas:
el grado de representatividad del movimiento popular y el grado de
preparación del ejército, donde aquellos que los evalúan positivamente son
ligeramente superiores.
Sin embargo, es importante hacer una precisión: las evaluaciones entre
preguntas para todos los actores restantes varían más que para la URNG y
además en todos los casos siguiendo lo que nos dicta el sentido común: el
ejército destaca como preparado, los partidos como egoístas y el movimiento
popular como representativo. Las respuestas favorables a la URNG, en
cambio, casi no cambian entre preguntas, lo cual permite una doble
interpretación: o bien se trata de respuestas muy enraizadas en un síndrome
político profundo, es decir, no se está evaluando cada una de sus
características reales sino expresando un apoyo o rechazo global previamente
construido o, por el contrario, se trata de respuestas muy genéricas y poco
asentadas, basadas precisamente en el desconocimiento del actor. En realidad
ambas interpretaciones no son plenamente excluyentes: puede existir la
valoración general de apoyo o rechazo, pero estar basada en apriorismos con
muy poca base informativa que no permiten distinguir entre distintos
aspectos del perfil, como sí se hace con aquellos actores con quienes se tiene
un contacto más estrecho, sea a través de la cotidianeidad o de los medios de
comunicación.
b) Las bases sociológicas del apoyo
¿Existen unas bases sociales del apoyo a la URNG con unos perfiles
sociológicos claramente diferenciados? La respuesta es que parcialmente sí.
Algunas de las variables sociológicas consideradas no marcan ninguna
diferencia entre partidarios y detractores de la URNG, mientras que la clase
social o algunos niveles de estudios sí establecen pautas significativas. El
análisis de éste y el próximo apartado se basa principalmente en la pregunta
ya citada sobre la URNG como organización representativa. Para evitar el
efecto de los desiguales porcentajes de omisión de respuesta, utilizamos un
indicador de simpatía, resultado de dividir a aquellas personas que se sienten
representadas por la URNG por aquellas que responden negativamente a la
pregunta.
El sexo y la religión son dos de las variables que no parecen distinguir en
absoluto entre críticos y defensores de la URNG. Mientras que la primera era
absolutamente esperable, la segunda choca con algunos análisis que
asociaban el crecimiento de los grupos evangélicos con los posicionamientos
políticos más conservadores. Los datos reforzarían más bien otras posturas
que hablan de una pluralidad mucho mayor de estos grupos, entre los que se
encuentran desde el ex-dictador Ríos Montt hasta un activista del FDNG
asesinado en la campaña electoral de 1995. Entre la población que se
identifica como protestante o evangélica encontramos un grado de apoyo a la
URNG similar al que hay entre católicos o no creyentes. Con todo, una
amplia mayoría de los simpatizantes seguiría siendo católica. 16 Sí existen
algunas diferencias interesantes, tanto entre católicos como entre grupos
evangélicos, según el grado de práctica religiosa, pues entre los seguidores de
ambas religiones el apoyo a la URNG es mayor entre los sectores con menor
práctica religiosa (cuadro 1).
Dadas las características de la muestra, se hace difícil hacer un análisis
territorial pormenorizado y éste puede resultar de mayor interés a partir de
otras fuentes y tipos de datos. Sin embargo, pueden hacerse algunos
comentarios basados en este criterio. Si distinguimos entre el altiplano (la
zona donde se ha concentrado la mayor actividad guerrillera en los últimos
años y que presenta también los mayores índices de población indígena y de
exclusión social) y el resto del país, no aparece ninguna diferencia
apreciable. 17
Cuadro 1. Indice de simpatía por la URNG por religión y práctica religiosa
| Indice de apoyo | (n) |
| Católicos |   | 0,36 | (661) |
|       Poco practicantes | 0,40 |   | (319) |
|       practicantes regulares | 0,33 |   | (339) |
| Protestantes/Evangélicos |   | 0,38 | (217) |
|       Poco practicantes | 0,45 |   | (148) |
|       Practicantes regulares | 0,34 |   | (148) |
| No creyentes |   | 0,33 | (71) |
Por departamentos, los resultados más espectaculares se producen
precisamente donde el número de entrevistas es menor y por tanto el margen
de error más amplio: entre los departamentos trabajados, el mayor porcentaje
de simpatizantes aparece en Escuintla (único departamento donde las
valoraciones positivas superan a las negativas) y el menor en Santa Rosa.
En los departamentos con muestras mayores las diferencias se reducen,
oscilando entre un índice de apoyo 0,29 en Guatemala y un 0,44 en Sololá.18
Finalmente, y aunque resulte dificil sacar conclusiones sustantivas de ello, son
apreciables las diferencias que aparecen por tamaño del municipio,
concentrándose los principales niveles de apoyo en los de tamaño intermedio
(de 30.000 a 100.000 habitantes).
También aparecen ciertas diferencias respecto a las variables asociadas a la
etnicidad, significativas dada la importancia explicativa que algunos han
atribuido a este factor. Pero lo más interesante es que éstas se producen en
mucha mayor medida con los componentes subjetivos de la etnicidad que con
los objetivos. Así, las valoraciones positivas de la URNG entre las personas
que hablan algún idioma indígena son prácticamente iguales a las que
encontramos entre los que no lo hablan (0,36 y 0,35, respectivamente). Sin
embargo, entre dos grupos definidos a partir de su autoidentificación étnica sí
aparecen diferencias muy considerables: los que se consideran a sí mismos
"mayas"19 (0,52) y los que se niegan a identificarse en términos étnicos 20
(0,78) presentan niveles de apoyo mucho mayores a la URNG.21 Con todo,
en nuestra muestra (donde hay más ladinos que en la población guatemalteca)
casi un 45% de los que valoran bien a la URNG se identifican como ladinos,
un 33% como indígenas y otro 14% como mayas, lo cual apunta a una base
social plural en términos étnicos, pero en la que la vivencia de la etnicidad a
partir de determinada visión política lleva a reivindicar la categoría "maya"
más allá de su uso cotidiano en Guatemala, o a rechazar la división étnica de
la sociedad por parte de sectores de población ladina concienciada.
Finalmente, son las variables con mayor contenido socio-económico las que
más parecen discriminar en apoyo a la URNG, aunque sólo en uno de sus
extremos: las simpatías por la guerrilla son especialmente débiles entre las
personas de clase alta 22 (0,23) y con estudios universitarios (0,16), mientras
que se reparten de manera considerablemente uniforme entre grupos medios y
populares (medidos en términos de clase o de educación). Es decir, la URNG
encuentra simpatías entre un amplio abanico de clases sociales, que va desde
los sectores más, desposeídos hasta clases medias, y sus niveles de apoyo sólo
descienden drásticamente entre los sectores más privilegiados de Guatemala,
a los que tradicionalmente se ha enfrentado.
En conclusión, aunque en general hay que afirmar que los perfiles sociales
de los simpatizantes de la URNG están poco marcados y que, por tanto, ésta
cuenta con un apoyo bastante plural, cabe distinguir algunos sectores donde
cuenta con mayores simpatías (identificaciones mayas) o con rechazos
especialmente marcados (clase alta).
  c) Las bases político-ideológicas del apoyo
En este apartado querríamos analizar tres aspectos que podrían tener una
relación potencial con la valoración de la URNG y que sin embargo
mantendrán relaciones muy desiguales con la misma: la percepción general de
la realidad guatemalteca, la visión del panorama partidario-electoral y el
impacto de la violencia.
En situaciones políticas democráticas las simpatías políticas acostumbran a
tener una estrecha relación con determinada visión de la realidad. Los
simpatizantes de una fuerza política comparten, al menos en cierta medida,
prioridades, juicios de valor sobre responsabilidades políticas o percepciones
más o menos optimistas de la realidad. Nada de esto parece ocurrir entre los
simpatizantes de la URNG: comparten con los demás guatemaltecos la
misma visión muy negativa de la situación política y económica, prioridades
políticas muy similares a las del conjunto de la población 23 y una valoración
similar de quiénes son los principales responsables de la situación económica
y de violencia, aunque en este último aspecto destaque una mayor
responsabilización del ejército (20% entre los "simpatizantes", 11% entre
los que no se identifican con la URNG).
¿A qué se debe esta falta de diferenciación actitudinal de los admiradores de
la URNG? Es posible encontrar dos grandes explicaciones que, seguramente,
son complementarias. La primera sería que es imposible distinguir a los pro-
URNG porque el conjunto de la sociedad tiene las actitudes que serían
propias de este sector. Es decir, no se trata de que ellos sean anormalmente
benévolos en su percepción de la realidad guatemalteca, sino de que el
conjunto de la población tiene actitudes propias de simpatizantes revolucio-
narios: valoran la situación política y económica negativamente, quieren
cambios profundos, responsabilizan al gobierno, al ejército o a los ricos de los
principales problemas del país, etc. La segunda explicación consiste en que la
relativa consistencia actitudinal habitual, entre cómo determinado grupo
político percibe la realidad y cómo lo hacen sus bases, se construye en buena
medida a través de la comunicación directa y de los medios de comunicación
que se establecen entre unos y otros. 24 Que las condiciones políticas de
Guatemala no hayan permitido esta comunicación regularmente contribuye a
entender algunas inconsistencias actitudinales que hemos visto y que vamos a
seguir encontrando.
Quizás la única excepción a esta aparente falta de consistencia consista en la
relativa identificación con las valoraciones positivas del movimiento popular:
mientras que aquéllos que consideran a la URNG representativa hacen
también la misma valoración del movimiento popular en proporción de 2 a 1
(o sea, un índice de apoyo 0,53), entre los que no se identifican con la URNG
existe una amplia mayoría que tampoco lo hace con el movimiento popular
(0,21). En la línea de lo que apuntábamos anteriormente, el proceso de
reconstrucción del movimiento popular a finales de los ochenta parece
haberse convertido en un mecanismo básico de reconstrucción de una base
social progresista. A pesar de la absoluta autonomía que ha existido en el
último período entre organizaciones populares y guerrilleras, sus bases
parecen percibir la notable coincidencia entre muchos de sus planteamientos.
Tampoco la percepción del escenario electoral permite diferenciar mucho a
los sectores que mejor ven a la URNG. De hecho, las preferencias electorales
para 1995 eran especialmente confusas en su relación con la percepción de la
URNG,25 lo cual se explica probablemente por lo provisionales y fragmentarias que éstas eran todavía en el momento de realizarse la
encuesta. 26 Quizás el único dato lógico destacable entre dichas preferencias
sería que aquellos sectores que mostraban un rechazo rotundo a votar por el
recien constituido FDNG mostraban también muy escasas simpatías por la
URNG.27
Los comportamientos electorales declarados para las elecciones legislativas
de 1994 parecen aportar alguna cosa más (cuadro 2): las personas que en
aquella ocasión votaron al FRG o al PAN (los dos partidos más grandes de la
derecha guatemalteca) juzgan especialmente mal a la URNG, mientras que
los votantes de los partidos centristas (DCG/UCN) y los que votaron blanco
o nulo realizan valoraciones más positivas. 28
Finalmente, aparece un factor político que presenta una clara relación con
las simpatías por la URNG, aunque afecte a un sector relativamente reducido
de la población: entre aquellos entrevistados en cuyas familias había muertos
por causas políticas, las valoraciones positivas de la URNG crecían hasta casi
igualar a las negativas (0,82). Aunque en mucha menor medida, también las
personas con familiares muertos por violencia común (0,48) juzgaban mejor a
la URNG que aquellas personas cuyas familias no habían sido afectadas por
la violencia (0,32). Los efectos de la violencia en general y de la represión en
particular aparecen como uno de los claros elementos distintivos de los
apoyos a la URNG. Además, nuestra muestra está subrepresentando de
forma muy marcada el impacto real de la violencia en la sociedad
guatemalteca, en tanto que muchos de los grupos más afectados no se
encontraban representados en la población estudiada,29 por lo que el efecto
real de este factor es mayor que el que los datos pueden apuntar.
Cuadro 2. Indice de simpatía por la URNG por voto en 1994
|   | Indice de apoyo |         (n) |
| FRG | 0,26 |         (63) |
| PAN | 0,19 |         (105) |
| DCG/UCN | 0,54 |         (101) |
| No Votó | 0,35 |         (343) |
| Blanco/Nulo | 0,51 |         (87) |
Análisis final y conclusiones
¿Qué conclusiones podemos sacar del conjunto de estos datos sobre los
factores explicativos del apoyo a la URNG? Para tratar de confirmar lo que
apuntaban los análisis descritos hasta aquí, se han realizado algunos análisis
de regresión utilizando como variable dependiente la simpatías hacia la
URNG. Básicamente, los resultados han venido a confirmar las conclusiones
ya expuestas. Las variables que regularmente presentaban coeficientes
significativos eran la clase social, el apoyo al movimiento popular y la
existencia de muertes violentas en la familia, mientras que los intentos de
introducir otras variables que pudieran resultar explicativas (estudios, zona,
religión o variables asociadas a la etnicidad)30 produjeron coeficientes
inconstantes o no significativos.
Volviendo a las explicaciones del apoyo a los movimientos revolucionarios
y a partir de todos los datos analizados, parece posible afirmar que la
distribución social de los apoyos a la URNG puede explicarse parcialmente a
partir de la combinación de tres factores:
-
Clase social: la desigualdad socio-económica estaría, efectivamente,
entre las bases explicativas de la opción por la revuelta. Pero, a
diferencia de lo que muchos trabajos han sugerido, no se trata tanto de
la postura muy mayoritaria de los sectores muy desposeídos, sino de una
opción que cuenta con apoyos bastante plurales en diversos sectores
sociales, excepto en los grupos más privilegiados de la sociedad
guatemalteca. No es la revuelta de los más excluidos, sino una respuesta
que encuentra eco en un amplio abanico de sectores que podríamos
llamar "populares", que van desde los campesinos sin tierra del altiplano
hasta jóvenes urbanos. Por el contrario, y aunque el rol de la etnicidad
deba ser explorado con mayor profundidad, no parece tratarse en
absoluto de una opción explicable prioritariamente en términos étnicos.
-
La represión, en su versión más extrema como son las muertes fruto de
la violencia, aparece como otra de las causas fundamentales que explica
las simpatías hacia el movimiento guerrillero. Aunque pueda tratarse de
una explicación no completamente generalizable, uno de cada cuatro
simpatizantes de la URNG en la encuesta tiene familiares muertos de
forma violenta. Si pensamos que en la realidad esa cifra es seguramente
mayor y que el impacto de la violencia no se limita a los familiares sino
que se extiende a amigos o vecinos, parece claro que ésta es una causa
fundamental. Sea como opción de respuesta o venganza a la violencia
recibida, o como resultado de la necesidad de tomar partido al
encontrarse entre dos fuegos, la opción por la represión masiva y por
reforzar el carácter autoritario del régimen político guatemalteco
contribuyó a aumentar los apoyos a la guerrilla.
-
Los dos factores antes citados nos dejan aún muchos casos por explicar:
entre ese amplio abanico de grupos sociales hay otras personas no
afectadas por la violencia que también muestran ciertas simpatías con la
URNG. La coincidencia entre estos apoyos y los expresados por el
movimiento popular hacen pensar en factores ideológicos, no necesa-
riamente enraizados en causas objetivas, que provocarían ese apoyo
simultáneo a la URNG y al movimiento popular y esa valoración
positiva o negativa en bloque de las cualidades del movimiento
guerrillero. A su vez, no puede descartarse que esta simpatía se deba a
otra de las grandes teorías explicativas de los movimientos revolucio-
narios, la de la movilización (Tilly, 1978). Aunque no sea posible
explorarlo con nuestros datos, quizás estos sectores sean aquéllos con
los que los actores revolucionarios han entrado en contacto y a los que
han convencido, a partir del trabajo político cotidiano, de su legitimidad
como portavoces de alternativas al régimen político.
NOTAS
Esta investigación ha sido desarrollada en el marco de un proyecto de investigación del Grup
d'Estudis Polítics Centramericans, que cuenta con financiación de la CICYT.

Algunas de las causas endógenas del movimiento están bien discutidas en Gramajo (1995).
En Guatemala se conoce como "ladinos" a la población de origen europeo. Aunque muchos
de sus miembros pertenecen a las clases populares, se les asocia a veces de forma simplista con
los grupos dominantes, en tanto que sí existe una coincidencia casi absoluta entre ser indígena
y pertenecer a los sectores más desfavorecidos.
Este proceso se encuentra muy bien documentado para una de las zonas de conflicto más
intenso, el llamado "Triángulo Ixil", en Stoll (1993).
Tal como ha dejado claro la literatura comparada al respecto, que distingue entre
motivaciones de elites, cuadros y bases revolucionarias (Reja¡, 1980).
Obviamente, el panorama teórico real es mucho más rico y complejo que el aquí descrito.
Pero ni el objetivo del trabajo es, prioritariamente, la contribución a enriquecer este debate,
ni hay elementos en los datos disponibles que nos permitan examinar teorías como la
"privación relativa" o la "estructura de oportunidades políticas". Por el contrario, el debate
político sí ha girado en torno a las tres grandes causas aquí tratadas.
Por poner sólo un ejemplo, programas como el guatemalteco "Fusiles y Frijoles" reconocían
explícitamente las bases socio-económicas del enfrentamiento y por ello utilizaban proyectos
de amortiguación de la pobreza como parte de su estrategia contrainsurgente.
La importancia de los cambios de este período está enfatizada en Dunkerley (1988) o Torres-
Rivas (1987). Cardenal (1996) atribuye a los cambios socio-económicos de los años 80 las
mejores condiciones para la consecución dula paz en El Salvador.
El trabajo de campo fue llevado a cabo por estudiantes de ciencias de la comunicación de la
Universidad de San Carlos, previamente formados y bajo la supervisión de varios profesores
como responsables de campo. Las entrevistas fueron preferentemente domiciliarias, pero la
mayor reticencia a conceder entrevistas en las casas llevó a aceptarlas en la calle, aunque
realizadas en condiciones de aislamiento.
Es decir, todos los municipios del país podían entrar en la muestra, pero sólo se entrevistaba
en el casco urbano del municipio y no en las aldeas o entre la población rural dispersa, por lo
que la encuesta no pretende ser representativa de estos sectores, formados fundamentalmente
por población indígena con muy escasos recursos.
Dado que en algunos Departamentos no fue posible realizar todas las entrevistas previstas en
la muestra original, los datos han sido ponderados para reequilibrar el peso que cada estrato
departamental tenía en la muestra teórica.
Por poner un ejemplo, la población sin estudios primarios en la muestra es del 19% y la
universitaria del 9%, porcentajes respectivamente inferior y superior a su peso real.
La exclusión de la población dispersa de la muestra o las dificultades de diseño de la muestra
dada la inexistencia de informaciones censales plenamente fiables, por poner sólo dos
ejemplos.
Compartimos plenamente las opiniones de Bollinger (1992), tanto por lo que respecta al rol
político de las encuestas en Centroamérica, como al deseable énfasis en la complejidad de la
opinión pública de la zona, frente a la opción por ver qué respuestas son númericamente más
importantes en cada momento.
Concretamente, había una batería de 4 preguntas para cada uno de los actores principales
(movimiento popular, partidos políticos, ejército y URNG): una de las preguntas no fue bien
interpretada por muchos entrevistados y fue excluida del análisis. Las otras dos hacían
referencia a aspectos más concretos de la valoración de cada uno de los actores: su
preparación ("están bien preparados") y su egoísmo/honradez ("sólo buscan su propio
provecho") y mostraban una menor relación entre sí y con el conjunto de actitudes de los
entrevistados.
Sin duda, la "cultura del terror" frente al ejército, que tan bien describe Gleijeses (1991), sigue
existiendo en Guatemala y en mayor medida en las zonas de población dispersa no incluidas
en la muestra, donde no llegan las organizaciones de derechos humanos y el ejército es la
única institución realmente existente. Sin embargo, una de las sorpresas en la implementación
de la encuesta fue precisamente el grado de sinceridad en la respuesta a estas preguntas
"sensibles". Aunque, por supuesto, podemos estar casi seguros de que para estos actores hay
algunas respuestas "fabricadas" para no comprometerse o para responder en función de las
expectativas percibidas del entrevistador. Las encuestas salvadoreñas donde se preguntaba
por el FMLN antes de la paz presentaban también índices de no respuesta a esas preguntas
cercanas al 40% (Bollinger, 1992).
Concretamente, nuestros datos hablarían de un 70% de simpatizantes católicos, aunque
probablemente la población católica se encuentra algo sobredimensionada en nuestra
muestra.
Esta aparente paradoja tiene, probablemente, dos explicaciones complementarias, una de
tipo técnico y otra sustantiva. En primer lugar, es probable que alguna población más
vinculada a la URNG no aparezca explícitamente en la encuesta, tanto porque sus zonas de
mayor enraizamiento corresponden a zonas de población aislada no incluidas en la población
objeto de estudio, como porque estos sectores pueden haber sido particularmente reticentes a
declarar sus simpatías por cuestiones de seguridad. En segundo lugar, la zona de actividad de
la guerrilla no ha de coincidir necesariamente con mayor apoyo, como dejó muy claro el
proceso electoral salvadoreño de 1994: los movimientos guerrilleros acostumbran a tener un
núcleo significativo de apoyo entre la población más politizada de las urbes, aunque no
actúen allí, y en sus zonas de actividad su mayor visibilidad puede provocar tanto mayores
apoyos como rechazos más intensos.
Si comparamos, por ejemplo, con el voto al candidato presidencial del FDNG, encontramos
casos de congruencia con nuestros datos (apoyo por encima de la media nacional en Sololá y
por debajo en Santa Rosa) y otros divergentes (nuestro elevado resultado de Escuintla o en
Chiquimula no tiene paralelo en el terreno electoral).
Indígena y Maya son dos conceptos utilizados hoy en Guatemala para hacer referencia a una
misma realidad. El primero era el concepto tradicional, que sigue comportando un contenido
racista cuando es usado por muchos sectores ladinos, mientras que el segundo ha sido
promovido recientemente por muchos grupos indígenas y populares por sus matices más
positivos (Bastos y Camús, 1994), al evocar una de las grandes civilizaciones pre-hispánicas.
Comparados con los sectores que se han identificado como "indígenas", los que lo hicieron
como "mayas" son de clase más alta, con mayores niveles de estudios y sus padres hablan
idiomas indígenas en menor medida que aquellos. Es decir, se trata fundamentalmente de los
sectores que han abanderado la reconstrucción de una identidad étnica en positivo y denota,
por tanto, una mayor politización.
Se realizó una exploración complementaria para profundizar en los significados de esta
opción. La población que no se define en términos étnicos parece ser mayoritariamente de origen ladino y en ella se mezclarían sectores que no responden a la pregunta por la clásica
mezcla de desinterés y falta de información que hay tras muchas omisiones de respuestas, con
una actitud muy "política" de rechazar las categorías étnicas como divisiones artificiales de la sociedad, en la línea tradicional del movimiento popular guatemalteco que centraba su
análisis de la sociedad en categorías de clase y consideraba secundarias las divisiones étnicas (Bastos y Camús, 1992). De hecho, tanto en el pre-test como en la realización de las
entrevistas definitivas, varias personas respondieron a esta pregunta con frases como "nada,
todos somos iguales".
El índice es de un 0,36 entre los que se identifican como indígenas y de un 0,31 entre los que lo
hacen como ladinos.
El indicador de clase social se construyó a partir de diversas preguntas sobre equipamientos
familiares, combinadas con la ocupación del entrevistado.
Quizás las únicas diferencias son que subrayan algo más los problemas políticos y de
corrupción y algo menos las necesidades sociales formuladas en clave no política (educación,
salud). Aunque las diferencias sean pequeñas y sea dificil generalizar, estas distintas
prioridades podrían apuntar, en la misma línea que el argumento principal de este trabajo,
hacia la centralidad de los temas políticos en la explicación del conflicto armado
guatemalteco.
Tampoco la utilización de los medios escritos parece muy diferente entre los sectores pro-
URNG: como entre el resto de los guatemaltecos consultados predominan los lectores de
Prensa Libre, aunque entre estos sectores haya porcentajes algo mayores de no lectores de
prensa, lo cual es lógico dadas las características sociológicas analizadas en el apartado
anterior.
Por ejemplo, las personas que más valoraban como candidato al ex-dictador y enemigo
implacable de la guerrilla, Ríos Montt, mostraban una valoración relativamente buena de la
URNG.
La encuesta se realizó a 4 meses de las elecciones, cuando muchas de las candidaturas aún no
eran oficiales y pocos partidos habían empezado a hacer algún tipo de campaña.
Tras la campaña electoral es muy probable que la valoración de FDNG y URNG mostraran
correlaciones mucho más claras (como hemos visto para el movimiento popular), pero en el
momento de realizar la encuesta el FDNG acababa de formarse y la gran mayoría de la
población desconocía aún su existencia.
La correlación entre las zonas de influencia tradicional de los partidos de centro y el apoyo
electoral actual al FDNG es clara. El voto en blanco era utilizado por sectores de la
izquierda, que rechazaban el proceso electoral pero temían ser reprimidos en caso de
abstenerse. En el proceso electoral de 1994, la abstención alcanzó al 79% de la población
registrada. Como es habitual en todo el mundo, la población abstencionista aparece
subrepresentada en la encuesta.
Muchos de los sectores más afectados por la violencia huyeron a México o a las montañas y
actualmente permanecen en aquel país, o bien han regresado a zonas de población aislada no
incluidas en la muestra.
En todos aquellos casos donde tenía sentido, se han explorado diversas variables y posibles
codificaciones sin que se alteraran estos resultados. Los análisis se han hecho como regresión
múltiple, con la variable dependiente como casi-continua y como análisis logit, con esta
variable tratada como categórica, dando lugar a resultados muy similares. El hecho de que
los estudios aparezcan ahora como no significativos, cuando las tablas de contingencia
mostraban su asociación a la variable dependiente, se debe a su elevada correlación con la
clase social (0,54).
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