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America Latina

VOLUMEN 8 - Nº 1
ENERO - JUNIO 1997
Pensamiento Político en América Latina
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Ideologia y conciencia social en la Revolución
Cubana

TZVI MEDIN
Universidad de Tel Aviv

En estas líneas me centraré en la relación existente entre la ideología de la Revolución Cubana y la proyección de la misma por parte del liderazgo cubano con el objetivo de conformar la conciencia social revolucionaria. Pero resulta que la ideología de la Revolución Cubana fue cambiando de modo substancial a lo largo de los años. Castro comenzó su lucha contra Batista en 1953 y llegó al poder en enero de 1959 con una ideología democrática reformista, mas en abril de 1961 se produjo la declaración del socialismo, y en diciembre del mismo año la del marxismo-leninismo. Hacia 1962, tras la crisis de los misiles, viene la separación de los cubanos de la ortodoxia soviética y comienza un período de búsqueda, oscilando entre los chinos, los soviéticos y la posibilidad de un socialismo cubano. En 1965 comienza a darse la versión cubana del socialismo, subjetivista y voluntarista, en confrontación con la ortodoxia soviética. Y para 1970 se vuelve a dar el alineamiento definitivo con los soviéticos.1 Todo esto acompañado por las declaraciones explícitas del mismo Fidel o de otros líderes reconociendo los errores de sus posturas ideológicas previas. En 1971, por ejemplo, Fidel confiesa públicamente que en los años anteriores había postulado un socialismo idealista y había caído en una actitud utópica, de autosuficiencia y sobreestimación.2 O sea que nuestro análisis no debe ocuparse solamente de la proyección de la ideología para conformar una determinada conciencia social, sino también de la problemática de la proyección de los cambios de tal ideología. Y debido a que en todos los períodos siempre se trató, más allá de los diversos cambios ideológicos, de proyectar una ideología monolítica,3 se trata inclusive de un problema aún más interesante: el proceso de conformación de la conciencia social acorde a una ideología monolítica que cambia de tanto en tanto cuestionando su propio monolitismo. ¿Cómo es posible y qué significa todo esto?

Antes que nada es necesario señalar que desde el primer momento de la toma del poder, el liderazgo revolucionario fue consciente de la necesidad de crear una conciencia revolucionaria, y que dicha conciencia del liderazgo actuó como una constante a lo largo de todas estas décadas. O sea que la conformación de la conciencia popular revolucionaria fue siempre consider- ada como un objetivo estratégico fundamental, tanto en la lucha frente a la herencia imperialista y la confrontación con los Estados Unidos, como en lo que se refiere a la confrontación del régimen con la disidencia y los desafíos internos. Refiriéndose a los primeros años en el poder, Fidel expresaría claramente, que la fuerza más grande a la que tuvo que enfrentarse fue "...la fuerza de la costumbre, de la manera y de los hábitos de pensar y de enfocar las cosas que tenía la gente. Es decir una serie de prejuicios, de ideas inculcadas y sostenidas y divulgadas por las clases dominantes, por el capitalismo y por el imperialismo...".4 Y, en verdad, desde el principio se comenzó con ello. Es así, por ejemplo, que la ley del gobierno revolucionario que creó el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica) el 24 de marzo de 1959, o sea mucho antes del viraje marxista, estipulaba que "...el cine constituye, por virtud de sus características, un instrumento de opinión y formación de la conciencia individual y colectiva, y puede contribuir a hacer más profundo y diáfano el espíritu revolucionario y a sostener su aliento creador".5 De la misma manera, podríamos abundar en ejemplos de esta primera época premarxista, ya sea en el campo de la educación (con la gran campaña de alfabetización de 1961, que fue también política y revolucionaria), la prensa (con la integración en marzo de 1961 de todos los periodistas cubanos en el Frente Revolucionario del Periodismo), etc. En 1968, ya en otra etapa, la del socialismo cubano, subjetivista y voluntarista, Fidel volvería a expresarse en este sentido: "...con su standard de vida, con su economía desarrollada, el imperialismo puede ofrecer estímulos materiales de mucha índole. ¿Y frente a eso qué? ¿Qué otro es el deber de la revolución, sino fortalecer la conciencia y elevar los valores morales del pueblo?"6 Y en 1971, en plena reorientación soviética, citemos a Fidel en una de sus múltiples conferencias al respecto: "no tememos enfrentarnos en el campo de las ideas a ningún adversario. La verdad siempre saldrá victoriosa a la larga. Y la tarea del revolucionario es, en primer lugar, armar los espíritus. Incluso ningún arma fisica tiene ningún valor si antes no están bien armados los espíritus".7 En fin, lo que deseo hacer constar ante todo es el momento de intencionalidad y la conciencia del liderazgo cubano de la necesidad de conformar una conciencia popular acorde a la ideología vigente del régimen. O sea que no habrá nada casual y lo que analizaremos es la labor sistématica y consciente del liderazgo cubano al respecto.

Una segunda constante que es necesario señalar es que el liderazgo cubano aspira, explícitamente, a conformar una conciencia monolítica, a la par, claro está, de la deslegitimación de toda opción frente a la misma. El ángulo de divergencia permitido con respecto a los contenidos del mensaje revolucio- nario fue por lo general mínimo, y si se da en algunos períodos, porta más bien el carácter de una alternativa técnica para lograr una mayor efectividad en el logro de los objetivos postulados, y de ninguna manera el de una alternativa cualitativa o ideológica al sistema. Es imposible no recordar, en este contexto, el lema impuesto por Fidel en 1961, en medio de una famosa conferencia titulada "Palabras a los intelectuales": "Dentro de la revolución, todo; contra la revolución, nada". Con este lema venía a explicitar en ese congreso que la libertad quedaba reducida al aspecto formal de la creación artística y no a su contenido, que debía encontrarse necesariamente al unísono con los mensajes revolucionarios; y lo que se estipulaba de este modo en el ámbito intelectual y artístico sería también norma relevante para la sociedad en general.8 Pero claro está que no sólo en ese temprano 1961. En 1971 se reunió el ler Congreso Nacional de Educación y Cultura, cuya esencia consistió precisamernte en la afirmación de la unidad monolítica ideológica del pueblo cubano, la misma que fue exigida en la educación, en la cultura, en la moda y en todos los ámbitos sociales y nacionales. Así, por ejemplo, se expresó en el congreso la idea de que: "los medios culturales no pueden servir de marco a la proliferación de falsos intelectuales que pretenden convertir el esnobismo, la extravagancia, el homosexualismo, y demás aberraciones sociales, en expresión del arte revolucionario, alejados de las masas y del espíritu de nuestra revolución".9 El primer punto que deseo señalar en el análisis de este monolitismo es la autoconceptualización de la ideología revolucionaria en tanto estrictamente científica, lo cual viene a otorgarle un carácter sagrado y exclusivo por igual. Ya lo decía Fidel en 1961: "El marxismo-leninismo es la única teoría revolucionaria y verdadera. Muchas cosas materiales nos faltarán, pero hay algo que sobra: hay toda una doctrina revolucionaria, científica, profunda que podemos darle a las masas. Para eso tenemos las escuelas, para eso tenemos las imprentas".10 Y es por ello que Fidel no considera de ninguna manera que se trata de indoctrinación alguna, sino que simplemente se trata, en sus palabras, de enseñar a la gente a analizar, de enseñarles a pensar. Y en este espíritu Fidel sale contra el adoctrinamiento, tal cual lo expresa en las siguientes palabras: "no admitan que nadie crea nada que no comprenda. Así se producen fanáticos, se desarrollan inteligencias místicas, dogmáticas, fanáticas. Y cuando alguien no comprenda algo no cesen de discutir con él hasta que comprenda, y si no comprende hoy comprenderá mañana, comprenderá pasado, porque las verdades de la realidad histórica son tan claras y son tan evidentes, y son tan palpables, que más tarde o más temprano toda inteligencia honrada las comprende ... vamos a educar, a enseñar a pensar, a darles elementos de juicio para que comprendan el marxismo leninismo, en la seguridad de que no costará trabajo enseñar la verdad al pueblo".11 El Che expresaba esta convicción de un modo sumamente claro y conciso: "debemos ser marxistas de forma tan natural como debemos ser newtionanos en fisica y pasteurianos en biología".12 Entonces, por supuesto, desde esta perspectiva científica, la autonomía crítica es conceptualizada solamente en tanto la capacidad para alcanzar y explicar racionalmente las conclusiones del marxismo, pero de ninguna manera como fuente de alguna alternativa cualitativa, que sería necesariamente anticientífica y antirrevolu- cionaria por igual. De aquí, entonces, el necesario carácter monolítico de la conciencia revolucionaria a conformar.

Pero resulta que también durante el primer período, cuando Cuba todavía no era comunista y el liderazgo revolucionario no disponía aún de una ideología que podía juzgarse como científica, de todas formas ya se expresaba patentemente la pretensión monolítica (los instructores dedicados a crear una verdadera conciencia revolucionaria en el ejército,13 el cierre de numerosos periódicos, etc.), y ello nos ayuda a descubrir la existencia y la importancia de una segunda razón de tal monolitismo, aquélla en la que vemos la raíz última de todo totalitarismo. Esta segunda razón reside en lo que constituye el nivel esencial del mensaje revolucionario, y aquí son necesarias algunas sucintas observaciones teóricas. En la proyección de todo mensaje siempre es dable discernir entre el mensaje en sí y las diversas circunstancias de su recepción, posibilitando éstas diversas interpretaciones y significaciones del mensaje. Así, tomando un ejemplo de Umberto Eco, una misma bandera roja elevada en una playa o en una manifestación posee un significado completamente diferente en función de la circunstancia concreta de su recepción. Pero, por mi parte, deseo apuntar que la circunstancia de la recepción, que otorga significado al mensaje, no se encuentra necesariamente fuera del proceso de comunicación, y ella misma puede ser conceptualizada de diversos modos en función de mensajes previos. Ahora bien, debido a que considero que la circunstancia fundamental y más general del ser humano es la existencia humana, se impone el análisis de su conceptualización, puesto que ella condiciona la interpretación de los mensajes recibidos posteriormente e imprime su sello a todo el mundo conceptual y emotivo. Más aún, esta conceptualización de la existencia humana implícita en el mensaje revolucio- nario, se perpetúa en el caso cubano más allá de todos los zigzagueos de la ideología revolucionaria y se mantiene idéntica a sí misma.

Se trata, en este caso de la revolución cubana, de la concepción épico- maniquea de la existencia humana. Lo épico implica la conceptualización de la existencia humana en tanto confrontación y heroísmo. Lo maniqueo implica la visión, casi apocalíptica, de la confrontación entre las fuerzas del bien y del mal. Esto es fundamental, puesto que en una sociedad en la que predominará, por ejemplo, una visión hedonista o una visión pragmatista- utilitaria-individualista, el constante llamado del liderazgo cubano a cerrar filas, a la movilización y al sacrificio -propio de toda la historia de Cuba desde 1959 hasta nuestros días- se convertiría necesariamente en algo irrelevante, sin sentido, ridículo.

Ahora bien, esta concepción épico-maniquea es absoluta. Lo es en lo geográfico, puesto que, muy rápidamente, lo que comenzó como una lucha interna contra Batista, y luego como un conflicto cubano-estadounidense, se convertirá en el mundo conceptual cubano en una lucha por la liberación de América, luego por la liberación del mundo colonizado frente al imperia- lismo, y finalmente en una lucha por la redención de la humanidad. "Toda nuestra acción", escribiría el Che Guevara, "es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica-.14 Y en la dimensión del tiempo lo épico-maniqueo es absoluto puesto que la revolución comunista cubana es proyectada como la fase culminante de una revolución única a lo largo de la historia nacional, en la que el mismo espíritu de heroísmo y de liberación animaron a un Céspedes, a un Martí y a un Camilo Cienfuegos. Una nueva historiografla y una nueva historiosofía verían en la revolución socialista el peldaño superior de un proceso único y su misma razon de ser.15 Pero no se trata solamente de una visión historiosófica o de la proyección de una confrontación localizada, hoy y aquí, o de un acto heroico particular, sino de la totalización de lo épico-maniqueo en todas las dimensiones de la existencia humana. Lo que se intenta, a final de cuentas, es cambiar esencialmente toda la actitud humana frente a la vida, y el Che lo expresa con meridiana y definitiva claridad: "En la actitud de nuestros combatientes se vislumbra el hombre del futuro. En otras oportunidades de nuestra historia se repitió el hecho de la entrega total a la causa revolucionaria. Durante la guerra de octubre o en los días del Ciclón Flora, vimos actos de valor y sacrificio excepcionales realizados por todo el pueblo. Encontrar la fórmula para perpetuar en la vida cotididana esa actitud heroica, es una de nuestras tareas fundamentales desde el punto de vista ideológico".16 Efectivamente, acorde a esta idea esencial, se darían las movilizaciones masivas contra el analfabetismo, para la zafra, las propiamente militares, los Comités de Defensa de los vecinos; así se movilizarían la prensa, los escritores y los cineastas por igual, conceptualizando su labor en función de la confrontación revolucionaria; y todo ello acompañado de una terminología militante, bélica, también en los diversos ámbitos específicamente sociales o culturales, y expresándose en cada momento la constante disposición al sacrificio.

Esta épica existencial se encuentra aunada a lo maniqueo en un todo orgánico y esencial. La pugna es entre las fuerzas del bien y del mal, entre nosotros y ellos, y a mayor polarización, mayor estigmación del enemigo por medio de los estereotipos, que son los que en realidad vienen a constituir los andamios del esquema maniqueo. Así, por ejemplo, a los enemigos de la revolución en Cuba se les llama gusanos y, claro está, ¿qué sentido puede tener, a priori, relacionarse a los posibles argumentos de los gusanos? Y además el temible mote de traidores, como en el caso del primer Presidente del régimen revolucionario Urrutia, o el comandante Huber Matos, cuando no aceptaron el cambio hacia el comunismo. Es ilustrativo el que Castro los haya identificado entonces con Batista, con el dictador vecino Trujillo y con los estadounidenses, englobando las críticas, la oposición o las disidencias internas dentro del bando revolucionario con los enemigos ya aceptados y reconocidos por todos como tales.17 O sea que el maniqueísmo no sólo totaliza la confrontación sino asimismo neutraliza cualquier posibilidad de pluralismo interno. Del mismo modo que identifica a los críticos y disidentes con el enemigo, impone también una autoimagen propia que, a priori, establece la unidad monolítica.

Evidentemente todo esto se va dando en el contexto histórico de la agresión económica, política y militar de los Estados Unidos y que la historia de las intervenciones norteamericanas en Cuba, desde fines del siglo XIX hasta la invasión de Playa Girón, presentaba suficiente material y fundamento para lograr la receptibilidad de la imagen estadounidense proyectada por los revolucionarios; pero la confrontación es una cosa y el esquema maniqueo ya es otra diferente. Uno de los grandes desafios de las partes involucradas en un conflicto es precisamente el evitar caer en conceptualizaciones maniqueas. Y es que en un eje semejante no sólo se da la satanización de los Estados Unidos sino también la evangelización de la Unión Soviética. Los Estados Unidos son el verdugo de los pueblos, son los nazis o son el gran enemigo del género humano, y la satanización es explícita en numerosos dibujos en los libros de texto o en expresiones como, por ejemplo, "se dedican a extraer la sangre y a devorar la carne de los pueblos víctimas de su insaciable apetito de riquezas".18 Claro está que Estados Unidos agredía a Cuba económica, militar y políticamente, pero resulta que en la confrontación maniquea la Unión Soviética es postulada como "el redentor de la humanidad sin el cual es imposible concebir la paz del mundo".19 Y cuando es necesario relacionarse a un mismo hecho en los Estados Unidos y en la Unión Soviética, su valorización es opuesta a priori, en función del contexto maniqueo. En la carrera armamentista, los Estados Unidos son condenados violentamente, mientras que al mismo tiempo el ejército soviético es visto como el baluarte de la paz; el ejército nacional popular de la Alemania comunista, por ejemplo, es pregonado nada menos que como "el heredero de las mejores tradiciones humanistas del pueblo alemán, desde Goethe y Schiller hasta Marx y Engels".20 Ahora bien, este sistema maniqueo postula asimismo la omnipresencia de una situación límite constante, que impone la autodefinición, el compromiso, la identificación absoluta con la revolución, la militancia, el consenso nacional y la movilización. Su alternativa podía ser solamente la diletancia, la pasividad, la división frente al enemigo: en una palabra, la traición. De aquí que también este nivel esencial épico-maniqueo del mensaje implica el imperativo del monolitismo de la conciencia popular cubana, y de aquí también que esta concepción épica-maniquea de la existencia humana se encuentra en la base de todo totalitarismo.

Pero ¿cómo es posible la conciliación de la conciencia monolítica que se desea conformar con los cambios que se vinieron dando en sus contenidos en las diferentes fases ideológicas? ¿Cómo es posible el cambio dentro de lo monolítico? Para responder a estos interrogantes es necesario analizar el modus operandi del liderazgo cubano durante estas décadas, y en el mismo es dable distinguir tres facetas diferentes de lo que viene a constituir de hecho un proceso único:
  1. la injerción
  2. la ravelización y
  3. la sincronización.

Por injerción me refiero al hecho de que es imposible borrar mecánicamente una conciencia social e implantar otra en lugar de la misma. Lo que se puede hacer, y se intentó hacer en la Revolución Cubana, fue injertar un nuevo mundo cognitivo, conceptual, terminológico, axiológico y emotivo (a los que considero como los cinco componentes de la conciencia social) en la conciencia social vigente. Es así que la introducción del marxismo-leninismo en el mensaje revolucionario cubano se llevó a cabo por medio de su injerción en las imágenes, los símbolos, los valores y los conceptos del nacionalismo antiimperialista cubano, que por cierto se encontraba profundamente arraigado en gran parte de la conciencia popular.

Analicemos sucintamente, a modo de ejemplo, una de las formas de esta injerción mediante el otorgamiento de nuevos significados a los términos y los conceptos usuales, tal cual se dio durante los primeros dos años y medio de la implantación del marxismo-leninismo. En la prensa, en la retórica y en las publicaciones revolucionarias se va creando una serie de equivalencias básicas que conducen a la identificación del nacionalismo con el marxismo y que son definitivas para la conformación de la nueva conciencia social. Por ejemplo, el nacionalismo verdadero es el revolucionario y sólo el nacionalismo revolucionario es el verdadero, pero la revolución verdadera será la socialista y sólo la socialista, y el socialismo verdadero será pura y exclusivamente el marxista-leninista. De este modo, el único nacionalismo verdadero es el marxista-leninista, creándose un alto grado de equivalencia entre el nacionalismo, la revolución, el socialismo y el marxismo-leninismo, los que, dicho sea de paso, se encarnarán todos ellos en la figura de Fidel, símbolo máximo de integración revolucionaria. O sea que un adjetivo, entre otros posibles, se convierte en el adjetivo exclusivo y de hecho en sustantivo, creándose una serie de equivalencias fundamentales que cambian los significados previos de los conceptos. Por cierto, una vez aceptadas o interiorizadas tales equivalencias básicas, la libertad de pensamiento es perfectamente factible, puesto que ninguna conclusión podrá considerarse lógica si pone en contradicción o conflicto los diversos elementos de esa equivalencia básica. Y bueno es puntualizar que los aspectos que vamos señalando en estas líneas con respecto al análisis estructural, funcional o histórico de la conformación de la conciencia social son relevantes en sus aspectos metodológicos a los análisis de toda sociedad; seguro en lo que se refiere a la necesidad del discernimiento y el análisis de la concepción hegemónica de la existencia humana (hegemónica puesto que los modelos ideales no son sino eso y la realidad social siempre es compleja), o en lo que se refiere a la necesidad de discernir y analizar las equivalencias fundamentales en las que tal concepción se expresa, aunque en este artículo expresamos lo específicamente relevante al caso cubano.

Este proceso de injerción se fue dando siempre en medio de lo que denomino como un proceso de ravelización sicronizada. No sólo que es imposible borrar y comenzar desde cero, sino que la injerción debe realizarse progresivamente. Por ravelización entiendo el aumento progresivo y controlado en la proyección del mensaje que viene a cambiar los contenidos de la conciencia social acorde a los cambios ideológicos. O sea ravelización, como en el Bolero de Ravel, en el que se comienza a insinuar un motivo que va entrando paulatinamente in crescendo mediante múltiples instrumentos y con un volumen cada vez mayor, hasta ocupar finalmente por completo la escena. Esta ravelización del mensaje se da por medio de la secuencia cada vez mayor del mismo, por su difusión cada vez más amplia por nuevos conductos y por la jerarquización ascendente de la fuente del mensaje hasta llegar finalmente a Fidel. Y esta ravelización se lleva a cabo al unísono, por medio de la proyección de los mismos mensajes a través de todos los conductos, sincronizando su proyección por medio de la prensa, la televisión, la literatura, el cine, la poesía, la educación, etc .21 A veces se crean nuevos conductos, como el género testimonio con el respaldo y el impulso de los concursos de Casa de las Américas y del MINFAR (Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias), o el impulso, desde 1971, del Ministerio de Asuntos Internos (en realidad de seguridad) a la novela policíaca (es claro quiénes serán aquí los criminales), que no había existido previamente en Cuba. Se trata entonces de la ravelización sincronizada que hace posible la injerción progresiva de nuevos contenidos cognitivos, conceptuales, axioló- gicos, terminológicos y emotivos.

Veamos algo del ejemplo de la ravelización que condujo a la declaración oficial por parte de Fidel del carácter socialista de la revolución en abril de 1961, luego de casi dos años y medio desde la toma del poder. La fecha de la declaración fue solamente el momento culminante de la ravelización. Ya en 1959 los Estados Unidos dejaron de ser el baluarte del mundo libre, tal cual se les calificaba en la prensa durante la época de Batista, para convertirse en el equivalente automático del imperialismo y la explotación; y, paralelamente, el comunismo y la Unión Soviética, previamente satanizados, comenzaron a convertirse primero en una mano amiga y auxiliar y luego en el ejemplo de la sociedad ideal. Uno de los medios para producir este cambio de los significados fueron las comillas irónicas. Cuando se escribe en 1959 y a principios del 60, "la voz de la libertad", refiriéndose a los Estados Unidos, se utilizan comillas irónicas, y también se utilizan las mismas comillas, aunque con una intención opuesta, al escribir sobre la llamada cortina de hierro, hasta que posteriormente los términos desaparecen por completo. O sea que en un principio se continúa utilizando la terminología usual, pero cambiando su connotación por medio de tales comillas irónicas.

La legitimación de la Unión Soviética, y con ella la del comunismo, comienza a darse ya a partir de fines de 1959, en medio de una gran publicidad a la visita de políticos y artistas soviéticos, a la del violinista Leonid Kogan o el conjunto de danzas folklóricas de la URSS. Se va creando todo un ambiente general y toda una atmósfera emotiva que propician y facilitan la reestructuración del mundo cognitivo, conceptual y axiológico de la sociedad cubana. En esta primera fase aún no se utiliza una terminología marxista y tampoco, por lo general, expresiones como "lucha de clases" o "proletariado". Esto se ve perfectamente ilustrado si se consultan los textos de la Primera Declaración de La Habana, de septiembre de 1960, definitivamente antiimperialista, pero que no menciona en absoluto a Marx ni utiliza terminología marxista alguna. Se habla, en cambio, de los humildes, y de los campesinos, obreros y demás sectores populares, a la vez que se van destruyendo los estereotipos tradicionales. En la Segunda Declaración de La Habana, en cambio, en febrero de 1962, Castro ya dictaría una prolongada disertación historiosófica basada en el Manifiesto Comunista y en los textos leninistas sobre el imperialismo.

Pero volvamos atrás y avancemos paso a paso. Ya desde mediados de 1960 el Che comenzó a hablar explícitamente del carácter socialista de la revolución y, ese mismo año, el Ministerio de Educación Pública publicó masivamente libros de carácter marxista, al igual que Verde Olivo, el órgano periodístico de la FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), que daba el tono en el proceso de la radicalización ravelizada, criticaba el carácter capitalista de las películas de Hitchcock, comenzando a utilizar esporádicamente conceptos como "lucha de clases".22 A comienzos de 1961 el crescendo se hace cada vez más fuerte. Comienzan a funcionar las escuelas de instrucción revolucionaria y a su frente se nombra a uno de los líderes comunistas más prominentes, Leonel Soto. El 1 de abril se inagura el noticiario Venceremos, con otro líder comunista a la cabeza, y el 6 de abril el periódico Revolución comienza a publicar un apartado sobre el marxismo. Todo esto, de más está decir, sobre el contexto de la escalada muy real de las relaciones con los Estados Unidos y el apoyo creciente que la Unión Soviética le otorga a Cuba. De modo que la metamorfosis de los estereotipos se posibilita fundamentalmente gracias al apelamiento al sentimiento patriótico antiimperialista de los cubanos, que en aquella primera etapa no era comunista.

El mismo Castro da una lección magistral al ponerle el broche de oro a esta ravelización, cuando declara oficialmente el carácter socialista de la Revolución Cubana. Esta declaración fue pronunciada el 16 de abril de 1961, durante el sepelio de las víctimas de un bombardeo llevado a cabo el día anterior y con la presencia masiva de los milicianos. En medio del pueblo armado, en la cumbre del enfrentamiento con los Estados Unidos (al día siguiente comenzaría la invasión en la Bahía de los Cochinos), y enterrando a sus muertos, Castro declara en contadas palabras, unas cien en un discurso de 9.500 palabras que se ocuparon básicamente de la historia de las agresiones imperialistas a Cuba casi de paso, el socialismo en circunstancias que lo vienen a significar esencialmente como nacionalismo y antiimperialismo. La lucha inminente se convierte de este modo en una lucha épica contra el imperialismo, pero no sólo en pro de la soberanía y la libertad de Cuba, sino también por la revolución socialista. Y en verdad así será proyectada en la conciencia de las futuras generaciones: en los libros de preparatoria, por ejemplo, se escribiría sobre los mártires que murieron por el patriotismo socialista.23 Y el mismo Castro señala que "...a partir de aquella fecha el socialismo quedó para siempre cimentado con la sangre de nuestros obreros, campesinos y estudiantes ...".24 Así lo expresa quien había estipulado previamente su plena conciencia de la oposición automática de las clases populares, en un principio, a los términos socialismo y comunismo.

No cabe duda que la rápida revolución de la estructura socio-económica cubana y la estrecha colaboración con el bloque socialista, en medio de la agresión estadounidense, constituyeron la base y la condición imprescindible para hacer posible este intento de conformación de una nueva conciencia popular, pero el proceso debe comprenderse dialécticamente, entendiéndose que la misma conformación de las nuevas estucturas sociales y la posibilidad de su perpetuación se encontraron condicionadas, según el liderazgo cubano, por la posibilidad de la conformación de una nueva conciencia revoluciona- ria. Desde un principio, Castro concibió su poder político en función del fortalecimiento de su base de poder popular y comprendió la necesidad de perpetuarla por medio de la conformación de la conciencia popular revolucionaria que tomó el lugar del mero entusiasmo transitorio hacia los guerrilleros de la Sierra Maestra. Sin la reestructuración socio-económica (cooperativas, granjas estatales, nacionalizaciones), hubiera carecido de todo sentido el intento de conformación de la conciencia social tal cual se dio en Cuba; pero tal conciencia no se fue reconformando en el tiempo como reflejo de la nueva estructura socio-económica, sino que también fue conformándose desde arriba. Se trató de la aspiración del liderazgo revolucionario de producir consciente, explícita e intencionalmente una nueva conciencia social, y no de un mero reflejo superestructural ni del proceso de reproducción de una conciencia hegemónica.

Para finalizar, algunas conclusiones generales: l. El caso cubano vuelve a hacer patente la relevancia de una elite político- militar-ideológica como determinante en el estado moderno en lo que se refiere no sólo a lo político, económico y social, sino también a la conformación de la misma conciencia popular. Y en forma especial son precisamente los frecuentes cambios en la proyección cubana de su ideología monolítica (1959-61-65-70) los que vuelven a ilustrar las posibilidades del estado moderno al respecto. El cambio esencial de la conciencia social vigente, que antes podía darse paulatinamente sólo a través de generaciones, ahora exige un reducido lapso de tiempo, por medio de la ravelización sincronizada de todos los medios que pueden ser manipulados por el Estado.

2. La concepción mítica épica-maniquea de la existencia humana, pepetuándose en este caso más allá de los cambios de contenidos ideológicos, demuestra que la concepción de la existencia, tal o cual, es la definitiva en los intentos de conformación de tal o cual conciencia social y, al fin y al cabo, en la misma caracterización del régimen político. Así, por ejemplo, los totalitarismos de todo signo ideológico o político tienen en común, más allá de sus discursos específicos y peculiares, una mítica épica-maniquea existencial, con su consecuente exigencia monolítica. Ella es la esencial. Los totalitarismos son esencialmente monolíticos (tal cual se expresa en los proyectos ideológicos en que se manifiesta su modelo ideal) y el monolitismo florece solamente en el invernadero de la conceptualización mítica épica- maniquea de la existencia humana.

3. El caso cubano no ilustra solamente la tragedia de los países que, intentando cancelar su dependencia de los Estados Unidos, se toparon con la trampa de otro tipo de dependencia, sino que asimismo pone de manifiesto el peligro implícito en aquellos regímenes que, comenzando a andar por el sendero de la liberación, presionados por la realidad y el cerco de la dependencia, y en el caso cubano por la abierta agresión estadounidense, olvidaron que la liberación implica la conversión del pueblo en sujeto histórico, el pueblo y no el liderazgo, no importa cuál es su signo o identificación política. ¿La lucha contra una conciencia hegemónica que había sido patrimonio del régimen previo? Sí, quizás pueda tener mucha razón de ser; el monolitismo, nunca. El maniqueís- mo apocalíptico, no importa de qué signo, tampoco. Ni en Cuba, ni en la Europa oriental, ni en los Estados Unidos ni en América, ni en el Medio Oriente, ya sea en el mundo árabe o en Israel. Y no está de más apuntar que en este análisis nuestro del fenómeno tratado no hay ni una pizca de justificación de agresión imperialista de signo alguno.

NOTAS

  1. Véase una periodización de este tipo en Carmelo Mesa-Lago, Dialéctica de la Revolución Cubana: del idealismo carismático al pragmatismo institucionalista, Madrid, 1979. BACK

  2. Castro, Cuba-Chile, La Habana, Ediciones Políticas, Comité de Orientación Revolucionaria del Comité Central del PCC, 1972. BACK

  3. Se trató siempre de la unidad ideológica monolítica de nuestro pueblo, tal cual se expresó también en el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura. Verde Olivo, 9 de mayo de 1971,p. 7. BACK

  4. Fidel Castro, "La formación del Partido", en La Revolución Cubana, México, Editorial ERA, 1972, p. 413. BACK

  5. Cine Cubano, n. 23-25, p. 22, Cuba. BACK

  6. Conferencia de Castro el 13 de marzo de 1968, en Fidel Castro, Socialismo y comunismo: un proceso único, México, Editorial Diógenes, 1972, p. 125. BACK

  7. Fidel Castro, Conferencia, 30 de noviembre de 1971. BACK

  8. Fidel Castro, "Palabras a los intelectuales", en La Revolución Cubana, p. 356. BACK

  9. Unión, 1 de mayo de 1971, p. 7. BACK

  10. Verde Olivo, 10 de diciembre de 1961, p. 74. BACK

  11. Fidel Castro, "Palabras a los intelectuales", en La Revolución Cubana, p. 451. BACK

  12. Che Guevara, Obra Revolucionaria, p. 508. BACK

  13. Verde Olivo, julio de 1960. BACK

  14. Che Guevara, "Mensaje a la Tricontinental", (mayo 1967), en Obra revolucionaria, p. 650. BACK

  15. Véase, por ejemplo, un discurso de Fidel Castro de octubre 1968, en Universidad de La Habana, octubre de 1968, p. 1. BACK

  16. Che Guevara, "El socialismo y el hombre en Cuba", en Obra Revolucionaria, p. 628. BACK

  17. Véase, por ejemplo, su discurso contra Matos en Verde Olivo, n. 5 , abril de 1960, p. 9. BACK

  18. Verde Olivo, 14 de junio de 1961, p. 7. BACK

  19. Verde Olivo, 14 de junio de 1961. BACK

  20. Ibíd, 7 de marzo de 1971, p. 33. BACK

  21. Para un detallado análisis de este proceso de ravelización, puede verse mi libro: Tzvi Medin, Cuba: The Shaping of Revolutionary Consciousness, Boulder & London, Lynne Rienner Publishers, 1990. Este artículo se basa fundamentalmente en lo expresado en el mencionado libro. BACK

  22. Véase, por ejemplo, Verde Olivo, 22 de mayo de 1960, p. 16. BACK

  23. Ministerio de Educación, Historia del movimiento obrero comunista, obrero, y de liberación nacional, internacional y cubano (1945-1977), La Habana, p. 225. BACK

  24. Verde Olivo, 5 de agosto de 1962, entre otras posibles fuentes. BACK