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| VOLUMEN 8 - Nº 1 |
| ENERO - JUNIO 1997 |
Pensamiento Político en América Latina
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Liberales y conservadores: los partidos
politicos argentinos (1880-1916)
CARLOS MALAMUD
UNED, I. U. Ortega y Gasset
Las diferencias políticas, que no ideológicas, entre liberales y conservadores
en la vida política argentina son difíciles de trazar, debido fundamentalmente
a la ausencia de un sistema de partidos estructurado en torno a esas dos
opciones. La cuestión se complica más si se habla de "conservadores
liberales" y de "liberales conservadores". ¿Dónde situar las fronteras entre
unos y otros? ¿Qué elementos nos permiten definir a los primeros en
contraposición a los segundos? ¿Cuánto más conservador es un conservador
liberal que un liberal conservador? Es obvio que la misma pregunta se puede
repetir para los liberales. Como la política argentina de la "organización
nacional" y de la "generación del 80" giró alrededor de un gran partido
único, con características cuasi-"movimientísticas" y capaz de traspasar las
rivalidades clásicas que enfrentaban al mundo rural con el urbano, resulta
imposible encontrar referencias presentes en otros países, como Colombia o
Guatemala, donde el enfrentamiento entre liberales y conservadores marcó
buena parte del siglo XIX. En la Argentina de la época, el conflicto inicial
entre federales y unitarios se prolongó en el tiempo y la polémica en torno al
centralismo permeó el debate político, produciendo alineamientos y alianzas
difíciles de reproducir en otro contexto.
El partido único aludido era el Partido Autonomista Nacional (PAN), en el
que confluían las distintas elites políticas y sociales de las provincias y de la
nación, más allá de las diferencias ideológicas que podían enfrentar a uno y
otro sector. Dada su posición hegemónica en el contexto político, será preciso
prestarle especial atención, así como a aquellos otros partidos y facciones que
se fueron desgajando del tronco común. La matriz del PAN se trasladó a
otras opciones surgidas en el período analizado, como se ve en el Partido
Demócrata Progresista (PDP). Inclusive dentro de la Unión Cívica Radical
(UCR) es posible detectar influencias políticas de ambos signos, pudiendo
presentarse a Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen como arquetipos de
ciertas posturas liberales y conservadoras, respectivamente. Por su parte, el
Partido Socialista incorporó a su plataforma algunos postulados básicos del
liberalismo clásico, como la estabilidad del valor de la moneda, y el propio
Juan B. Justo se mostró partidario del libre comercio, un modo de reducir el
precio que los trabajadores tenían que pagar por los alimentos.
1
Sin embargo, los objetivos de este trabajo son algo más modestos y se
centran en analizar las cuestiones aludidas en el PAN, la Unión Cívica (UC) y
la UCR, y finalmente en el PDP. Una cuestión previa es la definición de
partido conservador utilizada, un tema que provocó importantes debates
entre los especialistas. Si bien en términos ideológicos el acuerdo puede ser
mayor, en lo que al significado político de la palabra se refiere la falta de
consenso es absoluta, a tal punto resulta corriente utilizar los términos
(igualmente imprecisos) de derecha y centro-derecha para aludir a los
partidos conservadores. La cuestión resulta algo más simple si la abordamos
desde un punto de vista ideológico, aunque en América Latina el problema se
desdibuja frente al excesivo peso otorgado al liberalismo y al positivismo. Por
lo general, el pensamiento conservador se aborda desde una definición
negativa. Se insiste no en lo que el conservadurismo es, sino en aquello a lo
que el conservadurismo se opone. Es interesante la opinión de José Luis
Romero al respecto:
"Había muy buenas razones para que el pensamiento político
conservador se manifestara como impreciso. A diferencia de lo
que genéricamente podría llamarse el pensamiento liberal, aquél
no pretendió generalmente manifestarse con intención de
propaganda o de docencia. Quienes lo sostenían parecían
seguros de que expresaban el orden natural de las cosas, del
que todos los cambios eran desviaciones ilegítimas y al que se
habría de volver inexorablemente también por la fuerza natural
de las cosas. Por eso el pensamiento político conservador no se
expresó sino esporádicamente y, sobre todo, cuando pareció
necesario salir al encuentro del adversario y responder a su
desafo. Era inevitable, pues, que en cada caso adoptara las
formas adecuadas al tipo de desafio, según el bagaje doctrinario
que el adversario le oponía, según el grado real de peligro que la
agresión tenía, según la resonancia que aquella prédica había
alcanzado y según la estrategia pragmática que las circunstancias
aconsejaban a sus defensores, que unas veces creían poder
jugar al triunfo total y otras solamente a una transacción. De ese
modo, el pensamiento conservador presentaba una fisonomía
relativizada, condicionada por el estímulo que la desencadenaba.
De hecho, nunca -o casi nunca- dijo todo lo que tenía que
decir, o lo que creía que tenía derecho a decir, sino sólo la parte
que convenía a las circunstancias del momento".
2
Por el contrario, Botana apuesta por una definición política, más que
ideológica, y dice que el adjetivo conservador "califica la configuración
concreta de un régimen de hegemonía gubernamental en el que la intención de
los actores para controlar la sucesión choca con oposiciones, conflictos y
efectos inesperados".
3 Entre las principales características del pensamiento
conservador se pueden citar: la ausencia de un cuepo de doctrina
estructurado, la resistencia al cambio y la influencia de Edmund Burke. En
líneas generales se puede definir a los "liberales" como partidarios de las
libertades individuales y políticas, del librecambio y del anticlericalismo.
Tampoco entre los contemporáneos existía consenso en lo relativo a la
definición de conservador o conservadurismo. Buena prueba de ello es la
afirmación de Rodolfo Rivarola en relación con la formación del PDP:
"Los progresistas, en alguno de sus matices, han tomado el
nombre de conservadores, originando con ello una contradicción
más en los términos de nuestra política. Pero también
resulta acertada esta calificación, pues como el régimen
progresista, tal como queda definido, es el que existía, se
trataría de conservarlo. He aquí como queda bien puesto que los
progresistas sean netamente conservadores".
4
En un reciente trabajo sobre el conservadurismo argentino, Edward Gibson
define los partidos conservadores como aquéllos que representan a los
sectores sociales más privilegiados de la sociedad, que al mismo tiempo son el
núcleo de sus apoyos políticos y económicos. Si bien en términos electorales el
partido recibe el respaldo de amplios grupos sociales (especialmente si quiere
ser una opción de poder), la influencia de los sectores privilegiados es clave en
la determinación de las prioridades y los objetivos del partido, así como en el
rumbo de la acción política a seguir. De este modo, los partidos
conservadores pueden estar asociados a ideologías diversas: liberalismo
económico, catolicismo social, desarrollismo, etc.5 Lamentablemente, en la historiografia sobre Argentina no hay una gran tradición de trabajos sobre el
conservadurismo, especialmente para el siglo XX, cuando el estudio de la
derecha se convierte en estudio de la extrema derecha nacionalista, católica y
fascista.
6
El Partido Autonomista Nacional (PAN)
El PAN surgió en 1874, tras la alianza entre el Partido Nacional de Nicolás
Avellaneda y el Partido Autonomista de Adolfo Alsina, con el ánimo de
apoyar la candidatura presidencial del primero contra el ex presidente
Bartolomé Mitre y su Partido Liberal, convertido desde entonces en el gran
adversario del autonomismo nacional. La política de "conciliación" de
Avellaneda acabó con algunos conflictos latentes, aunque la inestabilidad
política siguió siendo elevada, tanto en los enfrentamientos entre los partidos
como en el seno de los mismos. Estos conflictos se agudizaron tras la muerte
de Alsina, en diciembre de 1877, que dejaba abierta la lucha por la sucesión
presidencial. En el autonomismo se produjo la escisión del Partido
Republicano, que posteriormente se subdividió en incontables grupos. El
Partido Nacionalista de Mitre también se vio sometido a fuertes presiones y la
fracción "popular" se desprendió del tronco principal. Después de la
revolución de 1890, algunos seguidores de Juárez se organizaron en el
Partido Modernista, un episodio que comienza la lenta disgregación del PAN.
El personalismo y la política de alianzas eran los principales componentes de
estos conflictos, más allá de las diferencias ideológicas entre unos y otros.
El hecho de que el PAN ocupara el centro de la escena política y que la
mayoría de los conflictos entre los distintos grupos que competían por el
poder ocurrieran y se dirimieran en su interior, y no fuera de él, permite
hablar en este caso de un cierto "movimientismo". Rivarola definió al PAN
como una "vasta asociación sin contrato ni reglamento, sin estatutos y sin
programa de todos los gobernantes, legisladores, jueces y demás funcionarios
nacionales y provinciales".7 Si sobrevivió tantos años, se debió a que su
existencia suponía algo más que la supervivencia de un pequeño grupo de
líderes nacionales y a su éxito en reducir la separación entre los partidos
porteños y los del interior.8 Cabe preguntarse si lo observado en el plano nacional se reproducía en las provincias o si, por el contrario, en algunas de
ellas existían estructuras partidarias más cohesionadas, estructuras orgánicas
más desarrolladas. Sólo nuevos estudios regionales aclararán las cosas. Aquí
vale la pena recordar la simbiosis existente entre el gobierno nacional y los
provinciales, que se necesitaban mutuamente y reforzaban una alianza de
hierro. Esto no niega la existencia de lealtades cruzadas (por ejemplo,
gobernadores partidarios de Juárez Celman cuando Roca pretendía recuperar
el control del PAN tras la revolución de 1890) o fricciones, muchas veces
saldadas con la intervención federal a las provincias más díscolas.
El partido alcanzó su perfil más claro a partir de 1880, cuando sirvió para
lanzar la candidatura de Julio A. Roca y permitió su afianzamiento en el
poder. El PAN era conocido como "el partido del régimen" o de la
"oligarquía".9 En el mejor de los casos, se lo presenta como una "alianza
táctica de las oligarquías provinciales",10 aunque lo más común es que en
base a la opinión de algunos tratadistas como José Nicolás Matienzo,11 se lo
asocie de manera indisoluble a la "liga de gobernadores". En este sentido se
suele olvidar que el PAN estaba formado por partidos provinciales, que eran
los que elegían a los gobernadores, quienes a su vez tenían una participación
crucial en la elección del candidato presidencial. De todas formas, el PAN fue
el primer gran partido nacional argentino y su predominio significó un mayor
control del Ejecutivo Nacional en el interior, en detrimento de los caudillos y
los partidos provinciales. Este fue quizá uno de sus principales méritos,
aunque no logró llevarlo hasta el fin, ya que las estructuras partidarias
provinciales no pudieron ser disueltas. En las provincias siguieron existiendo
partidos políticos autónomos, con estructuras propias y no secciones locales
del partido nacional. Esto no impidió que los gobernadores, como ya se
señaló, jugaran un importante papel, aunque subordinado, en el sistema.12
Botana señala las semejanzas entre el PAN y el partido federalista de
Hamilton, de fines del siglo XVIII, al caracterizarlo como una organización
nacional que representaba una madeja de vínculos entre notables de origen
local.13 Matienzo afirma que la principal característica del sistema era que
tanto el presidente ("el gran elector") como los gobernadores designaban al
candidato a sucederle.14
El mismo Matienzo rechazaba el automatismo en el funcionamiento de los
grandes electores y mencionaba tres excepciones. La primera vinculada al
aumento "del deseo público" de cumplimiento de la Constitución en materia
electoral o, dicho de otra manera, al aumento de la competencia política. Las
otras pasaban por el incremento o el debilitamiento de la autoridad personal
del presidente, y simultáneamente, en una especie de relación inversa, por el
debilitamiento o el incremento del poder electoral de algún o algunos
gobernadores. Hay variaciones, como que el presidente designe sólo dos o
tres candidatos en provincias que eligen cinco, diez o quince diputados, o que
se limite a dar el visto bueno a la lista elaborada por el gobernador.15 Pero
hay más. Según el mismo autor, hay veces en que el gobernador no logra
pacíficamente el control de la legislatura y es cuando se produce el
enfrentamiento entre ambas instituciones. "La legislatura procura... derrocar
al gobernador por medio del juicio político, y el gobernador a la vez procura
aprovechar las elecciones de renovación de la legislatura para modificar su
mayoría con la introducción de partidarios decididos".16 Esto significa que en
bastantes oportunidades la competencia electoral funcionaba y que las
elecciones eran algo más que una farsa o una representación.
Cuando la disputa entre el gobernador y la legislatura se tornaba
irresoluble, se acudía al presidente para que, mediante la intervención
federal, acabara con la impasse. Simultáneamente, se insistía en la
intervención federal como uno de los elementos que permitían al Ejecutivo
controlar los gobiernos provinciales. Algunas oposiciones provinciales,
como la Liga del Sur en Santa Fe, empleaban el arma de la intervención
federal, que reclamaban al gobierno nacional o al Congreso en su
enfrentamiento con el oficialismo local, utilizando distintos argumentos.
El principal era que la salida del gobernador y la presencia de un delegado
del gobierno federal garantizaban elecciones limpias, no sólo por el control
del aparato estatal, sino también por el desplazamiento de jueces de paz,
jefes políticos y comisarios de policía de sus lugares de influencia. La
intervención alteraba totalmente las reglas del juego y por eso era una fuerte
apuesta política que casi ningún gobierno se animó a aceptar cuando se
planteaba en esas condiciones, al suponer un serio enfrentamiento con el
situacionismo local. En 1912, Lisandro de la Torre, el líder de la Liga del
Sur, cambiaba de opinión y calificaba de inseguro y peligroso el pedido de
intervención federal. Inseguro, porque no siempre el poder central le hacía
lugar y peligroso, "porque lesiona el concepto de la autonomía de los
Estados federales".17
De todas formas, es muy poco lo que sabemos del PAN y de su
funcionamiento. Hasta ahora se ha insistido en su carácter superestructural,
en la figura del presidente como "gran elector" y en el papel aglutinante de los
gobernadores sobre el sistema, mientras que se han trabajado poco los
partidos provinciales coaligados.18 ¿Qué actuación tenían éstos en las
elecciones provinciales y locales? ¿Se regían también por el peso de los
notables de cada circunscripción o tenían estructuras más estables? ¿Cómo se
resolvían las disputas entre las facciones internas: sólo mediante el dedo del
presidente o del gobernador? ¿Qué pasaba con los que se quedaban fuera o
eran centrifugados por el sistema? ¿Cómo funcionaba el bloque parlamentario
en el Congreso nacional? Otros interrogantes giran en torno a la
existencia, o no, de oposición y a la posibilidad de hacer política fuera del
PAN, al considerarse que se trató del primer gran "movimiento nacional"
argentino (como el radicalismo yrigoyenista o el peronismo). Aquí es
particularmente visible la coexistencia de las principales figuras nacionales en
el interior del Partido, permeadas por las grandes ideologías que nos ocupan:
el liberalismo y el conservadurismo.
La inexistencia de opciones políticas liberales y conservadoras no impidió el
enfrentamiento con el catolicismo (de fuerte contenido antiliberal y escasa
presencia en la opinión pública), motivado por la política reformista de los
gobiernos de la época. A principios de la década de 1870, la iglesia porteña
apoyaba la publicación del periódico El Católico, ultraconservador y
antiliberal, en la línea del Syllabus y de la encíclica Quanta Cura de Pío IX,
lo que agravó las tensiones, como se verá en los hechos que a continuación se
describen. En 1868 hubo un levantamiento en Santa Fe contra la política
liberal del gobernador Nicasio Oroño que instauró el matrimonio civil y
pensaba eliminar el control eclesiástico sobre los cementerios; en 1871,
católicos y liberales se enfrentaron en la Convención Constituyente de la
Provincia de Buenos Aires; en 1875 una manifestación incendió la iglesia del
Salvador, cuando protestaba contra la entrega de los templos de La Merced y
San Ignacio a los jesuitas; la gobernación de Juárez Celman en Córdoba tuvo
tensiones con el obispado; en 1882, con motivo del Congreso Pedagógico, los
enfrentamientos entre los dos bandos aumentaron. En 1884 se sancionó la
Ley de Educación Común, que provocó la expulsión del Nuncio y la ruptura
de relaciones con el Vaticano. En contra de las leyes laicas y de las medidas
adoptadas, Manuel Estrada y Pedro Goyena organizaron la Unión Católica,
que tuvo una existencia efímera y un mínimo respaldo popular. Finalmente
terminaron oponiéndose a la candidatura de Juárez en las elecciones de
1886.19
La Revolución del 90 y el surgimiento de la Unión Cívica y del Partido
Radical
El modo "audaz" de gobernar de Juárez Celman explica el surgimiento de
la UC en 1890, favorecido por el faccionalismo, las rivalidades entre roquistas
y juaristas y la naturaleza cambiante de las lealtades entre las facciones del
PAN. La Unión Cívica (UC) y la Unión Cívica Radical (UCR) surgieron en
una escena política fragmentada por los desajustes provocados por el
"unicato", ya que la ausencia de algún grupo hegemónico dentro del PAN
impidió una solución estable. Los historiadores del radicalismo vincularon
erróneamente su origen con el surgimiento de la UC y la Revolución del 90,
acontecimientos que mitificaron en demasía, y la UC fue vista como un
partido nuevo, de fuerte estructura organizativa y con una plataforma y
objetivos permanentes.20 Tim Duncan niega que la UC se interesara en la
innovación política y que lejos de representar algo nuevo, o adherir a
objetivos políticos novedosos (como "implantar la democracia popular")21
tenía un estilo organizativo arcaico, opuesto a los juaristas, considerados
demasiado extremos. Cree, asimismo, que las interpretaciones erróneas sobre
la Revolución del 90 le permitieron ocupar un lugar sagrado en la
historiografía. Contra la idea de que introdujo nuevas fuerzas y preocupaciones
políticas, o que fue un paso notable para mejorar los procedimientos o
la moral, señala que la revolución fue una reacción parroquial y conservadora
estimulada por la lealtad del gobierno a la base provincial de la máquina
juarista y por la incapacidad de la sociedad política porteña de soportar las
consecuencias culturales, financieras y políticas del boom económico.22
El surgimiento de la UC se presenta como respuesta al banquete del 20
de agosto de 1889, organizado por los seguidores de Ramón J. Cárcano en
apoyo a su candidatura presidencial y a Juárez Celman. Según la
explicación clásica, la consecuencia inmediata del acto de los "incondicionales"
fue el artículo de Barroetaveña en La Nación: "¡Tu quoque
juventud! (En tropel al éxito)", que llevó al mitin fundacional del 1 de
septiembre en el Jardín Florida. Sin embargo, la idea de algunos sectores
porteños de responder a la "audacia" de Juárez ya existía, como lo prueba
la fundación el 24 de julio de un Club Político para restablecer "las
prácticas constitucionales" y "combatir el orden de cosas existente".23 Así
se consolidó una heterogénea coalición opositora: el mitrista Partido
Liberal; los dirigentes alejados del PAN tras las elecciones de 1886; la
Unión Católica; y un grupo de antiguos militantes de tradición populista,
del autonomismo bonaerense, donde sobresalía Leandro Alem. A ellos se
sumaron los sectores juveniles que habían fundado la UC de la Juventud,
cuyo nombre inspiró al nuevo agrupamiento.24
Esa coalición de facciones porteñas tradicionales, poco vinculadas al
progresismo político y social que se les atribuye, que fue la UC, aportaba
pocas novedades a la vida política local. La mayoría de sus dirigentes, entre
los cuales no había políticos provinciales de renombre, provenía de los
Partidos Unidos (opuestos a Juárez en 1886). La UC era un partido porteño
de rebelión, conservador, reaccionario en sus manifestaciones y con una
visión económica tradicionalista. Era un partido popular, sin grandes
convicciones democráticas, desinteresado por las reformas electorales y sin
ánimo de participar en los comicios, que enfrentó al juarismo con las armas
de la política popular: la abstención electoral, la conspiración en el Ejército y
la revuelta armada. La UC estuvo marcada por la influencia de sus dos
principales líderes, Leandro Alem y Aristóbulo del Valle, aunque en su
interior coexistirían fuerzas de muy diverso signo, y políticos de corte liberal y
conservador. Resulta sencillo encontrar componentes liberales en el
pensamiento de Alem y del Valle.25
Una interpretación de la Revolución del 90 y sus consecuencias señala que
acabó con una década de dominio del PAN y propició la fragmentación de las
fuerzas políticas. Mientras los mitristas apoyaban la salida política a la crisis
revolucionaria, la renuncia de Juárez y los pasos conciliadores de Pellegrini y
Roca, las otras facciones cívicas no lo hacían. Del Valle no creía en una vuelta
a la lucha armada e insistía en una oposición firme y organizada como
partido político para participar en las elecciones presidenciales. La postura
más extrema era la de Alem y sus jóvenes seguidores, insatisfechos con el
desenlace de la revolución, que no condujo a la UC al poder, y creían que con
su renuncia, Juárez había convertido la derrota militar en victoria política.
Las contradicciones entre los líderes cívicos sobre qué tipo de oposición
ejercer aumentaron. El enfrentamiento por la fórmula presidencial produjo la
división de la UC, el 26 de junio de 1891, dando lugar a la UC Nacional y a la
UC Radical, pese a los llamados de del Valle y otros para que se mantuviera
la unidad partidaria.
En sus comienzos, la base social y los planteamientos políticos del
radicalismo no diferían demasiado de la de los demás movimientos políticos
argentinos y, a fines del siglo XIX, es posible encontrar elementos
"regeneracionistas" en algunos de sus máximos dirigentes. Tanto Alem
como Bernardo de Irigoyen y el resto de los principales líderes radicales
tenían una dilatada trayectoria en los "partidos del régimen" y se habían
desempeñado como parlamentarios u ocupado cargos políticos en el pasado.
Con el control político de Hipólito Yrigoyen, la UCR comienza a expresar
mejor los intereses de los sectores medios urbanos. Para Félix Luna, el
radicalismo era más un "movimiento redencionista" (otra vez el movimientismo)
que un partido político,"una suerte de cruzada contra el régimen al
que se tilda de inmoral e irredimible; una reacción contra el positivismo de la
época y, a la vez, una reivindicación de las cepas criollas y las raíces de la
tradición federal".26 Al finalizar 1904, en una reunión con correligionarios
santafesinos, Hipólito Yrigoyen señalaba que la acción revolucionaria no
debía ser interferida por la crítica de los "partidos militantes", que los
acusaban de carecer de un programa concreto. La reparación nacional no
podía encerrarse en los límites de un programa, ya que los abarcaba y
sobrepasaba. Los programas, señalaba Yrigoyen, vendrían después que el
país incorporara el voto garantido y libre y "aunque el triunfo parcial se les
ofrezca por esos conglomerados esporádicos que se organizan para
conquistar el poder y lo crean ustedes seguro, no vacilen en despreciarlo".27
El dirigente radical santafesino Ricardo Caballero hablaba de las diferencias
entre los radicales y los partidos "positivistas y prácticos", en alusión a la
Liga del Sur. Mientras los radicales representaban la fuerza de las ideas, los
otros encarnaban la adoración del éxito.28
La historia política latinoamericana insiste en la recepción de influencias
francesas y norteamericanas, tanto desde el punto de vista doctrinal como
organizativo (en este último caso la influencia es sobre todo estadounidense:
convenciones, propaganda, campañas electorales, etc.), y se pregunta en
menor medida por otras que no por menos visibles fueron menos
significativas, como las provenientes de España e Inglaterra. Quizá la
cercanía del 98 sea una buena oportunidad para reflexionar en torno a
algunas de estas cuestiones. ¿Cuántos políticos latinoamericanos leían a
Castelar o peregrinaban a Madrid para escuchar su brillante oratoria en las
Cortes? ¿Cuál era la influencia del primer republicanismo español en los
partidos y los políticos latinoamericanos, especialmente en aquellos países,
como Argentina o Uruguay, donde las colonias de exiliados eran más
numerosas? En 1903 Rafael Calzada creó en Argentina la Liga Republicana
Española, una más de las organizaciones de este tipo, que contaban además
con una prensa muy activa.29 ¿Cómo influía la legislación española en la
redacción de leyes y otras medidas parlamentarias? Es innegable que la
reforma del régimen local impulsada por Maura se hizo sentir en Argentina,
favorecida por la presencia en el país de Adolfo Posada.30 ¿Qué impacto
tenían las traducciones o las obras divulgativas publicadas en España en los
distintos países de América Latina? ¿En qué medida se expresó el
regeneracionismo, más allá del impacto, probablemente más anecdótico que
otra cosa, del krausismo sobre Hipólito Yrigoyen?31
Los años iniciales del radicalismo permanecieron durante bastante tiempo
rodeados de la misma aureola mítica que la Revolución del 90.32 Buena
prueba de ello son las siguientes palabras de David Rock, autor de un
discutido libro sobre el radicalismo:
"Durante casi diez años después de la muerte de Alem en 1896,
los radicales fueron poco más que una de tantas facciones
pequeñas. Una vez que estuvieron firmemente bajo el liderazgo
de Yrigoyen, en 1898, dejaron de presentarse a las elecciones
como protesta contra el fraude electoral. En esa época el
radicalismo era más una sociedad secreta que un partido
político, y sus partidarios obedecían a dos reglas simples: la
,abstención' en las elecciones fraudulentas y la `intransigencia'
contra el compromiso con respecto a la adhesión a una nueva
revolución y contra los intentos de cooptación por parte del
gobierno... Bajo el liderazgo de Yrigoyen, el radicalismo
mantuvo una adhesión intransigente a la democracia popular
y a los principios de responsabilidad gubernamental y honradez
administrativa. Pero el grupo carecía de un plan constructivo o
detallado de reforma y tendía a presentar la democracia como
una panacea. Detrás de su apariencia rebelde, la mayoría de los
radicales eran de tendencia en buena medida conservadora; la
mayor parte de sus actitudes estaba dentro de una gama que iba
del paternalismo conservador al laissez faire liberal. Las
doctrinas del radicalismo también revelaban influencias corporativistas.
Los radicales proclamaban su superioridad ética frente
a sus rivales políticos. Les preocupaba menos la significación
instrumental de la democracia popular que sus funciones
normativas para promover el bien común. El radicalismo no
era un `partido' ligado a cierto conjunto de intereses, sino un
,movimiento', un agregado amplio de ciudadanos comprometidos en alcanzar
la solidaridad social. También, la solidaridad era su objetivo, más
que una lista específica de prioridades de reforma en nombre de intereses particulares".33
Miguel Cané decía que la principal diferencia entre el PAN y la UCR era la
defensa de los métodos revolucionarios y "el desconocimiento de la legalidad
del actual gobierno nacional". Los radicales no surgieron defendiendo los
intereses de los no privilegiados, ni algunos mecanismos institucionales, como
el parlamentarismo o la representación proporcional. Si le unimos su
vaguedad retórica, entendemos las dificultades para definirlos ideológicamente,
al haberse centrado los historiadores en las plataformas y manifiestos
de los partidos, deduciendo que los principios de la UCR eran vagos, mal
definidos y poco diferentes de los contrarios. Para Alonso, la vaguedad de las
plataformas políticas y su similitud formaba parte de la tradición nacional,
como surge de comparar las de la UCR, el PAN y la UCN.34 A fines del siglo
XIX, la mayoría de los partidos políticos argentinos tenía puntos de vista
similares sobre el desarrollo nacional y había un gran consenso en torno a las
deficiencias de las prácticas políticas. La convergencia de políticos de muy
distinto signo en la experiencia de la UC así lo prueba y si bien el PAN
buscaba una mejora gradual y pacífica, los radicales querían un cambio
rápido, aun a costa de quebrar el marco institucional democrático. Pese a la
afirmación de que la UCR se formó para cambiar las instituciones políticas o
electorales, esto no fue así.35
El Partido Demócrata Progresista (PDP)
"Sáenz Peña y sus adeptos se habían adherido a la reforma
electoral en la creencia de que las viejas facciones oligárquicas se
adaptarían a las nuevas condiciones y se unirían en un fuerte
partido conservador que gozaría de gran apoyo popular. Los
progresistas esperaban que Sáenz Peña pudiese legar la
presidencia a un conservador progresista similar, cuyo gobierno
sería fortalecido y legitimado por elecciones abiertas y limpias.
En cambio, los conservadores fracasaron repetidamente en sus
intentos de unidad y autodemocratización. Después de 1912 se
dividieron, siguiendo líneas regionales, entre los seguidores de
Marcelino Ugarte, el gobernador de la provincia de Buenos
Aires, y los de Lisandro de la Torre, líder del Partido
Demócrata Progresista, un grupo conservador democrático
con base en Santa Fe".36
En realidad, las líneas regionales de fractura poco o nada tuvieron que ver
con el fracaso del proyecto, más allá de las ambiciones personales del
gobernador de la Provincia de Buenos Aires. En la segunda mitad de 19141a
mayoría de las dispersas fuerzas liberales y conservadoras hicieron el mayor
intento desde la constitución del PAN para formar un gran partido nacional,
el PDP, que pudiera imponerse en las urnas al Partido Radical. Se suele
afirmar que la experiencia fracasó por el enfrentamiento entre de la Torre y
Ugarte, agravado por la existencia de concepciones políticas encontradas.
Esta interpretación carga las tintas sobre los dos personajes más notorios e
intransigentes. Sin embargo, había otros obstáculos, como la existencia de
numerosos políticos presidenciables (Julio A. Roca (h), Benito Villanueva y
otros), la actitud del presidente de la Plaza para influir en la designación de su
sucesor, la irritación que causaba Ugarte en la UC y otros partidos, y la
actitud de los partidos provinciales que querían mantener sus estructuras
orgánicas y sus señas de identidad.37
La opinión de que la reforma de Sáenz Peña y su ministro del Interior
cambió las prácticas políticas y afectó a las elites es común en algunos
historiadores y politólogos.38 La idea se apoya en el triunfo yrigoyenista y en
la existencia de un antes y un después de 1916. Se suele diferenciar el período
de gobierno radical, 1916/1930, de los anteriores gobiernos oligárquicos
fraudulentos y de la posterior "década infame". Las elecciones celebradas en
1912 con la nueva ley, pese al buen desempeño conservador en casi todo el
país, permitieron el triunfo radical en Santa Fe. También se renovó
parcialmente la Cámara de Diputados, a la que accedieron radicales,
socialistas y un representante de la LS.
En 1910, en la campaña electoral de Sáenz Peña, se planteó la formación de
un partido nuevo. Las campañas electorales habían encarecido por la
expansión del mercado electoral y la compra de votos, lo que revalorizaba el
papel de los partidos. En mayo de 1913, Sáenz Peña señaló que el triunfo de
partidos "extremos" (el radical y el socialista) inquietaba a algunos sectores,
pero que no todos los conservadores, él el primero, defendían esas teorías.
Tanto la UCR como el Partido Socialista actuaban en el marco de la
legalidad, "con sus doctrinas y sus banderas", y al concurrir a las urnas,
dejaban de ser partidos revolucionarios. Quienes no participaban de sus
aspiraciones podían enfrentarlos en elecciones. Por ello recomendaba formar
"partidos orgánicos e impersonales" y a las fuerzas conservadoras
organizarse para mantener la mayoría.39
La idea de crear un partido nacional se intuía en 1912.40 Algo se movía en
las provincias, pese a la supuesta neutralidad del gobierno. Indalecio Gómez
intentó desmentir los rumores y consideraba normal que la oposición se
aglutinara bajo la bandera radical y que los antirradicales también se unieran,
especialmente después de las elecciones de Santa Fe. Según el ministro, esa
actitud defensiva llevó a la concentración en Córdoba, Salta, Tucumán y
Entre Ríos, en lo que el gobierno no estaba implicado. Si el radicalismo no
había pedido autorización para aglutinar a la oposición, por qué los partidos
no radicales necesitaban del ministro, ya que la política presidencial
abandonó los métodos antiguos y había que buscar otros nuevos para
reforzar la colaboración entre Ejecutivo y Legislativo.41 La ruptura del PAN
y el deseo de frenar el yrigoyenismo fueron los mayores impulsos del ensayo
de convergencia de la mayoría de las fuerzas liberales y conservadoras. En
1914, con el PDP, se buscó la convergencia de las fuerzas situacionistas
(mayoritariamente partidos conservadores, herederos del PAN) con otros
partidos, como la Liga del Sur, y algunos líderes apartados de la política.
En septiembre de 1915 se publicó la plataforma del PDP, redactada por
Carlos Ibarguren, que políticamente quería consolidar el régimen electoral en
lo constitucional, buscaba mayor autonomía para los estados federales y
transformar en provincias los territorios nacionales. Su autor, analizando el
programa, dijo que la tendencia descentralizadora era el mayor mérito y la
cualidad característica e inconfundible del partido.42 Si bien Botana señala
que se trataba de una adaptación de las posturas de la Liga del Sur a los
imperativos de la ley Sáenz Peña,43 era algo más. El PDP se dirigía a un
electorado más amplio y bastantes tareas del gobierno nacional estaban fuera
del alcance de la Liga del Sur (política exterior, política militar, etc.). Los
puntos más destacados aluden al impulso a la salud pública y a la situación
laboral, social y legal de los trabajadores, mujeres y niños, y a la mayor
participación del Estado en el control y en la potenciación de la economía, así
como a la necesidad de profundizar en el proceso abierto de sustitución de
importaciones.
Junto al Programa, se difundió la Carta Orgánica, que fijaba los órganos de
gobierno. Sus disposiciones transitorias extendían la actuación de la Junta
Provisional hasta el 1 de enero de 1916. La Convención Electoral
Extraordinaria, que debía reunirse antes del 15 de diciembre de 1915 para
elegir la fórmula presidencial, designaría las delegaciones para la primera
Convención. También establecía los partidos que elegirían convencionales.
En la Capital: el PDP; en Buenos Aires, el Conservador; en Entre Ríos, la
Unión Provincial; en Santa Fe, la Liga del Sur y la Coalición; en Córdoba, el
Demócrata; en Santiago, la Unión Democrática; en Salta, la Unión
Provincial; en Tucumán, el PDP, el Conservador y la Unión Comunal; en
Mendoza, el Popular y la Concentración Cívica Regional; en Corrientes, el
Liberal, el Autonomista y el Liberal Disidente; en San Juan, la Concentración
Cívica y el Popular; en La Rioja, la Unión Popular y la Unión Provincial; en
Catamarca, la Concentración Cívica y el Demócrata; en Jujuy el Provincial y
en San Luis, el Conservador.44
La plataforma del Partido Demócrata Progresista es sumamente clarificadora
sobre el carácter reformista de los liberales de la época. La plataforma se
dividía en nueve capítulos: Política Internacional, Política General, Política
Social, Política Económica y Financiera, Política Agraria, Gobierno y
Administración, Las Instituciones Militares, Régimen Jurídico y Representantes
Electivos del PDP. En lo referente a política internacional, el
planteamiento era de una generalidad absoluta, demostrando la dificultad
de llegar a algún acuerdo sobre el punto, especialmente en medio de la Guerra
Mundial. En la política general, las similitudes con el programa de la Liga del
Sur eran mayores. Si bien se gobernaría con el partido, habría una estricta
separación de la labor de gobierno y de la actividad partidaria, tanto en las
provincias como en el terreno nacional.
Desde el punto de vista social, se pretendía incrementar el papel del Estado
en los temas de Salud Pública, así como en lo referente a la mejora de las
condiciones de vida de los trabajadores (construcción de casas baratas,
promoción en todo el país de una legislación del trabajo ajustada a las
peculiaridades de cada región, que amparara la salud y el descanso del
trabajador: reglamentación del trabajo de las mujeres y los menores;
prevención de accidentes y enfermedades del trabajo; reglamentación
higiénica de fábricas y talleres y del trabajo a domicilio; creación de
tribunales de conciliación mixtos de patrones y obreros y organización de la
asistencia social).
En lo económico, se insistía en el respeto de la situación actual de la
industria y en el fomento de "la explotación y el aprovechamiento industrial
de los productos naturales del país, para que puedan substituir con ventaja a
los similares extranjeros". Se trataba de proteger por igual el capital invertido
en la industria y el comercio y de fomentar la radicación de nuevos capitales
extranjeros. Los tratados de comercio debían ser revisados para "mejorar las
condiciones de penetración de nuestros productos en los mercados
extranjeros", para lo cual se debería fomentar el desarrollo de una marina
mercante argentina y de las exportaciones. El proteccionismo limitado no
implicaba el cierre de las fronteras, ni la búsqueda de autarquía y, por el
contrario, pretendía expandir las exportaciones. El fomento de nuevas
industrias también serviría para impulsar el progreso económico del interior.
Se abogaba por una legislación sobre el petróleo, que sirviera de base al sector
y defendiera los intereses vinculados a ella. Otro punto pedía la revisión
"científica" del régimen impositivo. El impuesto debía recaer "con
preferencia sobre la riqueza adquirida y los beneficios de la producción, a
fin de alivianar las cargas que pesan sobre los consumos y artículos de
primera necesidad". Se gravaría el ausentismo. El régimen bancario debía
regular la circulación y el cambio y difundir el crédito en beneficio del trabajo
y la producción.
En lo referente a la agricultura, el PDP era partidario de la sanción de
una ley que permitiera al Estado la compra a particulares de campos,
ubicados en zonas fértiles y próximas a puertos y ferrocarriles, que deberían
venderse fraccionados a los agricultores a largo plazo y a bajos tipos de
interés. También se muestra favorable a la colonización agrícola en tierras
fiscales, mediante la adquisición de las propiedades por los colonos, con
largos plazos. Otros puntos en los que insiste son: 1) perfeccionamiento de
las industrias agropecuarias mediante la mejora técnica, tanto de la
producción como de la distribución y con una mayor difusión de la
enseñanza agrícola; 2) organización de un sistema de transporte y
manipulación de los productos agrícolas que permita colocarlos más
ventajosamente en el mercado; 3) combate contra los monopolios
industriales y comerciales que amenazan a los agricultores o al interés
general; 4) reforma sobre bases más equitativas de los impuestos locales a la
producción agraria; 5) rebaja de la contribución directa de la pequeña
propiedad rural en explotación y el aumento de la que grava las grandes
propiedades inexplotadas; 6) sanción de una legislación orgánica sobre
irrigación y fomento del riego; 7) construcción de puentes y caminos en
todo el país.
En lo referente al gobierno y la administración, se propone la contención
del gasto público y la potenciación del presupuesto como herramienta de los
ingresos y gastos del Estado, así como la reorganización de la administración
pública. La educación era un tema central y se proponía: el aumento del
número de escuelas en proporción mayor al crecimiento de la población
escolar; cursos nocturnos gratuitos para obreros y fomento de la enseñanza
profesional para ambos sexos; reforma de la legislación escolar, reduciendo el
centralismo y los poderes del Consejo Nacional de Educación y transfiriendo
sus facultades en materia de educación primaria a las municipalidades; ley de
magisterio que asegure la estabilidad de los maestros y transformación de los
institutos de altos estudios provinciales en universidades nacionales.
En materia militar, el PDP tenía como principal objetivo la preservación de
la paz, para lo cual proponía mantener un Ejército y una Marina de Guerra
adecuada a los recursos del país y en función de su situación geográfica, cuya
base sería el servicio militar obligatorio. La planta orgánica de las
instituciones militares la establecería el Congreso y la doctrina militar un
Consejo de Defensa Nacional. Se reformaría el Código de Justicia Militar en
armonía con el sistema de reclutamiento.
Sobre el Poder Judicial pedían la reforma de la legislación penal en base a la
individualización de las penas, condenas condicionales, registro de reincidentes,
libertad condicional, unificación de la legislación criminal y
correccional, organización de patronatos para penados que hayan cumplido
la condena, leyes especiales para menores delincuentes y creación de
tribunales especiales para ellos, ley de contravenciones. Se pedían otras
medidas como: 1) reforma del régimen carcelario, creando colonias
penitenciarias y cárceles regionales; 2) reforma de las leyes de procedimientos
para acelerar los juicios y suprimir los trámites inútiles y dilatorios; 3) en lo
criminal: publicidad de los sumarios, juicios orales, admisión de pruebas
morales, restricción de la prisión preventiva a los delitos con menos de tres
años de privación de libertad y ampliación del habeas corpus; 4) modificación
del Código de Comercio y de la Ley de Quiebras. 5) reforma del Código Civil;
6) mejora de la condición civil de la mujer; 7) facilidad en la transmisión de
inmuebles mediante la creación del Registro de la Propiedad; 8) modificación
del régimen de herencia ab intestato.
Más arriba se señalaba la escasa diferencia existente entre las plataformas
de los distintos partidos a fines del siglo XIX. Ezequiel Gallo y Silvia Sigal
afirmaron que el programa radical se agotaba "consciente y deliberadamente,
en la lucha por la participación política". Yrigoyen escribía en 1909:
"extraviados viven los que piden programas a la Causa Reivindicadora", y
que la falta de programa no es un defecto sino una virtud del radicalismo. Por
ello, cuando se logre el funcionamiento de las instituciones, el Partido Radical
"concretará más su programa inicial con fórmulas que, traducidas en
funciones de gobierno de legalidad que entonces han de existir, pueden ser
benéficas".45 El programa radical, la causa, era la revolución y la abstención
electoral. Sin embargo, en la "Contribución para la redacción de un
programa de partido", presentada en la Convención Nacional de la UCR,
de 1916, por Isaías Amado y José Saravia, se encuentran numerosas
similitudes con el programa del PDP, tanto en materia de política económica,
como social, judicial o militar, a tal punto que los autores señalan que están
"obligados a declarar solemnemente al electorado... [si] vamos a respetar la
propiedad, las garantías y las vidas de las personas en nombre de la
constitución, o si es que en nombre de esa misma constitución vamos a
confiscar la propiedad o a tronchar la cabeza de nuestros adversarios". El
primer punto del programa intentaba recortar algunos avances peligrosos del
radicalismo yrigoyenista: "Poder ejecutivo para la nación, prescindente de
todo partido político. Admisibilidad en los puestos públicos de todos los
ciudadanos argentinos, sin consideración al partido de, que proceden.
Efectividad de sus responsabilidades. Honradez y legalidad absoluta en la
administración de los intereses públicos". Algunos otros puntos destacables
de la misma son: municipalidades electivas y autónomas, fomento de la paz
mundial, apoyo a la formación de una flota mercante nacional, mejora de la
administración de justicia, auxilio moderado a la industria nacional,
expropiación y subdivisión de la tierra en las cercanías de estaciones
ferroviarias o centros poblados, y autorización para la inversión de capitales
extranjeros sin perder de vista el ideal de independencia económica.46
El triunfo de Yrigoyen abrió un nuevo período en la historia argentina y
consolidó el descalabro del PDP, que desde entonces nunca volvió a ser lo que
fue y concluyó como un partido minoritario, limitado a la provincia de Santa
Fe y la Capital Federal. Cuando se habla del fracaso del PDP y de sus causas,
se acude a las ambiciones presidenciales de de la Torre y Ugarte. Si bien la
intransigencia de uno y la ambición del otro liquidaron el proyecto y
permitieron el triunfo yrigoyenista, hay otras razones. Primero, de la Plaza se
oponía a la consolidación del PDP y favorecía una coalición tradicional de
partidos provinciales para actuar como gran elector, lo que cuestionaba el
proyecto delatorrista de elección de candidatos en la convención de un
partido moderno. Segundo, la división de las fuerzas liberal-conservadoras de
la Capital Federal imposibilitó articular el nuevo partido. Tercero, las
diferencias entre conservadores, católicos y liberales, con planteos, reivindicaciones
y estilos distintos, agravadas por la diversidad de los partidos
provinciales "concurrencistas". Cuarto, el carácter que unos y otros querían
darle al PDP. De la Torre pretendía un "partido orgánico permanente",
mientras que para numerosos líderes conservadores, el partido era "un estado
de transición preparatorio de otras soluciones". La fórmula del partido
permanente amenazaba la supervivencia de muchos partidos provinciales,
algo que rechazaba la mayoría de sus líderes, ante el temor de perder poder
negociador. Por último, la existencia de numerosos "presidenciables"
(Villanueva, Roca(h), Gómez, Cárcano, etc.) dificultaba cualquier proceso
unitario. Botana sugiere que más allá de los enfrentamientos personales y la
intolerancia de los dirigentes, la división en partidos modernos y agrupaciones
tradicionales encubría dos visiones antagónicas. Una, la de la práctica
política ensayada en numerosas elecciones. La otra, una visión racionalista de
la acción política, con un programa ordenado, que marcaba el contraste con
las formas tradicionales. De todas formas, el fracaso de los sectores dirigentes
argentinos de construir un gran partido nacional liberal-conservador puede
probablemente haber sido el fracaso de la democracia argentina de consolidar
un sistema estable.47
La historia política argentina tiene dos fechas míticas: 1912 y 1916. La
primera se asocia a la llamada Ley Sáenz Peña (en realidad un conjunto de
leyes), que modificó la mecánica electoral, y la segunda al inesperado triunfo
del radicalismo de la mano de Hipólito Yrigoyen. De un modo tajante se
asume que 1912 es el año de la reforma, sin prestar demasiada atención a la
sancionada diez años antes a instancias del presidente Roca y su ministro del
Interior, Joaquín V. González. El triunfo radical es asumido como el
momento de la irrupción de nuevos sectores medios y urbanos en la vida
política argentina.
Esto explica la interpretación de numerosos autores, que entienden que
estos acontecimientos provocaran la caída del "orden oligárquico" en
Argentina, en un proceso presentado con grandes dosis de generación
espontánea. Sin embargo, sus causas son más antiguas, mucho más complejas
y están relacionadas con la formación del sistema de partidos argentinos. Un
sistema que comienza a estructurarse antes de 1912 y que recibe escasas
influencias de la reforma electoral implementada por el tándem Sáenz Peña -
Indalecio Gómez, salvo en lo que al PDP se refiere. Un sistema condicionado
más de lo que generalmente se piensa por los partidos provinciales, partidos
que sólo en los últimos años han comenzado a estudiarse en forma
sistemática. Un sistema, en definitiva, que como se ha puesto de manifiesto,
no responde en absoluto a las divisorias políticas tradicionales entre
formaciones liberales y conservadoras.
Por el contrario, ingredientes políticos conservadores y liberales están
presentes en la mayor parte de los partidos existentes en el período. De ahí,
que sea importante ver la forma en que las ideas de diferente signo permearon
y cruzaron los distintos partidos, ya que el estudio de los mismos en función
de sus singularidades ideológicas puede conducir a un callejón sin salida,
plagado de preguntas retóricas, del tipo: ¿es conservador el Partido Radical?
Es probable que esta falta clara de posicionamientos ideológicos, que entre
otros problemas implica mayores dificultades a la hora de buscar referentes
internacionales, provocara algunos conflictos de identidad, que debieron ser
canalizados a través de la lucha política.
A esta situación se llega, en gran medida, por la existencia de un único
partido en la escena nacional del último cuarto del siglo XIX, un partido con
características cuasi "movimientistas". En buena medida, el PAN fue
producto de la confluencia de diversas, variadas y cambiantes organizaciones
provinciales, sobre las cuales nuestro conocimiento actual es bastante
limitado. Pero así como es necesario profundizar en el estudio de los partidos
provinciales, también lo es hacerlo con los partidos conservadores, que en
numerosas ocasiones coincidirían con los anteriores, siguiendo la definición
apuntada al comienzo de este trabajo. Las futuras respuestas a los numerosos
interrogantes sobre el PAN que todavía siguen abiertos nos permitirán
comprender mejor la evolución del proceso, especialmente en lo relacionado
con sus diversas manifestaciones políticas e ideológicas.
Lo cierto es que el PAN no se escindió dando lugar a otro partido fuerte
que lo reemplazara, pese a los numerosos grupos que fueron abandonando la
"casa común". La mayor parte de ellos, como el Partido Modernista, tenían
una vida efimera y sus principales dirigentes, caso de no abandonar la vida
política, terminaban reincorporándose al PAN. Por el contrario, el fin del
PAN fue el producto de un lento proceso de desintegración que permitió el
fortalecimiento de los partidos provinciales, uno de los mayores obstáculos
para la creación de un partido nacional liberal-conservador con vocación de
estabilidad y capaz de constituirse en alternativa de poder. De este modo, los
políticos panistas terminaron ocupando destacadas posiciones en todas las
experiencias políticas que se desarrollaron a partir de la Revolución cívica de
"El Parque", con excepción del Partido Socialista, lo que dificulta todavía
más la adscripción política e ideológica de los partidos argentinos de la época.
NOTAS
Partido Socialista, "Programa mínimo" (1896), en Revista Argentina de Ciencia Política
(RACP), Año V, T. X, N4 56 (1915), p. 128.

José Luis ROMERO, "El pensamiento conservador latinoamericano en el siglo XIX", en
J.L. y Luis Alberto ROMERO (comps.), Pensamiento Conservador (1815-1898), Caracas,
1978, p. XII.

Natalio BOTANA, "Estudio preliminar" a la edición de 1995 de El orden conservador. La
política argentina entre 1880 y 1916, Bs. As. (14 ed. 1977), p. II.

Rodolfo RIVAROLA, "La fórmula demócrata progresista", RACP, Año VI, T XI, N4 64
(1916), p. 373.

Edward GIBSON, Class and Conservative Parties. Argentina in Contparative Perspective,
Baltimore, 1996, pp. 3-8. Para Gibson, la existencia de un partido conservador bien
organizado es clave en la consolidación de un sistema democrático; en este sentido
contrapone los casos de Chile, Colombia y Uruguay al argentino, p. 30.

Trabajos como el pionero de Oscar CORNBLIT, "La opción conservadora en la política
argentina", Desarrollo Económico, N° 56, Vol. 14 (1975), o el de Ana María MUSTAPIC,"El
Partido Conservador de la Provincia de Buenos Aires ante la intervención federal y la
competencia democrática: 1917-1928", Instituto Torcuato Di Tella, Centro de Investigaciones
Sociales, Documentos de Trabajo N° 95, Bs. As., 1987, son escasos. Por el contrario, es
más fácil encontrar obras del estilo de The Argentine Right. Its History and Intellectual
Origins, 1910 to the Present, de Sandra McGEE DEUTSCH y Ronald DOLKART (eds.),
Wilmington, 1993. Inclusive en Pensamiento Conservador, compilado por J.L. y L.A.
ROMERO, en el apartado dedicado a Argentina sólo se incluye, para esta época, al católico
José Manuel Estrada ("Discursos sobre el liberalismo"). Por otra parte, existe un lamentable
y poco académico intento de "una interpretación `conservadora' de la historia contemporánea"
argentina, entre cuyos pobres resultados se cuenta Ni década, ni infame. Del '30 al '43,
Bs. As., 1991, de Carlos AGUINAGA y Roberto AZARETTO.

Rodolfo RIVAROLA, "Crónica", RACP, Año[, N4 5, p. 682, cit. por Natalio BOTANA, El
orden conservador..., p. 224.

Donald PECK: "Argentinian Politics and the Province of Mendoza, 1890-1916", Ph.D.
Thesis, Oxford University, 1977, p. 15.

Esta palabra se usaba en la época en el sentido político clásico; Ezequiel GALLO,
"Argentina: Society and Politics, 1880-1916", en Leslie BETHELL (ed.), The Cambridge
History of Latín América, Vol. V, Cambridge, 1986, p. 382.

Carlos FLORIA y César GARCIA BELSUNCE, Historia política de la Argentina
contemporánea, 1880-1983, Madrid, 1988, p. 67.

José N. MATIENZO, El régimen republicano federal, Bs. As., 1994 (la 11 edición es de 1910 y
en 1917 se publicó una 21 edición actualizada), p. 153.

E. GALLO, "Argentina...", p. 377. La siguiente afirmación sobre la Liga de Gobernadores es
típica: "Bajo un régimen donde casi todos los Gobernadores de las provincias pertenecían al
mismo partido del Presidente..., fue sencillo formar una especie de Club de gobernadores -la
Liga de Gobernadores- que se caracterizaba porque cada uno manejaba discrecionalmente su
provincia (incluyendo los cargos y las candidaturas) y era, a su vez, controlado por el
Presidente... La Liga de Gobernadores, durante el Roquismo, se convirtió así en el árbitro de
la política argentina"; C. REINALDO GARCIA, Historia de los Grupos y Partidos Políticos
de la República Argentina desde 1810 a 1983, Bs. As., 1983, p. 35.

Natalio BOTANA, El orden conservador..., p. 245.

"Por regla general... los gobernadores proceden como señores absolutos y exclusivos en la
designación de los cargos electivos de carácter provincial, lo que da por resultado que las
cámaras legislativas de provincia son hechuras de los gobernadores, salvo rarísimas
excepciones. En cuanto a los cargos electivos de carácter federal (diputados y senadores al
Congreso y electores de presidente), los gobernadores obran como administradores de un
negocio en el que son accionistas principales, pero en el que reconocen al presidente una
participación más o menos importante, según las conveniencias políticas, es decir, según la
mayor o menor necesidad que el gobernador tenga del apoyo del presidente para sostenerse
en el mando"; J.N. MATIENZO, El régimen..., pp. 153-4.

J.N. MATIENZO, El régimen..., p. 154. Esta situación llevó, según el autor, a que personas
"desprovistas de méritos intelectuales y morales" lleguen en cada vez mayor medida al
Congreso.

J.N. MATIENZO, El régimen..., pp. 155-6.

Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, 1912, t. I., p. 109. Sobre este punto, ver de
Carlos MALAMUD, "La política electoral de la Liga del Sur (1908-1912)", en C.
MALAMUD (ed.), Partidos políticos y elecciones en América Latina y la Península Ibérica,
1830-1930, Papeles de Trabajo, I.U. Ortega y Gasset, 1995, pp. 22-4.

El PAN se presentaba en Buenos Aires con el nombre de Unión Provincial.

Ezequiel GALLO y Roberto CORTES CONDE, La república conservadora, Bs. As., 1987,
pp. 72-4 y David ROCK, "Antecedents of the Argentine Right", en S. McGEE DEUTSCH y
R. DOLKART, The Argentine Right..., p. 20.

Paula ALONSO, "The Origins of the Argentine Radical Party, 1889-1898", Ph.D. Thesis,
Oxford University, 1992, pp. 8-11 y 47-60. Esta apreciación errónea se sigue manteniendo.
Ruth BERINS COLLIER y David COLLIER, en Shaping the Political Arena, Princeton,
1991, p. 134, citan a Karen REMMER, Party Competition in Argentina and Chile: Political
Recruitment and Public Policy, 1890-1930, Lincoln, 1984, p. 32, para afirmar que el Partido
Radical se originó en la U.C. de la Juventud, creado para promover "la libertad electoral, la
moralidad política y la autonomía provincial".

D. ROCK, Argentina, 1516-1987. Desde la colonización española hasta Raúl Alfonsín, Madrid,
1988, p. 242.

W.T. DUNCAN, "Government by Audacity. Politics and the Argentine Economy, 1885-
1892", Ph.D. Thesis, University of Melbourne, 1981, pp. xiv-xvii, 39-40 y 57.

"Acta de la reunión celebrada en los salones de la Rotisserie 'Georges Mercier' en la noche
del 24 de julio de 1889 iniciando el movimiento que se definió con la constitución de la Unión
Cívica", en José P. TAMBORINI, "Croquis de la Revolución del 90", Cursos y Conferencias,
Año IX, Vol. XVI, N4 7 y 8 (1940), pp. 1946-7.

N. BOTANA, El orden conservador..., p. 164.

Ezequiel GALLO, "Las ideas liberales en la Argentina", en Aníbal ITURRIETA (ed.), El
pensamiento político argentino contemporáneo, Bs. As., 1994 y Julio A. NOBLE, Cien años:
dos vidas, Bs. As., 1960.

Félix LUNA, "Trayectoria y cambio del radicalismo en Argentina", en A. ITURRIETA
(ed.), El pensamiento político..., p. 99.

R. CABALLERO, Hipólito Yrigoyen y la revolución radical de 1905, Bs. As., 1975, p. 51.

Roberto A. ORTELLI (comp.): Discursos y documentos políticos del Dr. Ricardo Caballero,
Bs. As., 1929, p. 434.

Hugo BIAGINI, Redescubriendo un continente. La inteligencia española en el París americano
en las postrimerías del siglo XIX, Sevilla, 1993.

Adolfo POSADA, La República Argentina. Impresiones y comentarios, Madrid, 1912, pp. 83 y
101.

Ver, por ejemplo, Hugo BIAGINI (comp.): Orígenes de la democracia argentina. El
transfondo krausista, Bs. As., 1989, y Osvaldo ALVAREZ GUERRERO: Política y ética
social. Yrigoyen y el krausismo, orígenes ideológicos de la UCR, General Roca, 1984.

El citado trabajo de P. ALONSO, "The Origins...", supone un importante avance para el
conocimiento de ese período histórico.
David ROCK, El radicalismo argentino, 1890-1930, Bs. As., 1977, pp. 243-4.

P. ALONSO, "The Origins...", pp. 103-49 y 166-71.

P. ALONSO, "The Origins...", pp. 8-11.
D. ROCK, Argentina..., 248-9.

Los obstáculos a la formación de un gran partido nacional liberal-conservador se analizan
más detalladamente en Carlos MALAMUD, Partidos políticos i, elecciones en la Argentina: la
Liga del Sur santcifesina (1908-1916), Madrid, 1997.

Por ejemplo, Peter SMITH: Argentina and the Failure of Democracy. Conflict Among Political
Elites, 1904-1955, Madison, 1974, p. 93, que a su vez lo recoge de Darío CANTON,
"Universal Suffrage as an Agent of Mobilization ', trabajo inédito presentado al 6° Congreso
Mundial de Sociología, Evian (Francia) (ix-1966). Un ejemplo más reciente es la síntesis de
Marcelo CAVAROZZI, "Los partidos políticos argentinos durante el siglo XX", Secuencia.
Revista de Historia y Ciencias Sociales, N4 32 (México, 1995). Una revisión sistemática del
significado de la reforma electoral ha comenzado a realizarse a partir de las iniciativas de la
Universidad Nacional de Mar del Plata. Algunos ejemplos en Fernando DEVOTO y Marcela
FERRARI (eds.), La construcción de las democracias rioplatenses: proyectos institucionales y
prácticas políticas, 1900-1930, Bs. As., 1994 y Julio C. MELON PIRRO y Elisa PASTORIZA
(eds.), Los caminos de la democracia. Alternativas y prácticas políticas, 1900-1943, Bs. As.,
1996.

Roque SAENZ PEINA, Escritos y discursos (Ricardo Olivera, ed.), Bs. As., 1935, t. 11, pp.
530-1.

Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, 1912, t. III, p. 570.

Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, 1912, t. III, pp. 588 y 590-1.
J.O. SOMMARIVA, La República Federal, 1912-1936, Bs. As., 1955, p. 35.
Natalio BOTANA, El orden conservador..., p. 323.

PDP: Programa y carta orgánica. El programa se reproduce en Carlos MALAMUD, "El
Partido Demócrata Progresista: un intento fallido de construir un partido nacional liberal-
conservador", Desarrollo Económico, N4 138 (1995). Los liberales reformistas. La cuestión
social en la Argentina, 1890-1916, Bs. As., 1995, de Eduardo ZIMMERMANN, es un buen
ejemplo de las preocupaciones de un sector importante de los políticos y los dirigentes
argentinos de aquella época.

Ezequiel GALLO y Silvia SIGAL: "La formación de los partidos políticos contemporáneos:
la UCR (1890-1916)", en Torcuato DI TELLA, Gino GERMANI, Jorge GRACIARENA et
al., Argentina, sociedad de masas, Bs. As., 1966, pp. 130-1.

RACP, VI, XII, 68 (1916), pp. 95 y 102-10.

N. BOTANA, El orden conservador..., pp. 322-3. Para GIBSON, el fracaso de los partidos
conservadores en Argentina debe explicarse por la dinámica de las elites: patrones de fractura
y de acción colectiva en la clase alta y patrones de acción política de los líderes partidarios.
Las divisiones de la clase alta, concretamente las divisones económicas regionales, impidieron
la unidad conservadora a nivel nacional; Class and Conservative Parties, pp. xiv y 24-7.

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