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| VOLUMEN 8 - Nº 1 |
| ENERO - JUNIO 1997 |
Pensamiento Político en América Latina
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Pensamiento radical peruano: González Prada,
Zulen, Mariátegui
GERARDO LEIBNER
Universidad de Tel Aviv
A fines del siglo XIX y durante las tres primeras décadas del XX surgieron
en el Perú críticas socio-políticas que no sólo enfrentaban al orden
oligárquico imperante, sino cuestionaban las bases mismas de la nación
peruana criollo-mestiza. En los pensadores escogidos, estas críticas se
cristalizaban en la búsqueda de alternativas radicales, o sea que transformen
de raíz, esencialmente, la sociedad. En el Perú de comienzos de siglo, plural,
multifacético, pero principalmente escindido entre dos polos de referencia
socio-culturales -el criollo-costeño dominante y el runa-andino dominado-,
propuestas que se reducían a adoptar ideologías revolucionarias universalis-
tas o a enfrentar a la oligarquía criolla dentro de los ámbitos de la política
criolla no tenían un significado radicalmente transformador. Una actitud
consecuentemente radical implicaba necesariamente la reivindicación de la
población considerada indígena, gran mayoría demográfica, como principal
componente de la nación peruana, centrando en ella sus proyectos de
transformación social e integración nacional.
La inclusión de González Prada y de Mariátegui en la categoría de
"radicales" no es ninguna novedad, aunque no siempre esta categoría es
usada en el sentido que he definido anteriormente. Tampoco creo que este
tipo de categorías tengan un valor intrínseco, sino que se justifican en función
de su uso, de su capacidad para ilustrar alguna faceta de un proceso histórico.
Este trabajo pretende "rescatar" la figura algo olvidada y aún no
suficientemente estudiada de Pedro Zulen. Por ser el menos conocido, le
dedicaré más espacio. Señalaré también, de paso, su tampoco reconocida
contribución al interés de Mariátegui por la cuestión indígena. Más allá del
reconocimiento de la autonomía y personalidad de los pensadores, este
análisis propone priorizar su estudio contextualizado, aunque por razones de
espacio, me conformaré sólo con esbozar ciertas hipótesis interpretativas al
respecto.
Al decir que un radicalismo peruano de principios de siglo tenía que
implicar la reivindicación del Perú indígena, me refería a reivindicar a la
población indígena, los "indios" o los runa, como generalmente solían
denominarse y prefiero denominarlos. No hay que confundir esta reivindica-
ción con la de las supuestas raíces históricas indígenas del Perú, aunque
nuestros pensadores también la compartan. La reivindicación histórica era
característica de la mayoría de los intelectuales peruanos de principios de
siglo (a excepción de un sector hispanista, decreciente, reducido y
conservador) y de generaciones anteriores de intelectuales. Pero ella no
significaba necesariamente cuestionar la posición social de los indígenas
vivos, la gran mayoría de los entonces habitantes del Perú. Los intentos de
apropiación de la historia indígena por parte de los nacionalistas criollos del
siglo XIX están muy bien ilustrados en el título de un trabajo de Cecilia
Méndez: "Incas Sí, Indios No".1
Se hacen necesarias dos aclaraciones: 1) en este trabajo me limito a
proyectos radicales y anti-oligárquicos peruanos. Peruanos no sólo en el
obvio sentido de la palabra, sino también en que se trata de pensadores que
piensan en función de una nación peruana integral. No pretendo analizar
otros proyectos e ideologías existentes entonces en el ámbito runa campesino
y en el andino en general, que supuestamente promovían proyectos
nacionales distintos, principalmente tahuantinsuyanos. 2) Nuestros tres
pensadores pertenecen al sector étnico-social regido por el polo cultural
criollo-moderno, lo que condicionaba, en cierta medida, sus intereses y su
mundo conceptual. Aunque partían de un nacionalismo criollo-mestizo, en su
evolución política e intelectual llegaron a trascenderlo al considerar a la
población indígena como base esencial, como elemento primordial y activo,
como sujetos y no sólo como materia prima humana de una posible
nacionalidad peruana integral.
Manuel González Prada fue el primer intelectual criollo destacado que
cuestionó las nociones de su sector sobre la nación peruana. Hijo de una
encumbrada familia, de educación hispanista, fue de los jóvenes inquietos que
en los años 70 buscaron alternativas en la cultura francesa y en el positivismo,
adoptando un punto de vista liberal y republicano. Luego, motivado por la
debacle nacional en la guerra del Pacífico (1879-82), desarrolló una dolorida e
implacable crítica a la vieja oligarquía y su "nación" peruana, costeña y
criolla. En su famoso discurso en el teatro Politeama (en 1888), decía bien
claro: 2
"Con las muchedumbres libres aunque indisciplinadas de la
Revolución, Francia marchó a la victoria ; con los ejércitos de
indios disciplinados i sin libertad, el Perú irá siempre a la
derrota. Si del indio hicimos un siervo ¿qué patria defenderá?
Como el siervo de la Edad media, sólo combatirá por el señor
feudal..."
Analizando la tendencia decadente y oportunista de la elite mestiza costeña
(González Prada siempre se mofó de los aristócratas limeños que pretendían
ser "blancos"), su conclusión era terminante: 3
"No forman el verdadero Perú las agrupaciones de criollos i
extranjeros que habitan la faja de tierra situada entre el Pacífico
i los Andes, la nación está formada por las muchedumbres de
indios diseminadas en la banda oriental de la cordillera".
Ese crítico cáustico, ese anti-peruano, pesimista y resentido, como lo
acusaban sus rivales, era considerado hasta ese discurso como el vocero más
intransigente del patriotismo revanchista anti-chileno. Precisamente, el
discurso fue presentado en el marco de una colecta nacional para rescatar
las provincias de Tacna y Arica. González Prada combatió como oficial de
reserva voluntario en la batalla de Miraflores, en el infructuoso intento por
defender a Lima de la invasión chilena, y luego se encerró en su casa
negándose a salir a la calle mientras duró la ocupación. Aunque
evolucionando ideológicamente, González Prada continuaría durante años
fustigando con su afilada pluma a los miembros de la elite criolla que huyeron
o colaboraron con la ocupación para proteger sus intereses.4
Sin tomar en
cuenta estos antecedentes de nacionalista criollo, no puede apreciarse
debidamente la magnitud del impacto e importancia de aquel discurso.
Partiendo de una actitud republicana, nacionalista, laica, de raíz
racionalista y positivista, González Prada participó en 1891 en la fundación
del "Partido Radical-Unión Nacional". Sin embargo, durante su viaje a
Europa, iniciado por razones familiares meses después y prolongado hasta
1898, evolucionó ideológicamente llegando al anarquismo, corriente en auge
entonces en Francia y España. Al retornar al Perú, se desilusionó de sus
compañeros, dispuestos a pactar con otros partidos y participar en la política
criolla. Acercándose a los primeros círculos obreros e intelectuales
precursores del anarquismo en el Perú, González Prada se convirtió en su
principal punto de referencia intelectual y moral. Su radicalismo peruano se
acentuó frente a la recomposición de la oligarquía nacional ampliada y
abarcando, desde la revolución del caudillo popular Nicolás de Piérola en
1895, a nuevos sectores provincianos, pero renovando su carácter aristócrata
y excluidor de las masas populares, en lo que la historiografia denomina la
"República Aristocrática".
González Prada no partió del anarquismo para desarrollar su crítica al Perú
oligárquico. Esta se fue desarrollando desde cuestiones concretas, aunque
obviamente sirviéndose de los conceptos liberales y republicanos, y luego del
anarquismo europeo. Sin embargo, se percibe una separación entre la crítica y
la actitud contestataria en la sociedad peruana por un lado, y sus escritos de
carácter ideológico y cultural completamente universalistas, europeístas y que
trataban de temas muy lejanos a la realidad peruana, por otro. Sus artículos
recopilados en el libro Anarquía,5
por ejemplo, podrían haber sido escritos
por un anarquista en cualquier otra parte del mundo, tanto por su temática
como por sus conceptos. Los análisis peruanos más radicales de González
Prada no repercutieron en su mundo conceptual europeo. Ilustrativo de esta
separación entre sus críticas concretas y radicales a la realidad peruana y sus
conceptos eurocéntricos es su artículo titulado "Los verdaderos salvajes",6
publicado originalmente en el periódico anarquista Los Parias en 1905.
Repudiando los crímenes cometidos por los caucheros, las empresas
extranjeras y las autoridades contra los indígenas selváticos en la región de
Madre de Dios, González Prada criticaba la colonización, rechazando los
conocidos pretextos "civilizadores":
"¿Quiénes merecen el título de salvajes: los indios bravos que
habitan los bosques o los blancos y mestizos que van a
civilizarles? [.... ] En el país ha recrudecido la manía de colonizar
montañas y reducir salvajes, [.... ] Somos un ridículo puñado de
semibárbaros en un inmenso campo semiagreste [....] civilizador
de salvajes, civilízate tú mismo".
Esta crítica, acompañada con la afirmación que los españoles que "vinieron
a sembrar la civilización entre los Incas" eran "moralmente inferiores a los
descendientes de Manco Cápac", rompían con uno de los paradigmas de la
concepción progresista de la historia, resultante del positivismo y el
racionalismo, y generalmente compartida por González Prada y los
anarquistas de Los Parias. Sin embargo, las afirmaciones anteriores se
mezclaban con otra:
"nosotros en vez de comunicar la civilización, nos hallamos en
condiciones de mendigarla: una partida de gentes europeas tiene
más derecho de venir a humanizar el Rímac o el Chili que
nosotros de ir a civilizar el Tambopata o el Madre de Dios".
González Prada no se liberaba del discurso racionalista, progresista y
civilizador, y al fin justificador del colonialismo, según el cual una supuesta
civilización superior estaba en derecho de humanizar "bárbaros" y
"civilizarlos". En sus tesis sobre la cuestión indígena -en cambio- sí llegó a
romper totalmente con las concepciones corrientes en el sector criollo, incluso
con las indigenistas tutelares y "civilizadoras". Las definía como una cuestión
social vinculada al servilismo y el carácter feudal del régimen de haciendas,
imposible de resolver con medios pedagógicos (que era la posición más
corriente entre los liberales modernistas), y ofrecía como única alternativa
posible la resistencia violenta e individual del indígena frente al explotador.7
Alternativa ajena al carácter organizado, social y cultural del tipo de
anarquismo preconizado por él mismo. Limitado por su desvinculación con la
realidad indígena andina, con las continuas rebeliones, la cosmovisión y las
ideologías sociales corrientes entre los runas andinos, González Prada no legó
un programa claro a sus seguidores. Esa incapacidad fue criticada más tarde
por Mariátegui, quien la atribuyó a las limitaciones propias de la ideología
anarquista y a su filiación literaria, aunque reconoció en González Prada "el
primer instante lúcido de la conciencia del Perú" .8
El anarquismo pertrechaba ideológicamente a algunos intelectuales y
obreros urbanos, permitiéndoles plantear en nombre del progreso y la
modernidad su rechazo a la oligarquía criolla aristocratizada, ufana de sus
tradiciones hispanas y católicas. El parentesco con la prédica federalista lo
convertía en atractivo para algunos jóvenes intelectuales en las pequeñas
ciudades de provincias. Pero en su versión modernista y eurocéntrica, no
bastaba para esbozar un programa de alcance nacional integral suficiente
para dirigirse al ámbito runa-campesino.
El discurso idealizador del Tahuantinsuyu y el interés en las comunidades
indígenas que comenzaron a desarrollar ciertos anarquistas en el período de
1912-1915,9
y la actuación anarco-sindicalista posterior en el `Comité Pro-
Derecho Indígena Tahuantinsuyu' en la década del 20,10
con un programa
que integraba concepciones anarco-sindicalistas con una prédica restau-
racionista, desvirtúan la crítica de Mariátegui acerca de las limitaciones
propias del anarco-sindicalismo.11
Creo que las limitaciones de González
Prada eran efectivamente ideológicas. Pero no necesariamente el anarquismo
en sí, sino los conceptos eurocéntricos del anarquismo positivista que adoptó
eran los que se interponían entre él y un programa nacional centrado en la
población runa andina.
Sin descartar otras posibles conjeturas que relacionan la incapacidad de
González Prada para elaborar un programa nacional con la poca factibilidad
de un proyecto tal en los años del apogeo de la República Aristocrática (que
agoniza recién paralelamente a González Prada en la segunda mitad de la
década del 10), propongo considerar otra hipótesis. Tras considerar a los
indígenas como la esencia de la única nación peruana posible, identificar la
conquista española como el pecado original, desesperar de la posibilidad de
humanizar a los opresores,12
y siendo consciente de su propia ubicación social
"distinguida" en el sector criollo y costeño, González Prada no se sentía con
derecho o con capacidad suficiente como para pretender formular un
programa para los indígenas. Su honestidad intelectual le impedía postularse
como líder o intérprete de un sector del cual lo separaba un abismo. Esta
puede ser la explicación del extraño hecho que "Nuestros indios", que
comenzó a redactar en 1904, jamás fue terminado ni publicado por el autor.13
Zulen y Mariátegui fueron muy distintos de González Prada desde varios
puntos de vista: sus orígenes sociales, la pertenencia a una generación
posterior, testigos del derrumbe de la República Aristocrática y de la
modernización leguiísta. Inmersos en un movimiento de renovación política e
intelectual, fueron por lo tanto más optimistas y constructivos.
De origen chino, Pedro Zulen, si bien llegó a formar parte de la elite
intelectual criolla de San Marcos, jamás dejó de ser un extraño, un outsider, a
ojos de la racista elite limeña.14
Desde esa posición social, marginal dentro del
sector criollo, y evolucionando ideológicamente desde posiciones liberales,
Zulen iría desarrollando un discurso y una práctica radical entrelazados.
Muerto de tuberculosis en enero de 1925 (a los 36 años de edad), su
importancia como maestro y antecedente para la joven generación intelectual
de los 20 no ha sido suficientemente reconocida, a pesar del tributo que le
ofrecieron al fallecer prominentes miembros de aquella generación.15
La figura de Zulen es víctima de algunos juicios apresurados de Mariátegui
en sus Siete ensayos. Para la mayoría del público no especializado, los ensayos
se han transformado en la principal fuente de información sobre la
intelectualidad peruana de principios de siglo. Los juicios vertidos allí son
frecuentemente citados como de una autoridad indiscutible, fuera de su
contexto y acríticamente, sin tomar en cuenta que, debido a su agenda
primordialmente interesada en conjugar socialismo e indigenismo, Mariátegui
trató muy superficialmente en ellos a Zulen y la Asociación Pro-Indígena,
considerando el indigenismo humanitario como ineficaz pues sólo "sirvió
para contrastar, para medir, la insensibilidad moral de una generación",16
y
reduciendo a Zulen a una especie de liberal honesto y abnegado. El mismo
Mariátegui tuvo un juicio algo más acertado en un artículo publicado en
Mundial a los pocos días de muerto Zulen (2 años antes de los Siete ensayos),
donde reconoció su "profunda filiación democrática" e incluso aseguró que,
en sus últimos años, "madura en Zulen, lentamente, la fe en el socialismo".17
Tras seguir su trayectoria, Zulen no aparece ni como un socialista definido,
ni tampoco como un "inofensivo" liberal humanitario. Pienso que significó el
desarrollo inacabado de un pensamiento liberal, democrático y nacionalista
consecuente. Tan consecuente que lo llevó paulatinamente a adoptar
posiciones anti-oligárquicas, incluso anti-capitalistas, sustentadas en una
filosofia moral idealista. Su carácter romántico, ascético y laborioso
contribuía a convertirlo en un radical comprometido a enfrentar el orden
político y social de su época. Más que intentar encasillar el pensamiento de
Zulen según un momento dado de su evolución, creo necesario, en un análisis
histórico, trazar esa trayectoria tomando en cuenta no sólo la ideología
explícita en su obra escrita, sino también su praxis política y social y los
diversos contextos relevantes.
Hacia 1909, tras una serie de debates en el centro universitario de San
Marcos, el estudiante de filosofía Pedro Zulen logró impulsar la creación de
la "Asociación Pro-Indígena". Desde su puesto de secretario general, Zulen
desarrollaría una intensa labor indigenista, hasta la disolución de la
Asociación en 1916 y su primer viaje de estudios a Estados Unidos. Por
definición, la Asociación Pro-Indígena era una organización paternalista de
carácter tutelar. No podía ser distinto al tratarse de una organización de
criollos y mestizos que pretendían favorecer a una supuesta inerte raza
indígena. Eran un grupo amplio, en el que figuraron varios distinguidos
nombres de la elite limeña, aunque se fueron apartando silenciosamente,
rehuyendo la dificil y gris labor cotidiana, o tal vez molestos por su cariz
contestatario.
El modelo que inspiraba a Zulen en aquellos momentos era el de las ligas
inglesas que actuaban por iniciativa privada, obteniendo apoyo de
simpatizantes de diversos sectores, al margen de las instituciones del estado,
y alrededor de un fin concreto.18
Desde un punto de vista liberal, Zulen
combatía los sistemas de reclutamiento de trabajadores indígenas basados en
la coacción o el engaño. El "enganche", por ejemplo, interfería en "el libre
juego de la ley de la oferta y demanda; única que hace legítima la apropiación
del trabajo del obrero, y sin la cual se tendrán únicamente siervos ó
esclavos ...". 19
La Asociación se proponía principalmente hacer efectivo el estado de
derecho, aplicar las leyes existentes superando la brecha existente entre el país
legal y el país real. También se proyectaba promover debates, obviamente
dentro del país letrado y criollo, acerca de medidas y políticas tendientes al
"mejoramiento social de la raza indígena" .20
El objetivo final no era tutelar,
sino "convertir a los indígenas en ciudadanos conscientes de sus derechos".21
Para esto era necesario promover la,educación y luchar por los derechos
legales, ya que su puesta en práctica, aún parcial, activaría una conciencia
cívica indígena.
Estas concepciones liberales clásicas, aparentemente moderadas, conducían,
si eran llevadas hasta el fin de sus consecuencias, a un choque frontal
con la modernización capitalista subordinada que estaba experimentando el
Perú.
El supuesto liberalismo y afán modernizador del hegemónico Partido Civil
no pasaba del nivel de la mera retórica y de lo necesario para la incorporación
subordinada del país al mercado mundial. La modernización capitalista se
efectuaba dentro de los canales de la sociedad oligárquica. La incorporación
al mercado internacional implicaba la sobreexplotación de la mano de obra
indígena presionada y violentamente forzada a trabajar fuera de sus
comunidades. Para los campesinos de las comunidades, significaba una clara
amenaza a su forma de vida, a su propia capacidad de subsistencia. En el sur
del país crecían los grandes latifundios ganaderos a expensas de los pequeños
propietarios y de las comunidades indígenas, acarreando la semi-feudaliza-
ción de regiones enteras. Haciendas azucareras (en manos de empresas
extranjeras) y algodoneras en los valles del norte, empresas mineras en la
sierra central, compañías constructoras de caminos y ferrocarriles y
plantaciones agrícolas costeñas competían con las haciendas tradicionales
por la mano de obra indígena. Las autoridades locales designadas por el
poder central abusaban de su autoridad y se convertían en aliados de los
gamonales y de las empresas extranjeras, si no en contratistas o gamonales
ellos mismos. El "gamonalismo" completaba su poder con los congresistas
que protegían sus intereses cerca del poder central. Como consecuencia, las
legislaciones de carácter liberal y universal y la tutelar, que debían proteger
los derechos de los indígenas, eran incumplidas en la práctica.
Los discursos liberales de algunos sectores criollos no eran complementados
con una acción política y social consecuente. Eran más bien parte de la
estructura política ambigua, cumpliendo su papel legitimizador, aunque
crítico, del sistema. Jóvenes limeños que, como Zulen, parecían tomar en
serio algunos de los postulados liberales o nacionalistas, se convertirían en
conservadores en pocos años. En su período liberal no trascendieron los
marcos convencionales de la política criolla, y tampoco intentaron incorporar
a sus luchas a sectores populares de quienes los separaba un abismo étnico y
social.
Zulen simpatizaba con el pierolismo, sector ideológicamente confuso y
políticamente inconsecuente, pero con una tendencia a apelar a sectores y
populares urbanos en su lucha de carácter caudillista. Estas simpatías surgían
precisamente por su carácter popular y no por identificación con el legendario
caudillo Nicolás de Piérola. A pesar de su politización, relacionada
concretamente con la realidad peruana, es importante acotar que sus
conceptos filosóficos idealistas, sobre los que basaba sus elaboraciones
políticas, eran europeos. Conocedor de la filosofía europea contemporánea,
procuraba leerla en el idioma original, sea inglés, francés o alemán.
Esencialmente, compartía Zulen las premisas del discurso modernista; le
preocupaba la comparación de las sociedades modernas consideradas
adelantadas con la realidad peruana. En sus primeros análisis comparativos,
no superaba una perspectiva progresista y unilineal de la historia, es decir
eurocéntrica. Sin embargo -a diferencia de otros supuestos liberales
provenientes de la oligarquía criolla, como Francisco García Calderón- la
comparación no lo llevaba a recomendar el abandono temporario de los
postulados políticos y sociales liberales en favor de un liberalismo económico
desarrollista bajo la dirección modernizante de una oligarquía ilustrada.
Refiriéndose al retraso del Perú y otras naciones sudamericanas, explicaba
que, en ellas, el término "pueblo" aún no significaba los ciudadanos
ejerciendo sus derechos políticos y definiendo sus intereses, sino: "pobres,
deshederados, braceros". Tampoco "la gente decente, como se acostumbra
llamar á los más ilustrados o más acomodados", goza de plenos derechos
cívicos. Sus poderes o derechos dependen "de la situación relativa de cada
uno respecto del que ejerce el poder". Comparaba ese estado de desarrollo a
la Edad Media europea y a Rusia y Turquía contemporáneas. La lucha
política en el Perú era entre quienes procuraban mantener el "monopolio de
todos los derechos políticos y civiles" y quienes buscaban la destrucción de
ese monopolio. En el futuro próximo se centraría en una cuestión clave de la
democracia política: "la verdad y efectividad del derecho electoral de todos los
ciudadanos."22
La experiencia cotidiana de la Asociación Pro-Indígena fue demostrando
las limitaciones del sistema político existente. Tras un serio fracaso legislativo
en agosto de 1913, la Asociación publicó un manifiesto que implicaba un
cambio sustancial de actitud :23
"La Asociación Pro-Indígena cumple, pues, el deber de avisar á
los braceros del Perú y en particular á los indígenas, que la causa
de su liberación y derechos de ciudadanía continúa hoy, como
estaba en la época de la dominación española; y que el amparo de
la Constitución y las leyes de la república acuerda á todos los
habitantes del país, no los comprende á ellos absolutamente ..."
Aunque redactado en español, por primera vez la Asociación se dirigía a los
indígenas como sujetos. Implícitamente era un llamado a que tomen su
destino en sus manos; incluso podría interpretarse como un discurso
justificativo de una futura acción insurreccional. Era la época del
acercamiento a los anarco-sindicalistas. En medio de la agudización de los
conflictos agrarios, ellos revelaban un creciente interés por la cuestión
indígena. Algunos anarquistas colaboraban como socios activos de la
Asociación. La Protesta, vocero aparco-sindicalista limeño, reprodujo
párrafos del manifiesto.24
El golpe de estado que puso fin al año y medio de presidencia populista de
Guillermo Billinghurst y devolvió a la oligarquía civilista el control pleno del
poder político, en febrero de 1914, fue otro motivo para la radicalización del
discurso político de Zulen. Tanto él como otros intelectuales inconformes
comenzaban a usar el término "oligarquía" como sinónimo de enemigo del
progreso nacional. Esa actitud se manifestaba más notoriamente en el
movimiento descentralista iniciado en las ciudades andinas del sur.
Justamente en los jóvenes intelectuales provincianos Zulen había encontrado
delegados pro-indígenas y aliados naturales en la lucha común contra el
centralismo limeño y el gamonalismo. Algunos de ellos -sin ser anarquistas-
podrían definirse como gonzálezpradistas, por cuanto consideraban al ya
veterano escritor como su referente intelectual y moral.
El federalismo anti-gamonal de Zulen se expresó en términos muy radicales
en La Autonomía, quincenario que publicó durante la segunda mitad de 1915.
Tal federalismo no sólo no implicaba un peligro a la integridad nacional, sino
que era considerado una "labor de depuración nacional" que permitiría una
auténtica democracia.25
Y ésta, según entendía Zulen, implicaba una
democracia política basada en el sufragio universal y una democracia social
basada en el derecho de todos los ciudadanos a ser pequeños propietarios de
tierras. Era necesario romper el latifundio. La subdivisión de las haciendas en
pequeños lotes familiares asegurarían que "no faltará nunca á nadie hogar y
pan".26
Este discurso, que ya desbordaba el liberalismo inicial, se desarrollaba en el
contexto de la agudización de los conflictos rurales en el sur, principalmente
como consecuencia de la expansión de las haciendas ganaderas en el
departamento de Puno. Allí el gamonalismo adquiría sus caracteres más
violentos y los campesinos procuraban organizarse en respuesta, reclamando
la ayuda de la Asociación Pro-Indígena. Esta era mayormente impotente
frente a los repetidos asesinatos y atropellos.27
En Puno se registró la misteriosa sublevación indígena dirigida por el
Sargento Mayor Teodomiro Gutiérrez Cuevas, alias Rumi-Maquí (Mano de
Piedra), que supuestamente pretendía la restauración del Tahuantinsuyu. La
posición de Zulen frente a esta supuesta rebelión no está clara. A diferencia de
Dora Mayer, la otra figura destacada de la Asociación, Zulen no condenó en
ningún momento a los supuestos rebeldes. Más bien, publicó comunicaciones
de delegados de la Asociación que declaraban que la sublevación había sido
fraguada por los gamonales para justificar una masacre y despojos masivos
de tierras y bienes. Las actitudes de Mayer y de Zulen eran ya muy
divergentes. Mientras este último no veía otra solución que la revolucionaria,
ella se anclaba en el indigenismo paternalista inicial y advertía contra los
resultados de una acción subversiva indígena. Consideraba que los indígenas
eran aún menores que necesitaban prudentes y cultos conductores criollos.
Para Zulen, los indígenas ya eran sujetos.
Pienso que sus esfuerzos por aprender quechua durante sus viajes por
provincias, y sus anotaciones de ritos y costumbres, demuestran un auténtico
interés en tal sentido. Zulen integraba las dos facetas que entre los
indigenistas paternalistas iban generalmente separadas: la defensa de los
derechos concretos de los indígenas y el interés por su cultura. Al integrarlas y
luego al considerar a los indígenas sujetos de su propia liberación, superaba el
paternalismo. Este se alimentaba ideológicamente del discurso civilizador
europeo, pero éste ya había sido corroído por la barbarie de la "gran guerra".
Durante la convalecencia de Zulen en la ciudad de Jauja (1918-1919), se
hizo más patente aún su convición de que serían los indígenas quienes
tendrían que tomar su destino en sus manos. Apreciado por la juventud
criolla local, en la que habían prendido tempranamente ideologías
progresistas y revolucionarias (por una conjunción de razones socio-
culturales, ubicación geográfica y hospital), Zulen no se conforma con ser
lanzado como candidato a diputado suplente por los sectores liberales.
Aprovechando la cercanía de las comunidades indígenas y su fama de
luchador contra el enganche, se dirige directamente a los indígenas de la
parcialidad de Marco durante las fiestas patrias de 1918, instándoles a "ser
rebeldes".28
El incidente alarmó a las autoridades locales y terminó, varios
meses después, acarreando la detención de Zulen y otros radicales jaujinos
acusados de participar en un complot socialista.
Ubicado en su contexto, el discurso en Marco ilustra la diferencia entre el
radicalismo genuino de Zulen y otros fenómenos más conocidos de
efervescencia social y política en los meses de la quiebra de la República
Aristocrática y del ascenso de Leguía. Las actitudes renovadoras estaban de
moda en la juventud criollo-mestiza: se intentaba crear un Partido Socialista
en Lima; en San Marcos se obtenía la reforma universitaria; Haya de la
Torre, representando a los estudiantes, ayudaba a los obreros limeños
(liderados por los anarco-sindicalistas) a obtener las 8 horas; y el indigenismo
cultural y tutelar iniciaba su "período de oro".
Zulen, a la vez que salía contra el intento de crear un partido socialista
dirigido por quienes habían justificado el sistema del enganche,29
era casi el
único (fuera de algunos anarquistas), durante aquel auge renovador, en
atreverse a apelar directamente a los indígenas. Esa fue probablemente la
verdadera causa de su prisión, y no tanto el contenido del discurso. Artículos
de contenido revolucionario y publicaciones rebeldes eran relativamente
tolerables mientras iban dirigidos al público criollo-mestizo y no atacaban al
régimen en una circunstancia delicada. En contenido, Zulen no había ido más
lejos que González Prada. En lo que respecta a la llamada cuestión indígena,
opinaban lo mismo. Ideológicamente Zulen era más moderado, no llegaba al
anarquismo de González Prada. Si bien éste era intocable para los gobiernos
debido a su prestigio literario e intelectual que trascendía las fronteras, hay
que recordar que las menciones de la cuestión indígena por su parte fueron
siempre dirigidas a públicos criollo-mestizos de jóvenes intelectuales o
agrupaciones de obreros urbanos. Por eso eran más tolerables que el discurso
de Zulen.
Su permanencia y estudios en Harvard durante el período 1920-1923 le
otorgaron a Zulen una especie de mirador continental, una perspectiva a
través de la cual pudo desarrollar ya no sólo un discurso democrático y
nacionalista peruano, sino también un análisis comparativo con otros países
de Latinoamérica y una aguda crítica democrática al capitalismo norteameri-
cano. Frente a la experiencia norteamericana, perdió sus últimas ilusiones
respecto al progreso y superioridad de las sociedades capitalistas modernas.
En Estados Unidos Zulen no había encontrado un modelo democrático. Su
concepto de democracia emanaba de la corriente en el liberalismo inglés que
priorizaba el derecho de los ciudadanos a controlar y derribar a sus
gobernantes al derecho a elegirlos. Llegaba a defender el derecho de la
insurrección, lo que lo ubicaba en el ala más radical, o revolucionaria, del
liberalismo. Así intepretaba el espíritu de los Pilgrim Fathers y de la
constitución norteamericana. Sin embargo, observaba Zulen, el ciudadano
estadounidense de la década del 20 "cree que su único papel debe ser votar y
nada más que votar; y el hecho del voto en este país no tiene más valor que el
de autorizar sin saberlo, el libre curso del monopolio y el gobierno invisible de
un pequeño número de jugadores de bolsa. La democracia no puede existir
allí donde el ciudadano se retira voluntariamente y deja hacer".30
Desde su
experiencia social y política peruana, Zulen entraba a polemizar con los
diagnósticos y recomendaciones comunes a analistas norteamericanos,
europeos y a los intelectuales de las oligarquías criollas, que desde puntos
de vista supuestamente liberales recomendaban para América Latina
regímenes civiles dirigidos por una oligarquía modernizante.
Las oligarquías, consideraba Zulen, por más que se tilden de moderniza-
doras, no significaban sino una traba para el desarrollo nacional y
demostraban la falta de aptitudes democráticas de los países en que lograban
afianzarse. Señalando el ejemplo mexicano, se mofaba de los muchos que
habían alabado el progreso y estabilidad de los "científicos" del porfiriato.
Precisamente en la inestabilidad política peruana, en las mal mentadas
revoluciones criollas, Zulen veía un motivo de esperanza, una prueba del
espíritu apto para la democracia.
Tampoco creía que el despotismo militar era una de las principales causas
de los males políticos y los atrasos sociales de América Latina. El gobierno de
los abogados, o sea los políticos profesionales, por sólo ser civiles no era
siempre preferible. Eso era "tomar las apariencias [...] la causa principal de
nuestros males es y será todavía por algún tiempo esa pandilla de abogados
que sale de nuestras universidades".31
Precisamente lo institucional y
democrático en el Perú provenía, según Zulen, de la revolución militar del
mariscal Ramón Castilla (1855) y de la violenta insurrección liderada por
Nicolás de Piérola (1895).
Zulen ni siquiera creía que las inversiones extranjeras eran la vía
recomendable para el desarrollo. Citando una larga lista de "compañías
extranjeras que han amasado sus provechos con la sangre indígena haciendo
más desgraciada la triste condición del aborigen peruano y despoblando las
regiones del interior del país", 32
Zulen criticaba uno de los aspectos más
destacados de la política del gobierno de Leguía. La lista de empresas
provenía de las denuncias e investigaciones acumuladas en la Asociación Pro-
Indígena. Desde la perspectiva norteamericana, Zulen no se conformaba con
la mera denuncia. Cuestionaba el sistema y su racionalización, adelantándose
al antiimperialismo marxista y aprista:
"Llevar máquinas modernas; acabar con el poblador autóctono
y conducir al exterior las riquezas de su territorio, dejando tras
de sí la desolación y la miseria, no significa contribuir al
adelanto de ningún país".33
Interesa destacar que tanto la crítica zuleniana al neo-colonialismo que
acabo de mencionar, como sus críticas al behaviourismo, al neorrealismo
filosófico y a los valores capitalistas, carecían de la terminología marxista
muy en uso entonces en el viejo continente y se afirmaban en su idealismo
moral, sustentado en sus ensayos y expresado también en su admiración por
Bertrand Russell.
Poco tiempo de vida le quedaba a Zulen al retornar al Perú. Sin embargo,
alcanzó a actuar en el ámbito universitario, siendo maestro y amigo de
algunos de los jóvenes renovadores que luego serían bautizados como la
"generación del centenario" (Luis Alberto Sánchez, Jorge Basadre). Estos
jóvenes nacionalistas, los ascendentes movimientos indigenista y descentra-
lista, y los primeros intentos de organización indígena en el ámbito nacional
(los congresos del Comité Pro-Derecho Indígena-Tahuantinsuyu) le permi-
tían reafirmar esperanzas de regeneración nacional.
Un período insuficientemente analizado por los estudiosos de Mariátegui es
el de los años 1923- 24, cuando, ya de regreso al Perú tras la experiencia
europea en la que se convirtió definitivamente al marxismo revolucionario,
"descubre" la cuestión indígena y la convierte en eje de su reflexión y
proyecto socialista peruano. Creo que el "vuelco" hacia la cuestión indígena
tiene que ver, también, con su encuentro con Zulen. No fue éste quien empujó
a Mariátegui a interesarse por los indígenas y su potencial revolucionario.
Curioso por las referencias que le habían llegado a través de los profesores-
estudiantes de las "Universidades Populares" y las protestas de algunos
sectores oficialistas que en la prensa denunciaban la infiltración de anarco-
sindicalistas,34
Mariátegui se presentó en los congresos indígenas de 1923 y
1924. Zulen, ya muy enfermo, estaba ahí de espectador, consecuente con sus
conclusiones no paternalistas, viendo cómo surgían dirigentes indígenas que
tomaban su destino en sus manos, luchando en el ámbito nacional y
moderno.
Según el relato de Mariátegui,35
eran él y Zulen los únicos no-indios que
asistían a los debates. Junto con Ezequiel Urviola, el activista puneño
aindiado de origen misti,36
también tuberculoso y ya moribundo, habían
tenido los tres largas conversaciones nocturnas en casa de Mariátegui. Este
había creído que Urviola era indio y lo consideraba la encarnación del indio
revolucionario, la viva prueba del potencial socialista de los indígenas
andinos.37
El error de Mariátegui reflejaba sus limitaciones de mestizo
costeño desconocedor de la sierra y totalmente dependiente de fuentes de
información intermediarias sobre el mundo andino.
Mariátegui y Zulen mantuvieron relaciones de amistad hasta casi la víspera
de la muerte del segundo. Intercambiaron libros y conversaron. A pesar de
sus diferencias de formación ideológica, son destacables ciertas coincidencias
filosóficas entre ambos. Los dos pasaron por Bergson como por una
importante estación y fuente de inspiración anti-positivista. Obviamente
compartían el interés por la cuestión indígena que los llevó a encontrarse por
primera vez. No se puede descartar la posibilidad de una transmisión de
experiencia entre Zulen moribundo y Mariátegui recién llegado de Europa
con intenciones de crear un movimiento marxista peruano.
Por ser el más conocido y estudiado, no nos detendremos en esta
oportunidad en la obra de Mariátegui. Sólo señalaré que considero que el
origen de su creación marxista tan original, que tanto interés sigue
despertando aún hoy en diversas partes del mundo, radica en sus fuentes
de inspiración peruanas no menos que en las versiones heterodoxas del
marxismo que adoptó en Europa. Como fuentes peruanas me refiero a
antecedentes como González Prada, los anarco-sindicalistas, Zulen, el Comité
"Tahuantinsuyu" y fuentes informativas y formativas como las obras de
varios de los indigenistas contemporáneos (Castro Pozo, Encinas, Abelardo
Solís, Uriel García, Valcárcel), y el impacto en el ámbito criollo de las
rebeliones de los campesinos runas. La ideología social runa era interpretada
desde una óptica cultural criolla y moderna, tanto por indigenistas como por
escritores oligarcas alarmados, como afín y permeable a la prédica anarco-
sindicalista o al comunismo. González Prada y Zulen eran antecedentes de
revolucionarios portadores de ideologías de origen europeo que les habían
sido útiles para criticar a la sociedad oligárquica, pero que, al dirigirse a la
realidad andina, habían mantenido cierta autonomía respecto a estas
ideologías, otorgando prioridad al análisis concreto, respetando a los runas
como sujetos, buscando alternativas a partir de lo que percibían como su
realidad.
En el caso de Zulen y de Mariátegui, esta capacidad de trascender el
eurocentrismo en sus análisis peruanos repercutía en sus concepciones
ideológicas más amplias, permitiendo en uno una lectura crítica del
capitalismo moderno y desarrollado desde el liberalismo democrático y, en
el otro, una elaboración marxista original no eurocéntrica y libre de la
concepción unilineal de la historia. Otra similitud entre Mariátegui y Zulen,
que los diferenciaba de González Prada, es su ubicación social. Mientras el
último provenía de una familia de la elite criolla, ellos pertenecían a sectores
urbanos de origen más humilde. Ambos pueden ser considerados intelectuales
que tuvieron éxito en el ámbito criollo-mestizo gracias a sus cualidades y a
pesar de su origen étnico-social, en un período en el que convivían las
actitudes conservadoras y racistas de la elite criolla con una ampliación de las
clases medias y del consumo intelectual. Su doble condición de miembros de
la elite cultural, pero socialmente excluidos de la oligarquía, perteneciendo al
mundo considerado "decente" aunque no criollo, y el abismo que los
separaba del mundo runa-andino, les convertían en sumamente interesados
en un programa nacional integrador. De ahí que no desesperaran en sus
intentos por elaborar proyectos nacionales, coincidiendo con una era de
ascenso de las luchas sociales y crisis de la oligarquía.
Más allá de las ideologías específicas de los tres y de las diferencias
señaladas, importa percibir lo común a los tres radicales. Se trató de
indigenistas que superaron las limitaciones paternalistas del indigenismo,
aunque estuvieran limitados por su propio origen, ubicación social e intereses
como miembros del sector cultural criollo y moderno. Los tres fueron
modernistas, postuladores de ideologías revolucionarias de origen europeo.
Sin embargo, en su crítica y análisis de la sociedad peruana lograron superar
las limitaciones de paradigmas eurocéntricos, actuando no como traductores
o aplicadores de los conceptos europeos, sino como pensadores creadores.
Modernistas y nacionalistas peruanos que, criticando la modernidad
neocolonial, sugirieron modernidades alternativas, integradoras de la cultura
occidental y la andina, a partir del reconocimiento de los indígenas peruanos,
entonces una gran mayoría de la población, como sujetos que aportarían y
participarían en la creación de su propia modernidad.
No todo el movimiento anti-oligárquico, ascendente durante el oncenio
modernizador de Leguía y que con su caída desembocó en la creación de los
partidos modernos de base popular, puede ser considerado radical en el
sentido que hemos dado al término. Al contrario, las corrientes centrales del
aprismo y del comunismo (empezando por algunos de los colaboradores
cercanos de Mariátegui)38
no cuestionaban la lógica modernizadora
eurocéntrica, ni sus acepciones culturales. Ambas postulaban una integración
del mundo andino al moderno occidental, sin dejar márgenes de autonomía
para una modernización que tome en cuenta a los runa-andinos como sujetos.
NOTAS
Méndez G., Cecilia, "Incas Sí, Indios No: Notes on Peruvian Creole Nationalism and its
Contemporary Crisis", Journal of Latín American Studies, 28, 1996, pp. 197-225.

González Prada, Manuel, "Discurso en el Politeama" en "Pájinas Libres", Manuel González
Prada - Obras, Lima, COPE, 1991, tomo 18, vol. 1, p. 88.

Ibid, p. 89.

Ver, por ejemplo, "Grau", Ibid. pp. 79-85, o "Impresiones de un reservista", en "El tonel de
Diógenes", Ibid, tomo 1, vol. 2, pp. 37-44.

González Prada, Manuel, Anarquía, Santiago, 1936.

González Prada, Manuel, "Los verdaderos salvajes", Manuel González Prada - Obras, Lima,
COPE, 1991, tomo 2, vol. 4, pp. 283-285.

El principal y más extenso artículo dedicado por González Prada a la cuestión indígena fue
"Nuestros Indios", ensayo incluido en la edición de 1924 de Horas de Lucha. Para este
trabajo hemos utilizado Horas de Lucha, Lima, PEISA, 1989, prólogo y notas de Luis
Alberto Sánchez.

Mariátegui, José Carlos, 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, Lima, Bib.
Amauta, (52 ed.) 1992, p. 255.

Leibner, Gerardo, -La Protesta' y la andinización del anarquismo en el Perú, 1912-1915",
Estudios Interdisciplinarios de América Latina, Vol. 5, N4 1, 1994, pp. 83-102.

Kapsoli, Wilfredo, Ayllus del Sol - Anarquismo y utopía andina, Lima, TAREA, 1984.

Ver, por ejemplo: Mariátegui, José Carlos, "El problema indígena" (Esquema de Tesis), Bajo
la Bandera de la C.S.L.A. (Resoluciones y documentos varios del Congreso Constituyente de la
Confederación Sindical Latino Americana efectuado en Montevideo en Mayo de 1929),
Montevideo, Imp. La Linotipo, 1929, p. 155.

"Nuestros Indios" finaliza así: "En resumen: el indio se redimirá merced a su esfuerzo
propio, no por la humanización de sus opresores. Todo blanco es, más o menos, un Pizarro,
un Valverde o un Areche.", Horas de Lucha, p. 221.

Ver Horas de Lucha, p. 205 (nota 1).

Muy ilustrativa de la forma en que era visto Zulen por los sanmarquinos es esta observación
de Jorge Basadre -su discípulo y amigo- acerca de su designación como director de la
biblioteca y docente tras regresar de Harvard y haber finalizado su doctorado en filosofia en
San Marcos: "...le dió la oportunidad de esta actuación y de su amplitud, la presencia en el
Rectorado del Dr. Villarán, amigo y protector suyo desde una mañana lejana en que se
asombrara de la inteligencia y erudición del chinito escuálido y pobre que el azar le hizo
conocer". "La Herencia de Zulen", en el Boletín Bibliográfico de la Universidad Mayor de San
Marcos, vol. II, N4 1, marzo 1925, pp. 2-6.

Ver: artículos de Jorge Basadre y Modesto Villavicencio en el Boletín Bibliográfico de la
Universidad Mayor de San Marcos, vol. II, N4 1, marzo 1925; discursos de Mariano Ibérico
Rodríguez, Jorge Basadre y Félix Navarro, en crónica "El sepelio del Doctor Zulen", El
Comercio, 30 de enero de 1925, ed, matinal, p. 5; y artículo de Luis Alberto Sánchez, "Se nos
ha ido un maestro", en Mundial, 30 de enero de 1925.

7 ensayos ...., p. 49.

"E.D. Morel = Pedro S. Zulen, vidas paralelas", Mundial, 6 de febrero de 1925.

En una carta a José Coello Meza, delegado de la Asociación en Cuzco, explicaba Zulen:
.... son estas ligas, las que han hecho de la Inglaterra monárquica, una democracia práctica,
que no existe en países que, como el nuestro, se titulan democráticos". Archivo Zulen,
Correspondencia A.P.I. febrero 1912, carta 873.

Texto mecanografiado de conferencia, en Archivo Zulen, s/f (1910-1911), carpeta 1, sobre 16.

"Bases de la Asociación", texto mecanografiado con correcciones manuscritas de Zulen,
fechado el 30 de enero de 1910. Archivo Zulen, carpeta 1, sobre 15.

Texto mecanografiado de conferencia, en Archivo Zulen, s/f (1910-1911), carpeta 1, sobre 16.
Archivo Zulen, carpeta 1, sobre 28. El artículo mecanografiado no está fechado, pero cierta
referencia tachada al Partido Demócrata (de Piérola) como representante de las fuerzas
populares y el Civil representando a los privilegiados hace pensar que es de 1911. La
tachadura se debería a que en 1911-1912, ya anciano, defraudando las esperanzas de sus alas
más radicales, Piérola no apoyó la candidatura populista de Billinghurst. Por otro lado, si
bien Zulen debería aprobar varias de las políticas sociales de Billinghurst, es difícil suponer
que podría identificarse con quien, como alcalde de Lima, usufructuó políticamente
desmanes anti-chinos en 1909. Al respecto, ver el artículo de Adam McKeown en Histórica,
vol. XX, N° 1, julio 1996, p. 70. No hemos encontrado referencias de Zulen al respecto, ni a
su ascendencia china, lo que induce a pensar que prefería escudarse en una identidad peruana
indigenista renegando de su propia alteridad.

En Archivo Zulen, carpeta 1, sobre 18. "LA CAUSA PRO-INDIGENA ANTE EL
SENADO DEL PERU. MANIFIESTO DE LA ASOCIACION PRO-INDIGENA".

"Asociación Pro - Indígena", La Protesta, N4 26, octubre de 1913.

"Por la nacionalidad", La Autonomía, N4 1, 2 de julio de 1915.

"¡Destruyamos el latifundio!", La Autonomía, N4 19, 27 de noviembre de 1915.

En la correspondencia de la Asociación pueden apreciarse las reiteradas y a menudo
desesperadas cartas enviadas por campesinos puneños "mensajeros" de sus comunidades y
por sus representantes o tinterillos. Por ejemplo, cartas manuscritas enviadas desde la cárcel
de Puno al abogado "Adrián Sola" (su nombre era Roberto Adriazola), o cartas de los
mensajeros de comunidades en Azángaro, Jacinto Paccara, Francisco y Gregorio Huarachi y
otros, enviadas a la Asociación durante marzo de 1914.

Mariátegui reprodujo el texto del discurso en Claridad, N° 6, septiembre de 1924, p. 15.

"Socialistas de nuevo cuño", texto de 1919, reproducido en Kapsoli, Wilfredo, El
Pensamiento de la Asociación Pro-Indígena, Cusco, 1980, p. 15.

"Reflexiones sobre el centenario", El Tiempo, Nueva York, 28 de julio de 1921, p. 6. Recorte
en Archivo Zulen.

Ibíd.

Ibid.

Ibíd.

Ver, por ejemplo, el artículo de Federico Ortiz Rodríguez, "Un problema nacional", en
Mundial, 7 de septiembre de 1923, o la carta abierta dirigida por Mariano Cornejo al
presidente Leguía, en la misma publicación.

"E.D. Morel = Pedro S. Zulen, vidas paralelas", [cf. n. 17].

"Misti", término de uso en la sierra, probablemente deformación de "mestizo", significa no-
runa, no-indio, considerado perteneciente al ámbito criollo-mestizo de los Andes.

En el prólogo a Valcárcel, Luis E., Tempestad en los Andes, Ed. Universo, 1972, p. 11.

Al respecto existe un trabajo por publicarse, preparado conjuntamente con Ricardo
Portocarrero, donde se analizan varias cartas inéditas de Ricardo Martínez de la Torre.

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