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Pensamiento Político en América Latina |
Libro Púrpura. Buenos Aires, Club Libanés, 1996. Desde fines del siglo pasado hasta la década de 1950, América Latina fue testigo del asentamiento de incontables millares de inmigrantes del mundo árabe - libaneses, palestinos y sirios en su mayoría. No obstante, su aflujo sigue siendo uno de los menos estudiados. A este respecto, el creciente número de altos dignatarios de ascendiente árabe, incluidos jefes de Estado como el primer mandatario argentino, Carlos Menem, de padres sirios musulmanes, y el depuesto Abdalá Bucaram Ortiz del Ecuador, de origen libanés cristiano por el lado paterno, entre los más recientes, no parecen haber generado aún un incremento cuanti-cualitativo de los estudios de tal inmigración. Aunque no el único, el acceso a fuentes primarias en lenguas de uso corriente en el hemisferio ha sido uno de los principales obstáculos para tales estudios, sea por parte de los descendientes de aquellos inmigrantes u otros estudiosos. Desde esa perspectiva, y sin ignorar las limitaciones de la literatura conmemorativa, una serie de títulos recientes de calidad asimétrica se ha convertido en fuente imprescindible de información a elaborar. Tal el caso de este volumen sobrio y exento de pretensiones académicas, en particular para los interesados en una reconstrucción no sectaria de la inmigración libanesa a la Argentina. Iniciativa de Felipe Yaryura Tobías, presidente en ejercicio del Club Libanés, este libro forma parte de las celebraciones del sexagésimo aniversario de tal institución, inicialmente conocida como Asociación Patriótica Libanesa (APL). Inspirada por la Misión Maronita, la APL tuvo como primeros objetivos representar a los libaneses ante el Consulado de Francia, especialmente a aquéllos arribados con documentación otomana que, después de la Primera Guerra Mundial, desearon ser reclasificados como libaneses y representar al Líbano ante las autoridades nacionales argentinas, en particular antes de la apertura de la representación diplomática libanesa en Buenos Aires, a fines de los años cuarenta. Desde este último ángulo no resulta sorprendente que la APL se haya contado entre quienes abogaron y gestionaron, por lo menos desde 1944, el reconocimiento argentino de la independencia libanesa. Tampoco llama la atención que en 1946, cuando Juan Perón hizo una visita de cortesía al enviado de Beirut a la inauguración de su primera presidencia, fue recibido por éste, el primer diplomático libanés acreditado en América Latina, en la Casa Libanesa, sede del Club Libanés y anteriormente de la APL. También cuando Gabriel Tueni, el primer ministro plenipotenciario del Líbano en Buenos Aires, falleció inesperadamente en 1947, en el curso de una visita a Chile, los restos de este fundador del periódico An Nahar y padre de un ulterior representante libanés ante las Naciones Unidas, Ghassan Tueni, fueron velados en la Casa Libanesa. Sin ignorar el nexo existente entre el color púrpura y la identidad fenicia, o el papel gestor cumplido por la Misión Maronita, una característica notable de este volumen es la decisión consciente de evitar el exclusivismo maronita. En su lugar se aportan datos sobre todos los grupos confesionales que fueron parte de la inmigración libanesa - cristianos de diversas denominaciones, musulmanes sunitas y shiitas, drusos y judíos -, contribuyéndose, además, elementos informativos sobre las múltiples instituciones que éstos crearon en la Argentina. Respecto de los libaneses judíos, inicialmente próximos a los damascenos israelitas, una placa conmemoratoria descubierta por el actual embajador del Líbano en Buenos Aires en la sede del Club Libanés menciona a Aron Sethon como uno de los miembros electos de la primera conducción de la APL. Si las diferencias de grafía son reveladoras de problemas escasamente inusuales cuando se translitera de una lengua semita al castellano, de una tarea incompleta de eliminación de errores tipográficos o de ambos, el mismo Aarón Setton ya se había desempeñado en octubre de 1913 como vocal electo de la primera comisión directiva de la Asociación Israelita Sefaradí Hijos de la Verdad (Bene Emeth), entidad de los damascenos sita en aquel momento en Lanús. En resumen, los ejemplos de la actividad de la APL, al igual que un listado a completar de los representantes diplomáticos de la Argentina en Beirut y del Líbano en Buenos Aires, confirman que este volumen no sólo reviste interés para los estudiosos de la inmigración libanesa, sino también para los interesados en la historia diplomática argentina, en particular del capítulo de las relaciones con los países mesorientales. Asimismo, las referencias a Sethon y otros árabes judíos demuestran que el Libro Púrpura no desalentará a quienes se han propuesto indagar sobre los vínculos entre los diversos subgrupos de la inmigración árabe-hablante independientemente de los avatares de las negociaciones de paz en Medio Oriente.
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