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America Latina

VOLUMEN 1 - Nº 2
JULIO - DICIEMBRE 1990
Nacionalismo en América Latina
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     LORENZO DELGADO GOMEZ-ESCALONILLA: Diplomacia franquista y política cultural hacia, iberoamérica, 1939-1953. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1988.

El Quinto Centenario que se acerca despierta desde hace algunos años un interés creciente por las relaciones entre España y los países americanos, y trae consigo una cosecha provechosa de monografías que tratan de las mismas en sus diversas épocas. Es así que se iluminan temas que hasta ahora no habían sido tratados satisfactoriamente.

Un ejemplo de ello es el libro de Lorenzo Delgado, dedicado a un aspecto fascinante de la política exterior franquista: la Hispanidad, y los objetivos internacionales de la dictadura.

El primer capítulo del libro, tras una referencia demasiado breve a la cuestión teórica de los principios de diplomacia y política cultural, pasa revista al hispanismo y al movimiento americanista en la España de finales del siglo XIX, especialmente desde 1898 - fecha en que se perdieron los últimos restos del Imperio Colonial en América -, y a lo largo del primer tercio del siglo XX.

En esta época, eran los lazos entre España y Latinoamérica más bien reducidos, e incluso en los círculos intelectuales que en España tenían cierto interés por el Nuevo Mundo, se dejaba sentir, por lo general, cierta medida de paternalismo y un pensamiento que se centraba en la renovación del prestigio de España mas que en la confirmación de una identidad cultural común. Este capítulo consiste en una revista general, sin grandes innovaciones, aunque se destaca el modelo constante del despertar renovado del interés por América cada vez que España se ve envuelta en dificultades diplomáticas en Europa.

El segundo y tercer capítulo tratan de los años de la Guerra Civil y de la Guerra Mundial. Ya en los días de la contienda civil habían adoptado e institucionalizado las fuerzas nacionalistas el Ideal Hispánico, convirtiéndolo en uno de los componentes de la identidad nacional que pretendían modelar. La Hispanidad como elemento de propaganda en esos años era implementada para consumo interno y estaba destinada a servir como un mito histórico aglutinante en la zona nacionalista, intentando crear la equivalencia entre el mensaje de las fuerzas rebeldes y la Gran España Imperial. Paralelamente, el régimen emergente adoptó "una política de expansión cultural en el extranjero", con el propósito de ganar el apoyo y la legitimación internacional ante la insurrección contra la República, especialmente en los países latinoamericanos, donde los republicanos llevaban a cabo una intensa campaña propagandística.

El principal aporte del autor en estos capítulos consiste en la descripción de la actividad del Consejo de la Hispanidad (CH), ins- titución erigida a fines de 1940, en el marco de los esfuerzos, según sus palabras, "de aprovechar el pretendido papel tutelar español sobre la zona para afianzar su posición dentro del renovado mapa geopolítico que se veía triunfante en Europa". El CH era considerado entre los críticos del régimen franquista como una expresión de las aspiraciones imperialistas de la España nacionalista en América Latina, y se le increpó que su actividad haya contribuido al incremento de la influencia nazi en el continente americano. Delgado muestra - si bien no siempre agudiza las conclusiones que se desprenden de la descripción y de las fuentes que él mismo cita - cuán grande era la brecha entre la retórica imperial y los limitados recursos que impidieron una actividad efectiva en América. De hecho, una actividad política agresiva en América, con un tinte antiestadounidense, bajo la inspiración de los agitadores de la Falange, se limitó al año 1941 únicamente, y principalmente a la segunda mitad del mismo.

El Consejo, que era en gran medida obra del cuñado de Franco, Ramón Serrano Suñer, perdió parte de su carácter agresivo y retomó la visión católica conservadora de la Hispanidad cuando Suñer perdió su puesto de Ministro de Asunto Exteriores, pasando a desempeñarse en el cargo de conde de Jordana. La actividad se volvió más prudente y pragmática. Se puso menor énfasis en la identificación con los países del Eje, así como también en la hostilidad al "imperialismo yanqui". El sucesor de Serrano Suñer en el Palacio Santa Cruz comprendió muy bien que las limitaciones de España y la influencia de los Estados Unidos en el continente no permitían caer en falsas ilusiones de un retroceso en el curso de la historia en cuanto a la hegemonía en los países hispanoamericanos.

Es importante destacar la forma en que, durante la primera etapa de la guerra mundial, intentó presentarse España ante Alemania, con el fin de aumentar su importancia como posible puente entre el Eje y América Latina. Esta clase de política seguirá existiendo durante la pos-guerra, pero ya con la intención de impresionar a los Estados Unidos y a los países de Europa occidental.

Pero el más importante e interesante de los capítulos es el cuarto: "El acercamiento a Iberoamérica como respuesta al cerco internacional", dedicado al gran esfuerzo invertido por la dictadura a partir del final de la contienda mundial, cuando saltaba a la vista que España se vería aislada en el plano internacional. La condena casi unánime de España, y la decisión de impedir su afiliación a la ONU hasta que no hubiera cambios en el carácter del régimen, catalizaron en el gobierno franquista la necesidad de intentar con todas sus fuerzas lograr vías para quebrar el boicot que les iba cercando. El régimen invirtió sumas considerables en una campaña propagandística que hacía resaltar las diferencias entre él y los regímenes fascistas derrotados, destacándose su carácter católico y anti-comunista, y presentándose como heredero de la "verdadera" España, aquella España gloriosa de Felipe II. América Latina era el principal destinatario de esta propaganda, repitiéndose una vez más el modelo ya mencionado, según el cual, toda vez que España se topa con dificultades en Europa, vuelve sus ojos a América. Basándose en los lazos sanguíneos, en la historia común, en la religión y en la lengua, se llevó a cabo tal campaña, que junto con el objetivo de romper el cerco, aspiraba a conseguir la legitimación para un régimen concebido en pecado y nacido tras un baño de sangre. Entre los argumentos utilizados por la dictadura, se destaca el que sostiene que mantener relaciones culturales y espirituales entre los pueblos hispanos estaba por encima de situaciones políticas coyunturales.

Delgado describe extensamente el esfuerzo organizativo, financiero y propagandístico que se dirigió a América Latina. En el Ministerio de Asuntos Exteriores se erigió la Dirección General de Relaciones Culturales (DGRC), y el CH, difamado por su simpatía con el fascismo y su apoyo al Eje, se transformó en el Instituto de Cultura Hispánica (ICH). Estos fueron los principales instrumentos con los que se encauzó la política cultural hacia América Latina. Báio la conducción del nuevo Ministro de Asuntos Exteriores, Alberto Martín Artajo, recibió la Hispanidad matices católicos aún más prominentes. Bajo la cobertura de actividad cultural se desarrolló una propaganda destinada a crear un clima más favorable para la España franquista.

En este marco se distribuyeron libros y publicaciones que glorificaban los logros del régimen español en diversos campos; se invitó a acadé- micos y profesionales; se organizaron en España diversas conferencias; se otorgaron becas a estudiantes y profesores; se envió en gira por América Latina a intelectuales, artistas y eclesiásticos. Todo ello daba la sensación aparente de una vasta actividad internacional, y una prueba engañosa que el boicot internacional era un fracaso y que España no se encontraba sola. A toda delegación cultural, o a todo visitante de envergadura de América Latina, se brindaba un hospedaje lujoso y una intensa exposición en los medios masivos de comunicación, que se encontraban, claro está, en manos del régimen.

De todos modos, debe destacarse que la mayor parte del presupuesto del ICH y de la DGRC se gastó en España misma, mientras que a la actividad cultural en América se dedicó una pequeña parte, que fue reduciéndose, ya que el régimen estaba más interesado en la movilización que resultaría en su aceptación internacional, que en la cooperación cultural profunda.

La principal limitación del libro se desprende de la falta de pre- sentación de la perspectiva latinoamericana por parte del autor, y su virtual desentendimiento de la cuestión que versa sobre cómo se recibió la propaganda de la Hispanidad en América; en qué medida fue absorbida, y por cuáles círculos. No puede juzgarse el alcance del éxito o fracaso de la propaganda de la Hispanidad, y la actividad de organismos como el CH y el ICH, sin intentar responder a tales preguntas.

En un solo caso intenta el libro profundizar en los móviles de la política de un país latinoamericano hacia España, siendo éste el caso argentino, el más importante e interesante de la época, dada la ayuda brindada por el régimen del General Perón a la dictadura española en el período 1946-49. Basándose exclusivamente en fuentes secundarias, se conforma Delgado con ciertas sentencias extrañas, fundamentadas en el estigma nazi-fascista adherido a Perón ya en los días de la guerra mundial, y que encuentran una relación directa entre su apoyo a España y la política expansionista que supuestamente adoptara el Presidente argentino en aquellos años. Según esa versión, Perón pretendió utilizar su lazo con España como "elemento ideológico" que le brindara legitimidad en sus esfuerzos por lograr la hegemonía en América Latina, apartando a los Estados Unidos de tal puesto. Antes del ascenso de Perón al poder, ya tenía la Argentina pretensiones de liderazgo en el sur del continente, mientras que los esfuerzos de Perón por estrechar los vínculos de cooperación con los países vecinos son más notorios precisamente en los años'50, cuando su política de apoyo a España ya se había interrumpido y dejó de enarbolar el estandarte de la Hispanidad. Por otra parte, podía hablarse de legado común heredado por los países hispanoamericanos sin necesidad de apoyar a Franco, quien durante los años '40 provocara en el continente más discordia que consenso. Por lo tanto, la explicación dada no resulta convincente.

El quinto y último capítulo está dedicado al período que media entre la resolución de la ONU de anular el boicot diplomático a España a forales de 1950 y la firma del concordato con la Santa Sede en agosto de 1953, y de los acuerdos militares y económicos con los Estados Unidos en septiembre del mismo año. En este período, cuando la integración de España en la arena mundial recibió un gran impulso, decreció la importancia de la política cultural, y los presupuestos dedicados a ella se redujeron. Por ello, es acertada la observación de Delgado en el sentido que "la política cultural exterior canalizada hasta el momento hacia aquel área geográfica (América Latina) había respondido primordialmente a objetivos defensivos circunstanciales y transitorios más que a un programa definido de actuaciones a medio y largo plazo" (pág. 184).

Al final del libro se ha adjuntado un Apéndice Documental de 65 páginas, parte del cual, quizás, sea prescindible. Tal vez hubiera sido preferible incluir en su lugar unas cuantas páginas de conclusiones generales, una lista bibliográfica e índices onomástico y temático.

Raanán Rein Universidad de Tel Aviv
Tradujo del hebreo: E. Nowodworski