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| VOLUMEN 1 - Nº 1 |
| ENERO - JUNIO 1990 |
Nacionalismo en América Latina
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Desarrollo de la dimensión religiosa
del nacionalismo en Puerto Rico:
1898-1989
POR SAMUEL SILVA GOTAY
Universidad de Puerto Rico
Los Nacionalismos
El drama del combate de dos nacionalismos en la pequeña isla
caribeña de Puerto Rico, desde la invasión de Estados Unidos durante
la guerra Hispano-Cubana en 1898 hasta nuestros días, nos señala la
obligación de definir el nacionalismo desde la perspectiva del relati-
vismo histórico para evitar el esencialismo que define el nacionalismo
de una sola manera, generalmente en forma negativa. En este drama
coinciden dos nacionalismos. Uno, el nacionalismo de los Estados
Unidos, del período del capitalismo monopólico de los últimos veinte
años del siglo pasado, cuando las potencias industrializadas de la
época se repartieron el globo a sangre y fuego. El otro, el nacionalismo
de la isla de Puerto Rico, que fue colonia de España desde 1493 hasta
la invasión de Estados Unidos y que ahora es la colonia más productiva
de ese imperio. Esta Isla todavía lucha por su independencia por vía de
las minorías independentistas y socialistas que afirman el derecho del
pueblo de Puerto Rico a la autodeterminación y la soberanía nacional.
Coinciden aquí, entonces, un "nacionalismo de dominación", que
define el mundo desde su parroquial totalización de la realidad, desde
el cual el hombre y el mundo deben ser definidos. Todos los demás
son bárbaros y se les debe civilizar, esclavizar, usar y explotar bajo el
pretexto de civilizarlos, desarrollarlos o mantener la paz.
El otro es el "nacionalismo de resistencia y liberación", que se
define siempre frente al otro nacionalismo. Es el que busca el sentido
de sí mismo desde sí, desde la afirmación de su propio ser, desde
sí mismo como valor, desde su identidad. Es la expresión de todo
hombre como valor, que toma forma política en la afirmación del
derecho de las comunidades y los pueblos a darse ley a sí mismo, a
la autodeterminación de su destino. Es donde nacionalismo y demo-
cracia se tocan.
Entre esos dos polos, el nacionalismo de dominación y el nacionalismo
de liberación, se ha desarrollado la historia del tercer mundo desde la
expansión de las potencias coloniales europeas a partir del Siglo XVI
y reactivada en el Siglo XIX por el reparto mundial.
Estados Unidos invadió a Puerto Rico en 1898, cuando intervino en
la guerra Hispano-Cubana, que esta última nación había reanudado en
el '95. Estados Unidos, que había expresado su determinación desde
temprano en el Siglo XIX de apoderarse de Cuba y Puerto Rico, únicas
dos colonias que quedaron a España en el Nuevo Mundo, decidió
intervenir en la guerra. Al intervenir, desarmó el Ejército Libertador
de Cuba, le impuso la Enmienda Platt como condición para salir
de la isla y tomó a Puerto Rico como botín de guerra para pagar
los costos de ésta. Tomó también a Filipinas y decidió quedarse con
Hawai. Así entró en la impetuosa carrera imperialista en que las
naciones industrializadas competían por quedarse con los mercados
de trabajo y materia prima de Asia, Africa, y América Latina desde
1880.
El expansionismo de Estados Unidos respondía a sus sucesivas crisis
económicas en el Siglo XIX. Los militares, los políticos, los economistas,
los filósofos y los teólogos protestantes coincidían para la época en
que la expansión de Estados Unidos fuera de sus fronteras era vital
para la salvación del desarrollo de su economía, la preservación de
su posición de poder en el mundo y para el fortalecimiento de sus
instituciones políticas liberales frente a las del viejo mundo europeo.
Los teólogos protestantes alimentaban la ideología justificadora de
"destino manifiesto", que se fundamentaba en la idea de que Estados
Unidos, como nación protestante de instituciones liberales y democrá-
ticas, era la expresión máxima del desarrollo de la historia humana,
por lo cual tenía la responsabilidad de preparar el mundo para la
culminación de la historia1. Esa culminación de la historia se daría
con la segunda venida de Jesucristo y el establecimiento del Reino
de Dios. Esta afirmación fundamental fue elaborada en la compleja y
respetable teología de la época. Esta teología constituía el fundamento
ideológico-religioso del nacionalismo norteamericano. El representante
máximo de esta teología lo era el presidente de la Asociación de
Iglesias Evangélicas de Estados Unidos para la época, Josiah Strong.
En un libro donde analiza los peligros que acechaban la nación y
amenazaban la posibilidad de jugar ese papel en la historia, expresa
el pensamiento dominante en el ambiente religioso norteamericano de
la época. Sobre el destino de Estados Unidos frente al resto del mundo,
dice:
El mundo tiene que ser cristianizado y civilizado. Hay cerca de
mil millones de la población mundial que no goza de civilización
cristiana. Hay que sacar doscientos millones de éstos del salvajis-
mo... y con esos vastos continentes añadidos a nuestros mercados,
con nuestras ventajas naturales logradas por completo, ¿qué
puede impedirle a los Estados Unidos convertirse en el taller del
mundo?2
El tema de la supremacía de la raza sajona está presente en toda
su teología:
Los anglosajones tienen unas relaciones peculiares con el futuro
del mundo y tienen la encomienda divina de ser en forma
muy peculiar, el guarda de su hermano. Me parece que Dios,
con infinita sabiduría y habilidad está aquí preparando la raza
anglosajona para la hora que seguro vendrá en el futuro del
mundo... El tiempo se acerca cuando la presión de la población
sobre los medios de subsistencia se sentirá acá tal y como se
siente ahora en Europa y Asia. Entonces el mundo entrará en
la competencia final de las razas. ¿No es razonable creer que
esta raza está destinada a expulsar a muchos débiles, asimilar
a otros y moldear el resto, hasta que en un sentido verdadero e
importante, haya anglosajonizado a la humanidad?3
Este libro, publicado en 1886, recogía los análisis de las revistas
protestantes desde 1840. Esa teología nacionalista vendría a ser la que
animara todo el movimiento misionero de EE.UU. durante el período
de las invasiones al Caribe de 1898 a 1930. La literatura protestante
de la época está llena de expresiones análogas a las del Rev. Dr. Josiah
Strong.
El caso de la Iglesia Católica en Estados Unidos para esa época
no es diferente en cuanto a su participación en el expansionismo
nacionalista de ese país. Esa minoritaria iglesia de inmigrantes se sumó
a la justificación ideológica expansionista cuando tuvo que tomar la
decisión de apoyar a España, la nación católica por antonomasia,
o apoyar a Estados Unidos, la nación protestante de la cual eran
parte. Durante el Siglo XIX los católicos norteamericanos se encon-
traban divididos entre "los americanizantes" y los "europeizantes".
Era todavía una Iglesia de imigrantes europeos, italianos, franceses,
polacos, etc. Unos insistían en que la Iglesia debía americanizarse
ya que su destino estaba con la nación en que habrían de vivir
siempre. Otros insistían en mantener la lealtad a las diócesis europeas
de procedencia y mantener el lenguaje y las instituciones del país
de procedencia. Los irlandeses, quienes llevaban el liderato en ese
conflicto por su capacidad de usar el lenguaje de los norteamericanos,
lograron que la Iglesia tomara el camino de la americanización. A
tal punto se americanizó la Iglesia Católica de EE.UU., que el Papa
emitió una encíclica contra los americanismos4. Hay que recordar que
es el período histórico en que el Vaticano había reaccionado en la
forma más fuerte contra el liberalismo, sus instituciones y sus formas
políticas. Habían sido incluidos en el Silabus como condenables los
siguientes principios: la libertad de imprenta, de asociación, de culto,
de conciencia, la separación de Iglesia y Estado, la secularización
de la instrucción pública, etc5. Así que hay que entender entonces
que si bien era cierto que la Iglesia Católica de EE.UU. se había
americanizado y apoyaba estas instituciones políticas liberales de la
nación aun contra el consejo del Vaticano, el Estado norteamericano
veía la Iglesia Católica dentro de sí como un serio enemigo de sus
instituciones políticas y la calificaba como un "problema de seguridad
nacional". De aquí que al momento de la decisión sobre la intervención
de EE.UU. en la guerra contra España, la nación católica, los católicos
de EE.UU. tuvieran en sus manos un serio problema de legitimidad.
En este momento la Conferencia de los Obispos de la Iglesia Católica
de EE.UU. tomó la decisión de apoyar a EE.UU. en la guerra. De aquí
en adelante las revistas católicas apoyaron la intervención de EE.UU.
con una ideología nacionalista de carácter religioso tan vigoroso como
la de las iglesias protestantes. Ejemplo de esto es el lenguaje usado
en algunas de sus revistas eclesiásticas:
Decía el Catholic Herald:
"En pocas semanas las cadenas forjadas por España serán dese-
chas por la valentía americana y el mundo se preguntará cómo
fue posible que se toleraran por tanto tiempo.6.
El padre Keefe declaraba en Catholic World:
"Una vez que una nación ya ha cumplido su papel en la historia
el lugar que le corresponde es la tumba".7
El nacionalismo religioso de Estados Unidos en el proceso de
americanización de Puerto Rico
Con la ocupación de Puerto Rico por el ejército de los Estados
Unidos y el retiro del ejército español el 18 de octubre de 1898,
abandonó la isla la mitad del clero español. El obispo también se
retiró de la isla. Ese día entró en vigor la separación de Iglesia y
Estado según la ley de EE.UU., luego de casi cuatrocientos años de un
gobierno colonial en que la Iglesia Católica era la religión del Estado.
Entonces los misioneros protestantes invadieron los nuevos territorios
"para predicar el evangelio". El Vaticano, por su parte, nombró un
Delegado Papal a la firma del Tratado de París para asegurar los
intereses de la Iglesia Católica. De ahí en adelante nombrará obispos
norteamericanos para la isla de P.R., Cuba y Filipinas.
Los misioneros protestantes y los misioneros católicos de EE.UU.
realizaron su labor evangelizadora con gran sacrificio, devoción y sen-
tido de entrega amorosa por la salvación de las almas. No advertían,
sin embargo, el carácter ideológico de la teología, la predicación y las
prácticas pastorales de su nacionalismo religioso.
Los protestantes concebían a los Estados Unidos como una nación
"regendrada" e identificaban "evangelización" con "americanización",
esto es, "ciudadanía en el Reino de Dios" con la "ciudadanía americana".
En consecuencia, para los misioneros y los conversos puertorriqueños,
los términos americanización, Estados Unidos, capitalismo, democra-
cia, progreso tecnológico, educación pública y obediencia a las leyes
de Estados Unidos serán sinónimos de evangelio y protestantismo.
Exactamente de la misma manera en que 400 años antes y durante
la "cristiandad" las instituciones y los valores de la cultura española
nacional fueron también sinónimo de evangelio.8
El capitalismo, la cultura liberal y el protestantismo constituían un
solo tejido ideológico nacionalista. Las partes eran inseparables. Por
esto los misioneros religiosos, los educadores y los militares coincidían
en un proceso de "americanización", al cual le era esencial la Trotes-
tantización" de los nuevos territorios9. Las actas de los misioneros
definían su misión en los territorios conquistados en forma análoga
a la definición de objetivos de la Junta de Misioneros de la Iglesia
Hermanos Unidos:
...inaugurar un trabajo que asegure la americanización de la isla,
así como su entrada a las alegrías y privilegios del verdadero
discipulado cristiano..., debemos inaugurar una escuela y así
alcanzar cientos de niños que pueden ser formados por medio
de esta agencia para la responsabilidad de la ciudadanía ameri-
cana.10
El Comisionado de educación pública de los Estados Unidos por su
parte, escribía al de Puerto Rico lo siguiente:
"Una educación que contempla el cambio del lenguaje nativo,
implica un cambio de religión y el cambio completo del cuerpo
de tradiciones de la gente".11
El General Groff, que estuvo a cargo de la educación durante la
dictadura militar norteamericana en Puerto Rico, escribía en el Inde-
pendent con las mismas intenciones:
Por cuatro siglos, España trató de cristalizar este pueblo. Ese
deber ha sido transferido ahora al pueblo Americano. Los hombres
de Dios que pueden ver lo bueno en lo demás y entienden
aún a los Latinos, debieran ser enviados a espiar la tierra y esta-
blecer iglesias y escuelas... cada maestro debe ser un misionero...
Puerto Rico está destinado a convertirse en un estado de la
Unión Americana. La clase de estado que pueda ser, dependerá
grandemente del trabajo que realicen las sociedades religiosas de
Estados Unidos.12
Los misioneros católicos, por su parte, actuaron con el mismo celo
americanizante, porque su legitimación como "ciudadanos americanos"
bona fide estaba en cuestión. El Vaticano escogió a Monseñor Luis
Chapelle, Arzobispo de New Orleans, para que asimilara las antiguas
diócesis de Puerto Rico, Cuba y Filipinas a la iglesia norteamericana.
Hacía unos años que este hombre de mano de hierro trataba de
americanizar la rebelde diócesis sureña y afrancesada. En los nuevos
territorios lo hizo igual y con un gran sentido de proconsul imperial13.
Logró convertirse en el hombre de confianza del Presidente McKingley
de los Estados Unidos, con quien se entrevistaba antes de cada viaje
y al regreso. Finalmente, nombró a su ayudante y asesor legal, Mons.
Joseph Blenk, como Obispo de Puerto Rico. Este mantuvo una clara
política de americanización mientras fue obispo de la isla. Al salir de
la primera entrevista con el Presidente de los Estados Unidos, recién
nombrado, expresó a la prensa que esperaba que pronto Puerto Rico
fuera parte integrante de la nación.14
El instrumento de americanización de la élite católica puertorriqueña
lo fueron las escuelas católicas que la Diócesis organizó para promover
la enseñanza religiosa, ya qae el Estado norteamericano había elimi-
nado la enseñanza religiosa de la escuela pública con motivo de la
separación de la Iglesia y Estado. El padre Aníbal Colón Rosado, uno
de los pocos superintendentes puertorriqueños de escuelas católicas
que ha tenido la Iglesia Católica de Puerto Rico, dice lo siguiente
sobre las escuelas católicas como agentes de americanización:
Las comunidades religiosas, a tono con sus atavismos culturales,
los deseos de la clientela y los usos impuestos por la autoridad
civil, colaboraron con el proceso de transculturación. Los archivos
de algunos conventos y colegios ofrecen ejemplos sobre la impor-
tancia que éstos le daban al idioma inglés, a los símbolos, a las
fiestas y a los héroes americanos15.
De este testimonio de la propia autoridad católica y de toda la
evidencia relativa a la política de la americanización de la Iglesia
Católica, hay que concluir que, aún cuando en el principio los colegios
americanizaban por política del gobierno americano, ésta eventual-
mente se convirtió en política de la Iglesia. El propio superintendente
de las escuelas católicas señala que "hasta ahora (1981) la mayor parte
de los superintendentes de las escuelas católicas han sido religiosos
norteamericanos".
Concluimos hasta aquí, que tanto las iglesias protestantes como la
Iglesia Católica de EE.UU. alimentaron el expansionismo nacionalista
norteamericano al sacralizar los procesos políticos de imposición
cultural, militar y política sobre Puerto Rico. Asistimos, pues, a la
sustitución de una cristiandad por otra como resultado del cambio
de poderes coloniales que representaban dos niveles diferentes de
desarrollo del modo de producción capitalista y, en muchos aspectos
dos modos de producción diferentes.
El nacionalismo puertoriqueño de liberación frente a Estados
Unidos
Durante el período colonizador español de 1493-1898, Puerto Rico, al
igual que los otros pueblos latinoamericanos, había visto el desarrollo
de una élite criolla que para el Siglo XIX comenzaba a madurar en
la afirmación de sí mismos como nacionales. El hecho de la pobreza
de la isla y su función militar como bastión para la defensa de
las posesiones españolas, la limitaron en el desarrollo de su nacio-
nalismo frente al despotismo del régimen colonial español. Aun así,
España tuvo que reprimir con fuerza los brotes de nacionalismo
en Puerto Rico durante el Siglo XIX, y la Iglesia Católica española
se vió en la obligación de sustituir el clero nacional por el clero
español, por la razón de que los puertorriqueños llevaban en su
corazón "la mala semilla de la independencia", según los obispos. Un
solo obispo nacional puertorriqueño toleró España. La insurrección
del Grito de Lares en 1868 atestigua al desarrollo del nacionalismo
puertorriqueño en el Siglo XIX.16 La Iglesia Católica institucional,
como iglesia del Estado, apoyó siempre las políticas coloniales y
esclavistas del Estado. Se entiende entonces el por qué la élite criolla
de hacendados y los profesionales liberales recibieron a los invasores
de EE.UU.)que representaban las políticas liberales de la época, con
la mayor esperanza. Muy pronto esta esperanza de "gobierno propio"
se frustró cuando se estableció la dictadura militar de EE.UU. (1898-
1900) y luego el gobierno colonial (1900-1989). Desde entonces se
lucha por la autonomía y la independencia en Puerto Rico frente a los
Estados Unidos. Ya en 1912 se formó el Partido de la Independencia.17
De aquí en adelante la lucha política en P.R. tendrá como uno de los
ingredientes la lucha por la independencia.
La depresión de 1929 va a dar inicio a un vigoroso movimiento
nacionalista que, junto a un movimiento obrero desafiante e ingober-
nable, van a poner en jaque el gobierno colonial y las plantaciones
azucareras norteamericanas durante la década de 1930-1940. Esa
década de crisis económica, de vigoroso nacionalismo, de grandes
huelgas y fuertes represiones por parte del Estado colonial y las
agencias de seguridad de los Estados Unidos, llevó a la generación
del '30 a una introspección sobre el sentido de lo puertorriqueño y al
desarrollo de una literatura de afirmación nacional y una reflexión
filosófica y teológica que tomaba en serio el análisis de la realidad
desde Puerto Rico mismo. Esto habrá de repercutir sobre un sector
de intelectuales católicos y un sector protestante que llegarán a ser
los precursores filosóficos y teológicos para la generación del '60. El
dirigente de ese movimiento nacionalista lo fue el Dr. Pedro Albizu
Campos, joven abogado de los pobres, graduado de varias facultades
de la Universidad de Harvard, quien redefinió desde la dirección del
Partido Nacionalista de Puerto Rico la incompatibilidad radical entre
la colonia y la puertorriqueñidad. Este solemne dirigente político, a
quien sus seguidores llamaban El Maestro con devoción cuasi religiosa,
fundamentaba su nacionalismo en un certero análisis de la explotación
que Estados Unidos hacía de la colonia y en una utopía de la
nación de pequeños propietarios de raigambre hispánica y católica.18
Este nacionalismo se puede ubicar en el marco del nacionalismo
espiritualista de América Latina de la década del '30.
El desarrollo del catolicismo del Maestro Albizu Campos es producto
de su identificación con el movimiento nacionalista irlandés durante
la guerra civil de ese país, que culminó en 1921 con el reconocimiento
de la independencia del Sur de Irlanda. Para esa época en que Albizu
estudia en Harvard, con una beca de la Logia Aurora de Ponce, había
en Boston más de un cuarto de millón de irlandeses. Albizu participó en
las campañas de apoyo a la independencia de Irlanda y le impresionó
la poderosa función ideológica que desempeñaba el catolicismo en la
lucha por la independencia nacional. Asumiendo que sería igual en
Puerto Rico, ya que ésta era una isla católica, una vez que llegó a
la presidencia del partido impuso la doctrina de la identidad entre
catolicismo y nacionalidad puertorriqueña. Su discípulo, Juan Antonio
Corretjer, explica que el Maestro concebía la religión católica como "la
barrera" que podía contener la influencia desintegradora norteameri-
cana. En consecuencia, el Partido Nacionalista demostraba un cierto
"exhibicionismo católico", como lo llama Luis Angel Ferrao en su tesis
doctoral sobre el Partido Nacionalista. En todas sus conmemoraciones
políticas, especialmente la celebración de la Insurrección del Giro de
Lares y el natalicio del patriota José De Diego, el partido iniciaba
las actividades con un Te Deum en la iglesia de la localidad. Entraban
a la iglesia con un desfile de los cadetes de la república en camisas
negras, seguidos por las enfermeras de la república y el liderato del
partido. Consistente con este énfasis era el hacer uso de un lenguaje
político-religioso que adjetivaba la descripción política patriótica como
si fueran actos religiosos. Dice Ferrao:
"En ocasiones se concibe a la patria como una "diosa"; el municipio
de Lares era visto como "tierra sagrada" ya que en él se "bautizó"
con sangre el cuerpo de la nación en 1868; la visita anual que
hacían los nacionalistas a este pueblo era catalogada como
un "peregrinaje" y al propio Albizu se le conceptuaba como el
"apóstol" de la lucha de independencia. Dios mismo recibió el
título de "creador y protector de todas las nacionalidades" y
las asambleas del partido comenzaban con una invocación a El.
Esa posición de Albizu y los más hispanistas del nacionalismo,
no era compartida por un sector del partido que tenía una
orientación más secularizada, y pluralista, además de mayor
conciencia del problema de la explotación de clase.19
La insistencia de Don Pedro con respecto a la religión católica
como ingrediente esencial a la nacionalidad llevará a esa generación
a familiarizarse con el papel de lo católico en la guerra de Irlanda y
a familiarizarse con los esfuerzos del catolicismo europeo por restaurar
"la cristiandad", siguiendo el modelo de "neo-cristianidad" sugerido por
Jacques Maritain. A pesar del fuerte ingrediente católico en el Partido
Nacionalista, sin embargo, la Iglesia Católica no producirá ningún
teólogo de envergadura cuyos escritos fueran significativos. Lo más
cercano a esto es el movimiento intelectual de estos jóvenes profesores
que rescatan lo hispano y católico para contra-proponerlo a lo colonial
norteamericano como fundamento de la identidad nacional. El carácter
hispanista conservador de ese movimiento lo hacía sumamente reac-
cionario en asuntos sociales, a pesar de su nacionalismo radical.
Este fue un nacionalismo militante que hizo vibrar la nación puerto-
rriqueña y obligó al imperio a perseguirlo y reprimirlo hasta la muerte
para poder mantener la colonia.20 El Presidente de los Estados Unidos
nombró gobernador de Puerto Rico al General Winship, ex-embajador
de EE.UU. en Rusia, para pacificar el nacionalismo puertorriqueño.
Este dirigió la represión contra el nacionalismo que culminó con la
Masacre de Ponce, cuando la policía, al mando de un oficial nortea-
mericano, disparó sobre la pacifica marcha de nacionalistas matando
a 22 e hiriendo a 250 de ellos. Este gobernador colonial envió al
Dr. Albizu Campos a la prisión en EE.UU. luego de un fraudulento
proceso judicial, y encarceló a docenas de patriotas. Mientras tanto,
se abrían las posibilidades para la organización de un partido de
carácter populista, el Partido Popular Democrático, bajo la dirección
de Luis Muñoz Marín, que representaba la clase de los sectores
medios y profesionales. Para 1950, este partido rechazó su posición
independentista y propuso como solución al estatus de Puerto Rico la
fórmula de Estado Libre Asociado, que garantizó reformas de gobierno
interno, como un gobernador electivo y el nombramiento del gabinete
por éste, pero mantuvo toda la relación colonial con Estados Unidos
intacta.21 Fue entonces cuando el Partido Nacionalista, para evitar
el camino de la anexión completa a EE.UU., lanzó su prematura
insurrección de 1950 contra la ocupación de EE.UU., que culminó en
una dolorosa pero heroica derrota22 y el nuevo encarcelamiento de su
líder.
La crisis económica que hizo posible la transparencia de la explo-
tación económica de las plantaciones azucareras norteamericanas y
la condición de miseria del pueblo puertorriqueño para la década del
'30, también impactó un sector de las iglesias protestantes. De aquí en
adelante vamos a encontrar líderes de las iglesias protestantes, espe-
cialmente bautistas y metodistas, distinguiendo entre "el evangelio" y
"el imperialismo de las corporaciones de la nación invasora". La revista
protestante, el Puerto Rico Evangélico, publicará ocasionalmente artí-
culos en los que se habla del imperialismo de las corporaciones
azucareras y se condena a éstas en nombre del evangelio.23 De aquí
en adelante vamos a encontrar también la presencia protestante en
el Partido Nacionalista, a pesar del énfasis de este partido en la
catolicidad como esencial a la nacionalidad. El día de la Masacre
de Ponce, el pastor protestante, Rev. Juan Hernándes Vallé, estaba en
programa para dar el discurso del día. La secretaria del partido en
esa ciudad de Ponce era la hija del pastor bautista de la ciudad.
Uno de los pastores protestantes representativos de esa generación
fue el Rev. Domingo Marrero Navarro, profesor de hebreo y Antiguo
Testamento en el Seminario Evangélico de Puerto Rico. Este pastor
de vocación filosófica, autor de una de las críticas más importantes al
filósofo español José Ortega y Gasset, culminó sus días como Decano
de Humanidades en la Universidad de Puerto Rico. Es importante
detenernos en Marrero, porque éste es uno de los filósofos puertorri-
queños de envergadura que, además, elaboró una sólida justificación
teórica para la afirmación de la nacionalidad y el anti-imperialismo
de ese período de la historia del país.
La presencia de Marrero en el pensamiento de sus discípulos en la
Universidad y en las iglesias protestantes, especialmente entre los se-
minaristas y los miembros del movimiento estudiantil cristiano, habrá
de conectar la generación del '30 con la del '60. Este pastor será voz
profética en Puerto Rico desde finales del '30 hasta su muerte en
1960. Como tal, es el teólogo del nacionalismo protestante durante el
período populista de 1940 a 1960, pero impartiendo una dimensión
social y teológica a ese nacionalismo, en la que los negros y los
trabajadores tienen una consideración especial. El contexto histórico
de su ministerio y su profesorado será precisamente el período del
régimen del Partido Popular Democrático.
Dijimos que la crisis de la depresión en Puerto Rico, luego de la
represión del movimiento nacionalista, habrá de ser canalizada por el
populismo del Partido Popular Democrático que se organizó en 1940.
Este comienza como partido campesino e independentista, en cuyo
seno se recogían socialistas, nacionalistas y autonomistas, en torno a
un proyecto populista liderado por los sectores medios y profesionales,
que muy pronto acogerá a los obreros urbanos. Los líderes son hijos y
herederos políticos de los hacendados puertorriqueños que tuvieron
el mando del país hasta la década del '20. Muy pronto, sin embargo,
transformará su capitalismo nacionalista en un programa de indus-
trialización dependiente por falta de una burguesía nacional que se
hiciera cargo del proyecto. Sus programas de beneficios sociales y su
política de industrialización dependiente resultarán, sin embargo, en
un crecimiento económico que habrá de modernizar el país y crear
una clase media. Pero habrá de generar también un amplio sector
de marginados, desempleados crónicos, que migrarán al mercado de
trabajo de EE.UU. y habrán de ahondar la dependencia económica
y cultural respecto a esa otra nación. Este proyecto logró acallar
los sectores políticos nacionalistas e independentistas en la primera
etapa por el carácter social de sus reformas, pero volvió a generar
las protestas de independentistas y nacionalistas una vez que se alejó
de sus intenciones anti-imperialistas.24 En 1945 se organizó el Partido
Independentista, con los disidentes del PPD y algunos miembros del
Partido Nacionalista. Es en este contexto que Marrero desempeñará
su magisterio.
En 1937, Domingo Marrero publica su artículo "Puerto Rico y Simón
el cananeo" en la revista mexicana La Nueva Democracia, al que
siguen entre otros trabajos, Los fundamentos de la libertad, en 1949;
Meditaciones de la Pasión en 1950 (año de la insurrección nacionalista
en Puerto Rico) y El Centauro: Persona y pensamiento de José Ortega
y Gasset, en 1951.
En Los fundamentos de la libertad, discurso de graduación en el
Instituto Politécnico, Marrero elabora los fundamentos de un nacio-
nalismo sobre las bases de una comprensión filosófica de la libertad,
y como toda su filosofía, determinado por la visión de un cristianismo
crítico.25 Frente al racionalismo, afirmará que la verdad de por sí no
nos salva,, no nos libera, si no esatmos dispuestos a vivirla, a tomar la
opción, a decidir por ella. Son los valores, entonces, los que determinan
la dedicación del hombre a la verdad, los que determinan su ser.
El problema del hombre, por lo tanto, es un problema espiritual.
Desde luego, por espíritu, entiende, como Max Scheler, conciencia
de sí, objetividad y libertad. El hombre que toma conciencia de sí
y de su realidad, y trasciende sus limitaciones en el ejercicio de su
libertad. De aquí que afirme que el hombre es posibilidad pura. Dice:
"El hombre es un ser finito con aspiraciones infinitas". Concuerda
con Ortega que las categorías de la ontología griega no sirven para
interpretar el hombre. El hombre no puede ser encerrado en una
definición estática del ser. El hombre es proyecto, drama, esperanza.
De aquí que afirma con Scheler que "la propiedad fundamental de un
ser espiritual es su independencia, libertad o autonomía existencial".26
Sin esa independencia de los determinantes objetivos, que le provee la
libertad, el hombre sería como los animales. "Escoger frente a todas
las fuerzas retardatarias... escoger, a pesar de nosotros mismos, el
camino que debemos para hacernos más nobles y más dignos c1e
nuestra vocación de hombres; ésa es la función de la libertad".27
Libertad, por lo tanto, es la clave fundamental del espíritu.
Esa vocación de ser más hombre implica ser más amoroso y respe-
tuoso de los demás hombres, porque el hombre no existe, "el hombre
coexiste". En la convivencia política, esto quiere decir: democracia.
Define democracia como una filosofía de vida basada en el respeto a la
persona como tal, y como una técnica de acción pública que reclama
la participación voluntaria de los individuos en la tarea de crear una
vida mas noble y mas feliz. De aquí que condene todo colonialismo,
todo régimen de explotación. Aquí llama a los estudiantes a construir
la libertad integral de Puerto Rico, conscientemente, con dolor y
temblor. Adelantándose a Fanón, analiza lo que llama el "complejo
colonial" como la falta de fe en sí mismos. Esa falta de fe ocurre
cuando los pueblos esperan la salvación de fuera. La educación los
deforma, bloqueando el desarrollo de la conciencia y de la fe en sí
mismos. Puerto Rico, dice Marrero, todavía tiene conciencia de sí
mismo, es una nación. El filósofo reconoce los adelantos promovidos
por el régimen populista, pero advierte sus limitaciones y su fracaso
dentro del régimen colonial si no rompe ese cerco con la consecusión
de la libertad para la nación puertorriqueña. Por esto, exhorta a los
estudiantes al final de su discurso a "atreverse a ser libres".
La consistencia con su posición filosófica y teológica lo llevó a grandes
conflictos con el régimen colonial durante el período de Macartismo,
con el mismo Partido Nacionalista, con su propia Iglesia Metodista, y
con el Seminario Evangélico donde enseñaba. Por su integridad y su
caluroso humanismo, Marrero habrá de dejar una estela de discípulos
a lo largo de todo el país, especialmente en el movimiento estudiantil
cristiano. Todo el país llorará su muerte.
La generación del '60
La década del '60 marca la crisis del populismo en Puerto Rico
y el agotamiento definitivo de esta tercera vía de desarrollo en
los países latinoamericanos, que tuvieron condiciones para ese des-
arrollo entre el '40 y '60. Estos fueron aquéllos en los que una fuerte
burguesía nacional -desilusionada del viejo modelo agroexportador
y decidida a establecer un mercado interno con sustitución de im-
portaciones, legislación obrera, nacionalización de infraestructura y
energéticos- propulsó la creación de juntas nacionales de planificación
y bancos del Estado para la promoción industrial. Este proyecto
populista se agotó definitivamente en la década del'60, cuando también
se dió la primera revolución socialista en América, la Revolución Cuba-
na. Esta representó una inspiración y señal de posibilidad de cambios
radicales para los países latinoamericanos. La afirmación de esta
revolución tuvo como recurso ideológico fundamental el nacionalismo
cubano. Es lógico que esta revolución repercutiera en Puerto Rico,
la isla hermana, todavía colonia, con la que Cuba siempre tuvo un
compromiso histórico, ya que los líderes de ambas siempre lucharon
indistintamente por la independencia de las dos islas.
En este período, en que el crecimiento económico en Puerto Rico hizo
posible que el porcentaje más alto de jóvenes de edad universitaria
asistieran a las universidades del país, la lucha política y cultural
por la afirmación de la nacionalidad tuvo una amplia participación
de jóvenes con un fuerte vínculo con las universidades del país, aun
cuando el liderato puertorriqueño en ese período fue de gran impor-
tancia en la izquierda independentista.
Esta organización habrá de ser impactada por los siguientes acon-
tecimientos y condiciones de la década: el crecimiento del anti-impe-
rialismo en toda la América Latina; la guerra de Vietnam; el problema
del servicio militar obligatorio en el Ejército de los Estados Unidos
so pena de ser condenado a presidio por cinco años; el crecimiento
de las protestas por el uso de las islas-municipios de Vieques y
Culebra como blanco de tiro por la marina de los Estados Unidos
para las maniobras de la flota del Atlántico; la rebelión estudiantil
de la década; el movimiento de reforma universitaria en Puerto
Rico; la celebración del II Concilio Ecuménico de la Iglesia Católica;
las audaces conclusiones de la Asamblea General del Episcopado
latinoamericano celebrada en Medellín; el desarrollo de los movimientos
de Iglesia y Sociedad en América Latina de las iglesias protestantes;
la radicalización de las teologías católicas y protestantes europeas y
su recuperación de la dimensión social del evangelio; y, finalmente,
los contactos de esta generación con los movimientos pastorales,
universitarios y teológicos latinoamericanos. Al igual que en el resto
de América Latina, donde por otras razones se hizo urgente la
participación de los cristianos en los procesos de protesta, denuncia
y de cambio social de carácter revolucionario, en Puerto Rico se
hizo urgente para esta generación la participación en los procesos
políticos y sociales de carácter crítico y contestatario. Pero en esta
isla éstos siempre llevaban a una confrontación con el poder colonial
que definía las condiciones sociales y políticas de la isla. Por lo tanto,
cada una de estas luchas siempre tenía un ingrediente nacionalista
y anti-imperialista. De aquí que toda la recuperación del carácter
libertador de la fe cristiana tenga en Puerto rico, como en América
Latina, un fuerte carácter nacionalista y anti-imperialista.
Teológicamente, esta generación de cristianos se ubica en la Teología
de la Liberación.29 Estos entienden el quehacer teológico como la
reflexión crítica sobre la participación de los cristianos en los procesos
de liberación desde la perspectiva de la fe.
Esa generación de cristianos comprometida con los pobres y opri-
midos, con los procesos de liberación social y revolucionarios en
toda América Latina, dará inicio a la tarea de preguntarse por
la relación entre su compromiso y práctica con la liberación del
oprimido, por un lado, y la salvación, por el otro. Esos años de
práctica política y reflexión teológica van a llevar, tanto en Puerto
Rico como en el resto de América Latina, a la relectura de los
textos bíblicos "desde los pobres", y a la recuperación del carácter
historicista y liberador de la tradición hebreo-cristiana. A partir de
mediados de 1960 notamos la presencia de una amplia literatura sobre
la "deshelenización del cristianismo" y la recuperación del carácter
histórico de la visión del mundo con que los hebreos escribieron los
textos bíblicos.30 Ello implica hacer resaltar el carácter histórico y
desespiritualizar conceptos como los de "justicia", "liberación", "pobres",
"oprimidos", entre muchos otros; implica la comprensión del Exodo
como una experiencia política liberadora y como la que determina en
Israel la comprensión de Yahveh como el que hace justicia a los pobres
y oprimidos; y significa recuperar la religiosidad profética como un
llamado a la vocación inicial de Israel con los pobres y oprimidos.
En el caso del Nuevo Testamento, significa el redescubrimiento de
Jesús y María su madre como profetas ubicados en esa esperanza de
Israel y la esperanza de aquel que "habrá de quitar los poderosos de
sus tronos y exaltar los humildes"; implica la comprensión de Jesús
como el ungido para predicar la libertad real a los cautivos y el día
agradable del Señor a los pobres, porque "ellos heredarán la tierra" y
porque es "más difícil a un rico entrar en el Reino de Dios, que a
un camello entrar por el ojo de la aguja"31. Estos elementos de ese
complejo paradigma exegético que se desarrolla a partir de la relectura
de la Biblia desde los pobres, nos dan una idea de la dirección en que
va a desarrollarse la nueva praxis de los cristianos comprometidos
en América Latina y en Puerto Rico. Ello llevó a la recuperación
de la dimensión política de la fe. Como consecuencia, se dará la
incorporación de un instrumento de análisis socio-económico y político
a la reflexión teológica, y, finalmente, a la opción por un proyecto
histórico afín con esa comprensión del evangelio. En este caso será el
proyecto histórico del socialismo. Para este movimiento, el capitalismo
significaba la causa fundamental de la pobreza y opresión que se vivía
en América Latina. Esto ocurría con la intervención y apoyo de los
Estados Unidos.32
De esta experiencia surge una Teología de la Liberación que, más
bien que un sistema de dogmas, es una metodología de análisis y praxis
que se rehace constantemente en el camino para guiar la participación
de los cristianos en el proceso de liberación social de las comunidades
y la nación. Esta teología cristiana, a diferencia de la teología cristiana
tradicional, hace una clara distinción entre fe e ideología y resiste la
identificación del Reino de Dios con los sistemas sociales y los logros
relativos de justicia en el proceso histórico, pero afirma, sin embargo,
el Reino de Dios como un proceso histórico que se va construyendo en
la realidad socioeconómica y política con la participación responsable
de los cristianos y los comprometidos con la justicia y la fraternidad
humana.
En razón de la contradicción entre la tradición hebreo-cristiana y el
sistema colonial imperante en Puerto Rico, los pastores, sacerdotes, es-
tudiantes, seminaristas y creyentes identificados con esta comprensión
del evangelio y el cambio social, desarrollarán una praxis de carácter
nacionalista con un fuerte apoyo religioso de gran articulación teórica.
Esta práctica nacionalista se manifestará en la creciente participación
de los cristianos en los movimientos sociales de denuncia, de protesta,
de apoyo a los obreros y marginados, y en la fuerte participación en
los movimientos sociales de desarrollo comunal; en las actividades
universitarias de reforma universitaria y apoyo a las luchas políticas
por la independencia de Puerto Rico; en la defensa del idioma y la
cultura; en la lucha contra la Guerra de Vietnam y contra la presencia
en la universidad de los cursos de milicia para oficiales del Ejército
de los Estados Unidos y contra el servicio militar obligatorio; y en la
vida interna de las ordenes religiosas, las iglesias y en los movimientos
estudiantiles cristianos católicos y protestantes.33
Un momento dramáticamente simbólico de estos procesos lo fue
cuando los independentistas decidieron realizar un culto ecuménico
en medio del blanco de tiro marcado por la marina de Estados Unidos
en la pequeña isla-municipio de Culebra, para protestar la presencia
militar de ese país allí y el abuso del bombardeo de práctica sobre
la isla, que ponía en peligro a sus habitantes y destruía los arrecifes
y la pesca, de la cual vivían los habitantes. Este culto ecuménico estaba
dirigido por el Obispo titular de Ucres, Mons. Antulio Parrilla, varios
religiosos católicos, pastores y líderes estudiantiles protestantes, y un
profesor de teología de su seminario, Dr. Luis Rivera Pagán. Participaba
también el Lic. Rubén Berrios, Presidente del Partio Independentista.
Las maniobras militares fueron interrupidas y el programa de las
maniobras fue dislocado, por lo que la policía militar intervino y
los apresó dramáticamente. Trece personas fueron finalmente conde-
nadas a la cárcel por el tribunal colonial en Puerto Rico, la Corte
Federal, entre ellos, pescadores, el presidente del Partido Indepen-
dentista Puertorriqueño, y el Dr. Luis Rivera Pagán, profesor de
teología del Seminario Evangélico de Puerto Rico. En una gigantesca
protesta ecuménica del pueblo puertorriqueño frente al Presidio, el
Obispo católico, Antulio Parrilla, distingue entre el nacionalismo
imperialista y el nacionalismo liberador de los puertorriqueños y
afirma la imposibilidad de llamar cristianos a los primeros:
Estos opresores ni son cristianos, ni se les puede considerar
cristianos. Viven de espaldas al Sermón de la Montaña, aunque
sean políticos, ricachos, tecnócratas o eclesiásticos de cualquier
persuasión religiosa de que digan ser... Viven dentro del mundo
fatuo de la hipocresía, amparados por unas estructuras religiosas
temporales, que están en tal grado de deterioro y de irrelevancia,
que no aguantan el empuje definitivo de las nuevas generaciones,
que a Dios gracias, ya no creen en los cantos de sirena de la
doblez institucionalizada eclesial y menos aún en la estatal, y que
se esfuerzan con sinceridad en descubrir la verdadera Iglesia de
Cristo y un orden social, político y económico humano y liberador.34
Este obispo católico, el único nacionalista de los tres de entonces,
y a quien el Vaticano no quiso asignarle una diócesis, ha participado
valientemente en la lucha política por la independencia y el socialismo,
y ha dejado el testimonio escrito de sus discursos y sus valientes
artículos. En su conferencia sobre "El sol del cristianismo ante el co-
lonialismo en Puerto Rico", dice lo siguiente sobre la transculturación
colonial:
"Esta transculturación es un grave pecado que ha sido señalado
por los Papas y por muchos patriotas nuestros desde hace años.
Es un pecado contra los individuos y contra la comunidad... La
continua conquista yventa de nuestro ser nacional me recuerda la
venta de su primogenitura que hizo Esaú a su hermano Jacob,
por un plato de lentejas, según nos narra el Libro de Génesis,
25,29-34... El juicio de Dios será no solamente de los individuos
como personas, sino que también de las naciones o comunidades.
Las terribles invectivas de nuestro Señor Jerucristo contra ciertas
ciudades lo comprueban.35
Concluye diciendo que el cristiano debe jugar un papel militante en
una situación colonial. Debe tomar "la postura del profeta". Es "grave y
pecaminosa la problemática colonial de Puerto Rico" y el cristianismo
tiene el deber de comunicarla a los cuatro vientos. La segunda postura
dice, "es la de afirmar y reafirmar lo puertorriqueño buscando las
raíces auténticas de nuestras tradiciones". La tercera es "ser apóstol
del ideal independentista". La cuarta es "vincularse a algún grupo
independentista como militante". El obispo convive políticamente en
un medio que se plantea el problema del cambio revolucionario. No
rehuye la posibilidad de la violencia si fuera necesaria. Invitando al
pueblo en 1968 a la celebración del centenario del Grito de Lares
contra los españoles, como presidente del comité organizador, declara:
El pueblo de Puerto Rico debe elevar su conciencia en el altar
del santuario consagrado por el fuego y la sangre de las alturas
lareñas en acciones de gracias a Dios y a los patriotas del '68
que con infinita generosidad inmolaron sus vidas y proclamaron
la República libre y soberana salvando así para la historia nuestro
decoro nacional.36
Y ante el cadáver del presidente del Partido Independentista Puer-
torriqueño, Gilberto Concepción de Gracia, dice en 1968:
La Encíclica El desarrollo de los pueblos, de Pablo VI, dice que
hay siempre presente la tentación de la violencia "cuando hay
situaciones cuya injusticia clama al cielo", pero más adelante
afirma que la insurrección revolucionaria puede engendrar mu-
chos males terribles y no es, pues recomendable, "salvo en caso
de tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los
derechos fundamentales de la persona y damnificase peligrosa-
mente el bien común del país". ¿Se verifica esta situación en
Puerto Rico? Muchos puertorriqueños contestan afirmativamente
a esta pregunta, pues no pocos juzgan la situación actual de
nuestro país como desesperada.
A muchos otros les repele el recurso revolucionario por ser
extremo, y dadas las experiencias del pasado, con pocas posi-
bilidades de éxito. Pero, por otro lado, piensan que sigue siendo
un derecho de último recurso, al cual no se podría renunciar
indefinidamente, dado que pueden cambiar considerablemente
las circunstancias que en el pasado hicieron fracasar el uso de
ese derecho. Precisamente en este año se conmemora el centenario
de un fracaso militar, la Gesta de Lares, que se considera, y no sin
buenas razones, una victoria moral gloriosa, que nos engrandeció
y nos hizo más conscientes de nuestra nacionalidad.37
Represión de la generación del '60 y sus nuevos caminos
Como era de esperarse, las intensas luchas de esa década y mitad de
la del'70 habrían de generar una sutil pero efectiva represión del Estado
y del liderato de las instituciones identificadas con la presencia de
Estados Unidos en Puerto Rico. La jerarquía de la Iglesia Católica cerró
el Seminario Mayor de la Universidad Católica; las iglesias protestantes
enjuiciaron, presionaron y echaron fuera más de 56 jóvenes pastores de
5 denominaciones, de excelente educación universitaria y teológica, por
su ideología política; las agencias de seguridad de Estados Unidos in-
filtraron los movimientos independentistas y los dislocaron; los medios
de comunicación comercial en manos de la derecha y los anexionistas
-sólo la Comisión Federal de Comunicaciones de E.U. autoriza el
establecimiento de radio y televisión en la colonia- iniciaron una
fuerte campaña de propaganda contra el independentismo, asocián-
dolo al "comunismo", con el mismo tono distorsionador que se usa
en los Estados Unidos; se bloqueó a los jóvenes graduados de la
Universidad de Puerto Rico, que se conocían como líderes estidiantiles
o líderes de carácter nacionalista en las artes y la cultura, de obtener
trabajos; a la vez que el Estado norteamericano amplió sus ayudas
federales, haciendo extensivo a Puerto Rico sus programas de cupones
de alimento, subsidios para la renta, y otras ayudas que se aumentaron
en Estados Unidos a raíz de la crisis económica del'72, producida por
la crisis del petróleo. Es importante entender que el agotamiento del
populismo puertorriqueño llevó a los autonomistas a la derrota y a
los anexionistas al poder en 1968. Estos adelantaron sus intereses
políticos y usaron el Estado para bloquear eficazmente el crecimiento
independentista. Pero no pudieron hacerlo al nivel del continuo
desarrollo de la cultura de afirmación puertorriqueña. La literatura,
las artes plásticas, las humanidades, las ciencias sociales y la actividad
intelectual mantuvieron hasta hoy un fuerte carácter nacionalista, de
afirmación puertorriqueña, y de denuncia de la situación colonial.
En esto hay que incluir también la producción teológica. La lucha
política abierta y de confrontación pasó a un estado de debilitamiento
como resultado de las nuevas condiciones, pero el trabajo de concien-
tización realizado por religiosos independentistas y comprometidos
con el cambio social en la Iglesia Católica, tomó un carácter de for-
mación de cuadros y fundamentación de mayor reflexión, por decisión
propia, para su propia preservación y para fomentar la articulación de
unas bases más firmes y mejor formadas. En el caso de los protestantes
comprometidos, éstos se diseminaron por los programas de educación
y de servicio social en Puerto Rico y Estados Unidos. Otros migraron a
Estados Unidos a trabajar en programas misioneros para hispanos. Se
hizo posible entonces una calmada reflexión teológica e histórica sobre
la praxis de esas dos décadas de lucha, que ha servido para escribir y
publicar importantes trabajos teológicos de envergadura. Entre éstos
están El Pensamiento Cristiano Revolucionario en América Latina y
el Caribe, los trabajos de investigación de historia sociopolítica de las
iglesias en Puerto Rico y el Caribe, y los trabajos del Dr. Luis Rivera
Pagán, aquel joven teólogo que fue encarcelado junto al Presidente del
Partido Independentista en la década de 1970, y quien preside hoy el
Consejo Latinoamericano de la Paz.38
El Dr. Luis Rivera Pagán, publicó este año el trabajo más importante
escrito por un latinoamericano sobre las armas nucleares.39 Animado
por su compromiso con la nación puertorriqueña y su lucha por la
independencia y el socialismo desde la perspectiva de su fe, el joven
profesor de teología concentra los años posteriores a su actividad
política en la investigación y publicación de su libro sobre análisis
histórico y teórico de las armas nucleares. En este importante trabajo
Rivera Pagán pasa del análisis isleño de confrontación con el nacio-
nalismo de dominación en el Caribe al análisis de la transformación
cualitativa de la cuestión de la guerra y la paz, que, como resultado de
las armas nucleares, han causado las potencias. Esta nueva situación
del planeta cambia los parámetros de la lucha por la liberación
nacional y caribeña. La cuestión de fondo, ahora, es la formulada
por Albert Einstein a Sigmund Freud:
Este es el problema: ¿Hay alguna forma de salvar la humanidad de
la amenaza de la guerra?... El avance de la ciencia ha convertido
esta cuestión en asunto de vida o muerte para la civilización que
conocemos."40
La cuestión tiene una relación inherente a la cuestión nacional,
porque el problema ha sido la asimilación de la energía nuclear
al desarrollo y al concepto de la nación, y Rivera recuenta esa
historia en detalle. Pero esa asimilación en sí, es una contradicción
para la supervivencia de la nación. Por esto, él concuerda con Hans
Morgenthau: es necesario "transformar los esquemas nacionalistas
tradicionales".41
En este amplio y documentado libro, Rivera Pagán, quien se mueve
con gran soltura lo mismo en la historia que en la filosofía y la teología,
recuenta y analiza la historia de la construcción de la bomba y sus
implicaciones para la transformación de la ciencia y de la ideología
política y filosófica en lo relativo a la comprensión de la naturaleza
de la guerra y la paz. Así llega finalmente a la cuestión del problema
del "control internacional de la energía nuclear". Es el fracaso de
esta ilusión lo que lleva a las naciones a la incesante búsqueda
del "arma absoluta" y, en consecuencia, al desarrollo de la bomba
termonuclear y al fracaso de la diplomacia dirigida a la paz mundial.
Predominará entonces la diplomacia para asegurar la seguridad del
estado monádico presidido por una "visión maniquea de la historia y
el modelo maquiavélico". Esta condición es la que plantea la "lógica
del terror", fomentada por las naciones convertidas en potencias
nucleares. Rivera Pagán analiza esa lógica, representada en esa frase
histórica de Winston Churchill:
Por un proceso de sublime ironía hemos llegado a una etapa de
la historia en que la seguridad será la hija robusta del terror y la
supervivencia la hermana gemela de la aniquilación.42
Esa lógica es sometida a la crítica implacable de los espíritus más
finos de la época, como Bertrand Russell, cuando aclara que el dilema
en realidad es poner fin a la humanidad o poner fin a la guerra. La
lógica ha llegado a sus últimas consecuencias. En este capítulo, el Dr.
Rivera Pagán realiza la más profunda crítica al aparato ideológico
y teórico de esta lógica, crítica que acentúa con un análisis de las
pretensiones teológicas de esa lógica en otro trabajo suyo escrito
simultáneamente con este libro: "La religión nuclear: Hacia una teología
de la paz", incluido en Senderos Teológicos, El Pensamiento Evangélico
Puertorriqueño.43 El último capítulo del libro examina los "Senderos
inéditos: los caminos de la paz". En él, nuestro joven teólogo y filósofo
somete a crítica también los enfoques aberrantes a la cuestión de la paz,
desarrollados desde una ruptura en esa lógica que abre a posibilidades
reales de la paz. Se plantea, entonces, si es posible un mundo pacífico
e invierte la lógica del terror para señalar su posibilidad. Finalmente,
elabora medidas posibles y necesarias para ello, que van directo a
la transformación de ese nacionalismo de dominación sobre el que
se asienta el armamentismo y la lógica del terror.
Ahora, como profesor de humanidades en la Universidad de Puerto
Rico, y como presidente del Consejo Latinoamericano de la Paz, este
intelectual puertorriqueño comienza a ubicar la lucha de la nación
puertorriqueña por su independencia en un contexto más amplio, en
el que la cuestión de la lucha por la paz es central.
Llegando, pues, al fin de la década, cercanos al fin del siglo y al
filo de la celebración del 5to. centenario del inicio de la conquista y
colonización de América, el nacionalismo puertorriqueño se renueva,
enfrentándose a esa nueva imposición del nacionalismo de dominación
que pretende definir esa conmemoración como celebración del "5to.
centenario del descubrimiento". Frente a esa pretensión, los puerto-
rriqueños afirman que el sentido de su existencia en la historia,
al igual que el de los latinoamericanos nativos, se los imparten los
40.000 años de historia vivida en el continente y en las islas. Los
latinoamericanos y caribeños proclaman que la intervención, conquista
y colonización efectuada por los europeos en el Caribe no es nada más
que otro capítulo frente al cual los procesos de resistencia, afirmación
de sí mismos y liberación nacional en la región, dan testimonio de que
éstos continúan construyendo su mundo desde sí mismos.44 Es desde
esta valoración de sí que se puede dar el encuentro fraternal con el
resto del mundo.
Camino a una reflexión teórica:
Decíamos, al inicio de este artículo, que en la isla de Puerto Rico
se dan en conflicto dos nacionalismos en el drama político de su
historia. Es una guerra entre dos naciones, que toma formas diversas
dependiendo del desarrollo de las condiciones materiales y objetivas
y de las condiciones subjetivas. Una nación invade, ocupa y explota
para su beneficio y busca las maneras de legitimar jurídica y cul-
turalmente su dominio sobre la colonia que constituye su segundo
mercado en el hemisferio, de la cual usa el 13% del territorio para
bases militares. La otra nación se defiende, resiste y se afirma en la
lucha por su liberación, cuestionando esa legitimación y organizándose
políticamente, manteniendo vivas sus raíces históricas nacionales y
reconstruyéndolas en medio de nuevos procesos.
Esa historia tiene unas bases materiales que generan y definen en
última instancia el drama de los nacionalismos en la isla. Pero es la
conciencia subjetiva de sí mismo, la valoración de sí y la contrucción
y reconstrucción de los fundamentos históricos de su ser nacional,
lo que hace la diferencia que unos sectores resistan la dominación
y destrucción nacional y que otros la acepten y se acomoden. Esa
valoración puede llegar hasta la sacralización del ser nacional como
condición para la sacralización también del ser humano que habita
la nación. El arte, la ciencia, la filosofía, la teología, son puestas al
servicio de la afirmación nacional. Así, la teología se convierte en
subjetividad de lucha, en arma de resistencia y liberación nacional.
Pero aquí en esta historia hay más. Hay una afirmación valorativa
de los pobres y oprimidos como valor fundamental que atraviesa la
nacionalidad y la pone en función de éstos, que descubre el carácter
idolátrico del nacionalismo cuando éste se convierte en fin de sí mismo
y deja de estar al servicio del pobre, el huérfano y la viuda, que
constituyen símbolos de los más necesitados en la comunidad, en la
familia, en la nación y en el planeta.
No es posible legitimar los nacionalismos de dominación. Son siempre
nacionalismos de explotación del POBRE. No se trata de que tan
legítimo es un nacionalismo como el otro. Sólo uno es legítimo. El de
liberación es el único legítimo, porque es el que representa el valor del
ser humano, no en función del poder, sino en función del hombre como
valor supremo en el planeta. El pobre, el huérfano y la viuda vuelven
a representar el criterio último de valoración, de la legitimidad de
la nación. Sólo cuando el pobre tiene valor, se garantiza que todos
los hombres lo tengan. Así encuentra, entonces, el Nacionalismo sus
límites y definición objetiva como categoría para la reflexión teórica,
en un siglo en que los pobres han desbordado la historia y entran
como estatuto teórico en la historia de las ideas y en la teología, por
vía del pensamiento latinoamericano.
NOTAS
Véase S. Silva Gotay, "La Iglesia Protestante como agente de americanización en
Puerto Rico", en Blanca Sylvestrini, Ed. Politics, Society and Culture in the Caribbean.
Universidad de P.R., San Juan 1983. pp. 37-66. X Fredrick Merk, Manitest Destiny and
Mission in American History. New York: Random House. 1963.

2 Josiah Strong, Our Country. Harvard University Press, Cambridge, Mass. 1963. p.
26.
v
Op. cit., p. 213-214.

"Syllabus", en Doctrina Pontifica II, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1958.
pp. 19-38. "Libertas Praestantissimum", Op. cit., pp. 221-260.

"Syllabus", en Doctrina Pontifica II, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1958.
pp. 19-38. "Libertas Praestantissimum", Op. cit., pp. 221-260.

Catholic Herald, veáse 12 de marzo y 2 de abril de 1868.

A Word on the Church and the New Possessions", Catholic World, diciembre 1898.
pp. 319-322.

Samuel Silva-Gotay, "La Iglesia Protestante como agente de americanización en
Puerto Rico", Op. cit.

Samuel Silva-Gotay, "La ideología política-religiosa de la invasión de 1898", capítulo
1 de Los protestantes y la política en Puerto Rico, 1898-1930. Ed. Huracán, (en
imprenta).

Proceedings of the 4Üth Board Meeting of the Home and Foreign Missionary Society,
UBC, June 1899, p. 12. Veáse "S. Silva-Gotay, "La Iglesia Protestante como agente de
americanización en P.R.: 1898-1917", Politics Society and Culture in the Caribbean,
San Juan, UPR, 1983, pp. 37-66.

Carta del Secretario W.T. Harris al Dr. Clark, marzo 7, 1900. T.S. Clark Collection,
MS. Div., L.C..

"Puerto Rico as a Missionary Field", Independent V, 50 (dic. 22, 1898).

S. Silva-Gotay, "La Iglesia Católica en el proceso político de la americanización",
Cristianismo y Sociedad, México, Núm. 86, 1985. pp. 8-34.

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Emilio González, El Populismo en Puerto Rico, Tesis doctoral, UNAM; México, 1978.

Aunque el Prof Domingo Marrero nunca esbozó su teología sobre la independencia
de los pueblos, toda su obra filosófica va atemperada por una concepción teológica
y en específico protestante sobre el hombre, las relaciones entre los hombres, los
grupos, los pueblos y por una visión teológica de la historia, que hace clara en
forma vigorosa en sus cursos y en sus homilías en la Iglesia Metodista y en la
Universidad cuando fue Pastor Universitario a cargo de los estudiantes protestantes.

Ide., Los Fundamentos de la Libertad, Colegio Hostos, Río Piedras, P.R., 1949.
Caribe (1960-1973). Sao Paulo: Edijoes Paulinas, 1985. Se preparan versiones al
inglés y alemán.
"La iglesia protestante, como agente de americanización en Puerto Rico, 1898-
1971", en Blana G. Silvestrini (ed.), Politics, Society and Culture in the Caribbean:
Selected Papers of the XIV Conference of Caribbean Historians. San Juan, Puerto
Rico: University of Puerto Rico, 1983, pp. 37-66.
"La iglesia católica en el proceso político de Puerto Rico. 1898-1930", Cristianismo
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"Social History of the Churches in Puerto Rico: Preliminary Notes, 1509-1980", en
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of Periodisation. Geneva: Ecumenical Association of Third World Theologians, 1985,
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La tecnologización de la universidad o el fin de la utopía. Río Piedras: Asociación
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"La iglesia católica en el proceso político de la americanización de Puerto Rico,
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1898-1930 (2)", Revista de Historia (Asociación Histórica Puertorriqueña), Año 1, N°
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latinoamericano", Revista de Ciencias Sociales (Universidad de Puerto Rico), Vol. 25,
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Raúl Vidales). San José, Costa Rica: Departamento Ecuménico de Investigaciones,
1983.
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1985, pp. 7.47.
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"Las instrucciones del Vaticano sobre la teología latinoamericana de la liberación",
en Cupey, Vol. 3, N° 2, diciembre 1986, pp. 97-112 y en Pasos (Departamento
Ecuménico de Investigaciones, San José, Costa Rica), Segunda época, N° 9, enero de
1987, pp. 10-17.
"Chernobyl: reflexiones críticas sobre la energía nuclear", en Exégesis (Colegio
Universitario de Humacao), Año 1, N° 3, mayo-agosto 1987, pp. 2-9 y en Cupey
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Domingo Marrero. La paradoja de la razón: Filosofa y religión (2 ediciones).
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"War and Peace in the Third World and the Third World War", Towards a Theology
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Op. cit., p. 16.

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Linea, México, 1983, Manuel Maldonado Denis, Puerto Rico, mito y realidad. Ediciones
Península, Barcelona, 1969. Juan Mari-Bras, El Independentismo en Puerto Rico, su
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nicana, 1984. Puerto Rico: Una crisis histórica. Editorial Nuestro Tiempo, México,
1979. Miguel A. Riestra, Pobreza y colonialismo. Ediciones Praxis, Río Piedras, P.R.,
1974. Juan A. Silen, De la guerrilla cívica a la nación dividida, Ediciones Pueblo, Río
Piedras, P.R., 1973. Idem. La nueva lucha de la independencia, Editorial Edil, Río
Piedras, 1973.

Véase entre esa amplia literatura los siguientes: Leonardo y Clodovis Boff, Como ha-
cer teología de la liberación. Ediciones Paulinas, Madrid, 1986. L. Boff, Iglesia, Carisma
y Poder. Ed. Sal Terrae, Santander, 1982. E. Dussel, Para una ética de liberación
latinoamericana, Vols. I, II, III. Ediciones Siglo XXI, México, 1973 en adelante. Idem,
De Medellín a Pueblo, una década de sangre y esperanza: 1968-79. Editorial Edicol,
México, 1979. Gustavo Gutiérrez, Teología de la Liberación, Perspectivas. CEP, Lima,
1971. Idem. La fuerza histórica de los pobres. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1982.
Samuel Silva-Gotay, El pensamiento cristiano revolucionario en América Latina y el
Caribe. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1981. Ed. Cordillera y Sígueme 1983, Ed.
CEPAS, República Dominicana, 1985, Ediciones Huracán Río Piedras, 1989. Sergio
Torres y John Eagelson, Teologías de las Américas, Ediciones Sígueme, Salamanca,
1980.

Samuel Silva-Gotay, "Recuperación de la historia en la Teología de la Liberación",
América Latina en sus ideas. UNESCO y Ediciones Siglo XXI, México, 1986. pp.
118-154. Idem. "La transformación política en el pensamiento teológico caribeño y
latinoamericano". Revista Mexicana de Sociología, Año XLVIII, Núm. 3, 1986, pp.
129-162. Véase capítulos 1, 2 y 3 de Silva Gotay, El pensamiento cristiano revolucio-
nario en América Latina y el Caribe, Op. cit., pp. 29-136.

S. Silva Gotay, "La revolución hermenéutica: recuperación del sentido histórico
y liberador del Reino de Dios en la literatura bíblica", El pensamiento cristiano
revolucionario en América Latina y el Caribe. pp. 137-182.

Ver los capítulos "Fe y Política", "Fe y ciencia" y "Fe e ideología" en Silva-Gotay,
El pensamiento cristiano revolucionario en América Latina y el Caribe, pp. 183-
272.

Véase periódico Claridad, 1963-1972. Río Piedras, P.R. No existe todavía una
historia completa de este período.

Antulio Parrilla, "Homilía frente al presidio colonial", CIDOC, México, Doc. 1/lm
71/299; p. 299/2.

Idem, "El rol del cristiano ante el colonialismo en Puerto Rico", Puerto Rico,
supervivencia y liberación, Ed. Librería Internacional Inc., Río Piedras, P.R., 1971, p.
96.

"Manifiesto invitando a la celebración del Grito de Lares", Op. cit., p. 102.

Idem. "Ante el cadáver de Gilberto Concepción de Gracia", Op. cit., p. 80.

(A) Samuel Silva Gotay:
El desarrollo del pensamiento revolucionario en la iglesia latinoamericana con-
temporánea y sus implicaciones para la teoría sociológica de la religión, México,
D.F. Universidad Nacional Autónoma de México, 1977.
"Las funciones sociales de la religión en un mundo en crisis", en Gerardo Navas
Dávila (ed.), Crisis, planificación y el desarrollo social-nacional. Río Piedras, Editorial
de la Universidad de Puerto Rico, 1978, pp. 122-150.
El pensamiento cristiano revolucionario en América Latina: Implicaciones de
la teología de la liberación para la sociología de la religión. Cuatro ediciones: Sala-
manca: Ediciones Sígueme, 1981; Salamanca/San Juan: Ediciones Sígueme/ Editorial
Cordillera, 1983; Santo Domingo: Ediciones de CEPAS, 1985. Editorial Huracán, Río
Piedras, 1989.
Versión al portugués: 0 pensamento cristao revolucionario na América latín e no
18th December 1987). Budapest: Reformed Theological Seminary, 1987, pp. 76-95.
"Liberación y paz: imperativos evangélicos:, en Luis N. Rivera Pagán, Nancy Cardoso
Pereira y Frei Betto, Liberación y Paz: Perspectivas teológicas desde América Latina,
Guaynabo, Puerto Rico: Editorial Sonador, 1988, pp. 9-36.
"La utopía bíblica de la paz: anotaciones críticas a la hermenéutica latinoamericana",
en Jorge Pixley (ed.), Hacia una fe evangélica latinoamericanista: una perspectiva
bautista, San José, Costa Rica: Departamento Ecuménico de Investigaciones, 1988,
pp. 183-200.
A la sombra del armagedón: reflexiones críticas sobre el desafío nuclear y la
militarización de la ciencia, Río Piedras: Editorial Edil, 1989.
Senderos Teológicos: El pensamiento teológico puertorriqueño. Ed. La Reforma,
Río Piedras, 1989.

Luis Rivera-Pagán, A la sombra del armagedón: Reflexiones críticas sobre el desaflo
nuclear. Ed. Edil, Río Piedras, P.R., 1989.

Op. cit., p. 36.

Ibíd.

Op. cit., p. 225.

L. Rivera-Pagán, Senderos teológicos: El pensamiento evangélico (protestante)
puertorriqueño. Ed. La Reforma, Río Piedras, P.R. 1989. Este es un análisis de la
teología y la filosofía de cuatro teólogos protestantes puertorriqueños.

S. Silva-Gotay, "Sentido de 500 años de historia de conquista y colonización en el
Caribe". Conferencia en el Simposio: Sentido y Proyección de 500 años de historia
en América Latina. México, 20-22 de octubre, 1988. Idem. "La cruz y la espada
en el proceso opresión-liberación en América Latina". Ponencia en la Conferencia
Internacional sobre el 5to. Centenario, auspiciada por Centro para la Investigación
Social,en el Caribe, de República Dominicana, 10 de febrero, 1989. Luis Rivera-
Pagán, "El debate teológico, jurídico y político sobre la legitimidad de la conquista
y colonización de América". Ponencia en la Conferencia Internacional sobre el 5to.
Centenario, auspiciada por CIASCA en Rep. Dominicana, 10 de febrero de 1989.
Idem, "La polémica sobre el papel del Padre las Casas respecto a la esclavitud
del africano en América". Ponencia en XV Simposio de CEHILA celebrado en Rep.
Dominicana, sobre El Sentido del 5to. Centenario de la Conquista y Colonización de
América, Julio, 1989.

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