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Cultura visual en América Latina
VOLUMEN 9 - Nº 1
ENERO - JUNIO 1998

America Latina

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CARLOS IVÁN DEGREGORI, JOSÉ CORONEL, PONCIANO DEL PINO Y ORIN STARN: Las Rondas Campesinas y la derrota de Sendero Luminoso. Lima, IEP Ediciones, 1996. 

El 12 de septiembre de 1992 la Dirección Nacional de lucha contra el Terrorismo (DINCOTE) capturaba a Abimael Guzmán Reynoso, máximo dirigente de la organización terrorista Sendero Luminoso. Esta contundente acción policial fue señalada unánimemente por los analistas como el inicio de la derrota de Sendero Luminoso. El libro que ahora se comenta y que edita el Instituto de Estudios Peruanos se propone demostrar que en realidad la derrota de Sendero Luminoso ocurrió poco antes, en concreto, cuando tal organización perdió su influencia en el campo por obra de los campesinos. Estos, cansados de una ideología y una violencia nada comprensivas con la racionalidad andina, optaron por enfrentarse a los senderistas organizados en comités de autodefensa civil, también conocidos como rondas campesinas.

La sugestiva hipótesis principal del libro es que la masificación de las rondas entre las comunidades campesinas, sobre todo cuando su introducción fue un acto de consenso entre los militares y los propios campesinos, a la vez que logró su cometido de aislar a Sendero Luminoso, le hizo perder el amplio control territorial que hasta fines de los años ochenta tenía sobre las regiones serranas del centro y sur peruano (un área comprendida entre los departamentos de Junín y Ayacucho). Lo curioso es que este hecho pasó desapercibido para la opinión pública, debido a que entre los "senderólogos" y los periodistas causaron mayores impactos noticiosos el avance senderista a las zonas de producción de coca en la Amazonia y su penetración en los barrios populares de Lima. En otras palabras, los analistas políticos y los medios de comunicación contribuyeron a incentivar el mito de un "Sendero Luminoso triunfador" de la guerra interna cuando en realidad la coyuntura en el escenario donde ocurrió su apogeo, la sierra centro-sur, comenzaba a serle adversa. La pérdida progresiva de las comunidades campesinas a las que Sendero Luminoso consideraba sus aliados naturales en el campo, obligó a la agrupación armada a trasladar a principios de los noventa el escenario principal de sus acciones terroristas a la capital peruana, incluyendo esta decisión el traslado de su líder y la mayor parte de su dirigencia a Lima. A la larga, esta medida táctica que los senderistas denominaron como la "fase del equilibrio estratégico" fue el mayor error cometido por la organización, ya que ello facilitó la labor de los servicios de inteligencia de la policía que, finalmente, lograron la captura de su líder.

El libro explica a partir de dos estudios de caso y tres ensayos cómo es que Sendero Luminoso fue definitivamente perdiendo el apoyo de los campesinos. En el primer ensayo, que de paso sirve de introducción general al tema, Carlos Iván Degregori se propone enumerar los cambios estructurales que afronta Ayacucho tras trece años de una violencia armada cuyo protagonismo no sólo corrió a cargo de Sendero Luminoso sino también de los militares y la policía. Los problemas más evidentes, según sostiene, son el aumento de la extrema pobreza, el derrumbe de su economía y la crisis de la estructura social urbana y rural. Pero Degregori también destaca como otro legado importante de aquella refriega la generalización de los Comités de Autodefensa Civil (CDC) en todas las comunidades ayacuchanas. Si bien la introducción de estas organizaciones estuvo asociada al interés de los militares de valerse de los campesinos para luchar contra Sendero Luminoso, Degregori afirma que en la actualidad las rondas se han integrado a la dinámica interna de la organización social comunitaria. En su entusiasmo por el grado de autonomía relativa alcanzada por las rondas, Degregori, recurriendo a Alain Touraine, las define como organizaciones de acción colectiva, es decir, de actores con voluntad y objetivos propios. Tal afirmación se basa en los dos estudios de caso que conforman el libro.

En un pormenorizado estudio sobre el comportamiento de las comunidades campesinas en la región ayacuchana de Huanta, José Coronel se propone perfilar la evolución del comportamiento de los campesinos ante la violencia de Sendero Luminoso. Si bien Coronel reconoce tres momentos en la relación entre Sendero y los campesinos, primero, de asimilación pragmática del discurso senderista (1980-1982); segundo, de desencanto y adaptación en resistencia (1983-1987) y; tercero, de rebeldía abierta contra el partido maoísta (1987-1993), su estudio constata la reacción no homogénea de los campesinos. Por ejemplo, constata que las comunidades que primero expresaron su desencanto frente a Sendero Luminoso fueron, paradójicamente, las más pobres. En contra de lo afirmado por el sentido común, Coronel prueba que no existió una correlación directa entre pobreza y apoyo a la violencia senderista. Curiosamente, fue en las comunidades pobres donde los primeros Comités de Defensa lograron derrotar a Sendero Luminoso. Pero otra constatación importante del estudio de Coronel es que en los lugares donde las rondas campesinas se instalaron como resultado de un acuerdo entre la voluntad campesina y la política contrainsurgente de las Fuerzas Armadas, las rondas se asentaron lentamente dentro de la mentalidad comunitaria. Por el contrario, en los lugares donde las rondas surgieron bajo exclusiva compulsión militar, ellas fracasaron o desaparecieron. De ahí que Coronel concluya que si bien la experiencia de las rondas se asienta en la mentalidad de los campesinos ayacuchanos, éstas todavía no han llegado a formar parte de su identidad tal como ocurre entre los campesinos del norte del país.

El segundo estudio de caso preparado por Ponciano del Pino sobre la incidencia de Sendero Luminoso en el valle del río Apurimac, una región ubicada al norte de Ayacucho, añade a las constataciones de Coronel otra variable importante: la acción complementaria a las rondas de la prédica religiosa evangélica en la contención ideológica de la violencia senderista entre las comunidades campesinas. La prédica protestante en el valle logró que los campesinos terminaran identificando a Sendero Luminoso con el Anticristo, facilitando la expansión de los comités de defensa civil. Pero del Pino advierte que la generalización de las rondas en el valle, a diferencia del caso ayacuchano, se produjo como resultado del entendimiento coyuntural al que arribaron los productores de coca y las redes del narcotráfico. A ambos actores económicos les urgía lograr la completa extirpación de las huestes de Sendero Luminoso de la región. Tal objetivo se logró a fines de los años ochenta.

Los dos ensayos con que el libro concluye se animan a desarrollar una serie de hipótesis acerca del fenómeno de las rondas campesinas en Ayacucho. Así, Carlos Iván Degregori propone que su arraigo y éxito también se produce como consecuencia de la permanente contradicción entre el carácter prolongado de ocupación del espacio serrano para ganar bases de apoyo concebido por Sendero Luminoso y las formas ritualizadas del tiempo y el espacio mantenidas por la cultura andina. Por su parte, Orin Starn, al enmarcar el fenómeno de las rondas campesinas en el terreno de los movimientos sociales, advierte que uno de sus límites ha sido el de extender la corrupción y el caudillismo en la relación entre las autoridades civiles campesinas y los militares. En suma, este libro aporta una de las explicaciones más novedosas e importantes aparecidas en los últimos años sobre el fenómeno de la violencia política en el Perú, tal vez por su carácter desmitificador acerca de la verdadera capacidad de arrastre popular de Sendero Luminoso. Su consulta es indispensable para todos aquellos lectores interesados en profundizar en el complejo problema de la violencia política contemporánea en el Perú.

Víctor Peralta Ruiz Universidad Antonio de Nebrija, Madrid