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| VOLUMEN 4 - Nº 2 |
| JULIO - DICIEMBRE 1993 |
Democratización en América Latina (II)
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La polémica sobre el servicio militar
obligatorio en Chile
CARLOS MALDONADO PRIETO
PRED - Santiago, Chile*
La polémica que se ha suscitado desde 1991 en torno al tema de la conscripción
y las propuestas presentadas tendientes a flexibilizar el actual sistema han tenido
un fuerte eco en la opinión pública, los medios de comunicación, las Fuerzas
Armadas y la clase política del país. Por esta inquietud social y el
desconocimiento de la ciudadanía de las cuestiones militares, ha surgido la
necesidad de desarrollar estudios académicos sobre el modelo de conscripción
imperante en Chile.
El presente trabajo tiene como propósito presentar los resultados iniciales de
un estudio detallado sobre el servicio militar obligatorio en Chile y su
implantación dentro de las Fuerzas Armadas y la sociedad.
Con este fin, en las siguientes páginas se entregan algunos antecedentes
fundamentales sobre la estructura y gestión de la conscripción, incluidos datos
numéricos y porcentuales; se muestran las percepciones que tienen las Fuerzas
Armadas chilenas sobre el valor estratégico y político del servicio militar
obligatorio, y las reacciones de actores sociales y políticos sobre este teína
fundamental.
I. Antecedentes sobre estructura y gestión de la conscripción
El servicio militar obligatorio es una institución casi centenaria en Chile. La
conscripción fue introducida en septiembre de 1900, al aprobarse la Ley No.
1.362 "de Reclutas y Reemplazos".
Es necesario considerar que hasta esa fecha, las Fuerzas Armadas chilenas
eran numéricamente pequeñas, agrupadas en regimientos de "linea" acantonados
preferentemente en las fronteras, y estaban compuestas exclusivamente por
profesionales: la oficialidad provenía de las escuelas matrices, los suboficiales de
escuelas intermedias, y la tropa era "enganchada" con procedimientos poco
ortodoxos. Como reserva actuaba la Guardia Nacional, disuelta tras la
introducción del servicio militar obligatorio. Esta era una institución civil -
paralela al Ejército - y que prácticamente se originó en el período colonial. La
inscripción en sus filas era obligatoria (art. 156 de la Constitución Política de
1833) y la instrucción regularmente impartida durante todo el año, generalmente
los días domingos. La relación numérica entre Fuerzas Armadas y Guardia
Nacional era de 1 a 15 aproximadamente. Pese a las muchas críticas de los
militares profesionales referentes a su nivel de preparación, la Guardia Nacional
poseía buenas cualidades como base de una reserva instruida, lo que quedó
demostrado en la Guerra del Pacífico. La gran mayoría de los combatientes
chilenos enviados a ese conflicto eran "cívicos" y voluntarios, o sea, no se trataba
de militares profesionales.
La ley de 1900 introdujo la conscripción obligatoria para los chilenos de 20 a
45 años de edad, por un período de un año, el que en la práctica era de nueve
meses, de marzo a diciembre. Asimismo, esta primera ley de conscripción
contemplaba la instrucción primaria para lograr alfabetizar al contingente
durante su servicio militar (art. 9), y preveía un curso especial para estudiantes,
en forma de aspirantes a oficiales de reserva, para quienes tenían 5o. año de
humanidades (art. 28).
La aplicación de la ley tuvo resultados beneficiosos, como en otras latitudes,
pues el servicio militar significó la eliminación de las formas de leva forzosa y los
castigos físicos degradantes,1 y contribuyó a alfabetizar al contingente,
generalmente de origen rural. Pronto, sin embargo, surgieron críticas sobre los
mecanismos de selección del contingente (la obligación de inscribirse en los
registros militares dejaba la puerta abierta para evadir el cumplimiento de la
ley), la ingerencia del Registro Civil en este procedimiento, la duración
supuestamente muy corta del servicio, la carencia del sistema de llamado a las
reservas y las medidas poco efectivas que esgrimía el Ejecutivo para reprimir a
los remisos, además de sancionar moralmente las múltiples formas e influencias
que se ponían en práctica para eximirse del llamado a cuartel.2 La lista de los
ciudadanos eximidos o que podían eximirse fácilmente era larga y, entre otros,
beneficiaba a los profesores de educación pública, los funcionarios de aduanas,
ferrocarriles y telégrafos, médicos, farmacéuticos, etc.3
La primitiva ley de reclutamiento fue sufriendo una serie de transformaciones
en el transcurso del tiempo. Esto fue producto de la experiencia acumulada, pero
sobre todo de las presiones de los propios militares. No es casual que
precisamente cuando hubo gobiernos militares en este siglo, fue aumentada la
duración del servicio. En el año 1925 se dictó el Decreto Ley No. 678, que
aumentó el tiempo de servicio a 18 meses en el Ejército y a dos años en la Marina,
y restringió drásticamente el número de personas que podían eximirse de la
conscripción. Como es sabido, en 1978 (Decreto Ley No. 2.306 sobre
Reclutamiento y Movilización de las Fuerzas Armadas), la duración del servicios
militar fue elevado a dos años.
Una nueva perspectiva adquirió la conscripción a partir de la década del '40,
cuando se comenzó la instrucción laboral de los conscriptos y se dieron los
primeros pasos para instaurar el Servicio Militar del Trabajo. Fuertemente
motivada inicialmente por el ejemplo alemán4 - y posiblemente también por
sus propagandistas en Chile5 -, la oficialidad de las Fuerzas Armadas comenzó a
considerar éstas como instituciones capaces de contribuir al crecimiento
económico del país. Ya no se abogaba solamente por alfabetizar a los jóvenes
conscriptos, sino que hacerlos partícipes en el desarrollo material de la sociedad.
Uno de los precursores de la idea opinaba que "el servicio militar del trabajo,
racionalmente organizado y dirigido, es uno de los más potentes medios puestos
a nuestro alcance, para lograr los objetivos [de convertir a Chile en un país
desarrollado]".6
El Servicio Militar del Trabajo quedó establecido oficialmente por el decreto
de marzo de 1953, el que consideraba, en su art. l, la cooperación de las Fuerzas
Armadas con los programas civiles de obras públicas. Además estipulaba que se
formarían, del contingente total anual de reclutas, Unidades de Trabajo
especialmente destinadas a estos efectos en las diversas reparticiones. Sin
embargo, esto no significó un aumento sustancial de conscriptos (unos diez mil
anualmente), ni tampoco una prolongación del tiempo de servicio en filas, como
pedían los uniformados.7
La última ley de reclutamiento anterior al quiebre de 1973 es la Ley No.11.170
de 1953. Esta ley señaló para el servicio militar obligatorio una duración de un
año en el Ejército y la Aviación, y dos años en la Armada. Se reiteró la idea de
"Cursos Especiales para Estudiantes en Unidades del Ejército, Armada y
Aviación", cuyos requisitos eran 5o. año de humanidades rendido y certificado
médico vigente.
El sistema de conscripción actual se rige por el Decreto Ley No. 2.306 sobre
Reclutamiento y Movilización de las Fuerzas Armadas. Asimismo, la
Constitución Política de la República, elaborada en 1980, señala taxativamente
en su artículo 22, que "los chilenos tienen el deber fundamental de honrar a la
patria, de defender su soberanía y de contribuir a preservar la seguridad nacional
y los valores esenciales de la tradición chilena. El servicio militar y demás cargas
personales que imponga la ley son obligatorios en los términos y formas que ésta
determine. Los chilenos en estado de cargar armas deberán hallarse inscritos en
los Registros Militares, si no están legalmente exceptuados".
La normativa legal señala que todos los chilenos de ambos sexos, de 18 a 45
años, están obligados a cumplir el deber militar, y que éste sólo puede cumplirse
en el Ejército, Armada o Fuerza érea. El deber militar se entiende como el
conjunto de obligaciones destinadas al cumplimiento del servicio militar
obligatorio, a la participación en la reserva y en la movilización (ésta solamente
en caso de guerra). El valer militar es considerado el conocimiento que se ha
adquirido exclusivamente durante el servicio militar obligatorio. Se señala,
asimismo, que el servicio militar obligatorio podrá cumplirse mediante la
conscripción ordinaria, los curses especiales o la prestación de servicios. Las
mujeres quedan de hecho eximidas de estos deberes, pues su inscripción en los
cantones de reclutamiento es de carácter voluntario.
En rigor, están exentos de hacer el servicio militar obligatorio solamente el
Presidente de la República, los más importantes funcionarios del Estado y los
sacerdotes de todo credo religioso. Tampoco hay exención por motivos de
conciencia. En la práctica, sin embargo, la lista de exenciones es larga. La
encabezan los Testigos de Jehová, quienes se oponen a combatir en una guerra y
no aceptan los símbolos nacionales. También son eximidos corrientemente y de
plano los homosexuales, drogadictos, delincuentes y analfabetos. Según el
reglamento del Decreto Ley de Reclutamiento, art. 113, están excluidas "las
personas no aptas moralmente para el cumplimiento del servicio militar
obligatorio. Se entiende por tales a aquéllas que posean malas costumbres o
vicios que atenten contra la moral, disciplina, convivencia, seguridad y prestigio
de las Fuerzas Armadas".
La inscripción que deben realizar todos los varones que cumplen 18 años de
edad, y que conforman una clase, está destinada a saber con cuántos inscritos
cuenta cada cantón, pues los jóvenes se inscriben en el cantón correspondiente a
su domicilio. Todos esos inscritos forman la base de conscripción. Teóricamente,
una persona puede permanecer hasta la edad de 30 años en dicha base de
conscripción y es, por lo tanto, susceptible de ser llamada a cumplir el servicio
militar. No obstante, basta que una persona haga hasta cinco postergaciones por
motivos de estudio o trabajo para pasar automáticamente a la reserva sin
instrucción.
Del total de la clase de cada año, unas 100.000 personas, un promedio del 33%,
se excluye por razones médicas (!), sean éstas fidedignas o no, y solamente el 23%
de esta clase - o un 20% de la base de inscripción- es efectivamente reclutado.
Aproximadamente un 13% es remiso y no se presenta a los cuarteles. Aunque no
hay datos sobre aquellos jóvenes que simplemente no se inscriben en los
cantones militares, se puede adelantar que el número de personas que se sustraen
a la norma es sumamente elevado.8
Cuadro No. 1: Ejemplo de base de conscripción, años 1980. Primera parte.
| Tipo | Número | Porcentaje |
| Nuevos inscritos del año | 90.422 | 78,40% |
| Postergaciones | 17.300 | 15,00% |
| Voluntarios para cursos especiales | 7.421 | 6,50% |
| Excluidos | 177 | 0,20% |
| Exceptuados | 18 | 0,02% |
| Total de Inscritos | 115.338 | 100,00% |
Cuadro No. 2: Ejemplo de base de conscripción, años 1980. Segunda parte.
| Tipo | Número | Porcentaje |
| Nuevos inscritos del año | 90.422 | 91,4% |
| Inscritos años anteriores | 7.500 | 7,6% |
| Disponibles últimos años | 1.024 | 1,0% |
| Total de disponibles | 98.946 | 100,0% |
Cuadro No. 3: Ejemplo de base de conscripción, años 1980. Tercera parte.
| Tipo | Número | Porcentaje |
| Excluidos por motivos médicos | 33.235 | 33,6% |
| Disponibles | 23.450 | 23,7% |
| Remisos | 12.762 | 13,0% |
| Aplazados temporalmente | 4.937 | 5,0% |
| Enviados a la Defensa Civil | 1.452 | 1,5% |
| Acuartelados o conscriptos | 23.000 | 23,3% |
| Total de Convocados | 98.946 | 100,0% |
Anualmente ingresan a las Fuerzas Armadas unos 23.000 jóvenes
correspondientes al llamado anual de su clase, más los disponibles de años
anteriores, pero como los jóvenes permanecen dos años, la cifra se eleva a unos
30.000 en servicio permanente. La instrucción individual y el período de
entrenamiento de unidades duran aproximadamente unos seis meses; el servicio
en la tropa o período de alistamiento operacional se extiende por el resto del
tiempo de conscripción. Todas estas etapas son realizadas generalmente en el
mismo lugar de destino inicial. Rara vez, y sólo por motivos de incapacidad
física de los regimientos para recibir reclutas, éstos son transferidos luego de su
instrucción inicial.
La normativa legal señala que el servicio militar obligatorio puede llegar a
durar hasta dos años. En la práctica, sin embargo, el servicio alcanza unos 18
meses - en la Armada tiende incluso a ser más largo. Considerando que los
reclutas ingresan por parcialidades en marzo y septiembre, de todos modos los
muchachos gastan prácticamente dos años de su tiempo en la conscripción: si el
recluta es llamado en marzo del primer año, el licenciamiento se produce en
septiembre del segundo año; más difícil es la segunda alternativa, pues si el joven
es reclutado en septiembre del primer año, abandona las filas recién en marzo del
tercer año. Por trascendidos oficiosos, se sabe que se está estudiando reducir el
sistema a un llamado anual únicamente.
Cuadro No. 4: Nivel educacional del contingente de reclutas de las Fuerzas
Armadas, años 1980.
| Tipo | Número | Porcentaje |
| Universitarios | 840 | 2,80% |
| 4o. y 3o. Año medio rendido | 7.320 | 24,40% |
| Entre lo. y 3o. Año medio | 13.050 | 43,50% |
| Entre lo. y 8o. Año básico | 8.760 | 29,20% |
| Analfabetos | 20 | 0,06% |
| Total | 30.000 | 100,0% |
Cuadro No. 5: Servicio militar obligatorio en las Fuerzas Armadas de Chile,
1991.
| Rama | Efectivos | Reclutas | Porcentaje Reclutas |
| Ejército | 54.000 | 27.000 | 50,0% |
| Armada | 25.000 | 3.000 | 12,0% |
| Fuerza Aérea | 12.800 | 800 | 6,3% |
| Total | 91.800 | 30.800 | 33,6% |
Fuente: The International Institute for Strategic Studies, The Military Balance 1991-1992, London,
1991, pp. 186-208.
Es interesante constatar que el nivel de escolaridad del contingente de las
Fuerzas Armadas chilenas en la actualidad es muy alto. Más del 50% posee
educación media completa o semi completa. Sorprende especialmente el bajo
índice de analfabetos, que en la práctica es inexistente. Es insólito, teniendo en
cuenta que esta cifra no tiene ninguna relación con el porcentaje de analfabetos
que registra el país.9
Toda persona que es acuartelada y realiza su servicio militar obligatorio tiene
el derecho a que se le conserve su función, empleo o trabajo, y, en el caso de los
alumnos, su derecho a matrícula y a continuar sus estudios.
El contingente en la categoría de Disponibles queda en situación de ser
nuevamente convocado al servicio militar obligatorio y a cumplir las demás
obligaciones que establece la ley. Una posibilidad es la destinación a la Defensa
Civil. Este servicio tiene una duración de solamente 12 meses y, aunque libera
definitivamente del servicio militar obligatorio, no otorga valer militar.
Actualmente unos mil conscriptos prestan servicios en la Defensa Civil.
Existen varios tipos de cursos especiales dentro del servicio militar obligatorio.
Desde la primera ley del año 1900, estuvo previsto que personas de mayor
educación, con estudios secundarios completos o semi completos, pudieran
acceder a cursos para aspirantes de oficiales de reserva. La normativa actual
señala que el Presidente de la República podrá disponer el funcionamiento de
cursos especiales para que personas de determinado nivel educacional cumplan
en ellos el servicio militar obligatorio.
Los cursos especiales son voluntarios, se realizan en dos a tres períodos, de 5 a
8 meses en total, generalmente en verano, pero de tal manera de no entorpecer a
quienes desean postular a la universidad. Cada año se presentan entre 5.000 y
7.000 voluntarios, pero, por falta de capacidad, el Ejército sólo puede reclutar a
unos mil. Sin embargo, es un sistema que tiene altibajos; algunos años
simplemente no hay ingresos. La Armada tiene unos 50 hombres, y la Fuerza
Aérea ninguno.
Actualmente existe un llamado Batallón "Germanía", que funciona en la
Escuela Militar. Se trata de estudiantes de tercer año de enseñanza media de una
veintena de colegios, en su mayoría privados, del sector oriente de Santiago, que
hacen un singular servicio voluntario todos los sábados de un año. No tienen
otras obligaciones ni deben permanecer acuartelados, y son licenciados con
valer militar. Es una experiencia muy focalizada, iniciada hace unos tres años y
con un contingente de sólo 300 individuos, que recuerda el experimento de
1968/ 69 - salvo que en ese entonces el período de instrucción duraba dos años -,
cuando los ministerios de Defensa y Educación propiciaron un servicio militar
para estudiantes secundarios, sistema que tuvo fuerte resistencia entre los
jóvenes y también entre los propios uniformados, muchos de los cuales siguen
opinando que esta modalidad supone un odioso privilegio.
La legislación prevé también la prestación de servicios de profesionales por
hasta 180 días, en dos etapas. Sin embargo, es letra muerta, pues se sabe sólo de
un par de casos en muchos años, quienes renunciaron voluntariamente a sus
profesiones por este singular servicio.
En lo que respecta a la reserva, está previsto que todo conscripto licenciado o
reservista tiene la obligación de pertenecer a un Centro de Reservistas hasta los
55 años de edad. Además, este personal podrá ser llamado a "períodos de
instrucción, sin remuneración alguna, por lapsos no superiores a treinta días,
continuos o fraccionados, cada año". Recibirán remuneración sólo en el caso de
períodos superiores a 30 días. Salvo excepciones como el golpe militar de 1973 y
para llenar eventuales cargos político-administrativos durante el régimen
militar, estas disposiciones referentes a la reserva también son letra muerta, pues
no ha sido práctica de las Fuerzas Armadas chilenas llamar a contingentes
reservistas a ejercicios de reentrenamiento, ni siquiera durante crisis fronterizas.
En lo referente a las sanciones, el sistema de reclutamiento es, en general,
benigno. Está estipulado, eso sí, que las personas que no cumplan con las
disposiciones legales referentes a la conscripción no podrán ocupar cargos ni
empleos en la Administración del Estado. Quienes no se inscriben en los
cantones militares en el plazo señalado, ni se presentan a los cuarteles habiendo
sido llamados - conocidos como remisos -, son infractores y sancionados con la
pena de presidio menor en su grado mínimo, o haciendo su servicio militar
obligatorio por el doble del tiempo por el cual fuera llamado el contingente de su
clase. Asimismo, las personas destinadas a la Defensa Civil que no se presentan
son sancionados con una multa de uno a cuatro sueldos vitales. Todas las causas
por delitos de conscripción son de jurisdicción militar.
Sin embargo, salvo el caso de las deserciones durante el servicio que sí se
castigan con rigor, las demás faltas, por ser muchas y por la propia lógica
selectiva del sistema, prácticamente no son castigadas y, contraviniendo de
hecho la normativa, ni siquiera denunciadas a la justicia militar.10 Más bien
opera una suerte de inercia, en paciente espera de las leyes de amnistía que
regularmente son decretadas cada cinco años.
El sueldo o "asignación" de los reclutas es fijado por el Estatuto del Personal
de las Fuerzas Armadas; lo mismo ocurre para el caso de invalidez o inutilidad
física. Es decir que los conscriptos, para estos efectos, son asimilados
Cuadro No. 6: Porcentaje de conscripción en las Fuerzas Armadas Chilenas,
1973-1991.
| Año | Contingente Fuerzas Armadas | Contingente Conscriptos | Porcentaje Conscriptos |
| 1973 | 60.000 | * |   |
| 1974 | 60.000 | * |   |
| 1975 | 73.800 | * |   |
| 1976 | 79.600 | 21.600 | 27,1% |
| 1977 | 85.000 | 21.600 | 25,4% |
| 1978 | 85.000 | 21.600 | 25,4% |
| 1979 | 85.000 | 21.600 | 25,4% |
| 1980 | 88.000 | 21.600 | 24,5% |
| 1981 | 92.000 | 31.600 | 34,3% |
| 1982 | 97.000 | 31.600 | 32,6% |
| 1983 | 96.000 | 33.000 | 34,4% |
| 1984 | 96.000 | 33.000 | 34,4% |
| 1985 | 101.000 | 32.000 | 31,7% |
| 1986 | 101.000 | 32.000 | 31,7% |
1987 | 97.500 | 32.000 | 32,8% |
| 1988 | 101.000 | 33.000 | 32,7% |
| 1989 | 101.000 | 33.000 | 32,7% |
| 1990 | 95.800 | 30.800 | 32,2% |
| 1991 | 91.800 | 30.800 | 33,6% |
Fuente: The International Institute for Strategic Studies, op. cit., 1973-1992.11
completamente al rango de miembros de las Fuerzas Armadas y, por ende, no
tienen un status intermedio o especial. El recluta es incorporado con el grado de
soldado conscripto y percibe una asignación equivalente al grado 32 de la
Administración Pública, unos 100 dólares. Sin embargo, actualmente, un
conscripto recibe en su mano un haber de solamente unos 20 dólares, y una vez
descontado el seguro colectivo y el eventual aporte recreacional (algunas
unidades poseen casinos o centros de entretenimiento), el aporte queda reducido
a unos 18 dólares nada más. Otras fuentes hablan solamente de una asignación
de unos 10 dólares. Indudablemente este monto implica que se descuenta la
alimentación y el vestuario. El Estatuto del Personal, sin embargo, faculta, en su
art. 128, a cada rama de las Fuerzas Armadas a proporcionar alimentación por
cuenta fiscal a todo su personal mientras desempeñe funciones del servicio. Es
obvio que los conscriptos están exceptuados de este beneficio.
La normativa estipula, sin entrar en detalle, que los viajes de los conscriptos
desde su hogar a la unidad y viceversa se realizarán en transportes del Estado.
Queda, sin embargo, al arbitrio de las instituciones la realización práctica de este
beneficio. De hecho, cada conscripto está obligado a cancelar el importe de su
traslado a casa por espacio de un año y medio, salvo los viajes de inicio y término
del servicio.
La Ley Orgánica Constitucional de las Fuerzas Armadas, No. 18.948, en su
art. 76, otorga a los conscriptos derecho de asistencia médica de cargo fiscal en
los hospitales y establecimientos institucionales. También da derecho a pensión
de retiro al personal del servicio militar obligatorio, siempre que se inutilice
como consecuencia de un accidente en acto de servicio, correspondiéndole
inutilidad de 2a. clase (individuo en inferioridad fisiológica, para ganarse el
sustento en ocupación privada). En caso de fallecimiento, tendrán derecho a
pensión de montepío los asignatarios que cumplan requisitos de acuerdo al
párrafo 4, art. 200 del DFL (G) 1968 inciso 7o.
Una interesante variante del servicio militar obligatorio es el Cuerpo Militar
del Trabajo. Este Cuerpo, creado en 1953 y dependiente del arma de ingenieros
del Ejército, posee un contingente anual de 800 conscriptos, divididos en dos
parcialidades de 400 individuos. Se dedica a realizar obras encargadas y
financiadas por el Ministerio de Obras Públicas, aunque cualquier entidad
pública o privada puede solicitar sus servicios. Actualmente, los puntos
neurálgicos del Cuerpo Militar del Trabajo se encuentran en las zonas de
Chuquicamata, Osorno y Aysén. Este servicio ha realizado un sinnúmero de
obras viales importantes, como sendas de penetración, tendido de puentes,
construcción de aeródromos, canales, etc. La más significativa ha sido hasta
ahora la Carretera Austral, la cual ya posee un trazado de mil kilómetros. Pese a
ello, el desarrollo de este Cuerpo ha sido irregular, con fuertes iniciativas en
algunos períodos, y vegetando en otros. Esto se ha traducido, entre otras cosas,
en la poca adquisición de maquinaria especializada, indispensable para sus
labores.
El contingente del Cuerpo Militar del Trabajo no es voluntario, sino que es
asignado sumariamente a éste. Pese a ello y a que las condiciones de vida son
duras, el porcentaje de deserciones es casi nulo y el espíritu que reina es
armonioso, según afirman sus responsables castrenses. Esto se explica, en parte,
debido a que los conscriptos aprenden las primeras nociones de oficios como
perforadores, compresores, dinamiteros y otros afines, y a manejar algunas
máquinas sencillas. Las condiciones de vida en la zona son buenas, pues los
reclutas viven en barracas de madera, muchas veces mejores que las de los
contratistas civiles. Además, el servicio militar del trabajo dura solamente un
año, a diferencia del servicio normal. Después de un período común de
instrucción de seis meses, los otros seis meses son de trabajo en terreno.
En la práctica, sólo el Cuerpo Militar del Trabajo entrega alguna calificación
laboral a los reclutas, aunque carece generalmente de una instrucción formal y
reconocida por el Estado. Desde los años 40, el Ejército realiza esporádicamente
cursillos para tractoristas, pero en los hechos los conscriptos tienen acceso a
escasos conocimientos que les puedan servir en su ulterior vida civil, a excepción
de eventuales conocimientos de manejo de vehículos motorizados, mecánica y cocina.
La situación de la Armada y la Fuerza Aérea merecen una nota aparte, pues
son un caso completamente distinto. En la Armada sirven solamente entre 2.000
y 3.000 conscriptos anualmente, o sea, entre el 12% y el 8% de todo el contingente
de conscripción. La totalidad de estos efectivos se encuentra en la Infantería de
Marina, a la cual ingresan sin excepciones en forma voluntaria. Terminado su
período de conscripción, muchos de estos conscriptos, en gran parte provenientes
de familias de uniformados, optan por permanecer en las filas de la Armada,
ingresando a las diversas escuelas de especialidades. Tres veces en el año son
incorporados los conscriptos, para asegurar así que siempre haya un contingente
entrenado en la Infantería de Marina. Este cuerpo, además, está compuesto en
un 50% por profesionales y el otro 50%v por reclutas. No es casual que expertos
europeos y norteamericanos opinen que la Armada chilena es la más eficiente de
América Latina, y que, junto a la peruana, posea un alto grado de capacidad y
esté entre las mejores del Tercer Mundo.12
Un caso parecido es el de la Fuerza Aérea, que solamente tiene un contingente
de 800 conscriptos, todos voluntarios. Este personal se encuentra exclusivamente
en una base de defensa antiaérea en Peldehue. Con su porcentaje de personal de
planta (93,7%), la FACh es lejos la fuerza aérea más profesional de América
Latina.
En general, el porcentaje de reclutas en las Fuerzas Armadas chilenas es uno de
los más bajos del subcontinente y, por ende, Chile posee, desde el punto de vista
de personal, una de las Fuerzas Armadas más profesionalizadas de América
Latina y del mundo. Asimismo, Chile posee uno de los más altos índices de
uniformados por habitante, con un 0,76%, sólo superado por Cuba (1,7%), El
Salvador (0,85%; cifra anterior a los acuerdos de gobierno y guerrilla) y Uruguay
(1,06%).
Resumiendo, se puede afirmar que en Chile estamos en presencia de-un
servicio militar selectivo, que se aplica casi con exclusividad en el Ejército.
Aunque, desde su origen, el servicio militar obligatorio fue considerado
principalmente como un agente de instrucción pública para toda la población,
en la práctica la ley solamente estipuló que un número determinado de jóvenes
varones ingresaran a las filas de las Fuerzas Armadas, en calidad de soldados
conscriptos. Una idea de servicio militar obligatorio universal al estilo europeo,
con la incorporación de todos los jóvenes en edad de servir, nunca estuvo en la
mente de los legisladores. Hoy en día sólo uno de cada cinco jóvenes de 18 a 19
años es llamado a reconocer cuartel. En la práctica, la obligatoriedad del servicio
militar es sumamente limitada.
El servicio militar obligatorio es selectivo, puesto que principalmente el
Ejército escoge, a su arbitrio, a quienes considera los más apropiados entre los
postulantes que tiene a su disposición; los demás son descartados. Por ejemplo,
los considerados más aptos son enviados a las zonas limítrofes, pues se estima
que allí se necesitan buenos soldados. Son preferidos, asimismo, aquellos
jóvenes que tengan una más alta calificación profesional o que hayan cursado la
enseñanza media, pues se supone que éstos asimilarán mejor y más rápidamente
los nuevos conocimientos. La idea del "Ejército Educador" de principios de
siglo, que se dedicaba a alfabetizar, en la práctica ha sido desechada y
reemplazada por una lógica que pone más el acento en las necesidades
puramente militares.
Solamente un porcentaje muy bajo de los hombres de 18 años cumple la
obligación (un 20%), mientras que las posibilidades para eludirla son variadas y
las sanciones menores y a veces nulas. Las Fuerzas Armadas tienen uno de los
porcentajes más altos de la región de profesionalismo en sus filas, ya que la
conscripción no supera el 33,6%. Sin embargo, lejos está el sistema actual del
modelo de conscripción universal, pues en la práctica no se cuenta con una
reserva instruida efectivamente útil, pilar de este modelo. También es interesante
constatar que la conscripción solamente tiene interés para el Ejército, con un
85% o más del contingente. Para la Armada, con un 9,7% o menos, los reclutas
son insignificantes, además de ser personal voluntario. Lo mismo rige, en mayor
medida aun, para la Fuerza Aérea, que solamente tiene el 2,6% del contingente,
cuyos miembros también son voluntarios.
Por último, debido al hermetismo característico de la institucionalidad militar
chilena, es ahora imposible emitir un juicio sobre el nivel de eficiencia de la
instrucción que recibe el contingente de conscripción, aunque es muy posible
que se repitan fenómenos observados en otras latitudes como, por ejemplo,
exceso de ejercicios formales (marchas, limpieza de armas, etc.), largas jornadas
de guardia, rutinarias labores de aseo y de ordenanza en cuarteles y casinos de
oficiales, etc. Lo mismo rige para los efectivos costos económicos que acarrea la
instrucción. Tampoco hay estadísticas públicas sobre el porcentaje de reclutas
que, terminada su conscripción, continúan voluntariamente la carrera militar.
II. Las Fuerzas Armadas Chilenas y el servicio militar obligatorio.
Percepciones sobre su valor estratégico y político
La posición de las Fuerzas Armadas es hasta cierto punto ambigua en cuanto
al tema de la conscripción. Y no podría ser de otro modo. Todos los Ejércitos del
planeta viven un profundo proceso de transformación. Por un lado, el elemento
castrense chileno está consciente del tremendo cambio producido en la situación
estratégica mundial, lo que lleva aparejado, entre otras cosas, la reducción de
contingentes en Europa y otras latitudes. Tampoco escapa a su análisis la
incuestionable tendencia a la paz y a las medidas de confianza mutua en América
Latina. Existe una clara propensión en la región tanto a reducir el servicio
militar como a privilegiar la profesionalización de las instituciones de la
Defensa. Los casos de Argentina, El Salvador y Cuba son un buen ejemplo13
También se está consciente de que en el mundo de hoy, principalmente después
de la Guerra del Golfo, se privilegia la eficiencia y los avances tecnológicos y que,
por ende, el modelo de servicio militar obligatorio actualmente vigente en el país
se hace cada vez más obsoleto. Los uniformados no son impermeables a la idea
de modernizar la conscripción, introduciendo paulatinamente diversas reformas.
Por ejemplo, una reducción del tiempo de duración del servicio y el incremento
de cursos de capacitación laboral. Incluso, el general Pinochet habló de la
posibilidad de "disminuir el contingente que se acuartela todos los años y
reemplazarlos por personal profesional para manejar los instrumentos tan
delicados como los que poseemos actualmente".14
Por otro lado, sin embargo, las tres ramas de las Fuerzas Armadas - aunque
en la Marina y en la Fuerza Aérea la conscripción es casi completamente
nominal - muestran una clara y fuerte oposición al término del servicio militar
obligatorio como sistema. Sus argumentos son principalmente de corte político-
ideológico y se centran en el papel social e integrador del servicio militar y, por
ende, de las propias Fuerzas Armadas en la sociedad civil. Así, por ejemplo, se
considera que "el servicio militar obligatorio no sólo ha instruido militarmente a
los soldados, sino que ha tenido decisiva influencia en el progreso social y
cultural de un amplísimo sector de nuestra juventud. La formación recibida en el
hogar y en la escuela básica es importante, pero la influencia positiva que la
instrucción militar ejerce en la juventud es de vital importancia, al poner énfasis
en los principios y deberes de un buen ciudadano".15 Tampoco faltan argumentos
más bien técnicos - como la formación de una reserva instruida - y
económicos, argumentando que la conscripción es menos onerosa para el país.
El tema preocupa mucho a los militares; muestra de ello son los diversos
artículos en revistas institucionales y los trascendidos de prensa hechos por
fuentes cercanas a las Fuerzas Armadas. En gran medida, los militares se sienten
sorprendidos por la irrupción de un tema sensible para ellos y que hasta ahora
había sido considerado como de su única y exclusiva incumbencia.
Se puede constatar que el elemento castrense rechaza la idea anglosajona de
soldado ocupacional - es decir aquel ciudadano que se enrola voluntaria y
contractualmente en la milicia por un espacio determinado de años - y defiende
la noción de soldado profesional y vocacional, entendido como un servicio de
por vida que se presta en las Fuerzas Armadas, una institución considerada tan
altruista como la Iglesia Católica. Se arguye que, por el contrario, la idea de
ocupación laboral está relacionada al mercado, a la oferta y la demanda, y que
esta tendencia afectaría la moral combativa y la profesionalidad militar.16 Se
afirma, en fin, que la profesión militar no sería "un medio de vida, sino que un
modo de vida".
Como se está dando la discusión actualmente, las Fuerzas Armadas visualizan
un eventual servicio cívico como una forma de objeción de conciencia, y a ésta
como un fenómeno considerado como una "moda" pacifista y antimilitarista y
"una tendencia pertinaz a relativizar todo",17 lo que, al final, sólo redundará en
la rebaja de los recursos para la Defensa, en la disminución del sentimiento
favorable de la población hacia las Fuerzas Armadas y en la voluntad de lucha
de la sociedad. Tienden a considerar este tipo de iniciativas como parte de una
"campaña" contra las bases de sustentación de las Fuerzas Armadas.18 También
se argumenta que iniciativas tendientes a flexibilizar la conscripción son una
especie de "revancha" contra el estamento militar.19
III. La discusión pública sobre el servicio militar obligatorio y las propuestas
sustitutorias
La nueva situación política que vive Chile desde 1990 ha abierto una polémica
incipiente sobre cuestiones de Defensa, y también sobre el servicio militar
obligatorio. Sin embargo, el país está aún lejos de discutir, por ejemplo, sobre
opciones tales como ejército profesional y, por ende, voluntario versus ejército
de conscripción - un tema abordado permanentemente en Europa y América
del Norte -, o sobre las eventuales modernizaciones en el sistema del servicio
militar obligatorio, léase regionalización, disminución del tiempo de servicio,
mejora de los salarios, defensa de los derechos individuales de los reclutas, etc.
El programa de gobierno de los Partidos de la Concertación incluyó
someramente el tema de la conscripción, planteando su flexibilización, pero no
explicó el modo de hacerlo.20
Por otro lado, se conocen algunas iniciativas aisladas y muy bien intencionadas
por parte de federaciones estudiantiles y organizaciones juveniles, pero que
carecen de proposiciones concretas y realizables en el corto plazo. Tampoco han
hecho hincapié en la objeción de conciencia como uno de los derechos
inalienables de la persona humana, base ética para cuestionar la conscripción.
Sin embargo, tienen el mérito de haber desencadenado una discusión pública
sobre la conscripción, que inexorablemente se ha registrado en todas las
sociedades occidentales desarrolladas, al igual que en países como España y
Portugal, que han transitado el proceso de recomposición democrática de sus
instituciones jurídico-políticas. También en Argentina y Brasil se está dando una
discusión incipiente; en ambos países se han presentado proyectos de ley para
reducir el tiempo de duración del servicio militar e introducir un sistema de
voluntariado en reemplazo de los reclutas, respectivamente.
La transición que ha vivido Chile ha moderado las peticiones en el terreno de
la Defensa. Ningún grupo político o social legalmente constituido ha esgrimido,
por ejemplo, la abolición de las Fuerzas Armadas, ni tampoco del servicio
militar obligatorio; se han limitado a proponer la introducción de un servicio
social alternativo y, en ningún caso, la implantación legislativa de un
procedimiento de objeción de conciencia. La primera encuesta de opinión en el
país que indagó parcialmente sobre esta temática-incluyendo escasamente dos
preguntas sobre la conscripción - recoge este sentimiento de cierta cautela,
reflejo en parte de la falta de una discusión pública amplia con datos fidedignos.
"Frente al servicio militar el 50,1% se mostró partidario de que sea obligatorio;
un 46,3% estimó que debería ser optativo; y sólo un 3,6% indicó que debería
eliminarse".21
Sólo los dirigentes juveniles de la Alianza Humanista-Verde han pedido
modificar el artículo 22 de la Constitución, para que el servicio militar sea
optativo, mientras que los dirigentes del movimiento de Participación
Democrática de Izquierda (PDI) han planteado derechamente reducir el servicio
militar obligatorio a un año de duración. Incluso, a fines de 1991, llamaron a
conformar un "Comando Nacional por el No al Servicio Militar Obligatorio" y a
desarrollar iniciativas tendientes a crear un servicio social optativo. Plantearon
que en la actualidad el sistema tiene una función de disciplinamiento social que
tiende a despersonalizar en su identidad a los jóvenes reclutas. La idea
subyacente es la sustitución progresiva y gradual del servicio militar obligatorio
por un "Servicio Civil Nacional" bajo dos modalidades, una militar y la otra
civil, ambas voluntarias. La modalidad militar duraría dos años y el conscripto
no estaría acuartelado, y solamente asistiría a ejercicios previamente
establecidos.
Por su parte, la Unión de Jóvenes Socialistas (UJS) ha apoyado las iniciativas
estudiantiles, sugiriendo incluso realizar un encuentro sudamericano de
juventudes políticas en la ciudad de Arica, para tratar el asunto y formar un
frente común.
Una diputada humanista planteó que "los jóvenes que elijan realizar el servicio
cívico-social tendrían la posibilidad efectiva de tomar contactos con otros
ámbitos del quehacer nacional, como son las áreas de salud, educación,
agricultura, vivienda, relacionándose y recibiendo simultáneamente la capacidad
técnica relativa al tipo de servicio prestado.22
También el Partido Radical abogó por estudiar la posibilidad de que las
necesidades de reclutas de las Fuerzas Armadas sean llenadas con voluntarios.
Por su parte, el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad
Católica de Chile (FEUC), al proponer públicamente en agosto de 1991, en
nombre de cinco federaciones universitarias, la instauración de un "Servicio
Cívico Social Alternativo" - semejante a los trabajos voluntarios estudiantiles
de verano -, planteó que "no se trata de terminar con el servicio militar, sino ... de
establecer un deber hacia la patria real, que todos los jóvenes se comprometan
con ella al menos por un año y no esta obligación ficticia que existe ahora, y darle
al joven, por otra parte, la posibilidad de elegir su forma de servir, ya sea en la
defensa de nuestro país o en la promoción de su desarrollo. Esto sería un gran
beneficio para Chile y no alteraría el actual servicio militar, pues son muchos los
jóvenes que hoy quieren hacerlo y no pueden. En último caso se puede restringir
legalmente este derecho a optar si las necesidades de defensa del país así lo
ordenen".23 Esta iniciativa estudiantil fue bien recibida por prácticamente todas
las juventudes políticas, incluidas la Juventud Demócrata Cristiana (JDC) y la
Juventud de Renovación Nacional, de derecha, preocupadas por el tema.
También organismos de Iglesia y vinculados a los derechos humanos como,
por ejemplo, el Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ), han elaborado propuestas
al respecto. El SERPAJ visualiza un servicio civil, voluntario y gratuito por un
período similar al de conscripción, organizado y sustentado por las
municipalidades. Asimismo, pidió al Parlamento que legisle en favor del
derecho a la objeción de conciencia, y a la Dirección General de Movilización
Nacional que exceptúe del servicio militar a quienes, por sus principios
religiosos o morales, su conciencia les niegue el portar un arma.24
En el mes de abril de 1992, dos diputados de izquierda y uno demócrata
cristiano hicieron público un proyecto de ley que pretende cambiar el carácter
obligatorio del servicio militar y establece un servicio cívico o social para jóvenes
de ambos sexos, de un año de duración, que, administrado por las intendencias
regionales, se ocupe de realizar trabajos sociales y simultáneamente capacite
laboralmente a los prestacionistas.25
El gobierno no patrocinó el proyecto de ley. Tampoco los partidos políticos de
la Concertación se pronunciaron abiertamente. Una excepción la constituye el
presidente de la Cámara de Diputados, quien se opuso a poner fin a la
obligatoriedad del servicio militar, mas a la vez sugirió la introducción de
mecanismos de objeción de conciencia para tratar casos excepcionales.26 El
apoyo más contundente provino de algunas organizaciones políticas juveniles
como, por ejemplo, la Juventud Demócrata Cristiana, y de las federaciones de
estudiantes universitarios, principalmente la FEUC y la Federación de
Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh).
Algunos políticos de derecha y un senador "designado" por el antiguo
gobierno militar, más el comandante en jefe de la Armada, se pronunciaron
públicamente en contra de la iniciativa, por considerarla, según opinó el senador
Sergio Onofre Jarpa, "un atentado en contra de la soberanía, de la dignidad y de
la independencia de Chile".27 También el presidente de la Juventud de
Renovación Nacional, pese a opiniones de otros dirigentes de esa colectividad,
miró con malos ojos la postura de los redactores del proyecto, pues, según él,
"pareciera que su intención es rechazar a las Fuerzas Armadas".28
Intuyendo que la aplicación de un modelo alternativo crearía más dificultades
que beneficios, sectores de derecha curiosamente tomaron las banderas de la
Concertación, a fin de promover iniciativas para flexibilizar el servicio militar
obligatorio. Por ejemplo, un parlamentario de Renovación Nacional presentó
un proyecto de ley para reducir el tiempo de duración del servicio a 14 meses, con
el objetivo, eso sí, de "ampliar el número de jóvenes chilenos que cumplan su
período de instrucción militar obligatoria".29 A su vez, la Unión Demócrata
Independiente (UDI), preocupándose menos de las cuestiones de Defensa
propiamente, ha preferido poner el acento en la necesidad de reforzar los
contenidos de educación formal durante la conscripción como, por ejemplo,
completar la enseñanza media o técnico-profesional con el otorgamiento de
diplomas de mecánico, tractorista, electricista, etc.30 En todo caso, son señales
de que el tema ha encontrado consensos mínimos.
Por su parte, declaraciones del Ministro de Defensa y del propio Presidente de
la República en cierto modo sirvieron para limitar temáticamente este debate y
poner fin a una primera etapa de discusión. Patricio Rojas declaró en mayo de
1992 que la estructura fundamental de las Fuerzas Armadas no iba a ser variada
durante ese gobierno; que, debido a que sólo uno de cada cuatro jóvenes hace el
servicio militar, se pueden tomar iniciativas para lograr que los restantes se
incorporen a algún servicio similar. Aseguró, empero, que la "puesta en marcha
(de un servicio social) tiene dificultades extraordinariamente serias y delicadas,
que hay que tener en cuenta a la hora de fijar iniciativas para nuestra juventud".
Los responsables de las experiencias europeas "en general no son optimistas de
los resultados; más bien, los resultados son deficientes".31 Por su parte, el
Presidente Aylwin, con motivo de la jura de la bandera del personal de
conscripción, dijo que el servicio militar "es importante para mantener un
espíritu de unidad nacional y poder adecuar la conducta de la gente a un sentido
de servicio a la comunidad. Creo que es útil. No me arrepiento de haberlo hecho.
No sólo es una escuela de disciplina, que ya es bueno, sino que es expresión de ese
compromiso con la patria y que es útil preparase para defenderla. Creo que es
una institución igualitaria, democrática en cuanto - por lo menos teóricamente-
obliga a todos, cualquiera sea su situación social". Aseguró, asimismo, que "se
estudian algunas modificaciones sobre las formas y para adecuarlo a las
circunstancias de cada cual, pero en mi gobierno yo no voy a proponer la
supresión del servicio".32
Por lo expuesto, las Fuerzas Armadas, y de alguna manera también el propio
Ministerio de Defensa, viven en una encrucijada. Saben que la conscripción tal
cual la conocemos hoy en día no perdurará en el tiempo, pero evitarán en lo
posible que las necesarias reformas escapen a su control. El proceso de
persuasión del elemento militar en relación a la introducción de reformas en su
ámbito será presumiblemente largo y no falto de dificultades. Sin embargo, hay
que recordar la máxima de que "los ejércitos son burocracias lentas de
modificar, pero no pueden convertirse en dinosaurios ajenos a las leyes de la
evolución".33
NOTES
PRED, Proyecto Educativo para la Democracia
Carlos Maldonado Prieto, "Orígenes del espíritu de cuerpo del Ejército chileno, 1865-1885",
Lateinamerika-Studien, No. 25, Frankfurt am Main, 1990, pp. 189-207.

Un anteproyecto del Estado Mayor General del Ejército hacía obligatorio el periódico
entrenamiento de las reservas. Sin embargo, éste no fue considerado.

Más detalles en general, Emil K6rner, "El desarrollo histórico del Ejército chileno", en Carlos
Maldonado Prieto y Patricio Quiroga, El Prusianismo en las Fuerzas Armadas chilenas. Un
estudio histórico, 1885-1945, Santiago, 1988, pp. 181-224.

"La guerra relámpago que vimos en los primeros años de la guerra, no habría sido tal, si los
alemanes no hubieran aprovechado en beneficio de su conducción bélica, a todas las
organizaciones del trabajo con que contaba... (La situación alemana] tiene grandes semejanzas
con la nuestra de hoy; y ... de lo bueno hay que sacar enseñanzas y experiencias, donde quiera que
se encuentre". En mayor Benjamín Videla Vergara, "La intervención del Ejército en obras de
beneficio público", Memorial del Ejército de Chile, Año XLI, No. 220, Santiago, septiembre-
octubre, 1947, p. 64.

El Movimiento Nacional Socialista propuso en 1932 la implantación, bajo la dirección del
Ejército, del Servicio del Trabajo obligatorio para la juventud, de un año de duración, "con el fin
de adiestrar a la población en el trabajo intensivo y producir un acercamiento de los grupos
sociales". En Programa del Movimiento Nacional Socialista de Chile, Santiago, 1933, p. 18. La
idea fue rescatada años más tarde por el Partido Agrario Laborista, que tuvo fuerte presencia en
el segundo gobierno de Ibáñez, y defendida posteriormente por Sergio Onofre Jarpa en el
Partido Nacional. En Cristián Garay Vera, El Partido Agrario Laborista, 1945-1958, Santiago,
1990, p. 108.

Mayor Benjamín Videla Vergara, op. cit., p. 67.

El mayor Videla Vergara, en su artículo citado, pedía tanto una prolongación del tiempo de
conscripción hasta por dos años como un aumento del contingente hasta 30.000 hombres. Ibid.,
pp. 69-72. Otro oficial iba más allá, al señalar que el servicio obligatorio del trabajo era tan
democrático como el servicio militar obligatorio, pero era imposible de implantar en Chile, pues
produciría rechazo de los partidos políticos opositores y "le sería fácil a la prensa "libre"
convencer al pueblo que tal sistema constituye una vil explotación del Estado capitalista en
perjuicio de las clases obreras". En coronel León Guillard T., "La intervención del Ejército en
obras de beneficio público", Memorial del Ejército de Chile, Año XLII, No. 224, Santiago,
mayo junio, 1948, p. 91.

Los cuadros siguientes, salvo aquellos con otra fuente, han sido confeccionados en base a
información proveniente de la Dirección General de Movilización Nacional de las Fuerzas
Armadas, oficina dependiente del Ministro de Defensa, que tiene a su cargo todo el proceso de
llamado de los jóvenes a cumplir con la conscripción.

Según estudios recientes, en Chile hay un 5,6% de analfabetismo en la población de ambos sexos
mayor de 15 años de edad. En Instituto Nacional de Estadísticas (INE), Encuesta Nacional de
Empleo, Enero-Marzo de 1991, inédito.

No hay datos confiables sobre el número de deserciones, suicidios y malos tratos durante el
servicio militar. Sin embargo, la prensa nacional regularmente informa sobre este tipo de casos.
Se ha mencionado, por ejemplo, que en las fiscalías militares estarían siendo ventilados unos mil
casos de deserción. En Cristián Opaso, "Pesadillas en el servicio militar", El Canelo, No. 28,
Santiago, octubre 1991, p. 4. Para ejemplificar lo dramático de este aspecto, tómese en cuenta
que en España, "entre 1983 y 1988 han muerto 539 reclutas, 152 por suicidios, y el resto por
accidentes (...) el porcentaje de suicidios en la mili es superior en más de un 300% al registrado en
la vida civil". En Carlos Yárnoz, "El Ejército que se aburre. Defensa y los mandos militares
buscan otro modelo para hacer la mili", El País. Temas de nuestra Época, No. 52, Madrid,
10/ 11/ 1988, p. 3.

(*): No se dispone de información.

Emilio Meneses C., "Maintaining a regional Navy with very limited resources: the Chilean case,
1900-1990", Defense Analysis, Vol. 7, No. 4, London, 1991, pp. 354 y 359. Sin embargo, resulta
curioso constatar que precisamente la Armada es uno de los grandes defensores del servicio
militar, por lo menos retóricamente, cuando en los hechos prefiere escoger su contingente entre
los profesionales y los voluntarios.

Como parte de la reforma militar, en la Argentina actualmente hay solamente 16.000
conscriptos, una cifra histórica. En Ernesto López, "Argentina: Desarme de hecho y cooperación
para la paz", Fuerzas Armadas y Sociedad, Año 7, Vol. VII, No. 1, Santiago, enero-mayo, 1992,
p. 21. En El Salvador, producto de las negociaciones entre el gobierno y la guerrilla, el
reclutamiento será reformado y el volumen de reclutas bajará en forma sustancial. En Cuba, el
tiempo de conscripción ha sido disminuido de 3 a 2 años, e incluso se piensa seguir bajándolo,
aunque en la práctica generalmente sólo alcanza a los 21 meses. En "Entrevista al comandante
Raúl Castro R., Ministro de Defensa de Cuba", El Tiempo, Madrid, 27/4/1992, pp. 104-112.

En El Mercurio, Santiago, 8/ 7/1992, p. C3.

Declaraciones del senador designado y general (R) Santiago Sinclair, en ibíd., 5/5/1992, p. C5.

En un trascendido de prensa se pone en duda si "el sistema de reclutamiento voluntario, es decir
aquel conformado por ciudadanos que durante un período de tiempo arriendan sus servicios al
Estado ... se ajusta a nuestra cultura y necesidades y, por otra, si el erario nacional permite
financiar un sistema tan costoso". En "Reformas: La posición del Ejército", La Tercera,
Santiago, 24/7/92, p. 6. El énfasis es nuestro.

Declaraciones del brigadier general Arturo Silva Souper, vicecomandante en jefe de la II
División de Ejército, en La Nación, Santiago, 10/7/1992, p. 4.

"Esta materia se ve como parte de una "campaña" en la cual se encuentran empeñados algunos
sectores de la Concertación (...) No se aprecia que las autoridades hayan asumido con la debida
claridad y decisión su responsabilidad en la difusión de los verdaderos alcances del servicio
militar". En "Criterios que se manejan en el medio militar sobre reformas e iniciativas que afectan
a las Fuerzas Armadas, La Segunda, Santiago, 19/6/ 1992, p. 12.

El senador designado y general (R) Bruno Siebert se refirió a "un complejo anticastrense, no sólo
producto del régimen pasado, sino de ideologías mal dirigidas, de los errores de los políticos en la
relación cívico-militar" y que este debate "puede servir para plantear la necesidad de incrementar
el servicio militar, lo que originarla en las tres ramas una mayor conscripción que podría
acometer obras que podrían aminorar la pobreza". En El Mercurio, 20/5/1992, p. C15.

En el punto "Un Chile para los Jóvenes" se dice: "La flexibilización del actual sistema de Servicio
Militar Obligatorio en función de las necesidades de defensa del territorio, las opciones de
educación, capacitación y empleo de los jóvenes". En Concertación de Partidos por la
Democracia, Programa de Gobierno. Bases Programáticas Económico-Sociales, Santiago,
1989,p.32.

Informe de Encuesta. Percepciones y opiniones sobre las Fuerzas Armadas en Chile, Area de
Relaciones Internacionales y Militares, Flacso, Santiago, junio 1992, p. 34.

Laura Rodríguez, "Servicio militar optativo: Una propuesta humanista", El Canelo, No. 26,
Santiago, agosto 1991, p. 15.

Clemente Pérez, "S_ al servicio social solidario", op. cit., No. 28, octubre 1991, p. 9.

La Época, Santiago, 9/5/1992, p. 18.

En "El servicio militar", La Nación, Suplemento Grandes Reportajes, 2/5/1992, p. II.

El Mercurio, 24/4/ 1992, p. C2.

Ibid.

La Época, 30/4/ 1992, p. 12.

Cámara de Diputados de Chile, Moción de ley, presentada por el diputado Federico Ringeling en
el mes de mayo de 1992.

Declaraciones del diputado Francisco Bartolucci, en La Época, 26/ 5/1992, p. 11.

En El Mercurio, 20/ 5/ 1992, pp. A1 y A12.

En La Nación, 10/7/1992, p. 4.

En "Carta a los lectores", Política Exterior, Vol. VI, No. 26, Madrid, 1992, p. 5. En el primer
semestre de 1993 el gobierno ha cedido a múltiples peticiones de organizaciones juveniles, y ha
reducido el tiempo de conscripción de 18 meses efectivos a un período que oscila entre 12 y 14
meses. Asimismo, se ha entrado en una nueva fase de una discusión más técnica y de
proposiciones concretas de reforma. Como ejemplo, véase Carlos Maldonado Prieto, "El
servicio militar obligatorio: una modernización necesaria", Cuadernos del CED, No. 29,
Santiago, 1993.

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