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America Latina

VOLUMEN 4 - Nº 1
ENERO - JUNIO 1993
Democratización en América Latina (I)
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Indecisión social o crisis de conciencia:
los cardinales de la desolación

RAUL AUGUSTO HERNANDEZ
Universidad Hebrea de Jerusalén*

1) Conductas y modelos

Con el correr del tiempo son más evidentes las vicisitudes que presenta la empresa de construir una ciencia social aplicable a países como la Argentina. Buena parte de estas vicisitudes son herencias del supuesto de consistencia de factores que los analistas advertida o inadvertidamente postulan. Rasgo de ello aparece en las teorías de la dominación, cuando se reducen los significados causales al orden del estado como comité de administración de los intereses de los dominadores, tendencia mecánica (Portantiero, 1988; p. 110), o en las teorías de enunciación funcionalista, cuando las partes de un sistema contribuyen para bien de una noción ideal de equilibrio, tendencia orgánica (Nagel, 1956; p. 247). Para las primeras es clave la noción de estado, como orden jurídico de la sociedad; y para la segunda lo es la noción de sistema.

Puestas al trasluz las enunciaciones teóricas de una u otra perspectiva, se hace visible la intención de encuentro con el sustrato de una conciencia o de un discurso histórico, o de una cultura, o de un reservorio de códigos, que da consistencia a los comportamientos. Mi interés es contrario, más dramático, es hablar de indecisión social, como la cara llorosa de la conciencia histórica (Hernández, 1983).

Dos enunciados darán fundamento y orden a este trabajo. El primero tiene una inspiración ontológica y el segundo pretende una definición netamente metodológica.

(I) No es predicable que las sumas de las acciones sociales se sumen concertadamente para la realización de compartidas metas, así como Parsons y Shills (1959; p. 53) definieron ingenuamente la acción social. Si en biología se define "sinergía "como la acción compartida y colaborativa de las partes, en las ciencias sociales las pretensiones axiomáticas de definir a la sociedad como sistema de funciones de gobierno y producción, compartidas y colaborativas, serán no más que el pecado de una ingenua ilusión: lo que una sociedad hace no es necesariamente lo que más eficientemente responde a sus necesidades.

Así, la vida de una sociedad, sus fracasos, o los éxitos de sus empresas, serán descritos dentro de una franja de habilidades e inhabilidades tecnológicas1. Nada permite pensar que el formato material de los comportamientos sea expresión de normas unívocas de organización. Quien así piensa, comete el pecado de reducción mecánica u orgánica, al concebir el hacer como mandato de códigos normativos, estrictos e inviolables, cual ejemplo de sociedad de autómatas y no ejemplo de sociedad de decisiones autónomas. Si las conductas son expresiones de mandatos, el problema se coloca lejos del concepto de éxito, ya que el peso de los códigos minimizaría el significado de sabias decisiones.

(II) Existe el convencimiento de que la enunciación de una teoría impone duras opciones, o a favor de un enunciado formal simbólico, el que prefieren los menos, o a favor de uno opuestamente coloquial, el que prefieren los más, erudito o popular, no importa. Esta opción, es falsa; el problema es otro. Enunciados más o menos formales, de rigor matemático o informalmente coloquiales, pueden mostrar un mismo pecado, y que pone a descubierto desconocido parentesco. Suele decirse que una forma compromete un significado. Pero el significado no es enteramente subordinable a la forma de enunciación. Ni es adulterable por el uso del álgebra de la lógica o del lenguaje común, o viceversa. Hay errores que se identifican en distintos formatos. Tanto una función algebraica cuanto una sentencia del lenguaje común, al implicar materialmente, dan por sentada la adopción de modelos analíticos de respuesta única. Un modelo de respuesta única es aquél que, ante un cuadro determinado de antecedentes, niega principios de incertidumbre; sus productos son unívocos. Las funciones algebraicas o lógicas, o las puramente coloquiales, por lo general describen procesos convergentes en los cuales un conjunto de factores, las variables independientes, desembocan en un solo destino, la variable dependiente.

Los dos enunciados propuestos me alejan de las ingenuidades en que suelen incurrir tanto las denominables teorías de la dominación o el largamente fustigado funcionalismo-estructural.

2) El fetichismo de la concepción estructural

Con mucha prudencia se procura abordar el problema de las funciones de creación de estructuras de pensamiento; de neto corte formal. Un primer paso a dar: ahondar el problema de definición de los vínculos de sintaxis entre factores, o los hechos propiamente, por cuya razón las conductas emergen. Serán hechos no contingentes para los actores. Hechos que explican la disposición intelectual a asignar a las variables estructurales peso casi excluyente de otros factores en la producción de acciones; o, como si fueran mapas de variables materiales, entretejidas en una compleja urdimbre de mutuas e inexorables dependencias; siempre presentes por impulso de irrevocable fetichismo intelectual.

Si entre un conjunto de antecedentes Ai y un consecuente Cj, no existe un perfecto ajuste funcional, es porque está presente una condición de incertidumbre. Porque hay incertidumbre, las relaciones sociales (relaciones entre Ai y Cj) no son funcionalmente perfectas. Reducirla demandará tanto más buscar otros formatos interpretativos y no perder la paciencia buscando tantas nuevas variables. Hay, empero, situaciones o momentos en los que parece disminuir la incertidumbre esperable de la relación entre Ai y Cj. La incertidumbre será menor toda vez que sea definido como "valor" el nexo tecnológico que une el objeto de una acción (v.g. lo que surge como consecuencia del estado definido por Ai) y el producto de esta acción (v.g. el consecuente Cj).

La acción social pierde eficiencia si la misma no ajusta sus normas de acuerdo a acreditables predicados tecnológicos2. Acreditable es lo útil y no lo predicado por un discurso más válido por la sensualidad persuasiva de su retórica. Este enunciado suena demasiado ambiguo y otras insoportablemente impertinente; o irritante. No importa, es reflejo del drama de la existencia humana: de la lucha entre las ficciones y las necesidades. Entre las ficciones asoma el dilema de la existencia jugando entre demandas catécticas y demandas instrumentales; lo que rompe la mecanicidad de los comportamientos y la reduce a emergentes sólo expresables en función de probabilidades. Hablamos de lo que está entre medio de las condiciones materiales, el entorno de la acción social, y las multívocas conductas emergentes.

Las mentes, echadas al vuelo de las fantasías, pueden renegar del pragmatismo, pero no violar criterios de utilidad, aun en la organización del pequeño entorno de cada uno, o de la propia supervivencia. De modo que el desafío analítico no es otro que el describir las distancias observables entre las ficciones que la mente construye, el mundo consagrado a las utopías y a las grandes obligaciones institucionales y morales que fijan el deber ser de las cosas, por una parte, y las necesidades que despiertan las propias condiciones materiales de la existencia humana, por la otra.

Entre antecedentes, representados por Ai, y sus consecuentes, representados por Cj, existe un nexo mental que da sentido a las acciones y cuyo sustrato es una síntesis de dos imágenes del propio universo; la primera de fundamento material y la segunda de sentida apelación moral3. La definición de esta síntesis se encuadra en el ámbito de los valores de la sociedad; empero, no dice que éstos puedan ser eximibles de una finalmente necesaria evaluación utilitarista; de ahí que los fundamentos morales y los fundamentos materiales de las normas tecnológicas puedan entrar en conflicto.

El corporativismo productivo que entra en acción en la Argentina de los años 40 asumió una postura contraria al pragmatismo conservador. De allí que, por apelación catéctica, subordine el valor de lo tecnológico. Después, el desastre material.

Este ejemplo puede tomar la forma de un postulado: el que remarca la existencia de un conjunto más o menos institucionalizado de modelos de comportamientos; menos ampuloso que hablar de una conciencia histórica; no excluye libertades de innovación; ni reclama perfecta consistencia. Las libertades, en una de sus fases, deben ser vistas como emergentes en la aproximación existencial de un áctor con su entorno material.

Entre tantos modelos institucionalizados de comportamiento, ¿quién elige? Es precisamente el mundo de la existencia, o el mundo en que cada conciencia es definible como un punto de encuentro de su interioridad y de su exterioridad, de su pasado y de su presente4.

3) Ondas y tiempos

Experiencias de la política, y del consumo, permiten apreciar cuán decisivas son las ondas de moda, o de estados de ánimo, en el propio campo de los comportamientos económicos, donde se supone que cada actor optimiza factores. Si este supuesto es postulado de las ciencias económicas, me tomaré licencia para hacer dos comentarios. El primero, surgido de la aplicación de técnicas de juego, atestigua la posibilidad de simular escenarios de cuasi perfecta racionalidad de los comportamientos económicos; pero después de aprender, y no como instinto (Hernández y Mochkofsky, 1974). El segundo, fuera del marco de los escenarios artificiales, predica la racionalidad de los comportamientos económicos sólo como momentos singulares (v.g. occidente arrastrado pon la furia del desarrollo material).

El primer comentario acentúa la necesidad de definir condiciones existenciales que permitirán fortificar vínculos funcionales entre las condiciones antecedentes Ai y los consecuentes Cj; para los planificadores, el ideal de sociedad se encuentra en el mínimo de incertidumbre entre antecedentes y consecuentes. El segundo comentario acentúa la ingenuidad de un presupuesto de unidad sistémica que vincula centro y periferia, así también de secundarizar el significado de estados de ánimo, o de otras modalidades de cognición; y de los valores que organizan las acciones dentro del mundo tecnológico.

El concepto de dominación imperialista, tal como fue acuñado en América Latina, se caracterizó por su desgraciada concepción del sistema internacional. Pues un sistema de perfecta consistencia, sin huecos a-sistémcos. Así se empobreció el campo de acción del Tercer Mundo y el de su inteligencia5. En la supuesta consistencia centro-periferia se albergaba perfectamente la noción de dependencia: países ricos y pobres, o dos caras de un mismo orden; los de arriba y los de abajo, o el norte y el sur, o el desarrollo o el subdesarrollo. Con la noción de dependencia se introdujo tremenda carga emocional; además, una no disimulada indisposición a conceptualizar la noción de innovación, como hecho de emergencia marginal; la innovación sólo será vista como producto central del sistema de poder; y el sistema político rompía sus compromisos con el sistema tecnológico. Por lo dicho se apunta a la utilidad metodológica y analítica de identificar el nexo de tres eslabones de producción de las acciones6: (i) la estructura material; (ii) el nexo existencial y (iii) el mundo normativo (tecnología y moral). Pero trae consigo un dilema lógico sobre el orden temporal de las implicaciones de factores. Es el dilema de los dos momentos de enunciación del orden temporal. O de definición de las dos modalidades de construcción de las teorías sociales.

El primero, predictivo, cuando domina el enfoque estructural, los antecedentes Ai son por definición temporalmente anteriores a sus consecuentes Cj (j=1); los atributos que definen la configuración de factores Ai implosionan en un consecuente único Cj; así definido por necesidad o conveniencia metodológica. El segundo, retrodictivo, si domina un enfoque existencial, cuando se observa que una diversidad de consecuentes Cj (j=1, 2, ..., n) son miembros del conjunto Ai (i=1); lo que se dice es que Ai explosiona en una constelación de comportamientos diversos, ya que C1<Ai, C2<Ai,..., Cn<Ai. Los consecuentes serían sólo implicantes materiales de Ai: los implicantes están siempre incluidos en lo implicado; y lo incluido temporalmente posterior a lo incluyente. Los componentes del conjunto de consecuentes Cj son predictibles sólo en términos de probabilidades. La presencia de Ai provoca una explosión de comportamientos. Y esa explosión no está necesariamente regulada por los componentes de los antecedentes Ai; es (i) un emergente de las circunstancias, o (ii) esencialmente un producto existencial que asoma como una relapsa interpretación del universo. Este segundo enunciado distingue como dos distintos conceptos (i) el sustrato tradicionalista, "una constante", y (ii) el tradicionalismo relapso, "una variable", que de repente inunda la escena.

De aquí que asume perfil lo que será materia para la construcción de teoría política: el dominio de variables circunstanciales y existenciales en la escena política. En las organizaciones sociales de mayor orientación instrumental, el nexo entre antecedentes y consecuentes está dado por una más estable enunciación de predicados tecnológicos, con estados de ánimos más templados. Los estados de ánimo: un genio de inestable humor.

El modelo de explosión de los consecuentes muestra gran distancia de la doble implicación supuesta en la noción estadística de correlación; una noción de uso coloquial en los sociólogos. La noción de implicación simple, o implicación material predictiva, sólo es aplicable si Ai<Cj(j=1,..., n) y n=1; es el caso de un modelo de formato determinístico, perfectamente funcional. Si n>1 se dirá que los grados de libertad de la acción social son mayores que en un modelo determinístico; n pondera la importancia de variables no estructurales y establece la cota de libertad del sistema.

Definición fundamental entonces: un neto espacio de separación entre antecedentes estructurales Ai y consecuentes homeostáticos (o liberadores, por levantamientos populares ¿por qué no?), tal el caso de Cj. Entre ambos extremos se engarzan dos eslabones de vínculos. El primero, de naturaleza existencial, es el que hace al clima de la circunstancia - el ruido - que se vive; el segundo, de naturaleza normativa, y de proyección tecnológica, más estable, es el que permite describir, el estado de situación - o los recursos - de la sociedad. Entender hasta qué punto se corresponden cognoscitivamente las visiones de circunstancia y situación permitirá dar cuenta de las ineptitudes de algunas sociedades para articular respuestas eficientes a sus demandas estructurales, o develar la razón de inexplicables cursos de historia. ¿Los fantasmas de la sociedad? ¿Quiénes los evocaron?

4) Mitos y vicios de pensamiento

Las prédicas de unos y de otros para cerrar paso al desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo en la Argentina toma forma e impulso en la década de los años 30 (Romero, 1983). En América Latina, sin excepciones remarcables, dominó un verbo siempre proclive a la visión de la sociedad como sistema de partes necesariamente ordenables. Pero supra-orden inevitablemente se asociaba a la imagen de desintegración del hombre. La noción de sociedad capitalista siempre estuvo asociada a la idea de desintegración: el drama de la desintegración de la pintura de Pablo Picasso (Mumford, 1948). La desintegración de la unidad metafísica del hombre sucedía la integración de sus despojos en una infernal maquinaria de poder. Hombres y engranajes (Sábato, 1951).

De las imágenes que subyacen en estos enunciados, de lo que se deduce, es evidente que antes que importar la presentación de un cuadro del ser de las cosas, importa más el enunciado del deber ser de las cosas. En forma manifiesta y otras veces menos, suele predicarse que el orden de la sociedad, su esencialidad, es corruptible sin el ejercicio de una autoridad moral: pía o revolucionaria. Reclama observancias: los preceptos; instrumentados en la juridicidad o compulsión del estado. Por ellos se rescatará al hombre del extravío.

El ser humano suele ser más comprensible por sus deudas - el "deber ser"- que por sus derechos - el "es y hace" -; hombre ideal es el que siempre se debe a un orden; una severísima norma universalmente predicada, so pena de hecatombe7; piadosos y revolucionarios predican obediencia; fieles o militantes. Sin escapar de esta visión, el pensamiento social ha sido un pensamiento, primero, dudosamente utilitario y, segundo, propenso a asumir un contenido escatológico. ¿Por qué? Responder, es dar importancia al problema de la integración de la sociedad. Se hablará de integración social sin un sentido escolar; menos moral; menos coercivo. Interesa más analizar la naturaleza de tos vínculos que unen a las personas, al hecho que sustantivamente permite hablar de organizaciones sociales como objeto central de una ciencia de la sociedad; una noción tan imperiosa como en su tiempo los enunciados gravitatorios de la física clásica. Para ello, ¿cuál es la utilidad de la noción de estado y cuál es la de sistema? La noción dominante de estado aniquiló la noción de sociedad; de allí las ineptitudes tecnológicas de algunas enunciaciones de gran éxito político y académico. Y, por vocación contraria, no será el caso que la visión de la sociedad sistema haga perder de vista la presencia del despotismo en la definición del curso de los acontecimientos en muchas historias.

Cuando prima la noción de poder como fundamento de los vínculos sociales, suele darse razón a la imaginación de aventuras de liberación práctica y a la de construir un consecuente poder legítimo y popular, por necesidad. Cuando prima la noción de vínculo funcional, se intenta ver a la sociedad en el ideal sinérgico: la modernización. Para unos y otros no repugna el uso de formatos de enunciación susceptibles de ser trasladados a predicados lógicos o algebraicos de vínculos entre antecedentes y consecuentes. Un interrogante a elucidar: ¿Cuál es, para uno o para otro, la fuente de los vínculos de las partes?

La sociedad argentina no se distinguió por su aptitud para desatar el genio creativo de su acción y de su inteligencia. Desde los años 30, y hasta hoy, la imagen de la sociedad parece atada a cuasi mecánicas nociones vinculares. La tradición escatológica del pensamiento social se aferró a imágenes mecánicas u orgánicas de orden: las partes no valen si no es en virtud del todo, del poder popular o del orden planificado, administrativamente racional ¿en tiempos de estado de gracia de la sociedad, el de los gobiernos populares, que las organiza y da sentido? Las partes tienen la misión de ser, no más; no es su autonomía lo que importa. Por ello dominó el interés de las teorías del estado (Portantiero, 1988; p. 105). O la materia de enunciación de la legalidad fundamental de la sociedad, autoritaria o democrática, que da el sino de las cosas: una inteligencia histórica codificada; como que no existe otra fuente de causación. Contraria posición: el anti-estatismo, o el estado neutro, de las modas liberales de las dos últimas décadas; repetidamente tentados por el bismarckismo, el estado de los propietarios. Supuso que la minimización práctica del estado, su deshistoricidad, crea espontáneamente un estado natural de organicidad; la mano invisible que quita dramatismo a los dilemas electivos. Empero, la desaparición del estado, en no pocos casos, desató la furia de relapso tradicionalismo: la identificación en la etnia sustituyó el compromiso de una moral universal.

Cualidad de unos y otros: no dejan espacio para la enunciación: (i) situacional - los tiempos anteriores - que dan peso a lo aprendido por una sociedad: la riqueza de sus códigos; y (ii) circunstancial - los tiempos de existencia - o los ruidos que quitan temperancia a las decisiones; de donde tienen emereencia las conductas. Sin ello, queda sin entender lo que una sociedad, sencillamente, es.

Por el imperio de estas creencias - por exceso de mecanicismo que acompaña a la noción del estado reprensor - se pecó en el uso acrítico de modelos de implicación estructural: "la violencia de arriba trae la violencia de abajo... y desaparecida la primera desaparece la segunda" o esta otra que consagra en las causas populares a "la propia razón de a historia" : Pero por exceso de organicidad se pecó en otras, no menos deseosas: "el desequilibrio entre las aspiraciones de consumo y las posibilidades del sistema productivo genera impulsos de crecimiento" o la que dice que los "sistemas sociales aprenden constantemente por ensayo y error" o aquélla que en un orden similar de pensamiento descuenta "la racionalidad del consumidor que optimiza sus beneficios" ¿Hasta cuándo se mantendrán en vigencia tan inservibles metáforas?

Sentencias que demandan la prioridad ontológica de las acciones reordenantes (¿equilibrantes?), revolucionarias o administrativas, como fundamental fuerza causal. Los sistemas sociales, así parecen decir, se encaminan al imperio de deseados valores: o la libertad, o la liberación, o también la eficiencia funcional. Imágenes que se cuelan desde el discurso popular hasta el enunciado académico, de ellas quiero poner en evidencia unos muy singulares vicios de pensamiento: el vicio de la dependencia y la interdependencia lógica (que permite el manejo de imágenes holistas de muy sencilla enunciación).

5. Dependencia e interdependencia

Si anteriormente se intentó trazar un cuadro crítico de las prácticas o modalidades de enunciación de las teorías sociales, la exposición estuvo circunscrita a la crítica metodológica. Desde ahora, lo que más importa es llevar la crítica desde un enfoque centralmente analítico. En las proposiciones sociales se supone inequívocamente la existencia de vínculos que tienen por virtud: (i) unir a las personas entre sí en sistemas de interacción de alguna estabilidad y consecuente predictibilidad; y (ii) unir a las personas con el mundo de los objetos materiales; objetos que encierran singulares significados. Ambas nociones de vínculos dan razón al propio concepto de sociedad, cual sistema relativamente estable, y también ideal, no pocas veces. Dan razón a la noción de sistema organizado de conceptos y objetos que totalizan, a modo de envolvente marco de valores, el ámbito existencial dentro del cual la vida se desenvuelve. Pero el vínculo que enlaza dentro de un mismo discurso a conceptos y objetos puede ser visto en la oposición de dos significados, sea a través del significado dependencia de las partes, o por su antagónico: el significado interdependencia de las partes.

El vocablo dependencia es la palabra clave de una teoría del conflicto; de aquí, pues, el concepto conflicto involucra por propia necesidad discursiva otro concepto: dominación, o el ejercicio sobreimpuesto de poder que uno puede ejercer sobre otro. El dominado, entonces, es un dependiente; y el nexo entre dominador y dependiente no puede ser otro que un nexo relaciona) cuyos estadios, proyectados a lo largo de una escala continua, tomarían valores que van desde la sumisión hasta el conflicto. O la consumación del pecado escatológico. El vocablo interdependencia es la palabra clave de una teoría funcional; por ella se supone que todos los factores, conceptos y objetos se adecúan a un principio de mutua y consensual correspondencia de partes. O la consumación del pecado organicista.

Cuando hablamos de dependencia, la cohesión de las partes de un sistema, el nexo, es coactivo, y dentro de él sus estadios serán de sumisión o de violenta rebelión; o el conflicto como necesario desenlace de la sumisión. Al hablar de interdependencia, el nexo de las partes vendría a darse por la aceptación de un cuadro de normas que cada actor hace suyas: normas internalizadas como códigos o como mandatos no cuestionables. Sonantes diferencias de predicados, empero, no parecen presentar irresolubles problemas de compatibilidad discursiva.

La primera prédica es pertinentemente proyectable a un ámbito político de principios y normas autoritarias, por ejemplo, la dominación colonialista o los regímenes populares redentoristas en el mundo del Islam. La segunda es perti- nentemente proyectable en un ámbito cultural fundamentado en la tolerancia, y en un ámbito político de fundamentos democráticos.

En un ámbito autoritario, la internalización de valores asume la forma de sumisión. Es el caso de la aceptación de la superioridad cultural de los domin- adores o resignación ante la superioridad material. En un ámbito democrático, la internalización de normas es lo que subyace en el conformismo. Es el caso del resguardo de valores dentro de la propia cultura como principio consentido de socialización (gráfico 1).

GRAFICO 1 - Nexo discursivo entre teorías de dependencia y teorías de interdependencia
  NORMAS
internalizadas externalizadas
ámbito
autoritario
suisiónrebeldía
conformismoinnovación
ámbito
democrático


En un ámbito autoritario, el rechazo de un estado de cosas asume forma visible, expresiva, y también escénica (v.g. las pretendidas por las organizaci- ones terroristas), de exteriorización del conflicto, hasta sus formas más violen- tas. En un ámbito democrático, el conflicto será fuego de escenarios de contro- versias, pero ya como definición institucional, tal cual la aceptación de la democracia formal, en un cuadro de normas relativamente aceptadas y relativamente observadas por las partes en pugna.

El gráfico 1 presenta un ejemplo de cómo ciertos vacíos de enunciados pare- cen dar razón a la existencia y controversia de teorías en apariencia irreconcili- ables. Cuando se hace de la investigación una tarea más lúdica que una deli- berada asunción de intereses de clase, o de inconsciente enajenación, resulta posible diseñar un espacio de propiedades que sirva como nexo discursivo capaz de articular trozos de pensamiento a priori definibles por su antago- nismo. El espacio propiedad así propuesto no agota el encuentro de rasgos comunes de los enunciados de dependencia e interdependencia (Merton, 1957; p. 131). La más impresionante coincidencia está dada por el sentido de con- strucción discursiva que organizan conceptos y objetos. Los enunciados de dependencia e interdependencia tienen una base común. Sea la de suponer la tendencia a optimización de los beneficios de los que ejercen el poder; o sea la de suponer el necesario ajuste funcional de los componentes del sistema social.

Los fundamentos de ambos supuestos, como imagen mecánica o simil- orgánica, o como tendencia estadística observable, no dan mérito a arrogancias de materia no cuestionable. Suponer perfecta funcionalidad presupone un estadio sistémico de mecanicidad o de organicidad capaces de determinar unívocas relaciones estímulo-respuesta entre Ai y Cj, pero a tal punto de hacer posible el arbitrio de decisiones que minimicen las expectativas de incertidumbres. La aptitud sistémica de arbitrar decisiones con mínima incertidumbre, presupone: condición i, la vigencia de un cuadro de normas que los actores acatan sumisamente, o por exceso de poder de los dominadores; condición ii, un estadio de consenso sobre la utilidad de un cuadro de predicados; condición iii, si para uno y otro caso las normas en ejecución fuesen eficientes, las relaciones sociales llegarán a su máxima aproximación a formatos algebraicos ¡Tres enunciados de dudosa generalidad!

Si se observara un estadio de estabilidad normativa, por un lado, y esperable utilidad por la aplicación de las normas que lo definen, por el otro, se daría, y sólo entonces, el tono de una relación entre antecedentes y consecuentes altamente predictible, sin espacio para la incertidumbre. Situación contraria: la indecisión social.

La indecisión social puede suponer la vigencia disyuntiva de las condiciones i o ii, aunque más estrechamente restringida a los enunciados basales de las normas; sin importar las dudas sobre las normas accesorias de aplicación. Tal el caso del anticapitalismo, y del anticomunismo de la Argentina, que asigna un inconsistente espacio para el capital sin capitalismo (Sebreli, 1985; p. 77), una norma de aplicación. Con respecto a la condición iii, señálase su intencionalidad preceptual, pero no su condición de necesidad. Esta afirmación permite destacar una alta correlación entre carencia de utilidades, o la no satisfacción de la condición iii, y el andar a tientas entre erráticos cambios de las políticas: la inestabilidad institucional.

Hablar de indecisión social es describir momentos en los cuales ejercen dominio las depresivas imágenes con que asumen forma y realidad las tensiones existenciales; o los momentos en los cuales acaso fugaces imágenes predominan sobre las condiciones materiales; o los momentos en los cuales se hace evidente la incapacidad de un sistema social para dar adecuada respuesta a los estímulos que en otro caso le ordenarían buscar nuevas modalidades de respuestas, o el cambio de los habituales escenarios en la lucha por el desarrollo. Es en estos momentos cuando parecen rotas, o agotadas, las relaciones funcionales directas entre Ai y Cj; o es el momento en que asume prioridad causal el dramatismo existencial de desesperadas búsquedas de horizontes. Un enunciado fundamental para definir nuevas bases para la construcción de modelos en un país como la Argentina; permite comprender visibles carencias de respuestas de las variables estructurales, así como el comportamiento global del sistema hogaño remiso a comportarse dentro de un cuadro de normas eficientes.

La carencia normativa para la vigencia de vínculos estables entre Ai y Cj indica carencia de racionalidad para asignar prioridad a las funciones productivas del sistema: menoscabo de aptitudes discriminativas de la sociedad singularizada por la centralidad del sector político en la definición de las normas de integración de la sociedad8. Un vector de fuerza dominante que, como ningún otro factor, ha marcado su presencia; otro rasgo indeleble en la cultura que asumió forma decisiva en las modalidades de organización institucional de la sociedad, sin compromisos tecnológicos. Un drama crucial: el dilema de integración de una sociedad en crisis. O la integración expresiva o la integración instrumental.

6) El mundo y sus imágenes

En lo material se ordenan: (i) los objetos involucrados en la acción social y (ii) las reglas de disposición de los actores que dan forma a la acción misma. La acción social se materializa ordenando sus objetos involucrados. En lo moral se ubican los enunciados que darán satisfacción o insatisfacción por el orden de las cosas. Ambos enunciados no esconden su regla empirista de formulación; importan por su operacionabilidad.

En la imagen material, u observable, de la sociedad se destacan tres componentes: (i) lo dado, como entidad material, pero como materia que da cuerpo a lo moral: naturaleza y mandato, o imágenes de destino que, como misión, cabe a la sociedad realizar: el ser nacional y la tierra para los nacionalistas argentinos, objeto de identidades y fidelidades con un espíritu que se objetiva en el paisaje; (ii) el orden, o la sociedad como sistema de asignaciones de bienes de poder y de bienes de prestigio, o como asignadora de papeles o funciones sociales, instrumentales o expresivas; y (iii) lo otro, el mundo exterior y la tecnología que viene con él; lo otro codificable como dificultad, los enemigos de afuera, o acaso como facilidad, la tecnología; aunque sobre la tecnología caiga el vicio de una percepción inconsistente: por su cualidad enajenante.

En lo dado viene ínsito el destino de grandeza9 signado a la nación. Es la voz de un superego colectivo. En lo dado está la señal de Dios, por la generosa asignación de lo adscrito: la extensión, riqueza y belleza del suelo. La tierra es espíritu hecho materia.

El orden, o la identidad en la forma institucional de la nación, es el principio que asume la responsabilidad de realización del ser, el ser nacional, a quien sólo cabe un destino de grandeza, lo que reclama propósitos como el de la Argentina Potencia10.

GRAFICO 2 - La imagen material de la sociedad

# concepto significado
I LO DADO la naturaleza o el mandato D
II EL ORDEN las normas de asignación O
III LO OTRO mundo exterior y tecnología T


El orden es legítimo si es proyección de lo dado; cuando lo es, es lo que hace frente a lo otro. Define principios de prelación moral: primero, lo dado; segundo, el orden, la sociedad; y tercero, lo otro, lo de afuera. Una determinante cadena de jerarquías: D -> O -> T.

La tecnología corresponde a lo otro. No existe enunciación que le asigne endoculturalidad, bien de herencia hispana. Lo vernáculo es la naturaleza expresiva, nunca instrumental. La tecnología es extraña, "des-esencializante", o enajenante, o la figura misma de Satanás; como que puede modificar o corromper la naturaleza adscrita de las cosas. Corresponde a lo otro, a lo ajeno, a lo potencialmente amenazante.

Lo dado (D), el orden (O) y lo otro (T) son conceptos primitivos de una teoría utilitaria de la acción social ¿metafisica ingenua? El tradicionalismo, como comportamiento o como idea, indica una disposición afirmativa a la prelación D -> O -> T, descendente, porque desciende de lo dado a las cosas. Por modernismo se entenderán disposiciones o comportamientos ajustados a una prelación de signo contrario T-> O -> D; ascendente, porque intenta ascender de las cosas a lo dado. Tesis y antítesis de la vida política; pero sin producción de síntesis; no se concilia corporativismo y moral utilitaria.

El tradicionalismo indica sumisión al mandato, a lo dado, a la naturaleza y a la historia. La nación es proyección de lo dado. El ambientalismo es la proyección de lo dado sobre el orden, el sistema político y, ulteriormente, sobre lo otro, el sistema internacional. El modernismo describe dirección contraria. Ofende su significado prevaricante; es el desafío a un orden natural. Es lo externo, lo otro, que ultraja las normas de orden de la sociedad, impone una sociedad ruin, especulativa y fría, desgarradoramente desintegradora, es la destrucción del ambiente y la negación del mandato. Lo extraño que afrenta la familiaridad del mundo11. Tradicionalismo y modernismo son conceptos que se generan por la modificación de la prelación de los conceptos primitivos.

A no dudar, sumisión, es el vocablo que denuncia la presencia de una voluntad ajena a la conciencia de ego; el acatamiento señala virtud, o la disposición de fidelidad a un principio, lo dado, y a una forma idealizada de organización social, la comunidad organizada12. Desde esta misma perspectiva, la tendencia al dominio es soberbia, voluntad prevaricante, por la intención manifiesta de modificar el orden natural de las cosas.

Tradicionalismo y modernismo son conceptos de orden secundario. También descriptores o clasificadores de los actores que tras ellos se ubican, por sus rasgos más sobresalientes. Hondos sentimientos y resentimientos marcarán límites, como antípodas. Pregunto ¿cuáles son las imágenes peyorativas que cada uno forjará del otro y los predicados que las distinguirán? Imágenes también enunciadas y ordenadas por sus conceptos primitivos.

La imagen que los tradicionalistas proyectan sobre el modernismo, imagen ascendente: T -> O -> D, define su primer eslabón como dependencia del mundo externo (v.g. países altos a cuyos intereses se somete el orden de la nación), una sociedad materialista, asaz destructora de la tradición, prevaricadora de lo dado, por tanto, una sociedad encaminada a su destrucción, a su apocalipsis moral y ambiental.

De curso contrario es la imagen que los modernistas proyectan sobre el tradicionalismo, imagen descendente: D -> O -> T. Primer eslabón de esta cadena es el predicado de pobreza, como consecuencia esperable de ausentes motivaciones por el lucro, por la proyección de lo dado sobre la esfera económica, sobre el orden de la sociedad; esta proyección singulariza las disposiciones institucionales de una sociedad autoritaria; una sociedad que define al aislamiento del mundo y de la tecnología cómo valor.

Estas dos imágenes, T-> O -> D, ascendente, o la contraria, descendente, D -> O -> T, mostrarán a lo largo de los años su persistencia y pertinacia como ordenadores de los discursos políticos de tradicionalistas y modernistas. Serán, pues, base de enunciación moral del significado de la persona humana y del orden de cosas deseable, como orden supremo de la organización social, no menos. Abrimos un nuevo interrogante sobre la prelación del individuo, aún una noción borrosa, en el concierto de las cosas dadas ¿la anterioridad o posterioridad del hombre sobre lo dado? Más concreto ¿cuál es la relación esperable entre ego y álter en una y otra imagen? Lo dado, cuando se lo coloca como valor dominante de la sociedad, imprime la cualidad de sus exigencias en los comportamientos. Lo dado es el mandato que se sostiene por sus raíces en los arcanos de la cultura, en el ser de las cosas: un destino que se devela.

El liberalismo fue en su tradición vector de signo contrario a todo mandato. Por ello extraño; lo que venía a irrumpir contra un orden para modificarlo y corromperlo; también sus fundamentos en la cultura y la propia imagen del paisaje; lo que más importaba. Sería impulso del genio creativo; la norma de dominar el mundo material y con él los acontecimientos, jamás la sumisión a destino develado de la existencia; el pecado de la soberbia, para los tradicionalistas.

Si tanto importa definir el mundo por lo que cada uno desea de él, jamás encontré principio de definición de la imagen moral del mundo con tanta carga de significados como el que configuran las imágenes de la inserción de ego en álter. O ego predomina sobre álter, ego > álter, o, necesariamente, ego se somete a álter, ego < álter. Lo bueno o malo de la vida en sociedad parece dirimirse en las desigualdades que definen las prioridades ontológicas de ego y álter, sea como definición de valores que compromete moralmente a ego o como definición de un estado de cosas de las que ego espera gratificación. Pero el ideal de uno es el desideal del otro; que es lo mismo que decir que lo que para unos es valor para los otros es un disvalor.

La definición del disvalor es lo que los unos entienden como la materia de los otros. Es una definición por implicación. Viene esto a decir que si para un actor Ai resulta ser de Vj el valor del oponente Aj, la vigencia de Vj implica, para el primero, el dominio de su disvalor ~Vi; el oprobio, lo no soportable. Las oposiciones entre un valor y las implicaciones de su contrario definirán con algidez los términos de las controversias morales políticas.

7) Las dimensiones del problema

A lo largo de este discurso, que parte de los conceptos primitivos: (i) lo dado (D); (ii) el orden (O) y lo otro (T), vimos que se definían dos ejes de conceptos. El primero denotado por la oposición de los vocablos sumisión versus dominio. El segundo definido por los órdenes de prelación de ego, el actor, y álter, el entorno del actor: ego <álter versus ego > álter.

Ordinariamente la traducción vectorial del significado de estos dos ejes parece confundirse en la propia oposición tradicionalismo versus modernismo. Cuanto ello ocurra, la pertinencia de haber definido dos ejes de conceptos sería repudiable. No es así. Si se habla de tradicionalismo o de modernismo habrá que cuidar la riqueza de esta antinomia de conceptos; nunca convertirla en epítetos de magra cualidad cognoscitiva; ni confin de pura expresividad. Hablamos de un cuadro de comportamientos que son partes de una familia de conceptos: ¡evitar su monadización! Una regla importante en la hora de distinguir subespacios de comportamientos. Subespacios que expresan el principio de relativa independencia de factores en la acción social. las relaciones sociales guardan necesarios rangos de incertidumbre.

Se puede hablar, así, de la cuasi ortogonalidad de las oposiciones que resumen la imagen material y la imagen moral de la sociedad. Definen un espacio de dos dimensiones, dentro del cual cuatro vértices toman posición a modo de cardinales.

GRAFICO 3 - Los 4 cardinales del sistema político definidos por la intersección de dos vectores de imágenes: sobre el mundo material y sobre el mundo moral

Grafico 3 En el gráfico 3 se distinguen las posiciones cuasi ortogonales13 de los vectores que definen las antinomias de imágenes del mundo moral, en el eje de las x, y las del mundo material, en el eje de las y. Las mayores divergencias de conceptos, los contrarios, se definen en los extremos de cada uno de los vectores, v.g. ego > álter versus ego <álter y dominio versus sumisión. Menores divergencias de conceptos, los subcontrarios, pueden ser medidas entre los significados que provienen de dos vectores distintos. Y la divergencia sería tanto menor si el ángulo a tuviese un valor próximo a cero: valor de correlación tendería a la unidad. Así ocurrió cuando dentro de los vectores II y III se ubicaban los centros de gravedad de un espectro político extremadamente polarizado; como así ocurrió por décadas en la política argentina; lo que no es singular. Las alianzas son posibles entre subcontrarios, no entre contrarios.

Cada uno de los cuatro vértices se asocia, y con dominante probabilidad, con cuatro disposiciones ideológicas que las caracterizan. Estas disposiciones ideológicas asumen el carácter de funciones para la minimización de tensiones existenciales, en algunos casos, o como disposiciones creativas en otros casos. Destacaremos las siguientes implicaciones retrodictivas: (i)estatismo implicando sumisividad ante los hechos o sentimiento de desolación (v.g. la imagen de un mundo que ha escapado del control de cada uno), (ii) corporativismo implicando debilidad de ego respecto a álter (v.g. la imagen de insignificancia de la acción individual), (iii)orientación económica implicando tendencia al dominio (v.g. la imagen de la sociedad como tierra de conquista) y (iv) dominio de ego sobre álter implicando orientación política (v.g. la imagen de valor del gesto heroico individual).

La cuasi ortogonalidad de los dos vectores no permite asignar a cada uno de los cuatro cuadrantes significaciones estadísticas equiparables; no constituyen cuatro modelos de iguales probabilidades de ocurrencia. Resulta así que mientras los cuadrantes I y IV definen configuraciones menos estables y menos consistentes, los cuadrantes II y III han definido por tradición espacios de acción y alianzas de reconocida estabilidad y han demandado, además, toda la atención de los participantes de la escena política, por ejemplo, el peronismo y el anti-peronismo.

El cuadrante II define el escenario de convergencia de estatismo y corporativismo; mientras que el cuadrante III fue escenario de otra convergencia orientación política y orientación económica. El primero de los escenarios conoció el bullicio de una revolución que se decía nacional y popular. Mientras que el segundo fue el escenario de las disputas de la Argentina liberal que dejó atrás el populismo, por los años 40.

El cuadrante I indicaría una convergencia de estatismo y orientación política, de fugaz presencia en la vida política argentina, con la propuesta de entendimiento civil-militar de 1955 y que no sobrepasa el año 1957; vocación cívica, restitución de la Constitución de 1853 con una pátina de pensamiento socialdemócrata; más un estado fuerte y omnipotente que por este camino se propuso la vigencia del liberalismo económico; un estado que vino a reprimir con extremada dureza, como nos lo recuerdan los fusilamientos de junio de 1956.

En el cuadrante IV el compromiso de corporativismo y orientación económica define otra experiencia fugaz como la que intenta el presidente Arturo Frondizi desde 1957: un escenario de amigable acuerdo entre sectores corporativos y el corpus del empresariado nacional; venían a realizar la no realizada revolución de la burguesía nacional, una expresión populista del industrialismo, pero sin compromisos tecnológicos. ¿Cuáles son los compromisos institucionales vinculados a cada uno de estos cuadrantes? En el sector I se ubica el predicado en favor de una democracia limitada, sin dudas una democracia que se siente desplomar, incapaz de sostenerse por sí misma, aísla la turba que la corrompe, y así se construye un sistema reservado para una aristocracia del espíritu, pero con el sostén de un sistema autoritario. Ejemplo, la revolución militar de 1955.

En el sector II tiene perfecta ubicación el estatismo tutelar que caracteriza la propuesta de la revolución militar de 1943 de una conciliación de intereses de clases, de ascenso de las masas y de restitución moral del viejo tradicionalismo oligárquico, animado por sectores desolados de las viejas clases altas venidas a menos, resentidas con los venidos a más. En el sector III tuvieron cabida las imágenes o modelos de democracias divergentes, al estilo occidental, o más conservadoras, o más al estilo de las socialdemocracias.

El sector IV no constituyó nunca un escenario de peso y relevancia en la vida política; los intentos de un corporativismo tecnologista nunca sobrepasa los estrechos umbrales de lo que se definió como política desarrollista; a modo de un acuerdo entre segmentos populares y empresarios creativos.

Pero no más que creadores de una simplificada política de pactos y acuerdos corporativos entre poderosas centrales obreras, como solía adular el presidente Frondizi, y las corporaciones representando el empresariado nacional; todo ello refrendado por las corporaciones del poder militar y la bendición del corporativismo moral. A pesar de los deseos, las corporaciones sindicales y militares prefirieron la caída del gobierno desarrollista en marzo de 1962 (gráfico 3).

Poder tutelar o democracia divergente constituyeron los principios de conceptos de dos retóricas que, con sus opuestos modelos, disputaron hasta la violencia la escena política en ya casi dos siglos de historia. Dos modelos necesitados de aplastarse el uno al otro. Los años finiseculares, con el nacimiento de la Unión Cívica y ulterior del socialismo, la escena política era la descrita en el cuadrante III. Desde 1940 la escena se traslada, primero gradualmente, después bruscamente, al centro de gravedad del cuadrante II. Una cualidad distingue al ejercicio del poder tutelar, como estadio societal, transitorio o relativamente estabilizado: su incapacidad para dar significado creativo, tecnológico o aun expresivo, a la cotidianeidad, por el contrario, la desprecia como cacharro a ser botado. El camino no es dialéctico, el corporativismo no cierra páginas de la historia; no es gozoso como el hedonismo; no es transformador como el capitalismo; mustio e incapaz de seducir con ofertas de nuevos modelos de vida.

8) Herencias culturales y modos políticos

Las coordenadas de conceptos habrán de servir para clasificar a los actores por sus enunciados o definiciones ideológicas más características. ¿Cómo? Midiendo la distancia lineal de cada actor con cada uno de los cuatro cardinales. La menor distancia implica la adscripción a un segmento. Así se define un orden de significados representados bidimensionalmente en el gráfico 414.

Se describe una figura romboidal de cuatro vértices que representan cuatro modos o valores políticos de la sociedad; a saber: (i) la fuerza de los institucionalistas o los ilustres, cuyos arquetipos son los ilustres varones del civismo; (ii) la fuerza efectiva de quienes se sienten movilizados hacia las grandes causas redentoras; (iii) la fuerza que conforman todos aquéllos que sienten la desolación de una realidad y de hechos que parecen estar fuera del control de cada uno, ora por cambios históricos ora por el poder y ciencia de GRAFICO 4 - Los 4 cardinales del sistema político y los segmentos sociales que se movilizan por la acción de estos vectores Grafico 4 otras culturas que no podemos alcanzar; y (iv) la fuerza de los emprendedores, quienes buscan la definición de un ámbito de conceptos y de disposiciones humanas, favorables a las libertades creadoras.

No hay dudas que entre los ilustres será visible el dominio de las tendencias radicales; e igualmente clara resulta la presencia del estilo político del peronismo corporativo entre aquéllos que venimos a denominar movilizados; los emprendedores son sin duda los que confunden sus predicados políticos con las más puras tradiciones liberales; y los desolados son quienes más agudamente sufren las consecuencias de indecisiones o ambigÜedades, o quienes ven el transcurrir de las cosas como testigos impotentes, como si la sociedad se desplomara a un abismo; sobre los años 30 enunciaron los fundamentos ideológicos del populismo que irrumpe en los años 40; más tarde, con mayor o menor sigilo, dieron sostén al procesismo, aunque no pocos de ellos proclamaron la necesidad de liberarse de la dependencia externa; la desolación debe ser vista desde sus primeros orígenes, ya desde la Semana Trágica; anticipo de las sombras de la desolación. La ambigÜedad de los desolados se refleja en el propio partido que también los representa, la Unión de Centro Democrática, a veces emprendedora, cuantas veces más desolada.

Los modos o configuraciones que suelen dar expresión y realidad a un sistema político no están exentos de impurezas o de contradicciones que las personas asumen como válidas y retóricamente consistentes. Así, pues, resulta necesario distinguir subsegmentos o configuraciones más dispuestas a conciliar o a acortar distancias entre polos de conceptos diametralmente opuestos.

Cada uno de los cuatros segmentos cardinales puede subclasificarse, hasta dar lugar a la definición de subsegmentos complementarios. La subclasificación distinguiría el origen distinto al dominante en cada uno de los cardinales. Son subsegmentos que surgen de cuatro movimientos entre opuestos; a saber: (i) los populares carismáticos, como expresión bien definida de un segmento que no resuelve su esencial marginalidad y que por tanto se proyecta al mundo de los ilustres; (ii) los radicalizados, cuando los ilustres intentan la aventura de conducir ideológica o políticamente a los movilizados y se adscriben a éstos; (iii) los moralistas, creyentes en la virtudes del orden y del trabajo, quienes aparecen abjurando de la desolación, buscando la huella trazada por los emprendedores; (iv) los apurados, o un moralismo de impacientes, cuando el emprendedor asume la forma rígida del fundamentalismo y se vuelca hacia los desolados.

Es momento de hablar de algunas de las propiedades que muestra el esquema clasificatorio que se ha propuesto. De ellas es necesario destacar que las cuatro orientaciones señaladas en primer lugar corresponden a los segmentos sociales que les cupo jugar papeles políticos de mayor gravitación en las últimas décadas; aunque cabe advertir la presencia más reciente de los emprendedores, quienes entran como actores de la nueva escena política y aún sin papel relevante en el ámbito económico; no podían tenerlo en un sistema productivo nacido de un empresariado sin nervios, absolutamente prebendista. Estos cuatros son, a no dudarlo, figuras principales. Las cuatro orientaciones señaladas, en segundo lugar, han jugado, por el contrario, papeles políticos secundarios, o accesorios. Ello no resta significado a sus movimientos ideológicos, o a sus aptitudes de arrastre como líderes intelectuales del resto de sus cardinales. Recordemos: (i) los apurados solían arrastrar al resto de los desolados a sus propuestas de gobiernos militares ordenados y eficientes; fueron las usinas de producción de ruidos, de las famosas pálidas, u ondas depresivas15, que dejan sin aliento a la sociedad, verdaderos anticipos de huracanes; (ii) los radicalizados arrastraron, o apuraron el fermento, hacia una actitud más intemperante de los movilizados; (iii) los populares carismáticos, por su parte, proveyeron la base de sostén del triunfo radical de 1983, alejándose de su viejo tronco corporativo; le dieron base popular; iv) los moralistas, acaso el segmento menos visualizado en la escena política, contribuyó también al triunfo radical, aunque en 1987 parecieron volcarse parcialmente hacia el justicialismo; todo ello, sin embargo, no quita la posibilidad de convertirse en la base popular más a mano de los emprendedores, en el concierto de un pacto que quebraría las lealtades que monopolizan los movilizados.

El papel secundario que se asigna a estos cuatro segmentos internos es consistente con el hecho de ser segmentos de los cuales no surgen líderes políticos notables, ni de cuyas inspiraciones nacen ondas políticas capaces de atraer multitudes.

Si el pluralismo como concepto de base de una democracia señala la presencia de un nutrido grupo de actores en una escena política, muy pertinente será decir que ello no fu¿ cualidad que caracterizó la política argentina. Lo que se conoció fue un juego no reglado de fuerzas duales, sumamente ruidoso y desorganizante. -Se dirá no reglado cuando en la interacción entre los dos actores principales no entran juegos de reglas mutuamente consentidas.

TABLA 1 - Los miedos de la sociedad16. Muestra urbana de 5000 entrevistados; año 1986
  SEGMENTOS variables
   % miedo
al
futuro

% acuerdo
miedo al
estallido
social

% acuerdo
que se
vaya el
gobierno

% acuerdo
sistema politico convergente (48 %)
1.1
1.2
desolados
apurados
15
8
83
83
81
72
37
99
2.1
2.2
popular movilizado
laico radicalizado
22
3
95
30
87
57
75
96
sistema politico divergente (52 %)
3.1
3.2
emprendedores
moralista popular
13
12
48
79
49
40
5
1
4.1
4.2
laico ilustre
popular carismático
13
14
39
74
49
77
3
30
100


Se vivieron, así, cuatro décadas de dominio de la puja de desolados y movilizados, que nunca dejó de involucrar al peronismo como totalidad; buena medida de una misma entidad de dos caras: el partido policlasista. Fueron ellos quienes desde sus bases sindicales o militares ¡corporativistas o bismarckistas! podían arrogarse propuestas de grandes cambios a instrumentar por gobiernos de muy largos plazos. Fueron ellos los actores más aptos para la generación de ruidos; u ondas de desesperanzas. Fueron ellos los factores que logran entrar en conjunción en los años 40, (i) facilitando la declinación del sindicalismo democrático, de base socialista, (ii) matando el genio de la inventiva tecnológica. Y el tiempo les enseñó los caminos de la reconciliación.

En 1983 se dio crédito a la esperanza de vivir 100 años de democracia. Algunos años después, sin embargo, la política no alcanza a romper la decepcionante presencia de dualidades no regladas que impiden abrir curso al pluralismo.

El enfrentamiento entre institucionalistas y movilizados, ocurrido durante el gobierno del doctor Alfonsín, no dejó ver con claridad la luz de una sociedad civil; así como la reconstrucción de la alianza histórica entre movilizados y desolados, que dio nacimiento al peronismo, retrae la amenaza del bismarckismo al declinar el poder corporativo. ¿Es el camino a una dictadura constitucional? Antes cabe preguntar, ¿dónde nace el ruido que disloca las relaciones entre antecedentes y consecuentes? Una fuerte discrepancia separa el mundo subjetivo del sector popular que procura un cuadro convergente de valores respecto del que afirman los principios de una democracia divergente.

Al margen de esta verdad, que bien conocida es, será necesario destacar que: (i) los sectores movilizados y desolados padecen una crítica situación de inseguridad que viene a reforzar su concepción más comunitarista de la vida y su imagen piramidal y monolítica de la organización social; (ii) se advierte que el sector moralista popular, de mayor presencia femenina y también de base popular, es menos sensible a la crisis de inseguridad, y algo menos proclive al desvío autoritario; es un segmento que comienza a abrirse al pensamiento que concibe a la sociedad como una posible suma de los comportamientos asumidos por responsabilidades individuales y no tanto por evocaciones del compañerismo; se sienten hacedores del orden desde sus pequeños mundos de sentido común; (iii) el segmento laico radicalizado muestra en qué grado la adscripción a una ideología revolucionaria de cambio es un modo más o menos eficiente de resolver las propias incertidumbres sobre el futuro que nos esperan en cada vuelta de la vida.

En la tercera columna de la tabla se resaltan las actitudes anti-institucionales que colmaron la escena política del gobierno radical. Los apurados, a la postre el subsegmento que fermenta a los desolados, marcan el compás de las ondas depresivas de la sociedad. Tras ellos los radicalizados, en un reiterado papel.

NOTAS

  • The Harry Truman Research Institute for the Advancement of Peace, Universidad Hebrea de Jerusalén. BACK

  1. Tecnología será definida por la intersección de dos antinomias: (i) acción productiva versus acción no productiva y (ii) manipulación material versus organización relacional. De esta intersección surge un espacio de cuatro vértices: vértice 1, acción productiva y manipulación material, o la acción de consecuencias económicas ejercidas sobre el entorno material; vértice 1, acción productiva y organización relaciona¡, o la pura producción de decisiones con consecuencias económicas; vértice 3, acción no productiva y manipulación material, o las acciones sin significado económico que involucra el movimiento del organismo en el mundo de objetos; vértice 4, acción no productiva y organización relaciona!, o las interacciones de personas sin fines económicos. BACK

  2. Este predicado debe ser visto en su validez universal: tanto a los momentos históricos que definen las sociedades dominadas por el espíritu del lucro, como se calificó a las sociedades capitalistas, cuanto los tiempos o períodos en los cuales los sistemas de sociedades tenían de base el poder militar. BACK

  3. En esta definición de tecnología va implícita la imagen moral de la organización social y no únicamente su significado material (Hernández y Mochkofsky, 1977). BACK

  4. En esta sentencia no intento llevar la discusión a un ámbito intelectual ajeno al que sirvió de punto de partida. Me mantengo en una dimensión muy práctica del problema. Es la dimensión que describe la circunstancia del actor en su momento de decisión. Un momento de conflicto entre interioridad y exterioridad. Las ciencias políticas en América Latina - y en el mundo, quizá - se han mantenido secularmente ajenas a este tipo de preocupaciones intelectuales; las tradiciones historicistas proyectan las preocupaciones sobre grandes tiempos de la historia. Empero, en la investigación de mercado se han dado con seguridad los mejores aportes para el estudio de estos problemas, al analizar el instante de compra, o de toma de decisión de un elector presionado por encontradas solidaridades. BACK

  5. Sobre los años 80 se aprontaron cambios en la opinión pública: i) menor popularidad del concepto de dependencia; (ii) debilidad de la concepción mecánica de los órdenes de las naciones. Hay temores que quedan, empero. Temores al uso de los espacios de libertad por inseguridades tecnológicas; el temor a la desimperialización, o el miedo a la indiferencia de los países ricos. Los nuevos presidentes populares de América Latina han hecho de sus políticas un reclamo de nuevos vínculos con los países ricos ¿de dependencia? BACK

  6. Al entrar en el uso del vocablo metodológico, será necesario hacer algunas consideraciones entre la utilidad estructural y la utilización existencial de los formatos de enunciación (i.e. discurso del lenguaje común, o del lenguaje formalizado). Pero muy al margen de la conveniencia de discutir las bondades expresivas de una u otra forma de lenguaje - lo que puede convertirse en controversia, por demás superflua - habrá de importar más el problema lógico de la temporalidad de los enunciados de implicación que habrán de estar presentes como una espina en todas las proposiciones, cualquiera fuere la modalidad de enunciación utilizada. BACK

  7. El significado de la imagen de hecatombe del mundo es acaso la imagen que más agudamente describe el sustrato de las imágenes holistas de la sociedad; pero antes que nada será vista como el enunciado central de las ideologías antimodernistas. Es el punto de arranque o fundamento de la ideología del estallido social. BACK

  8. Se habla de aptitudes discriminativas en un enfoque eminentemente cognoscitivo. Se hace referencia a la habilidad para distinguir las cosas necesarias de las innecesarias, o lo urgente de lo postergable, o lo utilitario de lo meramente simbólico. Este último punto es el que álgidamente importa poner en relieve. BACK

  9. Destino de grandeza como promesa de un espíritu reservado a una nación singular: la Argentina. Fue continuamente apelado en la retórica de los gobiernos militares. BACK

  10. Argentina Potencia, mónada comunicacional que en la tercera presidencia de Juan D. Perón expresa el destino implícito en lo dado de la nación argentina. BACK

  11. Es remarcable la implicación del tradicionalismo en las exigencias de un mundo sólo compuesto de objetos familiares (r=.76). BACK

  12. La comunidad organizada indicó el principio moral de movilización social del populismo peronista. BACK

  13. Ortogonalidad de los vectores debe ser entendida en su estricto sentido algebraico; cuando el ángulo que forman dos vectores es ortogonal, el coseno del cual es igual a cero. BACK

  14. El gráfico 4 resulta de proyectar un espacio multidimensional (n > 2) en un espacio de dos dimensiones. Estos mismos vectores son, por otra parte, los que se utilizan para clasificar a la población en cuatro grandes segmentos. Paso siguiente será el de subclasificar a las poblaciones que tienen por baricentro a cada uno de los cuatro vértices. BACK

  15. En la jerga popular se habla de las pálidas como ondas dominantes de depresión social. Importa de este hecho la visualización, desde una teoría de primer grado, o, desde el pequeño discurso político, la visualización de un efectivo factor en la emergencia de comportamientos masivos. Un hecho, pues, que escapa al análisis puramente estructural. BACK

  16. Respuestas a las siguientes preguntas: (i) ¿a menudo siente miedo e inseguridad por el futuro?; (ii) ¿si el gobierno no toma medidas económicas urgentes tendremos un estallido social? y (iii) si el gobierno no sabe resolver los problemas económicos del país... ¿qué se vayan? El cuestionario se aplicó en 1986: época feliz del gobierno radical. BACK

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