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| VOLUMEN 2 - Nº 2 |
| JULIO - DICIEMBRE 1991 |
España y America Latina
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Hispanidad y oportunismo político:
el caso peronista
RAANAN REIN
Universidad de Tel Aviv
En los años 1946-49 el régimen de Juan Domingo Perón fue uno de los pocos
aliados de la dictadura española del General Francisco Franco, que después de la
Segunda Guerra Mundial se hallaba aislada en el escenario mundial. En esos
mismos años, el régimen de Perón hizo aún más profusos sus elogios a las
relaciones de su país y de toda América Latina con la Madre Patria, destacando
que, a menos que el continente reconociera sus verdaderas raíces, las hispánicas, no
podría pavimentarse su camino en el futuro y cumplir un importante papel en el
escenario internacional. ¿Acaso toda la retórica con que encomió las relaciones
históricas, culturales, idiomáticas, de religión y de sangre no fue sino la
justificación ideológica de sus relaciones políticas con la dictadura española, tan
impopular en el continente en esa época, o es posible considerar sus declaraciones
también en función de los esfuerzos realizados por Perón para implantar una nueva
conciencia nacional, tal que requiriera el desconectarse de la orientación
tradicional de la Argentina moderna hacia el capitalismo anglosajón y la cultura
francesa? ¿No es posible que, al intentar desembarazarse de los opresivos lazos
neo-coloniales, Perón estaba dispuesto a volver al remoto e inocuo pasado
colonial, forjando una identidad nacional de la que el Hispanismo, o la
Hispanidad*, era uno de sus componentes esenciales?
La investigación histórica, que hasta ahora ha contado con un no muy
voluminoso aporte en lo que se refiere a las relaciones hispano-argentinas con
posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, no se ha medido suficientemente con
esta problemática. Las investigaciones recientes realizadas en España sobre el
pacto entre Franco y Perón se concentraron en los años de existencia de la alianza,
es decir, en la segunda mitad de la década del cuarenta, y no se ocuparon de las
relaciones entre ambos países durante la primera mitad de la década del cincuenta,
cuando Perón abandonó el concepto de la Hispanidad, prefiriendo utilizar en su
lugar el de Latinidad1.
A primera vista, la adopción de la Latinidad quizás pudiera servir como prueba
de que la política de la Hispanidad no constituyó más que una consideración
política de corto alcance y una mera justificación de su alianza con Franco, de
modo que, al deshacerse tal alianza, también desapareció la justificación ideológica
que la acompañaba. Este artículo tiene por objeto alegar que esta cuestión era
mucho más compleja y que la acción de Perón debe considerarse, en gran medida,
sobre el trasfondo de la búsqueda continua de la identidad que caracteriza a todos
los países de América Latina desde el logro de su independencia. En cada uno de
los diferentes países, esta búsqueda adoptó formas propias. En nuestra opinión, el
tema del presente artículo debe ser considerado en el contexto de los esfuerzos
realizados por Perón por conformar una nueva conciencia nacional, liberada de los
viejos modelos culturales que impuso la oligarquía liberal en Argentina a partir de
la segunda mitad del siglo XIX. Durante los primeros años de su gobierno, Perón
intentó combinar la Hispanidad con la nueva identidad nacional a cuya imagen
quería conformar la conciencia popular, pero cuando comprendió que no lograba
obtener una respuesta realmente positiva de la población a su propaganda
hispanista, y al agregársele a ello la crisis en las relaciones con la España franquista,
se retractó y buscó una alternativa para la Hispanidad. Dentro del repertorio
cultural de posibles identidades que estaba a su disposición, escogió la de la
Latinidad, que también podía cumplir con la misma función de desafío a la
orientación tradicional de la oligarquía argentina.
Este artículo intenta, por lo tanto, examinar por qué adoptó Perón la política de
la Hispanidad y cómo se deshizo gradualmente de ella entre los años 1950 y 1954, y
también por qué y cómo adoptó en lugar de la Hispanidad el concepto más amplio
de la Latinidad.
"El Paladín de la Hispanidad"
Al ascender al poder, Perón adoptó una política económica destinada a asegurar
la independencia nacional, postulando un programa de industrialización,
intentando poner fin al control extranjero del transporte y los servicios públicos,
desarrollando la Marina Mercante, etc. Es decir, poner fin al carácter neocolonial
de la economía argentina. Los esfuerzos realizados por Perón para obtener una
mayor independencia para su pueblo a través del desarrollo y la modernización
también implicaron el intento de forjar una nueva conciencia nacional. Durante sus
primeros años, el régimen justicialista intentó reducir no sólo la dependencia
política y económica, sino también la dependencia cultural que caracterizaba
tradicionalmente las relaciones del país con Gran Bretaña, Francia y Estados
Unidos; liberarse de la orientación cultural de las élites intelectuales y de la
oligarquía hacia Londres y París2. Como consecuencia de ello, Perón adoptó una
estrategia cultural dentro de cuyo encuadre intentó integrar tanto la herencia
hispánica y católica como la cultura argentina propia como componentes centrales
de la conciencia nacional. Sus relaciones con la España franquista estaban
destinadas, por lo tanto, a servir, amén de otros intereses, también a la propaganda
de la Hispanidad, destacando el lazo cultural y espiritual entre Argentina y la
"Madre Patria". El intento de reorientación nacional se daba en diversos ámbitos,
y el de reconformación de la conciencia nacional no era marginal de modo alguno.
Más aún, para un movimiento populista es en principio el elemento esencial, al
grado que en función del mismo pueden darse los lineamientos de la política en
otros ámbitos del quehacer nacional.
En noviembre de 1947 Perón pronunció un importante discurso ante un grupo de
intelectuales argentinos, en el que descollaba el grupo de la extrema derecha
católica e hispanófila. En este discurso, Perón destacó que al Gobierno le cabía
orientar la cultura de la nación conjuntamente con intelectuales como aquéllos que
componían el público presente. El presidente puso en claro que la cultura debía
organizarse de tal modo que los argentinos no continuaran aplicando en su país
valores contrarios a sus propensiones peculiares, a su raza, a su religión y a su
lenguaje. Su conclusión fue sencilla: "Debemos imponer nuestra cultura". Perón
explicó la necesidad de contar con un liderazgo gubernamental y se opuso a una
situación en la que el arte y la literatura no son actividades estatales y son
encomendadas a quién quiera para hacer lo que fuere. El estado debe, por lo tanto,
otorgar su propia orientación, fijar objetivos y supervisar su realización para ver si
se logran o no3. La Hispanidad de Perón se integró, entonces, a sus esfuerzos por
lograr la hegemonía ideológica, desplazando el sistema de valores y los parámetros
culturales propios de la oligarquía argentina.
El contenido nacional que Perón quería otorgar a la cultura argentina se basaba
en los principios justicialistas de soberanía política, independencia económica y
justicia social, combinados con la herencia hispánica y católica y, en especial, con
la doctrina social de la Iglesia. Por lo tanto, el Peronismo adoptó una cierta
interpretación del pasado para validar su proceder en el presente y asegurar su
futuro. Toda sociedad en vías de modernización requiere una determinada
identidad nacional que le permita el conciliamiento de los cambios modernos con
su comprensión del pasado. En el caso de Argentina, el Peronismo se esforzó por
establecer una sociedad industrial, moderna y urbana e hizo frente a decenas de
años de régimen oligárquico que se apoyaba en la economía agropecuaria y en las
relaciones económicas complementarias con Gran Bretaña. A tal efecto, requería
un nacionalismo cultural, considerado como complemento esencial, a la vez que
condición social, del nuevo proyecto político y económico: el justicialismo
nacional, que tomaba distancia tanto de la derecha como de la izquierda.
El uso que hizo este mismo nacionalismo cultural de la tradición hispánica se
destacó, entre otros, en el sistema de educación argentino. Dentro del encuadre de
este artículo, no podremos discutir el tema a fondo. Pero, en lo que a España se
refería, uno de los directores del Ministerio de Educación subrayó, durante una
visita a Madrid, que la orientación pedagógica de la historia argentina había
pasado por tres etapas. En la primera fue predominante todo lo relacionado con
España. En la segunda, el positivismo rechazó todo lo español en pro de influencias
"extranjeras y miserables"; y en la tercera, en la que Argentina entró con el
gobierno de Perón, comenzó, a su parecer, un proceso de retorno de estos "errores"
hacia el seno del espíritu español4. Este nuevo enfoque se veía expresado,
evidentemente, en la decisión adoptada a fines de 1948 por la Academia Nacional
de la Historia, bajo el estímulo del régimen, de recomendar a los historiadores,
investigadores y autores de textos escolares sobre la historia de América y de
Argentina que, en relación al período iniciado en el siglo XVI y hasta la
independencia de los países del continente durante el primer cuarto del siglo XIX,
no debían caer prisioneros de la "leyenda negra" y utilizar el concepto convencional
de "el período colonial", sino utilizar en su lugar el término "el período hispánico"5.
Durante la segunda mitad de los años 40, el régimen intentó crear una ecuación,
según la cual, el rechazo de las relaciones de Argentina con España era en verdad
equivalente al rechazo del nacionalismo argentino. Esta clase de interpretación
histórica puede hallarse en lo dicho por el mismo Perón, durante su exilio en
Madrid, al historiador Félix Luna:
"Vea: hay dos líneas históricas en el país con referencia a los hombres
de gobierno: la línea hispánica y la línea anglosajona... Todos los que
presidieron el país en nombre de la línea anglosajona, son masones,
desde Posadas... Sólo hay tres que no fueron masones: Juan Manuel de
Rosas, Hipólito Yrigoyen y Juan Perón... Es decir que la línea
hispánica, que es la línea nacional - porque la otra es la línea
colonial- está representada también por Yrigoyen... Cuando yo hube
de defender a España en 1947, no la defendí por Franco... Defendí la
línea hispánica"6.
El estrechamiento de las relaciones económicas y políticas con la España
nacionalista por parte de Perón se dió a la par de los profusos elogios a las raíces
hispánicas de la Argentina7. Perón y su gente explicaban que la relación cultural y
espiritual, las relaciones de sangre, de religión y de lenguaje, imponían el apoyar a
la Madre Patria cada vez que tuviera dificultades, independientemente del tipo de
régimen que gobernara en una u otra época en Madrid. Esto es expresado
claramente, por ejemplo, en un artículo publicado en el diario pro-peronista
Crítica, después de la firma del importante acuerdo económico de abril de 1948
conocido como "Protocolo Franco-Perón":
"Para los pueblos libres que la llaman con orgullo Madre Patria,
España no puede ser objeto de especulaciones, sean éstas de orden
económico, militar o incluso ideológico... Para Argentina lo que cuenta
son los españoles, el pueblo de España, lo permanente de su ser y no la
forma en que se gobiernen o desgobiernen entre ellos nuestros
hermanos de allende el Atlántico, porque esto es lo eventual, lo
transitorio"8.
El momento más conveniente para encomiar el aporte español a la cultura de
América Latina era el 12 de octubre, el "Día de la Hispanidad" o "Día de la Raza"9.
En 1946, el presidente pronunció un discurso alabando profusamente a España y
dió a los festejos un significado esencialmente político, aprovechando la
oportunidad para hacer público en esos momentos el intercambio de
condecoraciones entre ambos jefes de Estado. La oposición radical criticó
agudamente en el Congreso el otorgamiento de la condecoración a Franco, "el
dictador español", "el nazi"10.
Un año después, en octubre de 1947, Perón pronunció otro discurso, mucho más
importante y significativo, en la Academia Argentina de Letras, con motivo del Día
de la Hispanidad y como homenaje a Cervantes en el 400° aniversario de su
nacimiento. Según dijo, "la historia, la religión y el idioma nos sitúan en el mapa de
la cultura occidental y latina, a través de su vertiente hispánica, en la que el
heroísmo y la nobleza, el ascetismo y la espiritualidad alcanzan sus más sublimes
proporciones"11.
Perón asimismo explicó en esta oportunidad la importancia de la existencia de
una conciencia histórica que hiciera posible la confrontación con los desafíos del
futuro, advirtiendo que si la América Española olvidara la tradición espiritual y
cortara los lazos con la Latinidad, extrayéndose del encuadre humanista que le
otorgara el catolicismo, y rechazara a España, quedaría entonces inmediatamente
desprovista de coherencia interna alguna y carente de profundidad en su dimensión
espiritual12.
El discurso de Perón fue recibido con entusiasmo en la España franquista, donde
se apresuraron a aprovecharlo para promover sus intereses políticos. En pocas
semanas, los españoles hicieron nada menos que cien mil copias del discurso, que
fueron distribuidas por toda América Latina en un intento por modificar en pro de
la dictadura franquista la atmósfera que regía en el continente13.
No es de extrañar que durante la segunda mitad de la década del cuarenta Perón
fue considerado tanto en España como en América Latina como "el paladín de la
Hispanidad". Entre las innumerables ceremonias y ocasiones que Perón aprovechó
a tal fin, sobresalió en especial su decisión de traer de España los restos de los
padres del General José de San Martín, el héroe nacional argentino, para
enterrarlos en Buenos Aires. Hubo aquí una integración del culto de San Martín -
que Perón destacó aún más que sus antecesores, comparándose, por cierto, con la
figura del Libertador - con el fortalecimiento de lazos entre España y su hija
americana14. Empero, a partir de 1950, todo ello cambió y el gradual alejamiento
de la Hispanidad se constituyó en un hecho irrebatible.
El fracaso de la política de la Hispanidad
Desde un principio, la Hispanidad despertó una cierta medida de inconformidad
en la Argentina, como así también en todos los demás países de América Latina.
Aquí se reveló nuevamente una problemática propia de las relaciones entre
colonias liberadas que se convirtieron en estados independientes y la potencia
colonial del pasado. El concepto de la Hispanidad detentó siempre un lugar
prominente para España y un lugar secundario para las repúblicas americanas.
Incluso después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los españoles comenzaron
a hablar de una comunidad hispánica de naciones con igualdad de derechos, no
lograron librarse del tono patrocinador que acompañaba las ideas de la
Hispanidad. Los españoles, con todo, intentaron cambiar algunas de las
expresiones claves, utilizando, por ejemplo, el concepto de "hermana mayor" de la
familia hispánica en lugar de "madre" de cuyo seno surgieron los pueblos
hispanoamericanos; pero ello tampoco resultó eficaz. Los sentimientos de los
pueblos que lograron su independencia en su lucha contra la España imperial -
misma que, por cierto, era idealizada por el franquismo - no podían ser
neutralizados por meras estratagemas terminológicas.
Cuando, a mediados de 1947, llegó el nuevo embajador de España, José María de
Areilza, a su lugar de destino en Buenos Aires, se percató en seguida de que todo lo
relacionado con España no era precisamente popular en la capital argentina.
Areilza se encontró con dos fenómenos: el primero, la reserva, o cuando menos, la
falta de entusiasmo en cuanto a España en general, independientemente del tipo de
régimen que gobernaba en Madrid; y la segunda, la identificación de la Hispanidad
con la dictadura española, que despertaba tanto rechazo en la Argentina. El
embajador escribió sobre los innumerables esfuerzos que se hicieron en Argentina
desde que se proclamó su independencia y cortó sus lazos con España para destacar
sus características especiales y aguzar las diferencias entre su identidad de república
independiente y su pasado de colonia, y asimismo entre ella y la metrópoli europea.
El embajador se quejó de "ciento veinte años de falsificación histórica sistemática"
que dieron lugar al rechazo de largos años de dominio español y de España en
general15.
Otro de los obstáculos al Hispanismo residió en las olas de inmigración no
española que llegaron de diversos países europeos a la Argentina desde fines del
siglo XIX y contribuyeron a reducir la influencia hispánica. El embajador destacó
en especial el hecho que durante el primer tercio del siglo XX la inmigración
italiana fue mayor que la española, cosa que estimuló aún más este proceso de
reducción de la influencia española. Areilza describió a Buenos Aires como una de
las ciudades menos españolas del mundo, de carácter cosmopolita, que era el
resultado directo del mosaico humano constituido por las masas migratorias. En
cuanto a las características de la inmigración española, según lo expresó, se
destacaba principalmente por su falta de raíces. Se trataba de gente que había
abandonado su patria debido a apuros económicos o persecución política y que no
tenía buenos recuerdos de su tierra.
Un tercer factor fundamental señalado por el embajador, aún antes de referirse a
las actitudes políticas con respecto a Franco, se relacionaba con la vieja oligarquía
económica y política. Aunque muchos miembros de esta clase eran de origen
español, desde el punto de vista cultural su orientación era esencialmente francesa,
manifestando una mezcla de arrogancia y desprecio por todo lo hispánico.
Cuando, a partir de la década del treinta, se redujo la influencia francesa, ocupó su
lugar, en gran medida, la influencia anglosajona. El Hispanismo quedó a un lado,
ignorado, y únicamente los círculos nacionalistas de extrema derecha lo adoptaron
como bandera.
La oposición política a la dictadura de Franco era amplia y caracterizó tanto a
círculos opositores al régimen de Perón como a diversos sectores dentro del
peronismo, en especial en el seno de aquellos mismos sectores cuyo origen se
hallaba en los sindicatos y que habían adoptado una posición antifranquista ya en
los años de la Guerra Civil Española. Los vascos y los exiliados republicanos que
escaparon de España durante la Guerra Civil, o después de la victoria de los
nacionalistas, cumplieron un importante papel en la creación de una atmósfera
antifranquista en la Argentina16.
Pero en tanto existió una estrecha relación económica y política entre ambos
países, la política oficial peronista rechazó las diversas expresiones de desacuerdo
que despertó el concepto de la Hispanidad. Esto cambió cuando, en la década del
cincuenta, las relaciones del eje Madrid-Buenos Aires comenzaron a deteriorarse
aceleradamente. Las relaciones económicas se debilitaron definitivamente a partir
de fines de 1949, cuando España ahondaba sus relaciones con los Estados Unidos
en medio de un proceso que convertía sus relaciones con Argentina en meramente
marginales. Sobre este trasfondo, se intensificaron en la Argentina las voces de
aquéllos que rechazaban la colaboración con España.
Desvinculación gradual de la Hispanidad
Las primeras quejas públicas que se escucharon en el mismo campo peronista
contra España y la política de la Hispanidad se referían al desinterés evidenciado
por los españoles en cuanto a lo que sucedía en Argentina; la ignorancia de la
historia argentina y de sus características propias. El año 1950, centenario de la
muerte del General José de San Martín, fue declarado en Argentina "Año del
Libertador" y el gobierno invirtió grandes esfuerzos intentando despertar una
conciencia tan amplia como fuera posible con respecto a la figura del héroe
nacional. El que la prensa española virtualmente no se refiriese a San Martín dió
lugar a una gran insatisfacción en Buenos Aires, a pesar de que era natural, como
lo expresó el embajador de Madrid en esa época, que "los españoles no pueden
olvidar que don José de San Martín, Emancipador de América, fue uno de los
brazos ejecutores de la sentencia de muerte recaída sobre la hegemonía española en
el mundo"17.
Pero tan sólo un año después comenzó una tendencia gradual, aunque
manifiesta, a distanciarse de los diversos componentes de la Hispanidad. En abril
de 1951, la embajada española en Washington publicó una comunicación en la que
destacó la significación espiritual del descubrimiento de América y su conquista
por España y Portugal, que llevaron al Nuevo Mundo la civilización cristiana. Lo
dicho sobre "la epopeya ibérica en las tierras americanas" y que desde entonces
existe en Latinoamérica una civilización hispánica fue publicado a resultas de un
discurso pronunciado por el presidente de Francia, V. Auriol, en una visita a los
Estados Unidos, durante la cual hizo referencia a la contribución de su país al
desarrollo de las repúblicas americanas. Los españoles se encolerizaron porque no
se mencionó en el discurso el papel histórico que habían cumplido los países
ibéricos en este contexto y, por lo tanto, dieron a conocer "la verdad de los
hechos". Lo cierto es que ello no fue sino una más de las múltiples publicaciones de
tal tipo que aparecieron en España a la sazón, mas para la prensa peronista, ésta
constituyó una oportunidad para lanzar un fuerte ataque antiespañol.
Los diarios Crítica, Noticias Gráficas, La Epoca y El Laborista condenaron, en
forma bien orquestada, lo que denominaron la oculta aspiración de tutelaje de
América Latina, destacando que la Argentina era un crisol de razas y de influencias
culturales. Somos adultos, libres y soberanos, alegaron, y nada de iberos, sino
latinos y muy latinos. Por lo tanto, también rechazaron los términos América
hispánica o ibérica, utilizados por los españoles, prefiriendo el concepto de
América Latina. Los peronistas recomendaron a Madrid que se concentrara en el
pasado próximo, es decir en la deuda de España para con Argentina en razón de los
envíos de alimentos realizados por esta última a la España hambrienta durante la
segunda mitad de los años cuarenta, en lugar del pasado remoto del
descubrimiento, conquista y colonización18.
Ahora llegó el turno de los españoles de enojarse y de responder a esta guerra de
palabras. En un artículo cuyo título era "Hipertrofia nacionalista en la Argentina",
ABC lanzó un contraataque19. El periódico condenó el nacionalismo irrestricto,
injusto y fútil demostrado por los argentinos. Por cuanto, a juicio de los españoles,
la declaración publicada por la embajada en Washington reflejaba una realidad
histórica que no podía ocultarse. Esta fue la primera vez que lo más serio y
prestigioso de la prensa española contemporánea atacó directamente a la
Argentina y al Peronismo. En los próximos años aparecieron en este periódico,
cada vez con mayor frecuencia, críticas sobre lo que se hacía en la República
latinoamericana, así como reportajes sobre las dificultades económicas y sociales
con las que se enfrentaba.
A fines de 1952, Perón presentó al Congreso Argentino su Segundo Plan
Quinquenal, señalando explícitamente en el capítulo dedicado a la cultura, la
necesidad de la creación de una cultura esencialmente nacional. Esto despertó de
inmediato la ira de los españoles, que percibieron la amenaza que ello involucraba
para la influencia de la tradición española en la sociedad argentina. Nuevamente,
ABC fue escogido para protestar. En un artículo de ataque que no mencionaba en
forma explícita ni una sola vez a la Argentina, pero que no dejaba duda alguna
sobre quién era su destinatario, el periódico presentó todo un alegato contra el
nacionalismo cultural. El artículo detallaba una lista de argumentos, varios de los
cuales inadvertidamente ponían en ridículo los esfuerzos del régimen franquista en
el campo cultural20. Según este artículo, la cultura no puede delimitarse ni dividirse
como si fuera un lote de tierra, y todo nacionalismo cultural implica la negación del
valor absoluto de la cultura, confundiéndola con el folklore, o la pretensión de
contar con un monopolio cultural, una misión absurda y, por suerte, imposible.
Por el contrario, el mundo moderno se caracteriza por la cooperación y las
influencias recíprocas, y,. por lo tanto, todos los pueblos influidos por la
civilización occidental y que intenten desembarazarse de ella no darán sino un paso
absurdo e infantil.
Pero la parte del Plan Quinquenal que más encolerizó a los españoles aparecía en
el párrafo que llamaba a desarrollar la literatura argentina mediante la creación de
pautas lingÜísticas nacionales, estableciendo, a tal efecto, una Academia Nacional
de la Lengua. Esta academia tenía por objeto preparar un diccionario nacional, que
incluyera las palabras y los términos característicos de las diversas regiones de
Argentina y los usos de la lengua en América Latina21. El Ministro de Asuntos
Técnicos, Raúl Mendé, quien leyó ante el Congreso el Plan Quinquenal, explicó a
los diputados el significado del párrafo antedicho. Según lo expresara, la lengua es
la piedra fundamental de la integración de la cultura nacional. Aunque no era la
intención el crear una lengua argentina, de o odas formas no se quería depender de
nadie en el campo idiomático. En la sociedad argentina se utilizan palabras nuevas,
que no aparecen en los diccionarios oficiales de la lengua española, y el ejemplo
más notable que dió fue que el "justicialismo", presentado por Perón, no había sido
incluido en el Diccionario de la Real Academia Española22. Mendé puso en claro
que se trataba de un intento por dar contenido y significación nacionales al idioma
de los argentinos. Así como el Banco Central de la República supervisa su moneda,
así la Academia de la Lengua de la República debe supervisar las palabras
convencionalmente utilizadas23.
Otro eslabón de esta cadena de abandono de la Hispanidad puede observarse en
el Manual publicado por el Partido Peronista un año más tarde. Hacia fines de
1948, cuando las relaciones entre España y Argentina todavía se hallaban en el
zenit de su luna de miel, la Academia Nacional de Historia decidió, tal como lo
hemos visto, recomendar el uso del concepto "el período hispánico" en lugar de "el
período colonial". Cinco años después, el Manual preparado por el Partido
Peronista para sus activistas presentó una descripción de la violencia de los
conquistadores de América, conquistadores que avasallaron y abusaron
cruelmente de la población india. Los conquistadores, así lo expresaba, vinieron a
América para enriquecerse fácil y rápidamente, explotando las tierras y a sus
habitantes en su propio interés. La vida de los indios durante toda la época de la
colonia fue miserable y muchos perdieron sus vidas en medio de la tremenda
explotación. Más aún, durante la época del dominio español se conformó la
oligarquía explotadora y, con ella, la injusticia y la explotación del hombre por el
hombre, etc. Ni una sola palabra sobre España, madre de naciones, que les diera la
civilización, el idioma, la religión y espléndidas tradiciones24. Esto es, sin duda, un
ejemplo manifiesto de adaptación de la historiografía nacional a las mutantes
necesidades políticas y del uso cínico que hizo Perón de las estrategias culturales.
Con la misma velocidad y facilidad con que adoptó una campaña que destacó las
raíces hispánicas de su tierra, la descartó sin mayores inconvenientes.
Dentro de este proceso de desvinculación del Peronismo de la idea de la
Hispanidad, también se hizo presente la creciente insatisfacción de la Argentina
frente al estrechamiento de las relaciones entre España y los EE.UU. Había en
Argentina quienes lo consideraban como una verdadera traición de la Madre
Patria, dispuesta a venderse a una potencia anglosajona, símbolo del materialismo
y del imperialismo. Desde el año 1949 en adelante hay testimonios de la
preocupación que despertó en la Argentina peronista el acercamiento entre España
y EE.UU. en los campos político, militar y económico25. Mientras las relaciones de
Argentina con EE.UU. sufrieron durante la primera mitad de los años cincuenta
periódicos altibajos, el 26 de septiembre de 1953 se firmó el Pacto de Madrid, que
convertía oficialmente a España en una de las aliadas de los EE.UU.
Fundamentalmente, se estableció el abastecimiento de armas y asistencia
económica a España, que, a cambio de ello, accedió a permitir a los EE.UU. erigir
en su territorio bases navales y aéreas. En Madrid se temió que se viera a España
como subordinada a Norteamérica y, por lo tanto, se acordó que las bases
quedarían bajo la bandera y control españoles26.
España quería dejar en claro a los países de Latinoamérica, especialmente a la
Argentina, que sus acuerdos económicos y militares con EE.UU. no habrían de
perjudicar su soberanía y su independencia nacional, y que no ejercerían un efecto
negativo sobre sus relaciones especiales con ellos, ni sobre las obligaciones con sus
ex-colonias27. El embajador de España en Buenos Aires, Manuel Aznar, explicó
que el acuerdo era "un nuevo e importante factor que España aporta al servicio de
los ideales del mundo hispánico"28; pero Perón y sus allegados estuvieron lejos de
entusiasmarse. Poco tiempo antes de firmarse los acuerdos, Emilio Romero, editor
de Pueblo, diario de los sindicatos españoles que expresaba incesantemente su
simpatía por el Peronismo, visitó Buenos Aires. Romero fue invitado oficialmente
por el presidente argentino y, durante una conversación mantenida entre ambos,
Perón expresó su desilusión ante la exagerada amistosidad de España para con los
EE.UU. y su consentimiento para el establecimiento de las bases norteamericanas
en territorio español. Romero intentó convencerlo de que el lugar de España en
Europa bajo la amenaza soviética exigía un sistema de relaciones con el líder del
campo occidental distinto de las que tenía Argentina, tan alejada del escenario de
enfrentamiento principal con los EE.UU.29.
La ira de los Argentinos se inflamó en especial cuando el representante de España
en Washington, José Félix Lequerica, queriendo destacar la importancia que tenía
su país para los EE.UU., declaró al periódico La Prensa de Nueva York que
EE.UU. no debía confiar en aquéllos que creen en la posibilidad de una Tercera
Posición y están a favor de la neutralidad. Esto fue interpretado por los argentinos
como una referencia directa al Peronismo30. Perón, por su parte, puso en claro que
su país nunca firmaría un acuerdo de asistencia militar con los EE.UU. como
aquéllos que firmara Washington con otros países de América Latina, por cuanto
ello se oponía a la tradición argentina.
Pero el paso definitivo en el rechazo de la Hispanidad se dió recién a fines de
1954. En esos meses Perón elogió el concepto de la Latinidad, ignorando el legado
hispánico; inició una campaña contra la Iglesia Católica y ordenó a la prensa que
atacara fuertemente a España y al General Franco.
La campaña anti-española
A principios de octubre de 1954, la prensa argentina inició un ataque sorpresivo
contra la dictadura española y contra el General Franco personalmente. Así, por
ejemplo, en un editorial de La Epoca, se calificó a Franco de hipócrita y
oportunista; el General que juró lealtad a la Segunda República y luego la atacó
con ayuda de musulmanes, fascistas y nazis. Se escribió con desprecio sobre el
petiso con ambiciones gigantes que apoyó la alianza nazi-fascista en las primeras
etapas de la Guerra Mundial, pero que al ver que su victoria era dudosa, cambió de
posición y se unió a su enemigo. Ahora no le importaba renunciar a parte de su país
para permitirle a los EE.UU., su ex-enemiga, establecer en España bases militares.
Cuando le resulta cómodo, sufre de amnesia, sordera y ceguera. No paga su deuda
con Argentina, que le ayudó cuando los tiempos eran duros. En los próximos días,
el periódico publicó una serie de caricaturas ridículas de Franco. También los
diarios Crítica y El Líder unieron sus voces al coro y escribieron cosas similares31.
Franco se vió muy afectado por este ataque. Un telegrama que envió a Perón
solicitando ponerle fin a esta campaña de difamación contribuyó a aplacar los
ánimos y, así, la campaña anti-española de la prensa peronista, que duró unas
cuatro semanas, llegó a su fin32.
Uno de los motivos del enojo peronista, agregado a todos los ya señalados, fue la
invitación del nacionalista católico, el jurista hispanófilo Dr. Mario Amadeo, para
dar conferencias en Madrid. El Ministro de Relaciones Exteriores, el argentino
Jerónimo Remorino, le hizo notar al embajador español Aznar que Amadeo era
uno de los peores enemigos del gobierno peronista. Según dijo, el objeto del viaje
de Amadeo a España era el de presentar allí su plan para establecer un partido
cristiano-demócrata que compitiera con el Peronismo y que incluso desde España
enviara a la Argentina declaraciones propagandísticas antigubernamentales. Esta
cuestión era de suma importancia porque en los meses siguientes, cuando tuvo
lugar el enfrentamiento del régimen de Perón con la Iglesia Católica, muchos
alegaron que, dado el trasfondo de las cosas, Perón temía que se estableciera un
movimiento cristiano-demócrata en su país. En la cúspide peronista sospechaban
en ese momento que el Vaticano, a través de la España franquista, trataba de
estimular la creación de semejante partido, sospecha que enturbió aún más las
relaciones entre Madrid y Buenos Aires33.
Recordemos que en la década del cuarenta, en la época de la alianza Franco-
Perón y en reconocimiento de las complejas relaciones entre el régimen de Perón y
los grupos nacionalistas, la España franquista se cuidó mucho en sus relaciones con
estos mismos nacionalistas, aunque eran sus partidarios más destacados en la
Argentina. Antes de invitar a alguno de ellos, se examinó la naturaleza de sus
relaciones con el gobierno, por si le cupiera alguna duda al respecto. En la década
del cincuenta, España se cuidó muchos menos, por cuanto tenía menos que perder.
Al régimen de Perón no le gustaban las relaciones amistosas de Madrid con los
nacionalistas católicos como Mario Amadeo y Juan Carlos Goyeneche, que a la
sazón ya no se preocupaban por ocultar su hostilidad hacia el régimen de Perón y
que en los próximos meses formarían parte de conspiraciones en su contra34.
Los festejos del 12 de octubre de 1954 preparados por los integrantes de la
comunidad española de Buenos Aires durante largos meses, y que prometieron ser
un acontecimiento en pro de España y de la Hispanidad, fueron suspendidos a
último momento por las autoridades. La policía, con la aprobación del Ministro
del Interior Angel Borlenghi, lo recomendó al intendente. También la recepción
para más de mil personas programada por el embajador español para ese mismo
día en los jardines del Museo Hispanoamericano fue cancelada a último momento,
cuando las invitaciones ya habían sido enviadas, bajo la excusa que debían hacerse
reparaciones en el lugar35.
Mientras tanto, la celebración del "Día de la Hispanidad" en España despertó la
cólera de la Argentina oficial. El punto culminante de los festejos fue la ceremonia
realizada en Zaragoza, antigua residencia de los Reyes Católicos, con la
participación del General Franco y los más altos funcionarios del régimen, y en la
que el discurso central fue pronunciado nada menos que por el mismo jurista
argentino, Dr. Mario Amadeo. En el gobierno de Perón, como era de esperarse, no
sintieron ningún orgullo por el hecho de que un argentino diera el discurso
principal en semejante ocasión. Todo el cuerpo diplomático hispano-americano
participó en el acontecimiento de Zaragoza, excepto el representante de
Argentina36.
La respuesta del gobierno de Perón no se hizo esperar. Una semana después del
discurso de Amadeo en Zaragoza, Aznar informó urgentemente al Ministro de
Asuntos Exteriores español, Alberto Martín Artajo, que el Ministro del Interior,
Borlenghi, se encontraría con los dirigentes de las organizaciones de exiliados
republicanos españoles, entre ellos Augusto Barcía y Luis Jiménez de Asúa, y que,
aparentemente, también el presidente se encontraría con ellos más tarde, en
presencia de periodistas. En Buenos Aires corrieron rumores de que Perón iba a
reconocer al gobierno republicano en el exilio e iba a romper relaciones
diplomáticas con el régimen de Franco. Este paso hubiera asestado un duro golpe a
la posición de la dictadura franquista en América Latina. Pero, a último momento,
la entrevista no se realizó. Puede ser que Perón cambiara de opinión después de
recibir un telegrama del Generalisímo o que no pretendiera desde un principio dar
este paso, sino que quería únicamente amenazar al régimen de Franco, volviendo a
utilizar a los exiliados españoles como peones de la jugada política37.
Las dificultades entre España y Argentina se agudizaron aún más a fines del '54.
Esto se manifestó patentemente cuando el Prof. Pedro Laín Entralgo, rector de la
Universidad de Madrid, fue invitado en esa época para dar una serie de
conferencias en la Universidad de Buenos Aires. Al llegar, Aznar le solicitó que
viviera en la Embajada por motivos de seguridad personal, e incluso avisó a los
organizadores de las conferencias que éstas no tendrían lugar por temor a posibles
intentos por perturbar su realización por parte del público asistente, dadas las
tensas relaciones entre ambos países y el hecho que Laín Estralgo ocupaba un
puesto oficial38. El ambiente ya no sólo no era propicio para intercambios
culturales, sino que inclusive era peligroso.
Paralelamente a los ataques contra España comenzaron a escucharse en la prensa
peronista los primeros tiros contra la Iglesia. Este enfrentamiento sorprendió a
muchos, y la investigación histórica se ha dedicado en gran medida a la cuestión de
por qué Perón inició la campaña contra la Iglesia, una campaña que finalmente
llevó a la unificación de todos sus opositores detrás de la cruz y contribuyó
seriamente a su caída. No podremos referirnos aquí a este enfrentamiento, pero la
cuestión más importante para nuestros fines atañe al paralelismo de ambas
campañas. En este contexto, es importante destacar que durante la primera mitad
de la década del cincuenta comenzaron a reconocerse en forma mucho más
manifiesta las características autoritarias del régimen peronista, que duplicó sus
esfuerzos por construir la "Nueva Argentina". En la nueva conciencia nacional que
se quiso forjar no había ya lugar para conceptos y valores relacionados en forma
alguna con centros de influencia externos a la Argentina como, por ejemplo,
España o el Vaticano39.
Como vemos, entre 1950-54, el Peronismo se esforzó por desasociarse de aquel
Hispanismo que previamente consideró esencial para lo argentino y, como veremos
a continuación, la "Latinidad" sería llamada a ocupar el lugar vacante.
Latinidad en lugar de Hispanidad
Sobre el trasfondo de los sentimientos anti-españoles argentinos, a fines de 1954
se dió el estrechamiento de las relaciones argentino-italianas, en medio de los
profusos elogios de la "Latinidad" por parte de Perón. Españoles y observadores
extranjeros coincidieron en la consideración de que la nueva Latinidad de Perón
era en verdad postulada frente a la Hispanidad de la España franquista40. Y,
efectivamente, volvemos a ser testigos de un nuevo proceso de difusión y
propagación, paralelo en parte a lo que se presenció previamente con respecto al
Hispanismo. Ahora era la Latinidad. Las visitas de numerosos italianos, tanto
miembros del gobierno como artistas, obtuvieron una extensa cobertura en los
medios de difusión y los visitantes fueron recibidos calurosamente por Perón. Y,
claro está, los dirigentes de Italia y Argentina intercambiaron condecoraciones y
medallas.
Pero, si Perón quería desembarazarse de la Hispanidad, ¿por qué eligió
precisamente la alternativa de la Latinidad? Ante todo, debemos recordar que el
repertorio cultural del cual Perón podía escoger una estrategia adecuada para
forjar la conciencia nacional argentina era limitado. A diferencia de países tales
como Perú o México, ningún régimen argentino podía referirse a un esplendoroso
pasado indio. Los indios de Argentina no eran sino los pocos sobrevivientes de una
población india de escasa densidad que vivió en las llanuras del Río de la Plata
hasta que llegaron los españoles y que nunca tuvo una cultura desarrollada como la
de los aztecas o los incas. Parte de los indios que sobrevivieron la época de la
independencia fueron muertos posteriormente por orden de los gobiernos de la
Argentina independiente. La falta de una tradición indígena impulsó a una
exagerada admiración por la cultura europea, y la escasez demográfica llevó a una
política de migración que modificó la fisonomía del pueblo argentino.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, Argentina se alejó en gran medida del
continente del que formaba parte. Este fue uno de los motivos por los que la opción
panamericana todavía no podía ser considerada por la Argentina. A esto también
se le agregó la tradicional renuencia argentina a las aspiraciones estadounidenses
de hegemonía en el continente americano y las complejas relaciones de Perón con
Norte América. Tampoco eran relevantes las relaciones con Inglaterra, por cuanto
éstas se habían identificado con el régimen oligárquico argentino al que se opuso
Perón.
Después de descalificar la opción exclusiva de la Hispanidad, sólo quedaba, de
hecho, una alternativa: la de la Latinidad, la de los lazos de Argentina con países
europeos latinos y, ante todo, Italia, España y Francia. Esta opción podía cumplir
la misma función de desafío a la orientación cultural tradicional de la Argentina y
al enlace con el sistema capitalista anglosajón, y asimismo podía resultar atractiva
para muchos sectores de la población, porque era relevante para los dos grandes
grupos que la componían, italianos y españoles, y era lo bastante extensa, sin
identificarse con un régimen determinado, como por ejemplo la dictadura
franquista. Asimismo tenía la virtud de poder despertar la identificación por parte
de otros países latinoamericanos, en los que el concepto de la Latinidad también
fue tema de discusiones intelectuales con respecto a su identidad nacional. América
Latina se convirtió para ellos en un concepto que se definía, ante todo, por el
negativismo: todo aquello que no era Norte América, la anglosajona, la blanca, la
protestante, la materialista; Latinidad para enfrentar el llamado "proyecto imperial
sajón"41. La Latinidad, como la Hispanidad, no podía hacer fracasar, por ende, los
esfuerzos de la Argentina por cumplir el papel de líder del continente, y también
desde este punto de vista constituía una alternativa conveniente.
Y así, cuando a fines de octubre de 1954 tuvo lugar en Buenos Aires un congreso
de la Asociación Argentina Amigos de Italia, Perón asistió al mismo acompañado
por varios ministros y dió un entusiasta discurso elogiando a Italia. Se presentó
como ciudadano argentino, cuyos remotos orígenes se hallaban en Italia, y como
presidente de Argentina, que representaba al gobierno y al pueblo. Recordó la
ayuda prestada por su país a Italia durante la segunda mitad de la década del
cuarenta y el hecho de que, al hallarse Argentina en una situación económica
difícil, "Italia fue el único país del mundo que salió en nuestra ayuda". Y agregó:
"Italia representa para nosotros la única heredera de la única civilización según la
cual vivimos actualmente. El renunciar a la Latinidad para intercambiarla por otro
rótulo cualquiera, sería como traicionarnos a nosotros mismos. No omitiré
esfuerzo para que cada día nuestra unidad con Italia sea más fuerte y más
profunda, porque sé que con ello estoy cumpliendo el mandato de la Historia".
La prensa peronista cubrió extensamente su discurso y respondió con artículos
de su propia interpretación sobre "los lazos eternos de la Latinidad". Perón fue
presentado como valiente amigo de Italia desde que ascendiera al cargo de
presidente, amistad que se había expresado mediante el envío de alimentos después
de la Segunda Guerra Mundial, a través de sus gestiones en pro de la aceptación de
Italia en la O.N.U. y por la apertura de las puertas de Argentina a una gran
migración italiana. El presidente destacó, como ya lo señalamos, que no podía
olvidar que en los difíciles años de 1951-52, en vista de la escasez y apuros
económicos, Italia fue el único país que vino en su ayuda y le otorgó crédito y, tal
como lo recordara La Prensa, no fue Italia la que más recibió de Argentina. Ello
era una alusión poco sutil a la ingratitud de España, que no realizó esfuerzo alguno
para ayudar a la Argentina. Obreros italianos llegaron al país para contribuir al
desarrollo de la industria argentina, escribió el periódico, haciendo nuevamente
alusión a la renuencia con que el régimen de Franco vió la emigración de obreros
especializados a la Argentina42.
Los españoles consideraron el recordado discurso de Perón como una bofetada
doble: en primer lugar, la aludida crítica porque España, a diferencia de Italia,
había dado la espalda a la Argentina y, en segundo lugar, y más importante aún, el
hecho que "el paladín de la Hispanidad en América" había decidido dejar de
enarbolar el estandarte de la Hispanidad, destruyendo así las ilusiones de España
en cuanto a las posibilidades de volver y ocupar un puesto de liderazgo cultural en
ese país. A lo largo de estos meses, todo discurso de Perón elogiando a Italia y la
Latinidad fue considerado en Madrid como un discurso hostil para España y la
Hispanidad, incluso si estas últimas no eran mencionadas explícitamente43.
El 11 de noviembre tuvo lugar en Buenos Aires el Congreso de Sociedades
Italianas en la República Argentina [FEDITALIA]. Al iniciarse el acontecimiento,
se le entregó al presidente un plato de oro que llevaba impresa una frase
pronunciada por él dos semanas antes, a saber: "todos hemos bebido en esa fuente
eterna que fue Roma y seguimos bebiendo en esa eterna fuente que es la
Latinidad".
Esta vez, Perón pronunció el discurso en italiano, mientras el público lo
ovacionaba. Nuevamente se trataba de un encomio a la Latinidad como cultura
básica de la Argentina. "La historia de las luchas y de los sufrimientos de Italia es
parte de nuestra historia, puesto que estamos íntimamente ligados a ella por
indiscutibles vínculos de estirpe y cultura"44. Al día siguiente, La Prensa hizo un
llamado a todos los maestros, educadores y a quienes se dedicaban a forjar la
mentalidad argentina a utilizar este discurso de Perón a título de guía de sus
actividades.
En el ataque contra España, al igual que en el que efectuó paralelamente contra
la Iglesia, Madrid vió el resultado de la creciente influencia del ala izquierdista del
Peronismo, de los exiliados republicanos, los masones y los judíos45. El temor de
los españoles por que Italia aprovechara la posición de Perón para aumentar su
influencia en la Argentina a cuenta del rechazo de España y de la Hispanidad
aumentó en diciembre, cuando el Ministro de Relaciones Exteriores, Remorino,
fue a visitar Roma para estrechar los lazos con Italia. Los españoles hasta
intentaron sabotear este idilio entre Italia y Argentina, pero la visita tuvo un éxito
muy limitado y también el entusiasmo por la idea de Latinidad se debilitó en la
Argentina Peronista a los pocos meses46.
Y así fue que, con la caída de Perón en septiembre de 1955, su "aventura latina"
no dejó huella en la sociedad argentina. El intento peronista por encomiar el
concepto de la Latinidad fue demasiado breve para poder influir de modo alguno.
Pero, al mismo tiempo, tras la caída de Perón, tampoco quedó mucho de la
Hispanidad. Un informe de la Embajada norteamericana de julio de 1956
consideró, con justicia, que "La idea/movimiento de la Hispanidad... es
considerada actualmente por la Embajada como carente de fuerza significativa y
carente de peligro para los objetivos de la política estadounidense, incluso el
desarrollo de lazos más estrechos entre los EE.UU. y la Argentina y de la unidad
panamericana"47.
En fin, diez años no pueden ser considerados un período significativo en lo que se
refiere a la posibilidad de hacer cristalizar el intento de reconformación de la
identidad nacional, y más aún cuando se trata de dos intentos. Pero, de hecho, no
nos medimos aquí con la problemática de si es posible conformar realmente desde
el poder político la fisonomía de la conciencia nacional o no, puesto que al
zigzagueo se agregó la brevedad del régimen peronista. Sólo nos queda en claro su
conciencia de la necesidad de conformar una nueva y alternativa identidad
nacional argentina y el fracaso de sus intentos.
Traducción del hebreo: Inés HÜlse
NOTAS
Por Hispanidad entendemos Hispanismo en su versión más vigorosa, autoritaria y católica, tal como
fuera adoptada por la derecha española desde la década de 1930 y luego por el régimen de Franco.
Esta versión rechazaba el secularismo y las pautas extranjeras de naciones occidentales más poderosas
[Gran Bretaña, Francia y los EE.UU.] e intentaba enlazar a todos los pueblos de habla hispana
juntos.

Véase, por ejemplo, Marisa González de Oleaga, "La alianza Franco-Perón: una aproximación
crítica desde la perspectiva de la dependencia, 1946-1950", Hispania, N°. 169 [1988]: pp. 625-689;
Mónica Quijada Mauriño, "Relaciones hispano-argentinas 1936-1948: coyunturas de crisis", tesis
doctoral, Editorial de la Universidad Complutense, Madrid 1990.

"Si el inglés era el lenguaje de los negocios", escribió Jauretche, "el francés era el lenguaje del
espíritu y el placer...". Véase A. Jauretche, El medio pelo en la sociedad argentina, Bs. As., 1966. El
embajador español escribió que su país debía combatir la influencia francesa en la esfera cultural,
por cuanto "intelectualmente es Francia el país que más y mejor ha conseguido moldear el espíritu y
captarse el corazón de los argentinos...". Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores [Madrid] [en
adelante AMAE], Leg. R.2418, exp. 1, Bulnes a MAE, 22.3.1946.

Sobre el encuentro de Perón con los intelectuales, véase United States National Archives,
Department of State, Record Group 59 [Washington D.C.] [en adelante NA] 835.42/111-1847,
Embajada de Buenos Aires al Departamento de Estado, 18.11.1947.

ABC [Madrid], 18.11.1948, citando a Jorge P. Arizaga, Subsecretario de Educación argentino.
Sobre la educación en la época peronista véase Alberto Ciria, Política y cultura popular; la
Argentina peronista 1946-1955, Bs. As., 1983, Cap. 4; Carlos Escudé, El fracaso del proyecto
argentino, educación e ideología, Bs. As. 1990, pp. 161 y ss.

AMAE, Memoria anual de la Embajada en Bs. As.-1949; El Mundo [Bs. As.], 23.12.1948. La
decisión, que no tuvo verdadera influencia, sufrió muchas críticas en Argentina. Véase La Prensa
[Bs. As.], 22.10.1948; Archivo del Instituto de Cultura Hispánica [Madrid] [en adelante ICH],
133/1735, Areilza a MAE 3.1.1949.

F. Luna, El 45, Bs. As., 1969. p. 195, n. 18.

Sobre la Hispanidad como justificación ideológica a las relaciones con la dictadura franquista,
véase Raanan Rein, "El pacto Perón-Franco: justificación ideológica y nacionalismo en Argentina",
Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe [Tel Aviv], Vol. 1, No. 1 [enero 1990],
pp. 107-132.

Crítica [Bs. As.], "España es algo más", 5.4.1948. Este diario repitió varios meses más tarde esta posición. Véase Crítica, 23.8.1948; NA, 710.52/8-2548, Ray al Departamento de Estado, 27.8.48.

El "Día de la Raza" fue implementado en la Argentina por el presidente Hipólito Yrigoyen en un
decreto publicado en octubre de 1917. El texto del decreto se encuentra en: Embajada Argentina de
España, España en el pensamiento de dos conductores argentinos: Perón e Yrigoyen, Madrid y Bs.
As., 1974, p. 7.

República Argentina, Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, 1946, Vol. VI, pp. 799-801;
1948, Vol. I, pp. 410-411; 416-417; La Nación [Bs. As.], 16.11.1946.

El texto del discurso se encuentra en Embajada Argentina en España, op. cit. pp. 19-39; La Nación,
13.10.1947; ABC 14.10.1947.

Transcurridas varias semanas, Perón dió otro importante discurso, que también eulogizaba a la
Hispanidad. Esto fue al recibir el título de doctor honoris causa de las Universidades Argentinas.
Remítase a NA, 852.42700/11-2147, Embajada de Madrid al Departamento de Estado, 21.11.1947.

Archivo privado de Alberto Martín Artajo [Madrid], Tomás Suñer a Martín Artajo, 14.10.1947;
AMAE, R. 1453/ 1, Artajo a Areilza, 17.11.1947. El discurso fue publicado en un folleto bajo el
título: Juan D. Perón, España, Cervantes, Argentina y la Paz.

Para un informe cínico sobre la ceremonia de retorno de los restos de los padres de San Martín,
remítase a Public Record Office, Foreign Office [London] [en adelante FO], 371/61163, Leeper to
FO, 226.11.1947; sobre el intento de crear un paralelo entre Perón y San Martín, remítase a A.
Ciria, op. cit., pp. 282-4.

AMAE, R.2418/ 1, Areilza a MAE, 23.6.1947.

Sobre el antifranquismo en la Argentina en esos años, véase Raanan Rein, "Franquistas y
antifranquistas en la Argentina peronista", ponencia presentada en el I Encuentro de Argentinistas
Europeos, Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, mayo 1991.

Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto [Bs. As.] [en adelante AMREC], División
Política, Instituto Nacional Sanmartiniano, 34/28, 2° Memoria del año 1950 por el Gral. Silva,
20.7.1951; Jordán a MREC. A fines de 1950, los españoles intentaron corregir la distorsión con
varios artículos en la revista Mundo Hispánico. Véase ICH, 133/ 1735, Sánchez Bella a Navasqués,
5.12.1950. Debe mencionarse que, en diciembre de 1947, un informe cínico aparecido en Time sobre
el retorno de los restos de los padres de San Martín causó tensión entre la Argentina y los EE.UU.
Véase J. Bruce, Those Perplexing Argentines, Londres 1954, p. 25.

Véase Crítica, Noticias Gráficas y La Epoca [Bs. As.], 2.4.51; El Laborista [Bs. As.], 3.4.1951.

ABC, 11.4.1951; NA, 635.52/4-1351, Anderson al Departamento de Estado, 13.4.1951.

ABC, 11.1.1953.

Presidencia de la Nación, Subsecretaría de Informaciones, 2° Plan Quinquenal [Bs. As.], 2.4.1951;
El Laborista, 4.5.1952.

AMAE, R. 3576/29, Aznar a MAE, 5.12.1952; ABC, 30.12.1952. Las primeras señales de la
tendencia a crear un "lenguaje argentino" ya se habían observado dos años antes. Remítase a
R.2973/20, Navasqués a MAE 5.20.1950. A instancias de Argentina, en 1950 la Real Academia
Española de la Lengua aprobó los términos "Argentinidad" y "Sanmartiniano". A fines de 1954,
Mundo Peronista volvió a denunciar a la Academia Española, invocando los objetivos lingÜísticos
del Segundo Plan Quinquenal. Véase R. 5216/5, Minutas de la Dirección Gral. de Relaciones
Culturales, 18.10.1954.

En este contexto, es imposible no mencionar las palabras de Juan María Gutiérrez, el intelectual
argentino de la "generación de 1837", que sostenía: si obtuvimos la independencia política respecto
de España y si no existe tal independencia política sin independencia cultural y si la cultura tiene
como vehículo el idioma, para ser realmente independientes debemos abandonar, lógicamente, el
español, idioma de sujeción y adoptar una lengua de independencia. Citado en Noé Jitrik, "Entre el
ser y el siendo: identidad, latinidad y discurso", en La latinidad y su sentido en Amércia Latina,
México, D.F., 1986, pp. 89-96.

Manual del peronista, Bs. As., 1954, pp. 3-5.

Véase, por ejemplo, AMAE, R. 2818/26, Navasqués a MAE, 16.8.51; Archivo de la Fundación
Francisco Franco [Madrid] [en adelante AFF], 1511, informe de J.I. Ramos, 5.6.1952.

Sobre las negociaciones entre España y los EE.UU. que resultaron en el Pacto de Madrid, véase A.
Viñas, Los pactos secretos de Franco con Estados Unidos, Barcelona, 1981; J. Dura, "U.S. Policy
toward Dictatorship and Democracy in Spain, 1936-1953: A Case Study in Realities of Polity
Formation", tesis doctoral inédita, Universidad de California, Berkeley, 1979, cap. 7; T.J. Lowi,
"Bases in Spain", in Harold L. Stein [ed.], American Civil-Military Decisions: A Book of Case
Studies, Birmingham, Ala. 1963.

Archivo de la Presidencia del Gobierno, Jefatura del Estado [Madrid] [en adelante APG], Leg. 17,
circular de Artajo a los embajadores en América Latina y las Filipinas. Ese fue también el mensaje
del ministro español de Asuntos Exteriores el "Día de la Hispanidad" [12.10.1953]; aseveró que los
acuerdos no podían sino reforzar a la comunidad hispánica y permitir una cooperación productiva
entre los países hispánicos y los anglosajones. Véase A. Martín Artajo, Hacia la comunidad
hispánica de naciones: discursos de Martín Artajo desde 1945 a 1955. Madrid, 1956, pp. 96-97.

APG, Leg. 117, Aznar a MAE, 30.9.1953.

Entrevista del autor con Emilio Romero [Madrid, 31.10.1988]. Sobre el viaje de Romero a la
Argentina, véase AMAE, R.3191/72, Aznar a MAE, 22.6.1953; La Prensa, 16 y 20 junio 1953. La
oposición de Perón al acuerdo entre España y los EE.UU. también fue percibida por observadores
extranjeros; véase, por ejemplo, FO 371/113033, 22.1.1954.

APG, Leg. 18, Aznar a MAE, 5.11.1953.

En cuanto al ataque de la prensa peronista contra Franco, véase Crítica, 6 y 10 octubre 1954; La
Epoca, 7, 9 y 11 octubre 1954; El Líder, 8.10.1954; NA, 653.52/10-1554, Siracusa al Departamento
de Estado, 15.10.1954; AMAE, R.3585/22, Aznar a MAE, 26.10.1954; R.3585/35, Aznar a MAE,
1.11.1954; AFF, 9/3, Penella de Silva a Artajo, 25.10.1954.

Francisco Franco Salgado-Araujo, Mis conversaciones privadas con Franco, Barcelona, 1978, pp.
17, 22; AFF, 149/52, Franco a Perón.

Sobre este tema véase Raanan Rein, "The Salvation of a Dictator: The Franco-Perón Alliance and
the Relations between Spain and Argentina, 1946-1955", tesis doctoral inédita, Universidad de Tel
Aviv, 1991, cap. 7.

APG, Leg. 116, Aznar a Artajo, 21.3.1953.

AMAE, R.4239/ 3, Aznar a MAE, 8.10.1954; José Ignacio Ramos, Biografia de mi entorno, Bs. As.,
1984, pp. 240-242.

Entrevista del autor con Alfredo Sánchez Bella, ex-director del Instituto de Cultura Hispánica
[Madrid, 15.11.1988]; Mario Amadeo, Ayer, hoy, mañana, Bs.As., 1956, pp. 33-34. Para el texto del
discurso de Amadeo, véase ICH, 1714/5896; ABC, 12 y 13 octubre 1954.

APG, Leg. 21, Aznar a MAE, 20.10.1954; AFF, 9/3, Penella de Silva a Artajo, 25.10.1954;
entrevista del autor con Joaquín Ruiz Giménez [Madrid, 13.12.1988].

AFF, 44/44, Aznar a MAE, 20./10.1954; APG, Leg. 21, Aznar a MAE, 100.12.1954; entrevista del
autor con Laín Entralgo [Madrid, 16.1.19891.

Sobre las relaciones entre el régimen peronista y la iglesia, véase Noreen Frances Stack, "Avoiding
the Greater Evil: The Response of the Argentine Catholic Church to Juan Perón, 1943-1955", tesis
doctoral inédita, Rutgers University, New Jersey, 1976; V. W. Leonard, Politicians, Pupils and
Priests - Argentine Education since 1943, N.Y., 1989, Caps. 3-7; Pedro Santos Martínez, La nueva
Argentina, 1946-1955, Bs. As., 1975, Vol. II, Cap. XI; H. Gambini, El peronismo y la iglesia, Bs.
As., 1971; Pablo Marsal, Perón y la iglesia, Bs. As., 1955.

Véase, por ejemplo, F0, 371/ 114018, "Annual Review of Argentina for 1954", 3.2.1955; APG, Leg.
22, Nota informativa de prensa extranjera, 3.1.1955. Para Joaquín Díaz de Vivar, el cambio de
Perón a la retórica que encomiaba la Latinidad demostró que su previa orientación hacia la
Hispanidad "fue una actitud transitoria y en la ayuda económica que prestó la Argentina a España
[a mediados de la década del cuarenta] habría que focalizarse hacia un orden crematístico y nunca a
través de este orden de identidad moral, identidad espiritual, identidad filosófica, con la España
Madre". De igual modo, el conflicto con la iglesia demostró que la decisión anterior de Perón de
reinstituir la educación religiosa era señal de su oportunismo político antes que de su convicción
moral o espiritual [entrevista del autor con Díaz de Vivar, Bs. As., 22.6.1989].

Sobre este tema, véase el simposio La latinidad y su sentido en América Latina, Universidad
Autónoma de México, México D.F., 1986.

Véase Crítica, 31.10.1954; La Prensa y Democracia, 1.11.1954; AMAE, R.3585/22, Aznar a MAE,
6.11.1954; AFF, 131/22, 1.11.1954.

Véase, por ejemplo, AMAE, R.3585/22, "Notas sintéticas y confidenciales sobre la situación en la
Argentina".

AMAE, R.3585/22, Aznar a MAE, 12.11.1954; La Prensa y Democracia, 12.11.1954.

Véase, por ejemplo, Arriba [Madrid], 13 y 19 enero 1956, 16.3.1956. Hipólito Paz, ex-Ministro de
Relaciones Exteriores, atribuía la adopción de la Latinidad al deseo de Perón por reforzar la
cooperación en América Latina, inclusive Brasil; buscaba un concepto más amplio que la
Hispanidad o Hispano-América [entrevista con el autor, Bs. As., 10.7.1989]. Véase también Mundo
Peronista, septiembre 1954; AMAE, R.5216/5, Minutas de la Dirección Gral. de Relaciones
Culturales, 18.10.1954.

Sobre la visita de Remorino a Italia y las relaciones entre Italia y Argentina en esos meses, véase
despacho en AMAE, R.3593/3, R.3832/16.

NA, 635.52/7-1656, J.F. O'Connor Jr. al Departamento de Estado, 16.7.1956.

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