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America Latina

VOLUMEN 3 - Nº 1
ENERO - JUNIO 1992
La inmigración en el siglo XX
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Italianos en Rosario. Un perfil demográfico y
ocupacional (1870-1914)

CARINA FRID DE SILBERSTEIN
CONICET - Buenos Aires

La experiencia inmigratoria en Argentina fue compleja y diversa. El presente estudio se propone examinar el caso de la inmigración italiana a la ciudad de Rosario (1870-1914), es decir, un ámbito urbano cuyo tejido social estaba atravesando un significativo cambio socio-económico contemporáneamente al arribo de la inmigración transatlántica. En particular, el trabajo intenta explorar cómo operaron los patrones demográficos, ocupacionales y migratorios de los italianos en su proceso de inserción dentro de dicho contexto urbano.

A diferencia de lo sucedido en Buenos Aires y de otras ciudades provinciales del interior de la Argentina, Rosario no tuvo un pasado colonial ni una poderosa élite nativa que se desarrollase en dicha ciudad durante la primera mitad del siglo XIX. Más aún, hacia 1850 Rosario sólo era un pequeño pueblo ventajosamente situado a orillas del río Paraná, al sur de la provincia de Santa Fe1. Rosario sintetiza, en cambio, muchas de las transformaciones socio- económicas de la Argentina de fines del ochocientos, tales como el crecimiento acelerado de su población, una rápida urbanización y la expansión de las actividades productivas.

Hacia la última década del siglo pasado, Rosario se convirtió en la segunda ciudad y puerto de la Argentina. Una acentuada diversificación económica estimuló el incremento de la demanda laboral, la cual fue provista tanto por migrantes internos llegados desde provincias vecinas a Santa Fe como por los inmigrantes transatlánticos2. En 1895, mientras los migrantes nacidos en Argentina configuraban el 36% de la población, los inmigrantes de origen europeo constituían casi la mitad del total de los habitantes de la ciudad. Entre ellos, los italianos mostraban una acentuada superioridad numérica por sobre las otras nacionalidades, ya que alcanzaban a integrar el 28% de la población total de Rosario.

Más del 25% de los italianos que llegaron a Rosario estaban ocupados en profesiones no manuales, como dueños de negocios pequeños, profesionales, empresarios o empleados. A diferencia de lo sucedido con quienes se asentaron en la ciudad de Buenos Aires, una proporción elevada de la élite económica italiana de Rosario alcanzó a adquirir tierras en las áreas rurales de la provincia de Santa Fe y a participar activamente dentro de la política municipal. Mayoritariamente, sin embargo, el grupo inmigratorio italiano estaba integrado por artesanos que ejercían oficios calificados y por quienes se ocupaban en trabajos de baja o nula calificación.

El presente artículo abordará la cuestión de la inmigración italiana en Rosario, teniendo en cuenta los contextos premigratorios aldeanos y regionales del grupo, sus perfiles socio-ocupacionales y el amplio y prolongado proceso inmigratorio general de los italianos a la Argentina. Cómo estos patrones premigratorios afectaron el proceso de integración de los italianos a su nuevo contexto constituirá una de las cuestiones principales a tratar, así como también qué tipo de relaciones construyeron los italianos dentro de su propio grupo después de su llegada a la Argentina, y en particular, a la ciudad de Rosario.

Rosario: una nueva población

Tal como sucediera en otros centros urbanos de la Argentina agro- exportadora, Rosario recibió un vasto número de italianos llegados entre 1870 y los comienzos de la Primera Guerra Mundial. Esta situación, sin embargo, no podría haberse apreciado de la misma manera cincuenta años antes. La inmigración europea al Río de la Plata, que se había iniciado ya en las primeras décadas del siglo XIX, había estado confinada a la capital política y comercial de la Argentina, la ciudad de Buenos Aires. Comerciantes españoles, marinos ligures y pequeños comerciantes y artesanos de origen lombardo y piamontés se insertaron dentro de diversos espacios de la expansiva economía bonaerense. Del mismo modo, productores de origen vasco, irlandés y escocés se asentaron en las áreas rurales cercanas a Buenos Aires.

Fuera de los límites de la ciudad-puerto, la inmigración europea estuvo limitada por más de tres décadas a un pequeño grupo de marinos y comerciantes genoveses que controlaban activamente el tráfico fluvial y las actividades comerciales a lo largo de las principales rutas ribereñas del Río de la Plata, tales como los ríos Paraná y Uruguay3. Durante gran parte de dicho período, la evolución económica de las provincias vecinas a Buenos Aires (Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos) fue difícil y lenta. Hacia mediados del siglo pasado, Santa Fe constituía aún un estado bastante pobre y despoblado. Las actividades económicas tradicionales, tales como la cría de ganado y el comercio con las provincias interiores del otrora Virreinato del Río de la Plata, habían sido dañadas considerablemente durante la crisis de la post- independencia (1816-1830) tanto por la violencia rural como por el virtual abandono de diversas áreas de frontera que contuviesen el continuado avance de los indígenas. Hacia mediados de siglo, sólo sobrevivía un pequeño grupo de la vieja y rica élite terrateniente colonial. Desde los últimos años de la década del cuarenta y en los cincuenta, sin embargo, la gradual ocupación de las tierras del interior de la provincia fue liderada por un nuevo grupo de propietarios rurales, capaces de combinar sus actividades rurales con otras de origen mercantil4. Este lento proceso de crecimiento también fue común a otras numerosas áreas ribereñas, las que, al igual que Rosario, languidecían como pequeños centros comerciales. Esta situación, sin embargo, se revertiría pronto. Diversos factores políticos, geográficos y económicos habrían de combinarse para impulsar el veloz crecimiento de la ciudad desde mediados de 1850.

Las ventajas geográficas de la ciudad ejercieron particular influencia en la emergencia de Rosario como centro del pequeño comercio de escala, así como en su integración dentro de la red mercantil con las provincias interiores de Salta, Mendoza, Catamarca y Córdoba, tanto durante los años de la Confederación (1852-1860) como durante la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay (1865-1870). Ya en vísperas de 1870, el primer Censo Nacional mostró la supremacía numérica de Rosario, la cual, con sus 23.000 habitantes, se colocaba a la cabeza de todos los otros centros urbanos de la provincia de Santa Fe5. A partir de 1870, Rosario se benefició del proceso de colonización agrícola que tuviera lugar en la provincia de Santa Fe, consolidando su rol como principal puerto exportador en el comercio de granos y centro financiero mayor de la provincia6.

La rápida expansión urbanística y la creciente diversificación de sus actividades económicas dieron forma a una nueva estructura demográfica y social integrada por una pequeña población de pobladores y locales, migrantes de otras regiones del país e inmigrantes transatlánticos. Sin embargo, este cuadro no podría haber sido reconocido hacia mediados del siglo pasado. Hasta los primeros años de la década del cincuenta, la población nativa de la provincia de Santa Fe era insuficiente para crear un crecimiento adecuado. Esto se debió en cierta medida a la inestabilidad política crónica y la constante leva de adultos nativos para que sirviesen dentro del ejército de frontera provincial7.

La configuración social y demográfica de Rosario inició su cambio, sin embargo, una vez que migrantes rurales provenientes de áreas vecinas comenzaron a asentarse en la región. Durante los cuarenta y los cincuenta, estos migrantes estuvieron en condiciones de obtener en Rosario empleos temporarios de baja calificación, ya sea como peones o jornaleros8. Mientras tanto, el colapso de ciertas economías regionales en las provincias vecinas a Santa Fe (Córdoba, Entre Ríos y el noroeste de la provincia de Buenos Aires) expulsó un número sustancial de su fuerza de trabajo. La constitución de Rosario como punto comercial mayor favoreció la llegada de estos migrantes provincianos, quienes ya hacia 1869 constituían la mitad de la población argentina de la ciudad. Estos recién llegados se concentraban en ocupaciones de baja o nula calificación. Muchos encontraron empleo como aprendices dentro de pequeños talleres artesanales de zapateros, herreros y carpinteros. En cuanto a la composición sexual de la población migrante, las mujeres provenientes de Córdoba y de Buenos Aires sobrepasaban en número a sus contrapartes masculinos; la mayoría se empleaban como sirvientas, costureras, lavanderas o planchadoras9.

El crecimiento de la población de Rosario también fue estimulado por la llegada de inmigrantes transatlánticos. En los años que median entre 1870 y la Primera Guerra Mundial, la proporción de residentes extranjeros con respecto a los nacidos en el país se incrementó del 25% en 1869 al 46%v en 1910 (Cuadro 1). Entre ellos, los italianos, los españoles, y en mucho menor medida los franceses, superaban al resto de los otros grupos europeos. Los italianos se convirtieron pronto en el mayor grupo inmigrante de Rosario. Durante las cuatro décadas cubiertas en este estudio, incrementaron su participación dentro de la población de origen inmigrante de Rosario de apenas un 9% en 1869 al 32%, o casi un tercio de la misma, hacia 1910.

De Italia a Rosario: una perspectiva

La emigración italiana transatlántica se inició dentro de un contexto general de transformación económica y social de sus estructuras pre-industriales. La emigración fue una de las tántas respuestas sociales que se asociaron con las transformaciones básicas de la economía y que causaron una significativa ruptura dentro de las tradicionales economías italianas. Estas transformaciones fueron acompañadas por diversos procesos demográficos, tales como el crecimiento de la población, una dramática caída de la mortalidad infantil, y de la mortalidad en general, y también la reestructuración de los diversos sistemas familiares vigentes en la Península10.

La emigración italiana no fue el resultado de un éxodo nacional por el cual todo el país se desprendió de sus excedentes de población, y en particular, de una amplia proporción de su campesinado. Antes bien, el proceso emigratorio se vio estimulado por una combinación de factores económicos y culturales que variaron no sólo en el tiempo, sino también de acuerdo a las condiciones locales dentro de las diversas regiones de la península. Las crisis agrarias en el Piamonte, Lombardía y el Véneto desde los últimos años de la década del setenta, junto con el colapso de la economía del Mezzogiorno ocurrida veinte años después, impulsaron la emigración masiva hacia el Nuevo Mundo (Estados Unidos, Argentina y Brasil), e igualmente a otros países europeos, como Francia, Suiza y Alemania11.

La diversidad de estructuras demográficas, y en especial de los sistemas familiares vinculados a la transmisión de la propiedad de la tierra, reflejaban los acentuados contrastes regionales de la Italia post-unitaria. Ello habría de afectar, en consecuencia, los patrones y las estructuras demográficas del grupo inmigrante. Es necesario, por lo tanto, detenemos brevemente en este punto, a fin de proveer un cuadro social adecuado que explique, por lo menos en parte, los comportamientos demográficos de algunos de los diversos grupos regionales que inmigraron a la Argentina.

Los grandes conjuntos co-residenciales que caracterizaban a las familias de la Italia septentrional estaban asociados con unidades agrícolas pequeñas en las áreas montañosas del Piamonte y de Lombardía. Ambas zonas, que más tarde habrían de proveer una abultada cantidad de emigrantes a la Argentina, vieron sustancialmente alterado el precedente cuadro demográfico cuando, a fines del siglo XVIII, la presión demográfica sobre la tierra se hizo más acentuada. Ello estimularía, a su vez, la emigración temporaria y estacional de los miembros jóvenes de la familia a países europeos vecinos. La emigración se convirtió, entonces, en una nueva estrategia tendiente a acceder a nuevos recursos económicos, al tiempo que se transformaba en una forma de vida para estos grupos rurales12.

Por el contrario, la emigración irrumpió como un fenómeno nuevo en la Italia meridional. Este proceso fue precipitado por una serie de factores económicos estructurales y coyunturales a partir de la unificación política de la Península. Desde entonces, se produjo una acelerada subdivisión de la tierra, hecho al que se sumó la caída de los salarios agrícolas junto con un marcado deterioro de las bases de los contratos rurales. La emigración del Mezzogiomo, al mismo tiempo, fue producto también de diversos problemas vinculados a la estructura familiar y a los sistemas de herencia de la tierra. De hecho, en los años previos a la emigración, la transferencia de la propiedad agrícola se caracterizaba por la vieja práctica de dividir las pequeñas parcelas entre todos los hijos. La unidad agrícola familiar fue particularmente afectada por este fenómeno, en la medida que las familias nucleares, antes que los grandes conjuntos familiares, jugaron un rol mayor en la construcción de las estructuras familiares del sur de Italia. Sin embargo, la crisis agrícola de la década de 1890 y la posterior emigración pueden haber minado la vieja tradición hereditaria. Ello es visible en la tendencia a emigrar por parte de los hijos mayores, mientras que los menores permanecían en el lugar para cuidar de los padres en la ancianidad y para heredar la propiedad familiar13.

La emigración italiana temprana a la Argentina (1830-1870) comprendió mayoritariamente a sectores medio y medio-bajos de Italia septentrional, que partieron primero de Liguria y, en menor medida, del Piamonte14. Ya hacia la década de 1880, el perfil ocupacional de los emigrantes italianos había cambiado significativamente, desde el momento en que la emigración de familias provenientes de las áreas rurales del Piamonte y de otras áreas del norte de Italia superaron en número a sus connacionales de la Liguria. Dos décadas más tarde, la emigración septentrional fue acompañada por un marcado flujo de trabajadores rurales no calificados provenientes de áreas más recientemente afectadas por los ajustes a que se vieron sometidas las economías agrícolas de Sicilia, Calabria y Basilicata.

Los italianos de Rosario, al igual que en otras ciudades y aldeas ribereñas a lo largo de los ríos Paraná y Uruguay, siguieron la tendencia socio-ocupacional y regional que caracterizó a la mayoría de sus compatriotas asentados en otras partes de la Argentina. Rosario se benefició de un flujo inicial de ligures vinculados al tránsito comercial fluvial (marineros, dueños de embarcaciones, pequeños comerciantes). Muchos de ellos eligieron su asentamiento en Rosario después de haber realizado una estadía inicial en Paraná, o bien en Montevideo o Buenos Aires. Los genoveses que siguieron este patrón se integraron pronto dentro de una red de asentamientos ligures ubicados en las principales rutas fluviales, tales como Paraná, San Nicolás, Gualeguaychú, Victoria y Corrientes15.

Estos primeros inmigrantes italianos presenciaron una serie de cambios a partir de la llegada de artesanos y pequeños comerciantes lombardos y piamonteses. Los registros de nuevos socios de la primera asociación italiana de ayuda mutua de Rosario, la Unione e Benevolenza, confirman más detenidamente la configuración de los patrones inmigratorios italianos: el 71% de los miembros cuyos orígenes han podido ser localizados (de un total de 183 casos para los años que median entre 1861 y 1880) habían nacido en Liguria. Una gran parte de los mismos había emigrado de un conjunto de aldeas costeras de las provincias de Génova, Chiavari y Savona, mientras que un 24% había denunciado su procedencia de la región de Como, en Lombardía, y otro 5% había reclamado ser originario del Piamonte16.

Esta pequeña pero influyente colonia de italianos del norte habría de recibir, desde los últimos años de la década del ochenta, el aporte demográfico de grupos regionales y ocupacionales de muy diverso origen. Braceros, jornaleros, artesanos y otros que emigraban de las áreas más afectadas por la crisis agrícola de Las Marcas, el Veneto, los Abruzzos, Calabria y Sicilia se sumaron al antiguo stock septentrional para integrar un diversificado mosaico regional (Cuadro 2)17.

Los datos precedentes no alcanzan, sin embargo, a definir el cuadro demográfico general de los italianos que llegaron a la Argentina, y en particular a Rosario. Una aproximación cuantitativa a las fases temprana y tardía de la inmigración italiana puede esclarecer algunas de las características evidentes en flujos migratorios de tan diverso origen. Estos últimos, abarcando un arco temporal ampliamente extendido, muestran significativas fluctuaciones vinculadas tanto a los caracteres estrictamente demográficos del grupo italiano, como también a los atributos funcionales y a la gradual diversificación de las actividades productivas alcanzada por Rosario durante los años comprendidos en el presente estudio.

La estructura de sexos resulta un instrumento útil para identificar, al menos preliminarmente, no sólo las características de la población italiana inmigrante sino del mismo proceso que dicho grupo migratorio iniciase en Rosario. La relación de sexos de los primeros inmigrantes italianos que llegaron a las costas de dicha ciudad difiere significativamente de la que observaban sus connacionales asentados en Buenos Aires. El Primer Censo Nacional de 1869 apuntó un total de 2.120 italianos para Rosario, con un elevado índice de masculinidad (328 hombres por cada cien mujeres), mientras que los resultados para Buenos Aires arrojaban una relación de 2 a 1 en dicho relevamiento. Más aún, las diferencias observadas encuentran una sostenida continuidad ya desde la década anterior no sólo en Rosario, sino también en otros centros urbanos ribereños, tales como Paraná o la misma ciudad de Santa Fe (Cuadro 3).

Este cuadro demográfico parece, a primera vista, sustentar parcialmente los postulados con que la historiografía tradicional intentaba dar cuenta de la inmigración transatlántica temprana. Según dichos modelos, los flujos inmigratorios iniciales se caracterizaban por la preponderancia de contingentes masculinos de adultos jóvenes y solteros, mientras que la inmigración tardía se identificaba más con la emigración de conjuntos familiares. Sería prematuro, sin embargo, concluir, a partir de los resultados aportados por los datos censales, que la inmigración inicial de italianos a Rosario fue un movimiento de individuos aislados o carentes de vínculos de parentesco o vecinazgo entre sí.

Un análisis detenido de los manuscritos censales de 1869 ha provisto, por el contrario, una imagen más matizada de la estructura demográfica que presentaban los primeros italianos que llegaron a Rosario y la posible existencia de un "modelo ribereño" (compartido también por otras ciudades ubicadas a lo largo de los ejes fluviales del Paraná y del Uruguay) de estructura diferente al que parece haber predominado en Buenos Aires. En efecto, la información extraída de los manuscritos muestra que un elevado número de adultos (casados y solteros) de origen italiano residía junto a conjuntos familiares: el 40,2% de la población masculina y mayor de 15 años estaba vinculada con otros inmigrantes italianos por algún tipo de parentesco18. Más de la mitad de ellos (aproximadamente el 54%) eran miembros solteros (por lo general cuñados, primos, hermanos menores de familias extensas en su aldea de origen que se reagrupaban en la sociedad de arribo) o bien que co-residían simplemente en una misma casa19.

Los patrones migratorios de aquéllos que emigraron individualmente, o que por lo menos no observan una cierta continuidad aparente de vínculos familiares a partir de su arribo a Rosario, resultan también difíciles de identificar tomando como base las fuentes argentinas. Lamentablemente, la tarea se dificulta aún más, debido a que los registros censales no contienen información acerca de las comunas de origen de los italianos, datos éstos que podrían arrojar luz acerca de la presencia y continuidad de vínculos de parentesco y aldeanos en la sociedad de arribo.

Una vía indirecta, si bien parcial, para la reconstrucción de grupos comunales ha sido factible a partir de los registros de socios de la principal entidad italiana de socorros mutuos de Rosario, la Sociedad Italiana Unione e Benevolenza. La mayoría de las aldeas de origen de los miembros que se asociaban fueron registradas puntualmente en los libros de dicha institución. La reconstrucción de numerosos casos ha mostrado, con no poca asiduidad, que muchos italianos que emigraban de una misma comuna trabajaban y residían en los pequeños talleres cuyos dueños eran, a su vez, originarios del mismo "paese"20. Más aún, se ha podido detectar la existencia de complejas redes ocupacionales entre los italianos adultos que practicaban el mismo oficio, se reunían en pequeños grupos y trabajaban en los mismos talleres21. Podría afirmarse, entonces, por lo menos provisionalmente, que los primeros inmigrantes italianos que se asentaron en Rosario se encontraban vinculados entre sí por una amplia red de lazos ocupacionales, aldeanos y de parentesco. Estas redes sociales (o cadenas migratorias, como también se las conoce), han participado activamente en cada etapa del proceso migratorio, ya sea en los ámbitos de origen, como durante las etapas de asentamiento y posterior integración de los italianos en Rosario22.

El anterior cuadro demográfico se mostró considerablemente alterado a partir de los años ochenta. Los índices de masculinidad comenzaron a declinar desde entonces, coincidiendo con la llegada masiva de italianos septentrionales emigrados del Piamonte y Lombardía, los cuales, acompañados por sus grupos familiares, se dirigieron tanto a las áreas agrícolas recientemente incorporadas de la provincia de Santa Fe como a sus principales centros urbanos (Cradro 3). La expansión urbana, la diversificación de las actividades productivas y los cambios operados en el rol y funciones de la hasta entonces aldea ribereña (convertida ahora en segundo puerto agro-exportador y principal centro comercial-financiero del hinterland agrícola santafecino) contribuyeron a dibujar un nuevo perfil de la población de origen inmigrante.

Ya en la última década del siglo pasado los italianos conformaron un grupo inmigrante que, si bien regional y ocupacionalmente heterogéneo, alcanzaron una significativa estabilidad y un apreciable predominio numérico en relación a otros conjuntos nacionales transatlánticos (españoles, franceses, centro- europeos). Los índices de masculinidad mantuvieron su marcha descendente, pero no sin fluctuaciones. En efecto, desde la primera década del novecientos hasta los años previos al estallido de la Primera Guerra Mundial, dicha tendencia declinante se vio reforzada debido al arribo masivo de conjuntos familiares provenientes del sur de Italia. Estos últimos, si bien apoyaron el gradual proceso de equilibrio en la composición de sexos del conjunto de la población italiana, debieron compensar también las fluctuaciones ocasionadas por la presencia de una migración estacional masculina que compartía su estadía entre las actividades agrícolas y el empleo ocasional en Rosario.

Mercado de trabajo e integración social

Las características demográficas anteriormente descritas, la antigÜedad relativa del asentamiento y la relación numérica de los italianos con respecto a la población rosarina ejercieron considerable influencia en el tipo de inserción económica y social alcanzada por el conjunto del grupo inmigrante aquí considerado. La inmigración italiana alcanzó un lugar relevante en la conformación del mercado de trabajo de Rosario. Tal como se verá a continuación, los inmigrantes italianos pudieron insertarse tempranamente dentro del tejido económico local y aprovecharon considerablemente las ventajas laborales que ofrecía la ciudad23.

Es cierto que en la construcción de dicho proceso la diversidad socio- ocupacional y la flexibilidad de la mano de obra italiana tuvieron un papel relevante. Pero las condiciones locales, por su parte, también facilitaron el cuadro descrito arriba24. Durante las décadas comprendidas en el presente análisis, la oferta y la demanda de mano de obra experimentaron sustanciales cambios y fluctuaciones debido a la transformación del rol y funciones que atravesase aquel pequeño centro comercial ubicado aguas arriba del Paraná hasta convertirse en el segundo puerto del país.

El mercado laboral de Rosario tuvo su origen en dos importantes procesos. El primero de ellos se vincula a la estabilización de su fuerza de trabajo una vez que el trabajo estacional declinó debido a los cambios operados en las actividades productivas de la ciudad. En particular, el paulatino cese de la actividad saladeril disminuyó considerablemente la demanda de trabajadores rurales estacionales desde los años cincuenta, mientras que se incrementaban, por otro lado, los pequeños talleres artesanales en donde encontraba trabajo un sustancial número de migrantes provenientes de provincias vecinas. El segundo proceso de formación del mercado de trabajo en Rosario está estrechamente relacionado con los requerimientos laborales que exigió el crecimiento urbano de la ciudad25. Tal como sucediera en Buenos Aires y en otras ciudades emergentes de la economía agro-exportadora (La Plata, Bahía Blanca), la urbanización se tradujo en una sostenida demanda de trabajo no calificado, ya sea en la construcción urbana, los sectores de servicio, o bien la pequeña manufactura26.

Inmigrantes de origen europeo y una mano de obra nativa poco estable fueron conformando, entonces, el heterogéneo mercado laboral de Rosario. El hecho de que los italianos figurasen entre los primeros inmigrantes en la región contribuyó, sin duda, a su relativamente rápida integración dentro del tejido económico y ocupacional. Algunos relatos contemporáneos coinciden en identificar a los italianos dentro de un cuadro social medio y artesanal. En su visita a Rosario en 1855, el escritor e historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna describió el entonces pueblo de Rosario como "una colonia italiana", en la que predominaban los artesanos piamonteses y los comerciantes y marinos genoveses27.

Es factible que el temprano arribo de europeos, y en especial de los italianos, haya tenido no pocas implicancias. En 1865, el cónsul italiano en Rosario informaba, por su lado, que los argentinos nativos ocupaban "las profesiones más humildes", mientras que los inmigrantes españoles controlaban el comercio al por mayor, los lombardos y piamonteses los oficios artesanales y los ligures el pequeño comercio urbano y fluvial28.

El censo de 1869 confirma y ajusta en cierta medida las imágenes anteriormente descritas. Hacia 1870, los italianos estaban concentrados en los sectores medio y medio-bajos de la población urbana de Rosario. El conjunto de los italianos empleados en trabajos manuales comprendía un grupo bastante equilibrado: los artesanos (35,3% del total de las categorías manuales y no manuales) superaban por escaso margen a los semi-calificados (I8%) y a los que carecían de calificación (9%) (Cuadro 4). El crecimiento del sector calificado de origen italiano tuvo una obvia repercusión sobre el incipiente artesanado nativo, que intentaba afianzar sus posiciones desde los comienzos de la década del cincuenta. Sin embargo, el gradual predominio alcanzado por los italianos produjo el virtual bloqueo de ciertos oficios, o bien el desplazamiento de otros grupos que tradicionalmente ejercían dichas tareas. Los italianos alcanzaron a controlar aquellos oficios vinculados a la metalurgia (herreros, hojalateros, plateros) y a la construcción de viviendas (albañiles, carpinteros, pintores, estucadores, yeseros). Esta última emergió como una de las actividades más florecientes de la economía de Rosario durante la segunda mitad del siglo XIX. En 1869, el 37% de los albañiles y constructores de la ciudad era de origen italiano, a los que se agregaba también una importante proporción de pintores y carpinteros29.

El comercio constituyó la segunda actividad económica en importancia para el conjunto de los italianos, y allí también ejercieron un rol de liderazgo. Los peninsulares constituían, ya en 1869, el 21% de toda la población mercantil de la ciudad, que comprendía una variada gama de actividades comerciales (Cuadro 4). Pequeños comerciantes, tenderos, almaceneros, pulperos, comerciantes al por menor, empresarios y comerciantes mayoristas conformaban el cuadro de italianos que se incorporaba, o bien que alternaba junto a otras actividades, dentro del complejo y amplio sector comercial de la ciudad. En su mayoría comerciantes prósperos, constituyeron un grupo fuertemente activo dentro de la comunidad italiana, y dentro del cual fueron reclutados la mayor parte de sus líderes institucionales30.

Desde los últimos años de la década de 1880, el arribo de inmigrantes con un nuevo origen socio-ocupacional transformó el antiguo perfil mercantil- artesanal con que hasta entonces se había identificado al conjunto de los italianos que se habían asentado en Rosario. Esta nueva inmigración, que comprendía una heterogénea fuerza de trabajo integrada mayoritariamente por jornaleros y braceros y, en menor medida, por sectores medio-bajo artesanales y rurales provenientes del Mezzogiorno y Sicilia, fue incorporada gradualmente a un mercado de trabajo revitalizado por la creciente importancia de la pequeña industria, la construcción de viviendas y la sostenida expansión de las obras públicas urbanas. Ya en la primera década de nuestro siglo, el perfil ocupacional de los italianos mostraba inequívocamente la transformación tanto de la demanda de trabajo urbano como de la composición de su población. En efecto, la persistencia de los italianos en los oficios de mayor calificación (albañiles, carpinteros, herreros, sastres y zapateros) estuvo lejos de superar la contundente presencia de quienes se empleaban en oficios escasamente calificados (16%) o de nula calificación (43%) (Cuadro 5).

Este nuevo perfil de la población italiana del novecientos tuvo su repercusión dentro del marco social general. En los años previos a la Primera Guerra Mundial, los italianos compartían, junto con otros conjuntos de inmigrantes europeos arribados a lo largo de las dos últimas décadas, un definido y amplio espectro de la oferta de trabajo no calificada. Este sector de la fuerza laboral constituía, a su vez, un grupo relativamente móvil. En efecto, tanto el empleo de tipo ocasional en la construcción de proyectos públicos (puerto, pavimentación, aguas corrientes), como la inserción dentro del incipiente sector manufacturero y la virtual complementación con el trabajo estacional agrícola, subrayaban el índice de movilidad geográfica con que se traducían las estrategias individuales y familiares de esta nueva inmigración31.

Las características y evolución del trabajo de las mujeres de origen italiano están estrechamente vinculadas, precisamente, a ese conjunto de estrategias familiares y a las características de la estructura familiar del grupo italiano en general. El censo de 1869 es contundente en informar sobre la enorme proporción de mujeres italianas que residían dentro de conjuntos familiares. El análisis de las cédulas censales ha mostrado que, en su mayoría, se trataba de mujeres casadas que se encontraban acompañadas por su grupo familiar nuclear; muy secundariamente, podían encontrarse casos de mujeres solteras que compartían el hogar con parientes (hermanas menores del jefe de familia o de su mujer, sobrinas, o cuñadas al cuidado de los mismos)32.

La información para los primeros años de nuestro siglo se basa solamente en los datos publicados por los tres censos municipales levantados entre 1900 y 1910 (1900, 1906 y 1910)33. Lamentablemente, los datos agregados de dichos censos no permiten discriminar entre las mujeres que inmigraron desde pequeñas a la Argentina y las que lo hicieron como adultas y casadas, ya sea acompañando a sus maridos o bien para reunirse con los mismos cuando éstos anticipaban a sus familias en el proceso migratorio. De todos modos, la proporción de mujeres italianas casadas mantuvo su predominio sobre las solteras que residían en Rosario34

Es probable que los mencionados factores demográficos, y otros más vinculados al rol de la mujer dentro de los sistemas de trabajo familiares en los marcos pre-migratorios, hayan ejercido no poca influencia en la escasa o casi marginal integración de las italianas dentro del mundo del trabajo a lo largo del período estudiado. En cuanto a los primeros, la continuidad en el ciclo procreativo de las mujeres inmigrantes italianas en la sociedad de arribo parece haber contribuido a la relativa demora de su incorporación dentro del esquema laboral femenino urbano. En segundo lugar, la diversidad de modelos y horizontes pre-migratorios tuvo notorias repercusiones en la cuestión. Una clara separación se encontraba entre la mujer emigrada de las áreas rurales septentrionales y centrales, que participaba activamente en ciertos oficios textiles (tales como el hilado de lana y seda), de su contraparte meridional, la cual, si bien integrada a la economía familiar, no practicaba oficios especializados similares a los de sus connacionales nacidas en el norte de Italia35.

Si bien las razones expuestas deben permanecer por ahora dentro de un plano conjetural, ciertos índices podrían apoyarlas por lo menos parcialmente. Una comparación entre el número de mujeres italianas empleadas o que ejercían algún trabajo en 1869 (es decir, en plena etapa del predominio inmigratorio proveniente de Italia septentrional) y en 1906 (cuando el aporte regional ya mostraba signos de equilibrio entre el norte y el sur de Italia) muestra una considerable disminución de las mismas (del 31% en 1869 al 21% en 1906). El mercado de trabajo femenino de Rosario, por su lado, no observó una franca expansión de sus actividades. Por el contrario, las mismas mantuvieron su carácter de escasa especialización a lo largo del período aquí estudiado. En efecto, el trabajo de la mujer se encontraba restringido, en primer lugar, a aquella estrecha franja laboral genéricamente conocida como "trabajo doméstico" (planchadoras, lavanderas, sirvientas). Secundariamente, encontraban también inserción dentro del área de la vestimenta (costureras, modistas), ya sea por cuenta propia como en pequeños talleres (Cuadro 5).

Conclusiones

Las páginas anteriores han intentado articular la inmigración italiana en Rosario desde una perspectiva demográfica y social, con el fin de explorar de qué manera las características del grupo y las condiciones locales dieron forma a la experiencia inmigratoria de los italianos en dicha ciudad. Rosario fue centro de recepción de italianos de muy diverso origen regional y socio- ocupacional. Durante los años de instalación temprana (1850-1870), Rosario fue un centro receptor de numerosas colonias de ligures, relacionadas entre sí y con otras cadenas mayores (generalmente instaladas en Buenos Aires o Montevideo) por vínculos de tipo familiar y aldeanos. Rosario actuó entonces como cabecera de puente de una población altamente móvil de inmigrantes italianos, que buscaban nuevas oportunidades laborales a lo largo del litoral argentino y del hinterland agrícola de Santa Fe (como en el caso de los piamonteses). Estas y otras redes aldeanas septentrionales persistieron y crecieron dentro del marco post-migratorio, dando lugar posteriormente a una población numerosa, estable y con una marcada agregación social.

Un nuevo perfil social comenzó a dibujarse en la población inmigrante italiana arribada a partir de los primeros años del noventa, proceso éste que fue acompañado también por profundas transformaciones urbanas y, consecuentemente, en el tipo de demanda laboral. Los italianos conformaban, entonces, un grupo que presentaba una marcada diversificación, tanto en cuanto a sus estructuras familiares (evidentes en la estructura de edad, estado civil y relación de parentesco dentro del marco familiar) como en su perfil ocupacional.

Ello no debería dar lugar, por lo menos dado el estado actual de la cuestión, a conclusiones definitivas acerca de la incidencia de los contrastes norte/ sur de Italia en la sociedad de arribo. Los patrones regionales, si bien enmarcan los aspectos más evidentes de cuestiones tales como la diversa inserción laboral experimentada por los italianos en el marco urbano, no resultan suficientemente explicativos a la hora de examinar procesos más generales de integración social. Las posibilidades grupales o individuales de insertarse dentro de actividades autónomas, o relativamente autónomas (ya sea en el comercio o en el artesanado local), no sólo estuvieron condicionadas por el perfil regional: la antigÜedad relativa de los asentamientos también ha debido jugar un rol relevante en el acceso a determinadas actividades económicas y a la eventual movilidad ocupacional alcanzada posteriormente por dichos grupos. Es de esperar que nuevos estudios que se ocupen de la dinámica de la movilidad grupal puedan servir de base a la elaboración de una perspectiva más abarcadora de este complejo proceso.

NOTAS

  1. Juan Alvarez, Historia de Rosario, (Rosario, 1943). Thomas Hutchinson, Buenos Ayres and Argentine Gleanings with Extracts from a Diary of the Salado Exploration in 1862 and 1863, (London, 1865), pp. 70-74. BACK

  2. Ezequiel Gallo, La Pampa Gringa, (Buenos Aires, Sudamericana, 1984), p. 22-40. Silvia Cragnolino, "Rosario: del poblado a la ciudad, Rosario: historias de aquí a la vuelta, #3, pp. 14-22. BACK

  3. Nicolo Cuneo, Storia dell émigrazione italiana in Argentina (1810-1870), (Milano, 1940), pp. 178-179. Fernando Devoto, "Los orígenes de un barrio italiano en Buenos Aires a mediados del siglo XIX", Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana, #1, (Tercera Serie), 1989, pp. 93-104. BACK

  4. Ezequiel Gallo, La pampa gringa, pp. 107-108. BACK

  5. Santa Fe, la capital de la provincia homónima, contaba con una población de 12.000 habitantes para la misma época. Primer Censo Nacional de 1869, (Buenos Aires, 1870). BACK

  6. Juan Alvarez, Historia de Rosario, pp. 472-501. James Scobie, Revolution on the Pampas. A Social History of Argentine Wheat, (1860-1910), (Austin, Texas, 1964), pp. 135-140. BACK

  7. William MacCann, 7wo Thousand Miles Ride Through the Argentine Provinces, (London, 1853). [Edición española Solar/Hachette, (Buenos Aires, 1969)], pp. 221-228. Carlos Cárdenas, Población y mano de obra en el sur santafecino, 1850-1860, Tesis de Licenciatura en Historia, Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, pp. 1-11. Hebe Viglione, Rosario: poblamiento y población, 1800-1850, Tesis de Doctorado en Historia, Universidad Nacional de Rosario, 1981, pp. 12-20. BACK

  8. Silvia Fernández, Migrantes internos: aproximaciones en torno a su participación en la conformación del mercado de trabajo. Rosario: 1887, Facultad de Humanidades y Artes, Escuela de Historia, Seminario Regional, Universidad Nacional de Rosario, pp. 2-16 (mimeo). BACK

  9. Ibídem, pp. 16-17. BACK

  10. M. Barbagli, Sotto lo stesso testo. Famiglia e sociale in Italia dal secolo XVI ad oggi, (Bologna, 1987). Fernando J. Devoto, "Políticas migratorias argentinas y flujo de población europea (1876-1925)", Estudios Migratorios Latinoamericanos, año 4, abril 1989, #11, pp. 137-139. BACK

  11. Ercole Sorí, "Las causas económicas de la emigración italiana entre los siglos XIX y XX", en F. Devoto y G. Rosoli (eds.), La inmigración italiana en la Argentina, (Buenos Aires, Biblos, 1985), pp. 15-43. BACK

  12. Franco Ramella, "Movilidad geográfica y movilidad social. Notas sobre la emigración rural de la Italia del Noroeste (1880-1914)", Estudios Migratorios Latinoamericanos, vol. 6, #17, (abril 1991), pp. 110-111. BACK

  13. Donna Gabaccia, Militants and Migrants. Rural Sicilians become American Workers, (New Brunswick and London, Rutgers University Press, 1988), pp. 78-80. BACK

  14. Nicolo Cuneo, Sioria dell émigrazione italiana, pp. 161-263. Acerca de la inmigración italiana temprana a Buenos Aires, véase: Fernando Devoto, "Los orígenes de un barrio italiano..., pp. 93-114. BACK

  15. J.C. Chiaramonte, "Notas sobre la presencia italiana en el litoral argentino en la primera mitad del siglo XIX". F. Devoto y G. Rosoli (eds.), L7talia nella societá argentina, (Roma, CSER, 1988), pp. 50-58. BACK

  16. Las muestras fueron reunidas de: Societá Unione e Benevolenza di Rosario, Libro de Socios (1861-1880). BACK

  17. La información acerca de los orígenes regionales de los italianos en Rosario no ha podido ser desagregada hasta ahora de los datos más generales del conjunto de la inmigración italiana en Argentina. M.C. Caccopardo, J.L. Moreno, "Características regionales, demográficas y ocupacionales de los italianos en Argentina". F. Devoto y G. Rosoli, La inmigración italiana..., pp. 66-70. Mario Nascimbene, Historia de los italianos en la Argentina, 1835-1920, (Buenos Aires, 1986), pp. 39-53. BACK

  18. Las muestras fueron tomadas del Primer Censo Nacional de 1869. Distrito urbano de Rosario, manuscritos censales. BACK

  19. Algunos miembros masculinos de la familia (especialmente el padre y los hijos mayores) emigraban por lo general antes que las mujeres y los niños más pequeños. Sobre el concepto de familia, véase: Peter Laslett, "La famille et le ménage. Approches historiques", AESC, XXVII, #4-5, 1972, pp. 850-852. En este caso, definimos a la familia como aquel grupo de individuos co-residentes vinculados por lazos de parentesco. BACK

  20. Sociedad Unione e Benevolenza de Rosario, Verbali del Consiglio, junio 6, 1868. BACK

  21. Se ha cruzado la información obtenida de los manuscritos del Censo de 1869 y de los Registros de Socios de la Unione e Benevolenza. El caso de cinco artesanos (cuatro provenientes de Alto Novata en el Piamonte y uno de Lago di Como en Lombardia) que trabajaban juntos en un taller que fabricaba velas y jabón puede ser ilustrativo de numerosos ejemplos similares. Primer Censo Nacional de 1869, Manuscritos censales, Distrito urbano de Rosario, Sección 4. BACK

  22. Acerca de las cadenas migratorias de los italianos en Argentina, véase: Samuel Baily, "Cadenas migratorias de los italianos a la Argentina: algunos comentarios", EML, col. 3, #8, 1988, pp. 125-134. Fernando Devoto, "Las cadenas migratorias italianas: algunas reflexiones a la luz del caso argentino", Studi Emigrazione, XXIV, #87, pp. 353-373. BACK

  23. Para una comparación con la experiencia italiana en otras latitudes, y en particular en los Estados Unidos, véase: Sam Baily, "The Adjustment of Italian Immigrants in Buenos Aires and New York", American Historical Review, v. 88, #2, 1983, pp. 281-305. BACK

  24. Fernando Devoto, "La emigración italiana a Argentina y Uruguay en el siglo XIX. Un enfoque.comparado", en F. Devoto, Estudios sobre la emigración italiana a la Argentina en la segunda mitad del siglo XIX, Seminario di Studi Latinoamericani dell`Universita di Sassari, Serie Studi, Nápoli, 1991, pp. 33-36. BACK

  25. Guy Bourdé, Buenos Aires: inmigración y urbanización, (Buenos Aires, 1977), pp. 188-195. BACK

  26. B. Lonquel, M. Bonaudo, E. Sonzogni, N. Yensina, "Conformación del mercado de trabajo en la provincia de Santa Fe", Anuario #12, Universidad Nacional de Rosario, Facultad de Humanidades y Artes, (Rosario, 1986-1987), pp. 271-316. Para una comparación con el caso de Buenos Aires, véase: Hilda Sábato, "La formación del mercado de trabajo en Buenos Aires, 1850-1880", Desarrollo Económico, #9, vol. 24, enero-marzo 1985, pp. 583-591. BACK

  27. Benjamín Vicuña Mackenna, Páginas de mi diario durante tres años de viaje, (Santiago, 1856), capítulo 34. BACK

  28. Informe de Chapperon, Cónsul del Reino de Saboya en Rosario. ASMAE, Informes de Chapperon, 1861-1867, Busta 903, octubre 10, 1865. BACK

  29. La información fue obtenida del Primer Censo Nacional de 1869. Manuscritos censales, distrito urbano de Rosario. BACK

  30. Carina F. de Silberstein, Comerciantes, líderes y comunidad italiana en Rosario (1860-1890), XV Congreso Internacional, LASA, Miami, 1989 (mimeo). BACK

  31. Franco Ramella, "Movilidad geográfica y movilidad social. Notas sobre la emigración rural de la Italia del Nordoeste (1880-1914), Estudios Migratorios LAtinoamericanos, vol. 6, #17, (abril 1991), pp. 107-118. BACK

  32. Los datos fueron relevados del Primer Censo Nacional de 1869. Manuscritos censales, distrito urbano de Rosario. BACK

  33. Se trata de los siguientes relevamientos: Censo Municipal de la ciudad de Rosario de 1900, Censo Municipal de la ciudad de Rosario de 1906, y Censo Municipal de 1910. BACK

  34. Carina F. de Silberstein, "Inmigración y selección matrimonial: el caso de los italianos en Rosario, (1870-1910)", Estudios Migratorios Latinoamericanos, Año 6, #18, 1991, pp. 173-174. BACK

  35. Paola Corti, Paesi di emigranti. Mestieri, itinerari, identita collettive, (Milano, 1990). F. Piselli, Parentela ed emigrazione: mutamenti e continuita in una comunita calabrese, (Torino, 1981). BACK

CUADROS

Cuadro 1: Italianos en Rosario, 1869-1914
  Población
Total
% Argentinos % Italianos %
1869
1887
1895
1900
1910
1914
23.169
50.914
91.669
112.113
192.278
245.199
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
7.297
29.971
41.490
65.779
97.895
140.731
75.0
59.0
46.0
59.0
51.0
57.0
2.120
11.955
25.456
25.679
37.414
45.357
9.0
23.0
28.0
23.0
20.0
18.0
Fuentes: Primer Censo Nacional de 1869. Censo Provincial de 1887. Segundo Censo Nacional de 1895. Primer Censo de la ciudad de Rosario, 1900. Tercer Censo de la ciudad de Rosario, 1910. Tercer Censo Nacional, 1914.
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Cuadro 2: Italianos en Rosario. Grupos regionales, 1905 (%)
Septentrionales: Liguria
 
Piamonte
 
Lombardía
 
Lucara
 
Veneto y Udine
 
Total
5.0
(32)
18.0
(103)
12.0
(70)
3.0
(18)
6.0
(36)
44.0
(259)
Centrales: Emilia Romagna
 
Las Marcas
 
Total
2.0
(11)
7.0
9.0
(51)
Meridionales: Abruzzos
 
Basilicata
 
Puglia
 
Calabria
 
Sicilia
 
Total
3.0
(16)
10.0
(57)
2.0
(11)
11.0
(64)
19.0
(111)
47.0
(272)
Todas las regiones   100.0
(582)
Fuente: Registro Civil. Rosario, 1905. (Número de casos entre paréntesis.)
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Cuadro 3: Italianos: Población e índices de masculinidad. Rosario, Buenos Aires, Parana, 1858- 1910(%)
  Rosario Buenos Aires Paraná
 HS. MS. IND. HS. MS. IND. HS. MS. IND.
1858
1869
1895
1906
1914
690
1.625
16.489
21.661
27.194
184
495
8.967
12.070
18.163
375.0
328.0
279.0
180.0
150.0
 
28.883
111.578
 
192.624
 
13.074
70.115
 
110.643
 
221.0
168.0

165.0
     
531.0
168.0
 
160.0
Fuentes: Primer Censo Nacional de 1869. Segundo Censo Nacional de 1895. Segundo Censo Municipal de Rosario, 1906. Tercer Censo Nacional, 1914.
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Cuadro 4: Población italiana en Rosario. Distribución ocupacional, 1869 (%)
  HOMBRES MUJERES
Categorías Manuales
 
Calificados
 
Semi-calificados
 
No calificados
 
Subtotal
 

 
35.3
(269)
18.0
(137)
9.0
(70)
62.0
(476)

 
49.0
(24)
27.0
(13)
20.0
(10)
96.0
(47)
Categorías No-Manuales
 
Comerciantes
 
Empleados
 
Profesionales
 
Empresarios
 
Subtotal

 

 
32.0
(245)
5.0
(34)
0.8
(6)
0.2
(1)
38.0
(286)

 

 
4.0
(2)
 

 

 

 
4.0
(2)
Total 100.0
(762)
100.0
(49)
Fuentes: Primer Censo Nacional de 1869. Manuscritos censales. (Número de casos entre paréntesis.)
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Cuadro 5: Población italiana en Rosario. Distribución ocupacional, 1906 (%) HOMBRES MUJERES
  HOMBRES MUJERES
Categorías Manuales
 
Calificados
 
Semi-calificados
 
No calificados
 
Subtotal
 

 
21.0
(3.794)
16.0
(2.822)
43.0
(7.808)
78.0
(14.424)

 
24.0
(281)
54.0
(621)
13.0
(146)
91.0
(1.048)
Categorías No-Manuales
 
Comerciantes
 
Empleados
 
Profesionales
 
Empresarios
 
Subtotal

 

 
9.0
(1.659)
7.0
(1.280)
0.5
(123)
1.0
(279)
18.0
(3.417)

 

 
9.0
(108)
 

 

 

 
9.0
(108)
Total 100.0
(17.841)
100.0
(1.148)
Fuente: Segundo Censo de la ciudad de Rosario, 1906.
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